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Saber callar, saber hablar


26 agosto 2008
Sección: Valores católicos

¡Cuánto tenemos que aprender de Jesús! Hablar con valentía y decisión ante la injusticia y el atropello; callar ante la calumnia o la murmuración. ¿Qué debemos hacer para aplicar en la vida ordinaria las enseñanzas del Maestro?

I. Durante treinta años, Jesús llevó una vida de silencio; sólo María y José conocían el misterio del Hijo de Dios. Cuando vuelve de nuevo al pueblo donde había vivido, sus paisanos se extrañan de su sabiduría y de sus milagros, pues sólo habían visto en Él una vida ejemplar de trabajo.

Durante los tres años de su ministerio público vemos cómo se recoge en el silencio de la oración, a solas con su Padre Dios, se aparta del clamor y del fervor superficial de la multitud que pretende hacerle rey, realiza sus milagros sin ostentación y recomienda frecuentemente a los que han sido curados que no lo publiquen…

El silencio de Jesús ante las voces de sus enemigos en la Pasión es conmovedor: Él permaneció en silencio y nada respondió [1]. Ante tantas acusaciones falsas aparece indefenso. «Dios nuestro Salvador -comenta San Jerónimo-, que ha redimido al mundo llevado de su misericordia, se deja conducir a la muerte como un cordero, sin decir palabra; ni se queja ni se defiende. El silencio de Jesús obtiene el perdón de la protesta y excusa de Adán» [2]. Jesús calla durante el proceso ante Herodes y Pilato, y lo contemplamos en pie, sin decir palabra, ante Barrabás y delante de enemigos clamorosos, excitados, vigilantes, sirviéndose de falsos testimonios para tergiversar sus palabras. Está en pie ante el procurador. Y aunque le acusaban los príncipes de los sacerdotes, nada respondió. Entonces Pilato le dijo: ¿No oyes cuántas cosas alegan contra ti? Y no le respondió a pregunta alguna, de tal manera que el procurador quedó admirado en extremo [3].

El silencio de Dios ante las pasiones humanas, ante los pecados que se cometen cada día en la Humanidad, no es un silencio lleno de ira, ni despreciativo, sino rebosante de paciencia y de amor. El silencio del Calvario es el de un Dios que viene a redimir a todos los hombres con su sufrimiento indecible en la Cruz. El silencio de Jesús en el Sagrario es el del amor que espera ser correspondido, es un silencio paciente, en el que nos echa de menos si no le visitamos o lo hacemos distraídamente.

El silencio de Cristo durante su vida terrena no es en modo alguno vacío interior, sino fortaleza y plenitud. Los que se quejan continuamente de las contrariedades que padecen o de su mala suerte, quienes pregonan a los cuatro vientos sus problemas, los que no saben sufrir calladamente una injuria, quienes se sienten urgidos a dar continuamente explicaciones de lo que hacen y lo que dejan de hacer, los que necesitan exponer las razones y motivos de sus acciones, esperando con ansiedad la alabanza o la aprobación ajena…, deberían mirar a Cristo que calla. Le imitamos cuando aprendemos a llevar las cargas e incertidumbres que toda vida lleva consigo sin quejas estériles, sin hacer partícipes de ellas al mundo entero, cuando hacemos frente a los problemas personales sin descargarlos en hombros ajenos, cuando respondemos de los propios actos sin excusas ni justificaciones de ningún tipo, cuando realizamos el propio trabajo mirando la perfección de la obra y la gloria de Dios, sin buscar alabanzas… [4].

Iesus autem tacebat. Jesús callaba. Y nosotros debemos aprender a callar en muchas ocasiones. A veces, el orgullo infantil, la vanidad, hacen salir fuera lo que debió quedar en el interior del alma; palabras que nunca debieron decirse. La figura callada de Cristo será un Modelo siempre presente ante tanta palabra vacía e inútil. Su ejemplo es un motivo y un estímulo para callar a veces ante la calumnia o la murmuración. In silencio et in spe erit fortitudo vestra, en el silencio y en la esperanza se fundará vuestra fortaleza, nos dice el Espíritu Santo, por boca del Profeta Isaías [5].

II. Pero Jesús no siempre calla. Porque existe también un silencio que puede ser colaborador de la mentira, un silencio compuesto de complicidades y de grandes o pequeñas cobardías; un silencio que a veces nace del miedo a las consecuencias, del temor a comprometerse, del amor a la comodidad, y que cierra los ojos a lo que molesta para no tener que hacerle frente: problemas que se dejan a un lado, situaciones que debieron ser resueltas en su momento porque hay muchas cosas que el paso del tiempo no arregla, correcciones fraternas que nunca se debieron dejar de hacer… dentro de la propia familia, en el trabajo, al superior o al inferior, al amigo y a quien cuesta tratar.

La Palabra de Jesús está llena de autoridad, y también de fuerza ante la injusticia y el atropello: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! porque exprimís las casas de las viudas con el pretexto de hacer largas oraciones… [6]. Jamás le importó ir contra corriente a la hora de proclamar la verdad.

San Juan Bautista, cuyo martirio leemos hoy en el Evangelio de la Misa [7], era voz que clama en el desierto. Y nos enseña a decir todo lo que deba ser dicho, aunque nos parezca alguna vez que es hablar en el desierto, pues el Señor no permite en ninguna ocasión que sea inútil nuestra palabra, porque es necesario hacer lo que debe hacerse, sin preocuparse excesivamente de los frutos inmediatos, ya que si cada cristiano hablara conforme a su fe, habríamos cambiado ya el mundo. No, podemos callar ante infamias y crímenes como el del aborto, la degradación del matrimonio y de la familia, o ante una enseñanza que pretende arrinconar a Dios en la conciencia de los más jóvenes… No podemos callar ante ataques a la persona del Papa o a Nuestra Señora, ante las calumnias sobre instituciones de la Iglesia cuya verdad y rectitud conocemos bien de sobra… Callar cuando debemos hablar por razón de nuestro puesto en la sociedad, en la empresa o en la familia, o sencillamente por la condición de cristianos, podría ser en ocasiones colaborar con el mal, permitiendo que se piense que «el que calla, otorga». Si los católicos hablasen cuando han de hacerlo, si no contribuyeran con una sola moneda a la difusión de la prensa o de la literatura que causan estragos en las almas, difícilmente podrían sostenerse esas empresas.

Hablar cuando debamos hacerlo. A veces, en el pequeño grupo en el que nos movemos, en la tertulia que se organiza espontáneamente a la salida de una clase, o con unos amigos o vecinos que vienen a nuestra casa a visitarnos; entre los amigos o clientes…, ante un vídeo indecente en el autobús en el que viajamos…, y desde la tribuna, si ése es nuestro lugar dentro de la sociedad. Por carta cuando sea preciso para animar con nuestro aliento o para agradecer un buen artículo aparecido en un periódico o manifestar nuestra disconformidad con una determinada línea editorial o un escrito doctrinalmente desenfocado. Y siempre con caridad, que es compatible con la fortaleza (no existe caridad sin fortaleza), con buenas maneras, disculpando la ignorancia de muchos, salvando siempre la intención, sin agresividad ni formas cerriles o inadecuadas que serían impropias de alguien que sigue de cerca a Jesucristo… Pero también con la fortaleza con que actuó el Señor.

III. Si en los momentos en que el Bautista vio en peligro su vida hubiera callado o se hubiera mantenido al margen de los acontecimientos, no habría muerto degollado en la cárcel de Herodes. Pero Juan no era así; no era como una caña que a cualquier viento se mece. Fue coherente con su vocación y con sus principios hasta el final. Si hubiera callado, habría vivido algunos años más, pero sus discípulos no serían quienes primero siguieron a Jesús, no habría sido quien preparara y allanara el camino al Señor, como había profetizado Isaías. No habría vivido su vocación y, por tanto, no habría tenido sentido su vida.

A nosotros, muy probablemente, no nos pedirá Jesús el martirio violento, pero sí esa valentía y fortaleza en las situaciones comunes de la vida ordinaria: para cortar un mal programa de televisión, para llevar a cabo esa conversación apostólica que debemos tener y no retrasarla más… Sin quedarse en quejas ineficaces, que para nada sirven, dando doctrina positiva, soluciones…, con optimismo ante el mundo y las cosas buenas que hay en él, resaltando lo bueno: la alegría de una familia numerosa, el profundo gozo que produce realizar el bien, el amor limpio que se conserva joven viviendo santamente la virtud de la pureza…

Existe un silencio cobarde, contra el que debemos luchar: el del que enmudece ante quien Dios ha puesto a su lado para que le ayude y le fortalezca en su caminar hacia Dios. Difícilmente podríamos ser valientes en la vida si no lo fuéramos en primer lugar con nosotros mismos, siendo sinceros con quien orienta nuestra alma.

Muchos de nuestros amigos, al ver que somos coherentes con la fe, que no la disimulamos ni escondemos en determinados ambientes, se verán arrastrados por ese testimonio sereno, de la misma manera que muchos se convertían al contemplar el martirio -testimonio de fe- de los primeros cristianos.

Pidamos en el día de hoy, que dedicamos especialmente a Nuestra Señora, que Ella nos enseñe a callar en tantas ocasiones en que debemos hacerlo, y a hablar siempre que sea necesario.


[1] Mc 14, 61.

[2] SAN JERÓNIMO. Comentario sobre el Evangelio de San Marcos, in loc.

[3] Mt 27, 12-14.

[4] F. SUÁREZ. Las dos caras del silencio, en Revista Nuestro Tiempo, nn. 297 y 298.

[5] Is 30, 15.

[6] Mt 23, 14.

[7] Mt 14, 1-12.

Meditación extraída de la serie "Hablar con Dios", Tomo IV, Sábado de la 17ª. Semana del Tiempo Ordinario por Francisco Fernández Carvajal.

Puedes adquirir la colección en:

www.edicionespalabra.es o en www.beityala.com

Comentarios
6 Comentarios en “Saber callar, saber hablar”
  1. MARY PEREA Dijo:

    Excelente, sì debemos ser valientes para denunciar las injusticias y ser profetas para evangelizar con nuestro testimonio, y tener siemre presente que la muerte de nuestro señor jesus no acallo su mensaje que debe ser nuestro kerigma y ser luz y sal para el mundo . su mensaje de amor quedo plasmado en la humanidad con su resurrercion.Hay que nacer de nuevo, ser hombres Nuevos odres nuevos.

  2. olga Dijo:

    En el lugar donde trabajo, mi jefe es una persona que sólo quiere que uno le esté adorando como si fuese Dios o una persona perfecta. Siempre apoya a la gente que hace cosas indebidas. Yo siempre he tratado de dar un buen trabajo, sin embargo, eso no apoye él. No obstante, nunca me ha gustado hacerle la barba como se dice aquí en mi país y quizás por eso a él y algunos compañeros les molesta, pues lo unico que veo es chisme y criticas hacia los demás y yo simplemente no tolero eso. Tratará de salirme y buscar otro trabajo ya que este no valora al ser humano,algo que nuestro señor Jesucristo simpre hizo.

  3. Alejandrina Dijo:

    Gracias gracias que buena me ha sido su catequesis .

  4. alicia Dijo:

    Hoy tendemos a estar a la defensiva de todo y de todos, pero esta meditación me ha ubicado muy bien en el aprender a callar y a tener a Cristo en el corazón y la mente para hablar cuando deba hacerlo. Gracias por su artículo tan claramente expuesto.

  5. maria de la luz cisneros leija Dijo:

    solo les puedo decir gracias por toda el conocimiento y sabiduria, que nos han copmartido este es un medio par evangelizarnos que DIOS les bendiga sigan adelante y nos unimos en oracion con ustedes por la paz del mundo

  6. Cleide Dijo:

    Que alegria conhecer esse site e poder adquirir informações tão profundas, fervorosas e sábias p/ o nosso dia a dia de fé e confiança nos ensinamentos de Deus. Que Deus abençoe a todos nós e obrigada.




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