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María unge con nardo a Jesús

EnriqueCases
29 abril 2008
Sección: Vida de Jesús

Es destacable el elevado valor del perfume. Los presentes también se sorprendieron de ello; a muchos les pareció demasiado, Judas lo criticó en voz alta. Seguro que a María le pareció poco, y lo mismo pensaría Lázaro y Marta.

En Betania, después de la resurrección de Lázaro, todos los presentes quedaron paralizados por el estupor. Tal fue el asombro, que el mismo Jesús les tiene que indicar que liberen al muerto resucitado de las vendas que le impedían moverse.

¿Qué pensó Lázaro, al saberse vivo? No lo sabemos, quizá sentiría como si volviese de un sueño profundo. Después se ve amortajado, ve gente a su alrededor, a sus hermanas, sus amigos, y Jesús con los suyos. Todos estupefactos a causa de la sorpresa; Jesús estaba allí, con restos de las lágrimas apenas enjugadas, pero con el rostro alegre e imponente. Pregunta que había pasado y, al contárselo, se dirige lleno de amor y respeto al Maestro y al Amigo. No parece fácil reproducir la escena, pero es muy de suponer que no habría muchas palabras, sino una efusión de afecto plena y total entre el discípulo y el Maestro.

Si antes de la resurrección podían designar a Lázaro como "el que ama" Jesús, ¿qué dirán después? Lázaro quiere a Jesús, y cree en Él, más aún que antes. Siente una mezcla armoniosa de amistad y respeto, sobrenatural y humana. A la vez respeto porque le había hecho atravesar la puerta de la muerte volviendo a la vida; amistad porque le consta que lloró por él. Conoce con mayor profundidad y experiencia el amor de Jesús. La amistad entre los dos alcanza un nivel muy denso, pues es agradecimiento, querer corresponder, fe total, adoración, en el sentido más estricto. Le quiere a Jesús como lo que es, como Dios y como Hombre. Y se siente querido, experimentando el amor divino capaz de resucitar y el amor humano que todos advierten cuando decían: "mirad como le amaba".

¿Y sus hermanas? Habían sufrido mucho los días anteriores; la enfermedad grave de su hermano, su muerte, el entierro; pero, sobre todo, quizá, por ver que Jesús, capaz de hacer tantos milagros, no prestaba atención a su hermano. Serían auténticas tinieblas las que vivirían en sus almas esos días, especialmente María más sensible que Marta. Al ver a su hermano saliendo del sepulcro ante la llamada imperiosa de Jesús quedan paralizadas como el resto de los presentes. Una honda alegría inundó entonces toda su alma. La luz sucedía a la noche. "¡Lo quería de verdad! ¡Ha hecho el milagro,! ¡El sabe por qué ha esperado al cuarto día! Jesús sabe más que nosotras que sólo vemos lo que está delante de nuestros ojos". Y aumenta también en ellas el amor y la confianza en el Maestro. "¿Cómo agradecer el bien que les había hecho?". Es muy posible que desde entonces este pensamiento llenase su corazón. María encuentra el modo de mostrar el agradecimiento de la manera, y lo hace en la comida celebrada en la misma Betania, en casa de Simón el leproso, seis días antes de la Pascua en que Jesús va a sufrir la Pasión.

"Le dieron allí un banquete, Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo legítimo, de gran precio, ungió los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos; y el aroma del perfume llenó la casa "(Jn). El frasco era de alabastro y antes de ungir los pies "lo derramó sobre la cabeza de Jesús". Después "rompió el frasco" para que se gastase todo, sin ahorro alguno. Judas dirá el precio de aquel perfume: "trescientos denarios", es decir, el salario de un trabajador durante un año, una cantidad espléndida.

¿Por qué María hizo aquel gesto verdaderamente magnánimo? María está agradecida por la resurrección de su hermano, ha llorado cuatro días al difunto lo que revela la calidad de su amor. María ha sido perdonada por Jesús de su antigua vida de pecado y su arrepentimiento ya lo manifestó públicamente ungiendo y llorando a los pies del Maestro que había dicho "se le ha perdonado mucho porque amó mucho". María sabe querer y el amor es sabio. No era posible separar estos hechos de la sensibilidad de aquella mujer. Quiere agradecer a Jesús todo el bien recibido y encontró el modo: ungir de nuevo al Señor. ¿Acaso no es costumbre ungir a los huéspedes con perfumes? Y escogió lo mejor: "nardo legítimo". Además, algo intuía del futuro de Jesús. La intuición de una mujer comprendió, más que los mismos Apóstoles, aunque a éstos se les había predicho, explícitamente, la Pasión y Muerte de Jesús. Así lo descubre Jesús a los que no entienden "se anticipó a mi sepultura" , "ha hecho una buena obra conmigo; ha hecho cuanto estaba en su mano: se ha anticipado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura". María estaba ofreciendo algo a Jesús como si éste fuera ya la víctima que había de ser sacrificada por los pecados del mundo. Aquel ungüento, derramado sobre la cabeza de Jesús era, en el corazón de María, un anticipo del embalsamamiento de su cadáver. La intuición de María acierta. El gesto dirá mucho más que todas las palabras del mundo y; además, en público.

Es destacable el elevado valor del perfume. Los presentes también se sorprendieron de ello; a muchos les pareció demasiado, Judas lo criticó en voz alta. Seguro que a María le pareció poco, y lo mismo pensaría Lázaro y Marta. Ellos saben querer y entienden al Maestro.

Entiende mejor las cosas quien más ama. El que ama poco entiende menos; quien no ama no comprenderá el sentido de un regalo, quien odia lo entiende todo al revés. Los tres hermanos se unirían en el significado del regalo que le hacían a Jesús. El nardo legítimo era un símbolo de su fe y de su amor, un símbolo magnífico, pero al mismo tiempo muy inferior al amor que ellos habían recibido. ¿Habría aceptado el Señor un regalo en metálico? ¿O bienes materiales? ¿Hay algún bien superior a la vida natural? ¿Y a la vida eterna? Los bienes que Jesús recibe los utiliza siempre para consolar a los pobres y para el mantenimiento sencillo de los que le siguen. Pero en esta ocasión se trata de una despedida; el mismo Jesús quiere dejar bien claro que le entienden y le quieren de un modo pleno. Le quieren como El quiere ser querido. Y Jesús acepta la unción.

María capta la soledad de Jesús. No es un aislamiento, pues está rodeado de gente que le quiere; algunos lo han dejado todo para seguirle. La soledad de Jesús es la soledad de quien está en la cumbre y los demás en el valle, es la soledad de quien sabe todo y los demás sólo saben una parte y no conviene que sepan más; es la soledad del que se sabe Mediador único.

Reproducido con permiso del Autor,

Enrique Cases, Tres años con Jesús, Ediciones internacionales universitarias

pedidos a eunsa@cin.es

Comentarios
9 Comentarios en “María unge con nardo a Jesús”
  1. alicia rey ramirez Dijo:

    me ha sido de mucho aprendizaje ya que voy exponer ese tema bendiciones

  2. alicia rey ramirez Dijo:

    me ha sido de mucho aprendizaje ya que voy exponer ese tema bendiciones

  3. alicia rey ramirez Dijo:

    me ha sido de mucho aprendizaje ya que voy exponer ese tema bendiciones

  4. Susana Dijo:

    Vuestra palabra me ha llenado hoy. Me ha tocado el alma. Gracias

  5. mary Dijo:

    ciertamente su pensamiento me ha iluminado mil gracias por compartir su sabiduria de corazon les deseo que sigan siempre dando el regalo mas preciado del mundo que es compartir saludos y un muy hermoso año venidero

  6. Edelmira Dijo:

    Gracias por llegar a mi todos los dias con una palabra. Dios los bendiga

  7. STELLA MARIS Dijo:

    Simplemente Gracias !!!! Es una profunda reflexiòn sobre el valor puro y simple del verdadero amor y amistad, sobre todo con los màs humildes.-
    De nuevo Muchas Gracias por sus palabras.-

  8. Miguel Oscar Aguado Donayre Dijo:

    El Nardo Puro de Marìa, para JESUS, un agradecimiento eterno de amor al amigo, al Maestro a Cristo. Nosotros tambièn podemos elevar siempre nuestras oraciones que èl nos ensenò y cumplir los mandamientos como agradecimiento infinito a la vida que nos diò el Creador

  9. María de la Luz Dijo:

    El amor da sentido,a lo que nos pareciera no tener, Jesús, sabe lo que hay en el corazón de cada uno, y la medida es. Al que mucho amó, mucho se le perdonará.




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