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El juramento y la sinceridad

EnriqueCases
4 junio 2008
Sección: Vida de Jesús

"Sí, sí, o no, no. Lo que exceda de esto, viene del Maligno".

"También habéis oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en vano, sino que cumplirás tus juramentos al Señor. Pero yo os digo: No juréis en absoluto; ni por el Cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del Gran Rey. Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes volver blanco o negro ni un solo cabello. Sea, pues, vuestro modo de hablar: Sí, sí, o no, no. Lo que exceda de esto, viene del Maligno"(Mt).

 

La sinceridad en las relaciones humanas es vital para la convivencia. El juramento es poner a Dios por testigo de que lo se dice es cierto y verdadero. Es bueno el juramento, pero deja de serlo cuando es tapadera para garantizar conductas mentirosas o indignas. Un abuso de aquel momento era el de jurar para negar los derechos conyugales al cónyuge, contra toda justicia, y así en otros casos. Se usaba el nombre de Dios y su santidad como cobertura para intereses que pueden ser egoístas o falsarios. Jesús rechaza los diversos juramentos al cielo, a la tierra, al estrado, a Jerusalén, al templo, o por su cabeza, e invita a llamar las cosas por su nombre: lo blanco, blanco, lo negro, negro. La frase contundente del “sí, sí, no, no” revela un hablar y actuar en la presencia de Dios que ve las intenciones más escondidas del corazón. La ley es vivir con sinceridad ante Dios, ante los hombres y ante uno mismo, sin tortuosidades que empañan el recto modo de hablar y de manifestarse.

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Reproducido con permiso del Autor,

Enrique Cases, Tres años con Jesús, Ediciones internacionales universitarias

pedidos a eunsa@cin.es

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