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El carácter y el aspecto de Jesús

EnriqueCases
11 abril 2008
Sección: Vida de Jesús

¿Cómo era Jesús? ¿Cual debió ser su aspecto exterior?

No se distinguió en su aspecto de los judíos y rabinos de su época "era como cualquier hombre y también sus gestos"(Fil), no vestía llamativa y pobremente como el bautista, que, según la costumbre de los profetas iba ceñido con una túnica de pelos de camello. Como la mayoría de los hombres de aquel momento, llevaría ordinariamente en vestido de lana con un cinturón que servía de bolsa al tiempo, un manto y sandalias. En la Pasión llevaba una túnica sin costura y toda tejida de arriba a abajo. Según las prescripciones de la ley, en ocasiones cuatro borlas de lana azules adornaban la parte superior de la cabeza. Y, siguiendo la costumbre de su tiempo, llevaría para la oración matutina filacterias atadas al brazo y alrededor de la frente. No censuraría su uso a los fariseos, sino la motivación de falsa piedad y de ensancharlas. En sus largas caminatas se guardaría de los ardientes rayos del sol mediante un sudario blanco que envolvía cabeza y cuello. Por lo demás Jesús desdeñaba la "preocupación" por el vestido, lo que no quiere decir descuido y dejadez que son falta de virtud. Llevó la barba usual y los cabellos cuidados recogidos en la nuca, a diferencia de los nazarenos que se dejaban hirsutas y largas guedejas. El cuidado del cuerpo lo recomienda superando la vanidad. Así en épocas de ayuno dice que se debe ungir la cabeza y lavar el rostro.

Su figura corporal debió ser atractiva e incluso fascinadora. No poseemos ninguna descripción de su tiempo, únicamente que durante su infancia iba creciendo en sabiduría y gracia ante Dios y los hombres. Esto es trasladable lo que decía sobre la luz interior que se transparenta en lo externo "tu ojo es la luz de tu cuerpo y si aquel está sano, todo tu cuerpo estará iluminado". Su luz interior se transparenta en su cuerpo y su rostro.

Su figura debió tener algo radiante que atraía irresistiblemente a toda persona de sentimientos sensibles. La exclamación admirativa que un día brotó de una mujer del pueblo es muy significativa: "bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron" (Lc).

Tendría lo que hoy se llama carisma, o irradiación afectiva, según se advierte constantemente en los evangelios. De modo particular debió impresionar su mirada, capaz de inflamar las almas y de hacer sentir los reproches más emocionantes. En sus ojos había algo dominante y arrollador.

A este aspecto se añade el de su salud y energía; en suma, un equilibrio perfecto: capacidad emprendedora, resistencia a la fatiga. El contraste con algunos genios religiosos enfermos y de un sistema nervioso en desequilibrio o psíquicamente deshechos y agotados es notable. En Jesús no hay ni la menor alusión a enfermedad alguna.

Su cuerpo parece especialmente resistente a la fatiga. Ora muy de mañana y hasta la madrugada; y muchas noches las pasa en vela en oración. Incluso, ante la naturaleza su salud se manifiesta en la radiante alegría –especialmente- ante montes y lagos. Con sus caminatas recorre toda Judea, Samaria, Galilea; aún hasta la región de Tiro y Sidón. El hambre y la sed debieron ser frecuentemente compañeros de viaje, a tenor de lo que recomienda a los suyos: "no llevéis nada para el viaje, ni bastón ni alforjas y tampoco pan y dinero". Su última subida de Jericó a Jerusalen debió ser una proeza. Bajo un sol ardiente, por caminos sin sombra y atravesando un desierto de montes rocosos y solitarios, realizó el viaje en seis horas, debiendo superar una altura de más de mil metros. Es asombroso que a su llegada no se sintiera fatigado. Aquella misma tarde cenó con Lázaro y sus hermanas (Jn).

Pasó la mayor parte de su vida al aire libre, en contacto con la naturaleza expuesto a la intemperie, Le son familiares los lirios del campo y las aves del cielo. Su vida errante, llena de trabajo y penurias, manifiesta un cuerpo robusto. En ocasiones, no tenía tiempo ni para comer(Mc). Hasta muy entrada la noche acudían a él los enfermos (Mc), y también los fariseos, saduceos y enemigos llenos de malicia. Deberá afrontar largas y penosas discusiones, luchas peligrosas en tensión continua. Las explicaciones a los discípulos eran prolijas, con la pesada carga que le imponían aquellos espíritus poco despiertos y llenos de preocupaciones mezquinas. Un temperamento enfermo, o simplemente delicado, no hubiera podido resistir. Jamás perdió la serenidad. Continuó durmiendo tranquilamente durante la tempestad

¿Y su alma? Sus parientes no le entienden y se quedan perplejos ante El. Los fariseos y sus enemigos pensaban que un espíritu maligno obraba en Él. Y es que la superioridad que se manifiesta en Jesús no admite otra explicación, si no se está dispuesto a aceptar quién es en realidad.

Los evangelistas nos hablan con toda claridad. Les llamó la atención en el modo de ser de Jesús la lucidez extraordinaria de su juicio y la inquebrantable firmeza de su voluntad. Advierten un hombre de carácter, apuntando inflexiblemente hacia su fin, para realizar la voluntad de su Padre, hasta el último extremo, hasta derramar su sangre

Las repetidas expresiones "Yo he venido", "Yo no he venido" traducen perfectamente ese sí y ese no, consciente e inquebrantable."Yo no he venido a traer la paz, sino la guerra" (Mt). "No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores"(Mt). "El Hijo del Hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y a dar su vida en rescate de muchos"(Mt; Mc). "No he venido a destruir la ley ni los profetas, sino a completarlos" (Mt) "Yo he venido a traer fuego a la tierra. ¿y qué quiero sino que arda?" (Lc).

Sabe lo que quiere desde el principio. A los doce años dice a sus padres que le encuentran en el Templo "¿No sabíais que debe emplearme en las cosas de mi Padre" (Lc) Las tres tentaciones del desierto son una victoria sobre la posibilidad egoísta de utilizar su poder para la glorificación personal y no cumplir la voluntad del Padre. Sus mismos discípulos intentan alejarle del cumplimiento de su misión. Primero sus parientes, luego su elegido, Pedro, que le ama, pero no le entiende; y después de la multiplicación de los panes "Muchos discípulos se separaron definitivamente de Él en esta ocasión" (Jn). No por ello dejó Jesús de seguir su camino, decidido a continuar su camino si fuese necesario, solo. "¿Y vosotros, también queréis iros?".

Jamás se le ve vacilar, ni en sus palabras, ni en su obrar. Pide a sus discípulos una voluntad firme de ese calibre: "Quien pone la mano en el arado y mira atrás no sirve para el Reino de Dios" (Lc). Está tan lejos de Él la precipitación como la indecisión, las claudicaciones y las salidas de compromiso. Todo su ser es un sí o no. Sólo Él puede afirmar con toda verdad que "vuestra palabra sea sí, sí, no, no. Lo demás es un mal" (Mt).

Todo su vida y su personalidad son unidad, firmeza, luz y pura verdad. Producía tal impresión de sinceridad y energía, que sus mismos enemigos no podían sustraerse a ella "Maestro, sabemos que eres veraz y no temes a nadie" (Mc). Todo lo contrario a la hipocresía de sepulcros blanqueados que Él denuncia a los fariseos. Su muerte, de hecho, es consecuencia de ese contraste entre su fidelidad al Padre y la doblez de sus enemigos.

Su carácter es la encarnación del heroísmo, por ello, el joven rico, que guarda los mandamientos, no puede, o no quiere, seguirle. El verdadero discípulo debe odiar a su padre madre, hermanos y aún a su propia vida si quiere seguirle, y aunque odiar signifique poner en segundo término, la expresión entraña mucha exigencia.

Tiene la fuerza del líder y al decir a Simón y Andrés que le sigan, dejan todas las cosas y a su padre, con los jornaleros. Arroja a los mercaderes del Templo sin que nadie pueda resistirle. Sus mismos discípulos aún conviviendo con Él y siendo llamados amigos tienen un respeto que marca la distancia que los separa de Él, le seguían con miedo y se espantaban (Mc). No era uno de tantos, ni como los dirigentes, doctores de la ley y fariseos o autoridades políticas. Tenía consigo todo el poder y esta impresión de superioridad, de omnipotencia, que dimana su persona era tal, que para explicarla, la multitud buscaba las comparaciones con el Bautista, Elías o Jeremías o alguno de los profetas. Esto es así aunque se manifestase de modo habitual, humilde y manso.

La oración de Jesús se realiza muchas veces ante todo el mundo, o ante los suyos, en voz alta, pero busca el silencio y el recogimiento, cosa que en su vida pública sólo puede conseguir durante la noche, mientras los demás duermen. Se puede decir que necesita la oración más que nosotros, no porque le sea preciso pedir algo que no esté a su alcance, sino porque busca el trato íntimo y sin distracciones con el Padre.

Su fuerza interior aparece, en ocasiones, de una manera evidente con el ardor de una pasión santa; así dice a Satanás en su tercera tentación "¡retírate de mi vista, Satanás!" palabras similares a las que dice a Pedro, que intenta disuadirle de la Pasión (Mt). Esta fuerza refulge y retumba en la parábola de la cizaña. “El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, que reunirán a todos los malvados y seductores del Reino y los echarán al horno del fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes” (Mt) Análogamente en la parábola de la red: "los ángeles vendrán y separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno del fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes" (Mt).

Asimismo, terminan airadamente las parábolas de las diez vírgenes, de los talentos, de las ovejas y de los cabritos (Mt). En la parábola del siervo despiadado, el Señor "lleno de cólera" entrega a la justicia al siervo sin entrañas hasta que pague enteramente su deuda, igualmente en la parábola del invitado no engalanado en el festín, ordena "atadlo de pies y manos, tomadle y echadle fuera. allí será el llanto y el crujir de dientes" (Mt). En la parábola de dos administradores, llega inopinadamente el Señor y manda descuartizar al siervo infiel y darle el merecido de los traidores (Lc).

En estas palabras hay una vida fuerte lejana a un cualquier sentimentalismo blando. Similares son las palabras dirigidas a los fariseos "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! porque exprimís las casas de las viudas y, por pretexto, hacéis larga oración; por eso llevaréis juicio más grave…Guías ciegos que coláis el mosquito y os tragáis el camello… ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque limpiáis lo que está fuera de la copa y del plato, más interiormente estáis llenos de robo y de inmundicia" (Mt). No es posible figurarse a Jesús en estas ocasiones más que con ojos llameantes y rostro encendido. Igual que cuando arroja a los mercaderes del Templo, o cuando maldice la higuera, símbolo del pueblo infiel a las llamadas divinas. La fuerza y la iras de Jesús contrastan más aún con la dulzura habitual y manifiestan un amor a la verdad y la justicia, por encima de cualquier debilidad humana. Es la ira de Dios que se demuestra tantas veces en el Antiguo Testamento; así igual que llamará a los fariseos "raza de víboras", a Herodes le llama "zorro".

Cuando se trata de dar testimonio de la verdad, desconoce el miedo y la vacilación. Un carácter luchador que, en medio de la lucha, no pierde la serenidad

Llama la atención su clarividencia viril, su impresionante lealtad, su sinceridad austera y, en un palabra, el carácter heroico de su personalidad.

Esta fuerza y verdad es lo que atraen a los discípulos. Su pureza interior, su sinceridad se revelan en su palabra cuando dice "si tu ojo te escandaliza, arráncalo" (Mt) o "el que pierde su alma, la gana" (Mt) o "nadie puede servir a dos señores" (Lc).

¿Cómo se condujo Jesús con los hombres y las cosas de su tiempo? No se da en Él ninguna tendencia ser soñador, sino fuertemente racional, cosa que se hace patente en las discusiones con sus enemigos, que desbrozan objeciones y cuestiones difíciles. Sus respuestas son tan claras y contundentes que tienen que retirarse confundidos.

Desbroza la religión de los añadidos humanos, llevándola hasta sus mismas raíces, que están en el interior del corazón humano. Sus parábolas hacen revivir ante nosotros a los labradores, a los pescadores, al traficante de perlas preciosas, al mayoral, al mercader, al jornalero, al constructor y al hortelano, abarcando desde la dueña de la casa y la pobre viuda hasta el juez, el general del ejercito y el mismo rey. Tienen sus parábolas tal riqueza de matices al describir la vida ordinaria que llegan tanto al intelectual como al hombre iletrado. Jesús busca ilustrar las mentes de los que le escuchan, para renovarlos por dentro, apartando las tinieblas del error o de la ignorancia.

Junto a esto, destaca -en la teoría y en la práctica- el mandato nuevo que manifiesta en la Ultima Cena y en toda su vida: “amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen” (Lc; Mt). Su amor a los hombres no le impide ver sus defectos; es más, los denuncia; pero ese amor le lleva a perdonar esos pecados. Es lo que llamamos comprensión. Conoce toda la fragilidad y toda la flaqueza y aplica los remedios de forma oportuna: suave o fuerte según la necesidad.

La compasión es uno de sus rasgos más destacados; es, en su sentido más hondo, padecer con otro. No se contenta con examinar la miseria humana; la toma sobre sí, la hace suya; paga por las deudas de los demás.

Llama hermanos a los más insignificantes; se adapta a las costumbres de todos, mientras no ofendan a Dios. Su unión con los pobres y los oprimidos es patente. Demuestra con obras que no ha venido a ser servido, sino a servir. Quiere ser pobre con los pobres, despreciado con los despreciados, tentado con los tentados, crucificado con los que sufren y mueren.

Los evangelistas lo advierten continuamente: "Tenía compasión de ellos porque eran ovejas sin pastor"(Mc). Hay ocasiones en que su corazón parece tan sensible y dulce como pueda serlo el de una madre con su hijo enfermo, por ejemplo en las parábolas del hijo pródigo, la moneda perdida, la del buen pastor y la del buen samaritano.

Le conmueve la desgracia de los enfermos y, sobre todo, la de los pecadores. No puede decir "no" cuando clama el dolor, ni cuando lo pide una mujer pagana, ni aunque parezca que no cumple el precepto del sábado; ni por miedo a que se escandalicen los piadosos deja de estar con publicanos y pecadores. Ni siquiera las torturas de la agonía le impiden decir al ladrón arrepentido palabras del máximo consuelo: "hoy estarás conmigo en el paraíso"(Lc).

Su amor a los hombres no tolera excepción alguna, y no tiene el menor matiz de preferencia para una clase determinada. Admite a los ricos, aunque les advierte que su situación para alcanzar el Reino de los cielos es más difícil que la de los pobres, así ocurre con Simón el fariseo, con Nicodemo, con José de Arimatea, con Juana mujer de Cusa, Susana y otras muchas "que le servían de sus haciendas" (Lc). Los apóstoles no parecen que pertenecieran a las clases más bajas, sino a la clase media, como el mismo Jesús. La pobreza le conmueve por el sufrimiento que experimentan los que se encuentran en esa condición, y por el peligro de que pierdan la paciencia y se rebelen contra Dios. Peligro mayor en los ricos, que en la abundancia pueden olvidarse de Dios.

El amor a los desgraciados es una necesidad íntima, un irreprimible movimiento interior, es la manifestación de la misericordia divina. El hecho de estar sumergido en las altas realidades divinas no le impide hacerse cargo de las necesidades pequeñas y cotidianas.

¿Y la alegría? Jesús se abre al regocijo humano. Incluso le critican por su naturalidad, come en cualquier casa, va a la fiesta de bodas, no deja ayunar a los discípulos mientras el esposo esté con ellos. Manifiesta su amor de predilección con uno de ellos, que en la última cena recuesta su cabeza sobre su pecho. Su amor a los niños es constante y puesto como ejemplo a todos.

Su contemplación de la naturaleza es poética; evoca los lirios, los arbustos, la higuera, las viñas, los pájaros y raposas y la tempestad amenazadora.

¿Quién es este Jesús? ¿No podría parecer que su humanidad se mueve en direcciones opuestas, por una parte hacia lo alto lo celestial, y por otra, a lo de abajo, a lo humano?

La solución no se encuentra sólo en lo humano; se debe buscar en la unión de las dos naturalezas –humana y divina- en la persona única. Igual a los hombres en los sentidos externos e internos, en las emociones, en los sentimientos, en la voluntad, en la inteligencia, pero perfecto; y unido a la divinidad de tal modo que sus acciones son acciones son humanas y divinas. Este es Jesús. Cada gesto expresa la plenitud de la divinidad corporalmente, pero también expresa lo que es un hombre sin deformaciones, sin taras, sin recortes. Cuando los hombres decimos que algo es humano, con frecuencia indicamos acciones pecaminosas. Jesús nos muestra lo que es genuinamente humano, sin faltas ni recortes.

Reproducido con permiso del Autor,

Enrique Cases, Tres años con Jesús, Ediciones internacionales universitarias

pedidos a eunsa@cin.es

Comentarios
8 Comentarios en “El carácter y el aspecto de Jesús”
  1. francis Dijo:

    ME ENCANTÓ.NO CABE DUDA QUE LA FIGURA DE JESÚS ES FACINANTE E INTERMINABLE DE CONOCER…ANHELO PODER IMITAR AUNQUE SEA UN POQUITO DE ÉSTE JESÚS QUE A HECHO DE TODO POR MI.. TRABAJARÉ DURO… PARA ALCANZAR UN DÍA A DISFRUTAR JUNTO CON ÉL DEL LUGAR QUE ME SETÁ PREPARANDO.AMÉN

  2. yolanda Dijo:

    una buena descricion de la persona de cristo que inspira a procurar la santidad. Él nos ilumine para imitarlo y seguir su ejemplo…

  3. gloria de vasquez Dijo:

    Una bellísima descripción de Jesús,maravillosa,indescriptible bella,ojala y pienso que todavía falta mucho más,que El nos conduzca siempre por sus caminos y poderle imitar.

  4. JOSE ROBERTO GOMEZ Dijo:

    DE VERDAD QUE QUEDA BIEN PATENTE LA UNION HIPOSTATICA DE JESUS, SIENDO DIOS, VIVE COMO HOMBRE, ES IMPERANTE NOS VOLVAMOS A SU EJEMPLO. LES PIDO QUE EN SUS ORACIONES ME TENGA PRESENTE, ES DIFICIL CAMBIAR LOS HABITOS DE TODO UNA VIDA, PERO LO QUIERO HACER, ESTOY EN ESCUELA DE PASTORAL Y AHI VOY PASO A PASO. CUIDENSE Y QUE NUESTRO GRAN AMIGO LOS BENDIGA.

  5. Alffonso Silva R Dijo:

    Estpendo artículo,un análisis muy completo del perfil sicológico del divino Maestro, y de su entorno humano, social, popular,cultural y cotidiano. Una gran enseñanza.

  6. Alfonso Silva R Dijo:

    Jeús el maestro por excelencia, cada silencio, acto por insignificante que sea tiene en El una dimensión divina, es simplemente EXTRAORDINARIO.Lamentable que hoy el mundo científico no sde haya dedicado para bien de la humanidad a estudiar con seriedad la MENTE DE CRISTO.

  7. fer Dijo:

    todo esto me parece muy bien ya que soy creyente en Dios pero no en las iglesias ya que muchas cosas no las cumplen por ejemplo cuando Dios dice que la entrada al reino de los cielos los ricos la tiene dificil, y no es por nada pero para mi la iglesia tien muchos lujos porejemplo miremos el crucifijo de oro del papa, su papa movil, el baticano esta repleto de muchas cosas de oro, yo pienso que no es pobre el papa como jesus, y que si vendiera alguno de sus lujos, muchos niños pobres del Africa y somalia podrian comer. y tambien no cabe olvidar lo de la inquisicion que yo pienso que Jesus jamas cometeria esos crimenes.

  8. Anniser Dijo:

    Yo sé que la fórmula para acercarnos al carácter de Jesús es la oración, hablar con Dios, en el nombre de Jesús,de rodillas, continuamente,leer sus palabras en la biblia pidiéndole a Dios iluminación para entender, observar la naturaleza. Pero solos no podemos lograrlo, solo del contacto con el Padre a través de El. Lo estoy intentando pero decaigo. La tendencia del ser humano es alejarse del creador, la tendencia es al mal, la soberbia, el egoísmo. Sólo queda seguir de rodillas hasta madurar como cristianos. Me falta una inmensidad!!!!!!!!!!!




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