Para traernos la alegría de Jesús

(El 13 de julio, el Arzobispo Gomez dirigió la peregrinación anual de la Arquidiócesis de Los Ángeles a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en la Ciudad de México.

Lo que sigue es una adaptación de su homilía en la basílica que fue presentada tanto en español como en inglés.)

Cuando nos acercamos a la sagrada tilma y elevamos nuestros ojos para mirar a la Virgen a los ojos, escuchamos el eco de las tiernas palabras que Nuestra Señora le dirigió a San Juan Diego: “¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y mi resguardo?, ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás por ventura en mi regazo, en el cruce de mis brazos?”.

María es nuestra madre.

Esta es la hermosa verdad que nos fue revelada en su aparición del Tepeyac. Ella es nuestra madre, la madre de todos los que encuentran una nueva vida en su Hijo, Jesucristo.

En el Evangelio de hoy, escuchamos esas palabras, tan llenas de significado, que pronunció Santa Isabel: “¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?”.

Aquí en el Tepeyac, ¡la madre de nuestro Señor está con nosotros! Ella entra en nuestras vidas, así como una vez visitó a Isabel en la región montañosa de Judea.

María viene a traernos a Jesús. Él está allí, en el seno de su madre. El corazón de Jesucristo, nuestro Señor y Redentor, late bajo su corazón, ese mismo corazón que latía en el santo Niño, en Belén; el mismo corazón que en el Calvario fue perforado en la cruz.

En presencia de Nuestra Señora, Isabel se sintió asombrada y maravillada. Nosotros hemos de experimentar esa misma sensación de admiración. ¿Cómo es posible que la madre de nuestro Señor venga a nosotros? Verdaderamente, no es, para nada, algo que nosotros merezcamos, nada que hubiéramos podido obtener por nuestras fuerzas. Es un puro don del hermoso amor que Dios tiene hacia nosotros.

Estamos, pues, presentes hoy ante María con amor, con nuestros corazones abiertos.

Hoy, le pedimos a María de Guadalupe que siga siendo nuestra madre, que nos enseñe la manera de ser buenos hijos e hijas de Dios. Le pedimos que proteja a nuestras familias, a nuestros hijos, y especialmente a quienes son vulnerables: a aquellos que viven en las calles, al niño que está en el seno materno, a los enfermos y a los ancianos, a los refugiados que están huyendo de la violencia y del terror.

¡Jesús nació de María, para que nosotros podamos nacer como hijos de Dios!

Esta es la verdad sobre lo que somos, mis queridos hermanos y hermanas. ¡Ahora somos hijos de Dios! Somos hijos de María, hermanos y hermanas de su Hijo Jesús.

Por eso nos alegramos tanto hoy. Experimentamos la alegría de renovar nuestra fe en esta verdad, la alegría de recordar que Dios ha derramado su Espíritu en nuestros corazones, para que podamos compartir su vida divina.

Y Jesús nos llama ahora a seguirlo y a caminar con Él, a difundir su amor y su alegría hasta los confines de la tierra.

Mis queridos hermanos y hermanas, la alegría que experimentamos hoy, esta alegría de saber que somos hijos de Dios, no se nos da para que la conservemos para nosotros mismos.

¡El amor y la alegría están destinados a ser compartidos! Son dones de Dios que Él quiere que le llevemos a los demás.

Jesús nos está llamando a todos a llevarle al mundo el amor de Él, así como nuestra Santísima Madre se lo llevó a Isabel. Cada uno de los que estamos aquí hoy tenemos el mismo deber: llevar a Jesús a nuestros hogares, a nuestro trabajo, a nuestras conversaciones y a todos los aspectos de nuestra vida cotidiana dentro la sociedad.

Jesús no nos pide grandes gestos o manifestaciones. Nosotros podemos llevar a Jesús al mundo simplemente siendo fieles a Él, amándolo y sirviéndolo en nuestros hermanos y hermanas por medio del amor.

Así pues, mis queridos hermanos y hermanas, al estar hoy a los pies de la Virgen de Guadalupe, consagrémonos a ella.

Y digámosle, al ir intentando poner la alegría de Jesús en todo lo que hacemos: “Todo es para ti, María”.

Pidámosle a nuestra Santísima Madre de Guadalupe que interceda por nosotros, que siga siendo nuestra madre y que nos cubra siempre con su manto, para que podamos ser buenos hijos e hijas de Dios y que, como Juan Diego, seamos misioneros del mensaje de amor de su Hijo.

¡Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros! Sé nuestra madre y tráenos a Jesús, para que nosotros podamos llevar a Jesús a los demás. VN

19 de Julio de 2019

Los escritos, homilías y discursos del arzobispo se pueden encontrar en ArchbishopGomez.com


Archbishop José H. Gomez

El obispo José H. Gomez es actualmente Arzobispo de Los Ángeles, California, la comunidad católica más grande en USA. Es también Vicepresidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos y forma parte de la Comisión Pontificia para América Latina.

En su ministerio, el Arzobispo José Gómez anima a la gente a seguir a Jesucristo con alegría y sencillez de vida, buscando servir a Dios y a sus vecinos en sus actividades diarias ordinarias.

Ha desempeñado un papel decisivo en la promoción del liderazgo de los hispanos y las mujeres en la Iglesia y en la sociedad estadounidense. Es miembro fundador de la Asociación Católica de Líderes Latinos y de ENDOW (Educación sobre la Naturaleza y la Dignidad de las Mujeres).

Durante más de una década, el Arzobispo Gómez ha sido una voz clara sobre cuestiones morales y espirituales en la vida pública y la cultura estadounidense. Ha desempeñado un papel principal en los esfuerzos de la Iglesia Católica para promover la reforma migratoria y es autor, entre otros libros, del titulado: Inmigración y la próxima América: renovando el alma de nuestra nación.

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