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El primer anuncio de la Pasión

Enrique Cases
24 abril 2008
Sección: Vida de Jesús

"Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y padecer mucho de parte de los ancianos, de los príncipes de los sacerdotes y de los escribas, y ser muerto y resucitar al tercer día"(Mt).

Jesús acaba de hacer una declaración profética que rompe los esquemas de los Doce de un triunfo fácil. La grandeza de los milagros, la brillantez de la doctrina, la santidad de vida no han sido capaces de derribar el muro del pecado en los corazones de muchos. Y la consecuencia es una cierta resistencia a creer en Jesús; es más, en los inicio del último año de vida pública se intuye que la lucha va a ser total y sin cuartel. El anuncio de las persecuciones debió desconcertar a todos. Quizá pasó más desapercibido el anuncio de la muerte y de la resurrección ante tal revelación. A partir de ahora no proyecta extender el apostolado a nuevas gentes, -aunque lo sigan haciendo- ni de decir nuevas cosas, las dichas son suficientes. Se trata de un lucha con el pecado mismo, y la victoria sólo se producirá con una muerte que sea un sacrificio. El amor debe triunfar sobre el pecado en el modo extremo. Las declaraciones se van a suceder a partir de entonces. Si las palabras del discurso del Pan de vida eran duras para muchos oídos, éstas lo han sido mucho más. Así se entiende la reacción de Pedro.

"Pedro, tomándolo aparte, se puso a reprenderle diciendo: Lejos de ti, Señor, de ningún modo te ocurrirá eso. (Mt). La Piedra firme pasa a ser piedra de escándalo por su poca fe, y Jesús lo corrige con fortaleza y energía con palabras similares a aquellas con la que apartó la tentación satánica en el desierto. ¿Qué ha sucedido? ¿ha sido revocada la elección de Pedro como roca sobre la que se va a construir la iglesia? No, indudablemente, Pedro será Roca, pero Pedro será también Piedra de escándalo. Su debilidad personal es tan evidente, que cabe dudar de su capacidad para realizar la misión. Será capaz por la gracia de Dios, no por sus cualidades personales, sino por un especial don de Dios.

Jesús reacciona con fortaleza: Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Apártate de mí, Satanas! Eres escándalo para mí, pues no sientes las cosas de Dios sino las de los hombres"(Mt). Estas palabras fueron dirigidas a Pedro poco después de ser elegido como la Roca sobre la cual se va a levantar la Iglesia, y poco después de concedérsele el poder de las llaves para atar en el cielo y en la tierra. La roca, como el granito, necesitaba el cincel y no la suave mano que modela la arcilla.

La respuesta del Señor evoca aquella otra, la tercera tentación diabólica en el desierto, cuando al ofrecerle Satanás el dominio del mundo responde Jesús:"Apártate Satanás". Parece casi increíble el paralelismo y la energía con que Jesús rechaza a Satanás y corrige a Pedro. El diablo proponía a Jesús un reino humano en lugar del reino espiritual; Pedro, sin darse cuenta, propone a Jesús algo similar: que no sufra, de esa manera el sacrificio querido por la Trinidad desaparecería. Las consecuencias en ambos casos son iguales: apartar a Cristo de su misión y del cumplimiento de la voluntad del Padre. Jesús rechaza con energía ambas tentaciones.

No se retracta el Señor de su elección como roca sobre la cual se edificará la Iglesia, pero debe ser corregido para no traicionar la alta misión. Su ignorancia disculpa su falta de fe, pero no se puede pasar por alto el error. Y Jesús no lo consiente. Talla la Piedra para que tenga un fundamento sólido. No valen ni falsas compasiones, ni debilidad: comienza la formación de la Roca.

Reproducido con permiso del Autor,

Enrique Cases, Tres años con Jesús, Ediciones internacionales universitarias

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