La Fe mueve montañas

Hace unos días, semanas he de decir, una persona a la que quiero con todo mi corazón se sometió a una operación muy sencilla, de hecho, fue por laparoscopia, para minimizar riesgos, tan solo unas pequeñas incisiones para realizar un trabajo al interior de su cuerpo y poder así tener mayor calidad de vida y prevenir situaciones peligrosas a futuro. 

Ella, la paciente, una mujer, hermosa, por dentro y por fuera, joven, fuerte, sana; casada con un buen hombre y madre de tres preciosos niños. 

Nos quedamos sin aliento

Todo un éxito la operación, decían los médicos… Ella, al poco tiempo ya en casa, empezó con fiebre y malestares que hicieron que volviera al hospital. La noticia al revisarla fue una peritonits y septicemia… Grave, muy grave fue sometida a una operación de urgencia para limpiarla y tratar de salvar su vida.  Todo cambió, de algo sencillo, programado y controlado a un escenario lleno de incertidumbre y mal pronóstico…

Un sufrimiento indecible

Los días interminables y las oraciones también; el apoyo amoroso de los demás mantenían los ánimos para seguir… sobrevivió la segunda operación, después de un tiempo en terapia intensiva, ya en terapia intermedia, estando muy delicada todavía… con gran riesgo y muchos estudios, punciones, drenajes por realizarle… La fui a ver, apenas y podía abrir sus ojos y decir algunas palabras… pero en medio de su miedo, angustia y dolor esbozaba una hermosa sonrisa y decía: “Tengo Fe”…

Gracias por tan bello testimonio 

Porque nos has enseñado el valor del amor silencioso que abraza la Cruz de Jesús, con toda paz, no con resignación sino con una aceptación voluntaria, delicada y discreta al designio de Jesús en tu vida.

Has sido para quienes estamos cerca de ti una luz que ilumina, tu rostro sin decir palabra es muestra de un gran sacrificio asumido con toda dignidad y docilidad al Plan de Dios. 

Gracias por que nos has demostrado que el dolor físico es un camino de santidad al abrazar con tanta elegancia este sufrimiento y ofrecerlo por tu familia, tus hermosos hijos y tu buen esposo que te ha acompañado y ha sido una roca dónde has podido sostenerte para continuar con este arduo e impensado camino rocoso. 

Estamos enormemente agradecidos por tu actitud, tu lucha, tu valentía y coraje para no sólo sobrevivir sino para vivir con toda reciedumbre y amor esta dura, durísima prueba.

Todavía falta 

¡Sigue luchando! ¡No estás sola! Todos pensamos en ti y ofrecemos nuestro día, nuestra noche, el trabajo, el descanso… Todo por ti. 

¡Cuántas conversiones, cuántas oraciones, cuánta piedad! Gracias Señor por tu Amor Misericordioso, te pedimos por ella y por nosotros! Y ayúdanos a decir siempre, sea cual sea la prueba: “Tengo Fe”

MTF Rosario Prieto 
Psicología Clínica 
Persona y Familia

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