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Por tierras de Tiro y Sidón

EnriqueCases
24 abril 2008
Sección: Vida de Jesús

A la actividad incesante en torno a Cafarnaum sucede un viaje a tierras lejanas. Se trata del viaje por el Norte de Galilea hacia el noroeste, en la región de Tiro y Sidon. Desde allí, Cristo irá a buscar las fuentes del Jordán y continuará hacia el sur hacia la Decápolis donde había sido sanado el endemoniado energúmeno.

"Y partiendo de allí se fue hacia la región de Tiro y de Sidón. Y habiendo entrado en una casa deseaba que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto" (Mc). No quiere darse a conocer, pero su fama transciende las fronteras de Israel, y acuden las personas que ya tenían fe, más o menos formada.

Entre los que acuden está la mujer cananea o sirofenicia. El dolor la lleva a luchar por la curación de la hija endemoniada. La insistencia revela un amor que sabe superar las pruebas. La suya es una fe y un amor humilde que no se molesta ni por silencios, pues insiste; ni por palabras, que se podrían interpretar como un rechazo o un desprecio. Lo importante es la salvación de la hija, ella ¿qué importa? Y consigue lo que pide, además de un elogio del Señor a su fe.

"Después que Jesús partió de allí, se retiró a la región de Tiro y Sidón. En esto una mujer cananea, venida de aquellos contornos, se puso a gritar: ¡Señor, Hijo de David, apiádate de mí! Mi hija es cruelmente atormentada por el demonio. Pero él no le respondió palabra. Entonces, acercándose sus discípulos, le rogaban diciendo: Atiéndela y que se vaya, pues viene gritando detrás de nosotros. El respondió: No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Ella, no obstante, se acercó y se postró ante él diciendo: ¡Señor, ayúdame!. El le respondió: No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos. Pero ella dijo: Es verdad, Señor, pero también los perrillos comen de las migajas que caen de las mesas de sus amos. Entonces Jesús le respondió: ¡Oh mujer, grande es tu fe! Hágase como tú quieres. Y quedó sana su hija en aquel instante"(Mt).

La porfía entre Jesús y la mujer, la imagen de los perros y los cachorros, conmueven al Señor. A través de esta mujer, ve el amor y la fe que busca entre los hombres. La alegría de la mujer ante la niña sanada tuvo que ser enorme; el agradecimiento inunda su alma Una vez más el milagro fue en Galilea; y, como antes, corre la voz del nuevo signo divino y las gentes acuden hacia Él. Un milagro realizó después, el del sordomudo. Esta vez el milagro lo va a realizar con parsimonia, con gestos y con oración, con palabras, como con esfuerzo. Y todos lo comentan.

"De nuevo, saliendo de la región de Tiro, vino a través de Sidón hacia el mar de Galilea, cruzando el territorio de la Decápolis. Le traen un sordo y mudo, y le ruegan que le imponga su mano. Y apartándolo de la muchedumbre, metió los dedos en sus orejas, y con saliva tocó su lengua; y mirando al cielo, dio un suspiro, y le dice: Effetha, que significa: ábrete. Al instante se le abrieron los oídos, quedó suelta la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Y les ordenó que no lo dijeran a nadie. Pero cuanto más se lo mandaba, tanto más lo proclamaban; y estaban tan maravillados que decían: Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos" (Mc).

El paso por la Decápolis no fue tan oculto como su estancia en la región fenicia. La cercanía de Galilea y la acción del antiguo endemoniado, liberado de sus cadenas, influyó; y se juntan multitudes para escuchar al Señor y beneficiarse de sus milagros. Aquí podemos situar la segunda multiplicación de los panes y de los peces, similar a la primera a orillas del lago en Tabgha. Se repiten los mismos hechos, salvo el número de los presentes y la cantidad inicial de alimento. "En aquellos días, reunida de nuevo una gran muchedumbre que no tenía qué comer, llamando a los discípulos les dice: Siento profunda compasión por la muchedumbre, porque ya hace tres días que permanecen junto a mí y no tienen qué comer; y si los despido en ayunas a sus casas desfallecerán en el camino, pues algunos han venido desde lejos. Y le respondieron sus discípulos: ¿Quién podrá abastecerlos de pan aquí, en el desierto? Les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: Siete. Y ordenó a la multitud que se acomodase en el suelo. Tomando los siete panes, después de dar gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los distribuyeran; y los distribuyeron a la muchedumbre. Tenían también unos pocos pececillos; después de bendecirlos, mandó que los distribuyeran. Y comieron y quedaron satisfechos, y recogieron de los trozos sobrantes siete espuertas. Los que habían comido eran alrededor de cuatro mil, y los despidió"(Mc).

Al volver a Gallea le esperan con ansia las multitudes con enfermos de todos los estilos. Jesús les cura, y todos se maravillan de nuevo dando gloria a Dios. "Y cuando Jesús salió de allí, vino junto al mar de Galilea, subió a la montaña y se sentó. Acudió a él una gran multitud llevando consigo cojos, ciegos, lisiados, mudos y otros muchos enfermos, y los pusieron a sus pies y los curó; de tal modo que se maravillaba la multitud viendo hablar a los mudos y quedar sanos los lisiados, andar a los cojos y ver a los ciegos, por lo que glorificaban al Dios de Israel"(Mt).

Los apóstoles han podido comprobar una vez más, que el reino de Jesús, se extiende más allá de las fronteras de Israel. Es natural que, en un principio, sintiesen un cierto rechazo; pero deben aprender a ensanchar sus horizontes y a mirar el corazón de los hombres, que es el modo divino de juzgar.

Reproducido con permiso del Autor,

Enrique Cases, Tres años con Jesús, Ediciones internacionales universitarias

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