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Para que el sufrimiento no excluya la felicidad


20 abril 2015
Sección: Valores católicos

 

CORIAQUINOINTEREl testimonio de Cory Aquino

Cory Aquino, la presidenta que instauró el régimen democrático en Filipinas, ofreció un testimonio personal sobre la importancia de los valores para afrontar las adversidades. Habló sin reparos de cómo la oración ha sido un punto central de su vida y de la vida de su marido, Ninoy Aquino, que sufrió siete años de cárcel, luego el exilio y acabó siendo asesinado en vísperas de las elecciones.

Hace algún tiempo, relató, “unos estudiantes universitarios me preguntaron qué me gustaría conservar de mi vida de presidenta, y les contesté sin dudar: seguir rezando. La oración me ha sostenido cuando ocupaba el poder y ha sido la oración lo que dio valentía a mi marido cuando estaba en la cárcel”.

Cuanto mayor autoridad tenga una persona, dijo después, más necesita rezar. “Una persona que reza es sabia. Admite sus errores y debilidades, y demuestra ser apta para ocupar un puesto de mando”. Desde luego, la oración no basta: es necesario contar con la debida preparación y trabajar. Pero la oración da sensibilidad para poner en práctica criterios que son útiles en todas las circunstancias, también en la tarea de gobierno. Cory Aquino citó concretamente la sinceridad, la integridad, la solidaridad y universalidad como “principios que dan coherencia a la vida del hombre y a la acción de gobierno”.

Lección de ética política

Si a nivel personal transigís en cuestiones de principios, dijo a los que la escuchaban, “ya no os pararéis en la cuesta abajo que conduce al oportunismo desenfrenado”. Lo mismo ocurre en la tarea de gobierno: “Los principios constituyen el punto de referencia de las relaciones con la gente. Si faltan, significa que un gobierno, o su representante, carece de escrúpulos. Y un gobierno sin escrúpulos acaba por buscar la paz sin la justicia, por mantener la estabilidad cometiendo abusos”.

Esta aspiración no significa que uno se crea perfecto, pues “sólo Dios sabe cuántos errores ha cometido cada uno de nosotros”. Lo importante es que “no perdamos la capacidad de distinguir entre lo justo y lo injusto, y desde luego no interpretar el código moral a nuestro gusto para justificar alianzas políticas”.

Entre las cualidades que hay que tener para ponerse al servicio del pueblo, Corazón Aquino destacó “la capacidad de trabajar bien junto a otros, de escuchar puntos de vista diferentes, de dar crédito a ideas distintas de las propias y tener una apertura mental que permita salir al paso de las preocupaciones de los demás”. Gobernará con justicia quien “no imponga a los demás las cosas que él no está preparado para afrontar, quien no pida a los demás los sacrificios que él no está dispuesto a soportar”.

 

Placer y dolor como espectáculo

Ettore Bernabei abordó en su intervención el modo en que los medios de comunicación, principalmente la televisión, se enfrentan al sufrimiento y a la felicidad. “Si ponemos idealmente el sufrimiento y la felicidad en una línea y los medios de comunicación en otra, se tiene la impresión de obtener dos líneas paralelas que no se encuentran nunca”. El motivo es que “la comunicación periodística, radiofónica y televisiva se está convirtiendo, cada vez más, en la configuración virtual de un prototipo de humanidad que está fuera de la realidad”

Este fenómeno se observa en el tratamiento de la información, que viene a ser como “corrientes de aire que circulan por el mundo durante algunos meses y luego desaparecen en la nada” (Vietnam, Líbano, Irak…). Se habla cíclicamente de temas como la inflación, el terrorismo o la corrupción, pero raramente se resalta el valor humano de los sufrimientos de los millones de personas que se ven envueltas en esos hechos.

Más acentuado aún es el tratamiento que estos temas reciben en los programas de ficción, de espectáculo o de entretenimiento, que “parecen dirigidos exclusivamente a obtener el mayor número de espectadores, considerados como receptores de mensajes publicitarios y futuros consumidores”.

“Para esos simulacros de hombres y de mujeres que se mueven en los telefilmes y en las telenovelas, el objetivo predominante de la vida es el placer egoísta, que tratan de alcanzar a toda costa con la fuerza física, la violencia de las armas, la belleza corporal o el poder del dinero”. El sufrimiento se presenta como la falta de placer, y la felicidad es solamente aquella que deriva de las riquezas, del poder, de la satisfacción alcanzada.

 

Un desafío a la creatividad

Ante este panorama, existe la difundida preocupación de que, con este modelo de televisión, se acabe imponiendo un tipo humano violento o sexualmente degenerado. El problema de fondo, sin embargo, no se resuelve con medidas cosméticas, como limitar los horarios de algunas emisiones. “Se necesita -dijo Bernabei- un cambio en la dirección artística y la producción, para liberar a los programas de entretenimiento del modelo general de un consumismo hedonista”.

En este punto precisó que todos pueden hacer algo, se dediquen o no a las profesiones relacionadas con la comunicación. Se trata, sobre todo, de formarse y saber formar a los más jóvenes para que desarrollen un profundo sentido crítico.

Para los que se dedican a estas profesiones, el ex director general de la RAI ofreció algunos puntos de reflexión. Destacó, en primer lugar, que “especialmente para este tipo de trabajo es necesario ser profesionalmente competentes y espiritualmente sólidos. A pesar de las apariencias, éstos no son trabajos aptos para personas vanidosas, dominadas por las modas y con estudios de aficionado. Es preciso prepararse, ser humildes y tener una personalidad que sepa ir contra la corriente y ser creativa”.

Concretando más el significado de esta creatividad, subrayó que consiste en “tener la capacidad de enseñar los grandes sentimientos: el amor, en primer lugar, con todos sus matices, exaltaciones y dificultades; la generosidad, el altruismo, la solidaridad; el saber enfrentar todas las dificultades de la convivencia familiar con serenidad y espíritu de sacrificio; volver a exaltar la paternidad y la maternidad; enseñar el respeto a la vida”.

Para llevar a cabo una comunicación de buena calidad en este campo, es necesario saber presentar conforme a la dignidad humana tres aspectos: el sexo, la fuerza física y el dinero. El punto central aquí, en definitiva, no es presentar una realidad edulcorada o ñoña, sino mostrar claramente la diferencia entre el bien y el mal, entre las aberraciones y las profundas aspiraciones que laten en todo ser humano.

La verdadera grandeza

El profesor Johannes Bonelli, director del Instituto de Antropología Médica y Bioética de Viena, ilustró su intervención sobre “El significado del sufrimiento” con casos sacados de su experiencia médica. Y es que al llegar la enfermedad es cuando muchas personas se plantean el sentido de su existencia, que quizás hasta entonces habían vivido pensando sólo en sacar el máximo provecho de los bienes materiales.

“El sufrimiento representa el mal y debe ser combatido. La salud es, desde luego, mejor que la enfermedad y el dolor. Pero, a pesar de ello, nos debemos preguntar si el sufrimiento sirve para algo o a alguien”. Una primera respuesta biológica viene del hecho de que el dolor aparece como síntoma de la enfermedad. Es un despertador que avisa que algo va mal: “está por tanto, al servicio de la vida”.

Pero la enfermedad no se limita al aspecto biológico sino que compromete toda la persona, cambia el mismo ritmo de la vida. “Las alturas que un hombre puede alcanzar cuando debe enfrentarse con el sufrimiento constituyen un misterio sorprendente. La verdadera grandeza del hombre no se mide por un físico en plena salud, por la eficacia o el poder, sino en el momento en el que debe combatir contra la enfermedad y el sufrimiento”.

Cuando uno enferma, se ve obligado a “confrontar la realidad y las apariencias, y es así como la enfermedad contribuye al descubrimiento de lo que somos de verdad”. Un paso más en este proceso íntimo es que, en esas circunstancias, “uno se vuelve más consciente de que la prosperidad y los placeres de la vida tienen un valor limitado, y que sólo algo por lo que valga la pena morir puede satisfacer la innegable necesidad de inmortalidad del hombre”.

Esta es la razón por la que la enfermedad “provoca siempre un encuentro claro y sumamente honesto entre la criatura y su Creador. Naturalmente, puede ocurrir que el enfermo no reconozca esta oportunidad y la deje pasar. Habitualmente, sin embargo, las personas suelen alejar sus pensamientos de las cosas vanas del mundo y dirigen su atención a los valores permanentes y fundamentales. Es precisamente esta dimensión trascendente de la enfermedad lo que permite al médico seguir apreciando el gran valor de su profesión, incluso en aquellos momentos en los que los recursos humanos parece que nos abandonan”.

Un último aspecto es que el sufrimiento se hace soportable no sólo gracias a la medicina o a su aceptación valiente o incluso por el hecho de descubrir su significado, sino también por las atenciones que en esos momentos se reciben de los demás. “Las personas enfermas nos enseñan una gran lección, una lección que conmueve el ánimo de la gente: estimulan la compasión (“sufrir con”), el calor humano, la preocupación por los demás, la disponibilidad para ayudar, la comprensión, la confianza y la buena voluntad”. Una experiencia vivida que fue como la otra cara del UNIV 93.

 

Cuando no bastan los buenos sentimientos

 

El encuentro no se agotó en la reflexión teórica sobre esos temas. Siguiendo la tradición inaugurada hace varios años, uno de los aspectos más atractivos fue la presentación de iniciativas de promoción humana y social desarrolladas en estos meses, que fueron ilustradas en algunos casos con medios audiovisuales.

Como dijo ante el Papa el presidente del Congreso, Emilie Schlumberger, los participantes “se han acercado personalmente a las situaciones de sufrimiento, con visitas a hospitales para cuidar enfermos, con la atención de ancianos y el desarrollo de labores educativas y asistenciales en los suburbios de las principales ciudades”.

Del 4 al 11 de abril de 1993 se celebró en Roma la fase final del XXVI Congreso Internacional UNIV, con la que concluyeron los trabajos desarrollados a lo largo del año por estudiantes de unas quinientas universidades de todo el mundo, sobre el tema “Sufrimiento y felicidad”. Un binomio que se presenta, sin duda, como uno de los desafíos de este fin de siglo, en el que se comprueba cómo la cultura dominante no sabe abordar el problema del sufrimiento y, por consiguiente, es incapaz de dar respuestas coherentes al anhelo de felicidad.

El congreso, promovido por el Istituto per la Cooperazione Universitaria (ICU), en el ámbito del Encuentro Universitario Internacional, contó con la participación de tres ponentes principales: la ex presidenta de Filipinas, Corazón Aquino; el profesor Johannes Bonelli, cardiólogo de la Universidad de Viena, y Ettore Bernabei, antiguo director general de la Radio Televisión Italiana (RAI).

 

Por Diego Contreras

www.arvo.net

Comentarios
No hay comentarios en “Para que el sufrimiento no excluya la felicidad”
  1. luz bertila lopez Dijo:

    me encanto este articulo refleja claramente la realidad del sufirmiento no lo habia pensado desde este punto de vista. felicidades!!

  2. Lauri Dijo:

    Me pareció muy lindo este articulobesos




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