¿Por qué cuarenta días?

Jesús ayunó 40 días en el desierto. En memoria suya hacemos la Cuaresma, un tiempo de oración, vigilia espiritual, ayuno y obras de Misericordia.

“mirad estamos subiendo a Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará”. San Mateo 20, 17

A menudo pienso en la Cuaresma. Recuerdo a San Francisco de Asís. En las Florecillas se cuenta que tuvo de Dios la inspiración de pasar la cuaresma solo con dos pedazos de pan en una pequeña isla deshabitada del lago de Perusa. Él buscaba en todo agradar a Dios e imitar a Jesús en cuanto podía. Se preparó con la oración y se abandonó en las manos de Dios.

Para todo hay que prepararse. Adentrarse en el mundo de Cristo implica retirarse, y también ponerse frente al espejo que nos interpela sobre el sentido cristiano de nuestra vida. Preguntas tales como: “¿Soy un reflejo dela mor de Jesús en mis obras diarias? ¿Cuánto he crecido en mis relaciones con los demás este año? ¿Conozco más a Jesús? ¿Estoy más enamorado de Él que antes?”

 Cuarenta días se quedan en poco para presenciar, comprender y asentar en el corazón el bautismo, la muerte y la resurrección de Cristo.  Estos días son una verdadera oportunidad para crecer en la devoción y en el amor hacia nuestro Señor. Pero, ¿qué hacen estos cuarenta días por ti? ¿Lo has pensado?

Es un tiempo para apagar los sentidos externos y encender los interiores.

Somos llamados a ser sal y luz de la tierra, sin embargo, cada día somos probados, golpeados, heridos por la vida y por el pecado por lo que decidir cada uno desde su propia voluntad hacer un alto para mirarse en Dios y encontrar si estoy creciendo o no es muy importante.

Son cuarenta días para comprometerse a vivir días de ayuno, oración y vigilia. Días para leer a Cristo, mirar a Cristo, escuchar a Cristo y acompañar a Cristo para así poder comprender qué es y que no es el cristianismo. 

El Papa Francisco ha llamado “escándalo” a la Cruz. Es verdad, ya que ser cristiano es estar dispuesto a mirarse en el espejo de Cristo para convertirse en ser humano y para amar como uno.

Nuestro mundo no es fan del mensaje de la cruz, precisamente por ello, porque es Cruz. ¿A quién nos gusta el sufrimiento o la enfermedad que llega de repente? No, no nos gusta. Sin embargo, cuando conocemos la vida y obra de Jesús, esa cruz se puede llevar sin quejas, sin la famosa pregunta: “¿Por qué a mí?”

Estos cuarenta días lo que hacen es fortalecernos, limpiarnos, curarnos de nuestras enfermedades espirituales y nuestros vicios, como sólo nuestro Salvador puede hacerlo.

Ayunar: ¿Para qué? Para curar la propia comodidad. Para hacerse más fuerte espiritualmente y así ser un soldado, un discípulo, un apóstol más entregado y eficaz. Uno que no tiene miedo.

Orar: Para alimentarnos de lo que es el pensamiento, la esencia de la figura de Cristo. Para dar forma de Cristo a nuestro corazón y así convertirnos en otro Cristo que pasa (San José María Escrivá de Balaguer)

Vigilar: Para estar despiertos y ser testigos de esa Resurrección que se da por amor a ti y a mí. Somos tan afortunados de que se nos haya dado el regalo de la fe para poder vivir en el mundo de aquí siendo conscientes, ayudando a más almas a conocer a Cristo y así poder gozar para toda la eternidad de Su Reino. ¡Feliz cuaresma!

Y, ¿cómo vivir la Cuaresma?La Cuaresma ha de vivirse con el espíritu de filiación, que Cristo nos ha comunicado y que late en nuestra alma. El Señor nos llama para que nos acerquemos a Él, deseando ser como Él”. (San Josemaría Escrivá).

FIRMASHEILA

Sheila Morataya
Austin, TX
www.sheilamorataya.com
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