Dialogar con el Padre | Una liberación verdadera

Pbro. José Martínez Colín

1) Para saber

Moría una joven de poco más de veinte años. Había llevado una vida superficial, azarosa y estéril. La atendía un sacerdote anciano. Desesperada le decía al sacerdote mostrándole sus manos: “Voy a presentarme ante Dios con las manos vacías”. Entonces el sacerdote le puso un crucifijo entre sus manos diciéndole: “Mira. Con la Cruz de Jesús ya las tienes llenas”.

Efectivamente, si nos apoyamos solo en nuestros méritos, sería para desesperar, pero nos salvamos por los méritos que Jesús nos obtuvo con su Redención. Por ello es tan valiosa la oración de Jesús, que se hace especialmente intensa durante el misterio pascual, es decir, su oración durante su pasión y muerte. Porque Jesús rezaba, y rezaba mucho. A ello se refirió el Papa Francisco el pasado miércoles al dar por concluida la serie de catequesis sobre la oración.

2) Para pensar

Hellmut Laun es un escritor alemán y empresario. En un libro entrañable titulado “Cómo encontré a Dios”, narra su conversión e ingreso en la Iglesia Católica. Describe que tuvo un sueño que dejó en él una huella imborrable. Sentía que estaba prisionero en una mazmorra de altos y macizos muros. Había una ventana que daba al exterior, pero protegida por fuertes rejas de hierro. Él ansiaba la libertad, pero no veía posible escapar. Su situación era cada vez más desesperada y aterradora. Apretaba su rostro contra los barrotes de la ventana con ansias de liberación, pero todo esfuerzo era inútil. Sentía ahogarse y, en su angustia, casi sin creerlo, vio que arriba había una abertura por donde podía salir y ser libre. Comenzó a luchar por salir e inmediatamente comprendió que la abertura era Cristo. Y aunque no oyó nada, sabía con una seguridad plena que la solución de su vida estaba en la frase del Evangelio: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida».

El Papa Francisco explicaba que Jesús hizo mucho más que hacerse cargo de los sufrimientos: nos trajo una salvación total, no temporal, la que hace esperar en la victoria definitiva de la vida sobre la muerte.

3) Para vivir

Hay algo que descubrimos en la oración de Jesús en los momentos culminantes de su vida, dice el Papa Francisco: es que siempre es un diálogo con su Padre. En el huerto, cuando el temor y la angustia cubren su corazón, se dirige a Dios llamándolo “Abbá”, es decir, “Papá”, una palabra aramea que expresa intimidad y confianza.

También en la oscuridad y el silencio de la cruz, en medio de atroces dolores, Jesús es el intercesor absoluto: Pide al Padre por todos, incluso por quienes lo condenan. Su mirada nos alcanza a todos. Cada uno de nosotros puede decir: “Jesús, en la cruz, ha rezado por mí”. Todo es oración en las tres horas de la Cruz. Jesús muere invocándolo: “Padre, en tus manos pongo mi espíritu”. Un ejemplo de oración para nosotros. Y al final, el Padre responde a la oración de Jesús con su Resurrección.

La oración de Jesús está con nosotros, Él reza por nosotros, y el Padre nos ve amorosamente, también en los peores momentos; no hay que olvidarlo, nunca estamos solos, dice el Papa. Que nuestra vida sea un dar gloria a Dios sabiendo que Jesús reza por mí al Padre. Y así vivamos con esperanza y valentía afrontando los retos que el mundo nos presenta. ([email protected])

18 de junio de 2021


Padre José Martínez Colín: Ingeniero en Sistemas por la UNAM, Licenciado en filosofía por la Universidad Panamericana y Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra.

Capellán del Colegio Chapultepec en Culiacán.

Lleva más de 20 años dando clases sobre todo de Lógica y Gnoseología en el Seminario de Culiacán.

Por 20 años a publicando artículos en varios periódicos del país, sobre todo comentando lo dicho por el Papa.

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