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Una primera lectura de la segunda parte de “Jesús de Nazareth”


17 marzo 2011
Sección: Sobre el Papa

Por Stefano Fontana

Finalmente podemos ponernos ante la obra entera sobre Jesús de Nazareth escrita por Benedicto XVI. La segunda parte podrá iluminar a la primera y viceversa. Una obra es siempre un todo unitario y no un sencillo ensamblaje porque es siempre el todo el que da luz a las partes.

No hemos podido evitar replantearnos la pregunta: ¿Por qué Benedicto XVI ha decidido escribir este libro? La respuesta es la misma que entonces: para mostrar que Jesús es el Mesías y que esta verdad de fe y de razón a la vez, es hoy, como siempre, el Camino hacia la Verdad y por tanto hacia la salvación. ¿Nada más que esto? Nada más.

Benedicto persigue este objetivo en cada línea de su libro, desde la Introducción hasta la exposición de la pasión, de la muerte y de la resurrección. Para poderlo seguir, y por tanto poder comprender y disfrutar la brillantez de sus observaciones y la genialidad de sus reconstrucciones, es necesario aceptar su punto de vista, que no es sólo histórico, sino que presupone siempre la verdad de la fe.

La gran pretensión de este libro es mostrar como la luz de la fe permite comprender hasta el final, también los hechos de la historia y que no es Jesús el que muestra al Mesías sino el Mesías que muestra a Jesús. Los hechos permanecerán incomprensibles sin la luz de la fe. Ratzinger lo había ya dicho en la Introducción del primer volumen y sigue así en toda la primera parte de la obra. En esta segunda parte se confirma esta perspectiva.

Centrémonos sus reflexiones sobre la cronología del relato de la Pascua. Los Evangelios Sinópticos proponen una cronología de los sucesos distinta de la del Evangelio de Juan. Para este último la muerte de Jesús se produce en la hora nona del viernes, en la vigilia de la Pascua judía, al mismo tiempo que el sacrificio de los corderos en el Templo de Jerusalén. En los Sinópticos, sin embargo, sucede en el mismo día de la Pascua judía. Desde el punto de vista de la fe, la versión de Juan es más densa y está más llena de significado: la Pascua de Jesús no es la Pascua de Israel, es una “nueva Pascua”, porque ahora el Cordero es Él mismo. El hecho de que su sacrificio sucede en el mismo momento en el que sucede el de los corderos, es, por tanto, teológicamente muy significativo. Esto ayuda también a la reconstrucción histórica en cuanto a que las tesis de los Sinópticos, aparentemente más verosímiles, pueden ser impugnadas con argumentos razonables, a favor de la versión de Juan. La cronología teológica ilumina también la cronología histórica.

De esto se deduce también, que todo el libro es una comparación con el Antiguo Testamento y con la religión judía. Ratzinger se encarga de mostrar como la figura de Jesucristo no es comprensible sin el Antiguo Testamento, que Él supera, proponiéndose a sí mismo como el “Nuevo Israel”. No se puede eliminar la Ley antigua: esta permanece y es superada, con la Nueva Ley que es Jesús mismo. La dimensión social de las leyes del sábado no son rechazadas por la anteposición del hombre al sábado, sino retomadas y confirmadas en la Nueva Alianza, una demostración de que Jesús se coloca como Dios. Lo mismo sucede en el relato del proceso a Jesús , conducido por Pilato, que Benedicto cuenta en esta segunda parte. Según Ratzinger la atribución de la culpa de la muerte del Mesías a los “judíos” entendida como “pueblo entero” está equivocada. La muerte de Dios no puede recaer sobre los judíos y sobre sus descendientes. El motivo de estas afirmaciones ¿son históricas o teológicas? Benedicto parte de la luz de la visión teológica: la sangre vertida por Jesús no es de condena sino de reconciliación. No exige venganza sino amor incondicional.

Desde esta perspectiva, trata después el análisis histórico, lingüístico, filológico para confrontar en terrenos, digamos, más profanos , la confirmación científica. Este análisis científico demostraría que la acusación de los Evangelios se dirigiría a “los sacerdotes del templo” y no a los judíos en cuanto a pueblo. Como se puede observar, la visión teológica y de fe no se añade después de que el método histórico-crítico ha seguido su curso y unido sus datos, sino que los anticipa instaurando con esto una diálogo circular.

Grandiosas, en este sentido, son las reflexiones sobre la Verdad a propósito del diálogo de Jesús con Pilatos, que le pregunta qué es la verdad. La respuesta de Jesús es que Él, Cristo mismo, es la verdad y que su Reino no es de este mundo. Ratzinger aprovecha para preguntar porque Pilatos lo condenó y para establecer una relación entre la Verdad de Dios y la sociedad humana. Pilatos no pudo haber condenado a Jesús porque lo considerase un peligro político: Él le había dicho claramente que su reino no era de este mundo. Más probable –y real– es el hecho de que Pilatos puede haber sido condicionado por un temor supersticioso, encontrando en Jesús algo extraño y por el peligro de perder su posición en el caso de un posible evento nefasto. En cuanto a la sociedad humana, dice Benedicto, esta se da cuenta ante Jesús, que dice ser la Verdad, de que tiene necesidad de ella, para no quedar a merced del más fuerte. También en este caso, por tanto, el anuncio de la verdad de la fe es luz que ilumina, en una relación circular, también la realidad histórica y humana.

Este libro de Benedicto XVI es muy importante. Ha afirmado que no lo ha escrito como Papa sino como teólogo y que puede ser rebatido por los estudiosos. También, a pesar de esta declaración, el libro desarrolla un papel muy importante no sólo para dar una dirección a los teólogos y exégetas, sino para poder entender mejor a este Papa y a la naturaleza de su Pontificado.

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