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Tres resurrecciones

Pbro. Dr. Enrique Cases
9 julio 2008
Sección: Sin categoría

Jairo, la viuda de Naím y Lázaro

Cristo realizó tres resurrecciones durante su caminar por la tierra: la de una niña aún reposando en su lecho mortuorio -su padre se llamaba Jairo-, la de un joven, hijo de una viuda de Naím, cuando era conducido a la sepultura, y la de Lázaro ya sepultado hacía cuatro días.

La emoción y la tristeza de Jesús ante la muerte es patente, y también su poderío sobre ella Pero hay más: San Lucas, al narrar la resurreción del joven de Naím, dice del Señor que ante las lágrimas de la madre viuda se compadeció de ella. De un modo aún más vivo expresa Juan la emoción de Jesús ante el sepulcro de Lázaro, su amigo. Primero dice que se conmovió ante las lágrimas de la hermana de Lázaro y las de los judíos que habían acudido a consolarla. Después, cuando le conducen ante el sepulcro donde está enterrado su amigo,la conmoción sube de tono y Jesús comenzó a llorar. La actitud del Señor no es fría como si no permitiese dejar vibrar los resortes del corazón humano. Jesús se emociona, se compadece, se conmueve, llora. El hecho de ser Dios no sólo no excluye las reacciones de su humanidad, sino que éstas surgen limpias y naturales.

El evangelista explica que Jesús se compadeció: quizá se conmovería también exteriormente, como en la muerte de Lazaro. No era, no es Jesucristo insensible ante el padecimiento, que nace del amor, ni se goza en separar a los hijos de los padres: supera la muerte para dar la vida, par que está cerca los que se quieren, exigiendo antes y a la vez la preeminencia del Amor divino que ha de informar la auténtica existencia cristiana.(…) Cristo conoce que le rodea una multitud, que irá pregonando el suceso por toda la comarca. Pero el Señor no actúa artificialmente, para realizar un gesto: se siente sencillamente afectado por el sufrimiento de aquella mujer, y no puede dejar de consolarla. En efecto, se acercó a ella y le dijo: no llores. Que es como darle a entender: no quiero verte en lágrimas, porque yo he venido a traer el gozo y la paz. Luego tiene lugar el milagro, manifestación del poder de Cristo Dios. Pero antes fue la conmoción de su alma, manifestación evidente de la ternura del Corazón de Cristo Hombre"[528].

La reacción de Jesús ante la muerte es de emoción y compasión. Si esto sucede con la muerte corporal ¿Cual será su sentimiento ante el pecado en el alma? La respuesta es suficientemente elocuente:El Señor se deja enclavar en la cruz, ofreciendo un sacrificio de valor infinito para salvar nuestras almas.

Las tres resurrecciones tienen distintos matices que pueden ayudarnos a comprender mejor lo que significa la resurreción de un alma. La hija de Jairo resucitó cuando acababa de morir; el hijo de la viuda de Naim cuando era conducido al cementerio, Lazaro cuando llevaba cuatro días en el sepulcro. Esta diferencia de tiempo transcurrido después de la muerte puede servirnos para meditar sobre las distintas situaciones de almas muertas por el pecado. No es lo mismo para un alma saber reaccionar prontamente ante el pecado, que dejar transcurrir el tiempo permitiendo que ese pecado la vaya desgastando. La curación de un pecador vicioso es más difícil que la de uno dispuesto a luchar, aunque sea débil y haya caído en las redes de la tentación.

Veamos la resurrección de la niña. Jairo, jefe de la sinagoga, se postró delante de Jesús y le dijo:Mi hija está en las últimas, ven, pon tu mano sobre ella para que sane y viva[529]. La situación debía de ser límite y algo confusa, porque en Mateo leemos que la niña acaba de morir; pero ven, pon tu mano sobre ella y vivirá[530]. Lucas nos ofrece un relato más detallado y precisa que Jairo tenía una hija de doce años, y se estaba muriendo[531]. Estas diferencias son lógicas teniendo en cuenta la multitud que rodeaba a Jesús, la preocupación del padre y la gravedad de la niña. A esto debemos añadir el hecho de que quizá el padre se resistiera a aceptar que realmente su hija había muerto. Lo cierto es que la niña estaba muy grave y la muerte debió suceder o cuando Jairo habla con Jesús o un poco antes. De hecho cuando se dirigían al lugar donde se encontraba la niña algunos increpan a Jairo diciéndole tu hija ha muerto ¿para que molestas más al Maestro?.

Pero Jesús consuela a Jairo y le dice: No temas; basta que creas y será curada[532]. Los acontecimientos posteriores encierran algo de misterio llegó, pues, a la casa, y no permitió entrar a nadie con él, salvo a Pedro, Juan y Santiago, y al Padre y a la madre de la niña. Todos la lloraban y se lamentaban. Dijo El: No lloréis, que no ha muerto, sino que está dormida, y se burlaban de El sabiendo que había muerto. El, cogiéndola de la mano, dijo en alta voz: "Niña, levántate". Y su espíritu volvió y se levantó al momento; y él mandó que le dieran de comer. Y sus padres quedaron espantados; y les mandó que no dijesen a nadie lo sucedido[533].

La vida es frágil. La muerte está presente en la vida de los hombres como una amenaza real. Mueren los viejos, pero también los jóvenes y los niños. La muerte del alma, que es el pecado, también acecha en cualquier momento. Pueden pecar los niños, los jóvenes y los viejos. Nadie puede decir que sea inmune al pecado. Por eso la Iglesia, con una sabiduría multisecular, recomienda la confesión frecuente a todos, también a los niños. Aunque los pecados sean leves, La gracia sana así las enfermedades del alma y la fortalece para vencer las tentaciones..

Mirando a la niña resucitada, una consideración viene a la mente: la necesidad de levantarse pronto si se ha tenido la desgracia de caer. Es peligroso dejar pasar el tiempo con el alma muerta a la vida de la gracia, pues es fácil que la gravedad se difumine en la conciencia, la memoria olvida, y el pecador se acostumbrar a vivir en pecado. Es posible así llamar normal a lo que no es más que enfemedad y muerte. Al igual que la sangre acude inmediatamente a la herida, un cristiano que habitualmente vive en gracia de Dios, debe reaccionar con prontitud cuando por fragilidad peca gravemente,.

Vale la pena recordar que un sólo pecado mortal es suficiente para llevar el alma al infierno. Es tan grave como toda una vida corrompida, pero es más fácil la reconciliación y el perdón. Un pecado aislado es mucho más fácil de reparar, porque no se ha instalado el hábito de pecar; no se ha construído un sistema mental de excusas, ni el vicio ha desviado la voluntad. Sin embargo, es conveniente recordar la gravedad de un sólo pecado mortal En la meditación, la Pasión de Cristo sale del marco frío de la historia o de la piadosa consideración, para presentarse delante de los ojos, terrible, agobiadora, cruel, sangrante…, llena de Amor. -Y se siente que el pecado no se reduce a una pequeña "falta de ortografía": es crucificar, desgarrar a martillazos las manos y los pies del Hijo de Dios, y hacerle saltar el corazón [534].

Jesús les recomendó discreción a los padres agradecidos y la vuelta de la niña a la vida normal. También el pecador arrepentido debe volver a la comunión, a la oración. Pero con vigilancia, con prudencia, con humildad, sabiéndose capaz de todos los pecados, consciente de los horrores de la muerte.

Un buen método de vigilancia para evitar el pecado es la confesión frecuente: Purificad vuestros corazones en el Sacramento de la reconciliación(…) La Confesión sacramental no constituye una represión, sino una liberación. No hace surgir el sentimiento de culpa, sino que borra la culpa, elimina el mal cometido y da la gracia del perdón[535] recomienda el Papa Juan Pablo II.

Jesús resucitó al hijo de la viuda de Naím cuando lo llevaban a enterrar; según la costumbre judía. En el Evangelio de San Lucas leemos que sacaban a un muerto, hijo único de su madre que era viuda. Este tiempo transcurrido puede hacernos reflexionar sobre los efectos del pecado mortal.

Cuando se peca mortalmente el alma pierde el estado de gracia, rompiéndose la relación de fidelidad y de filiación entre aquella persona y su Padre Dios. Pero, además, el pecado se instala en el alma y actúa como un virus en un enfermo.El orgullo, la envidia, la impureza, la gula, la ira o la avaricia…. -según el pecado que se haya cometido- irán influyendo en la inteligencia y la voluntad, así hasta se puede llamar progreso o virtud a lo que sólo es degeneración y mentira.

Si se deja pasar el tiempo sin recurrir al arrepentimiento y al perdón divino, se produce una reacción muy comprensible: el pecador tiende a buscar excusas. La tendencia a racionalizar y justificar la mala acción cometida se hace cada vez mayor. No es necesario que la justificación sea muy profunda; aunque, en ocasiones, se dan teorías de lo más complejo. Lo más habitual será buscar excusas en el ambiente: "otros también lo hacen mal, es más, lo hace la mayoría", "no hay para tanto", "no hago mal a nadie", o algo parecido.

Pero lo más grave es cuando se deforma la conciencia. El proceso puede ser éste. Primero se excusa una acción mala porque se la considera "normal", porque "muchos lo hacen". Es la justificación sociológica. Después se dice que no sólo es normal, sino que es bueno, y que antes se pensaba que era malo influído por una moral anticuada. El tercer paso es más fuerte, pues lleva a decir que los que actúan bien no son buenos, pues en realidad son hipócritas o engañadores. Detrás viene el cuarto paso en que el antiguo pecador se proclama apóstol de una moral nueva y liberada, y debe superar los tabús del pasado.

La coartada es buena, pues aquella acción recriminada por la conciencia ya no es mala, sino que pasa a convertirse en buena y liberadora. Los malos son ahora los buenos y al revés, además se debe acabar con esos hipócritas… ingeniosa coartada, pero falsa. Jesús en la resurreción del hijo de la viuda lo hace en público, pues notoria había sido la muerte. Muchas veces la rectificación de una conducta escandalosa debe rectificarse en público, como ha ocurrido tantas veces en la vida de la Iglesia.

La tercera resurreción es la de Lázaro, el amigo de Jesús. Leemos en el Evangelio que cuando Jesús llega al sepulcro ordena que quiten la piedra Dícele Marta, la hermana del muerto: "Señor ya huele; lleva cuatro días[536]. Estas palabras nos llevan a seguir meditando sobre el tiempo transcurrido entre la muerte y el milagro. Los judíos tenían costumbre de embalsamar el cuerpo del difunto para que se conservase el buen olor al menos durante tres días. Marta hace ver a Jesús que ha transcurrido más tiempo, y el cuerpo muerto ya se está descomponiendo.Quizá quisiera mostrar también con estas palabras su desencanto y un cierto disgusto por el hecho de que el el Señor no hubiese venido antes, pues cuando avisaron al Señor sólo estaba enfermo Lázaro.La objeción de Marta ya huele, parece indicar que ya no piensa en la resurrección, pues le parece muy lejana e impensable.

Este situación nos muestra un tercer tipo de pecador: el pecador que se obstina en permanecer mucho tiempo en su pecado, permitiendo que el pecado se instale en su alma. Nace así el vicio, enfermedad crónica: alma maloliente.

Veamos los efectos del vicio en el alma. Primero hace que el pecado se revista de atracción. Está sugestión puede convertirse en casi irresistible si el vicio está muy arraigado. Por un lado, la voluntad cada vez está menos atraída hacia el bien, y, en casos extremos, le puede llegar a repugnar; por otro, la inteligencia sólo se detiene en los aspectos atractivos del pecado y no se fija en las consecuencias negativas que todo pecado comporta. Muchos vicios tienen muchos componentes corpóreos con lo que la dependencia es aún más fuerte. Es notorio el caso de los drogadictos o de los obsesos sexuales, pero también se advierte en la pereza o en la ira, aunque de un modo u otrola dependencia se da en todo pecado.

El vicio se origina por la repetición de pecados, sus raíces pueden ser muy hondas. Se da en el vicioso una tendencia al mal más o menos fuerte según sea el arraigo del vicio. Por eso, la mejor forma de liberarse de esa cadena es la repetición de actos virtuosos. La constancia en la práctica de la virtud es buen remedio para liberarse de la eslavitud del pecado.

Pero no podemos olvidar la gracia divina, que sana a todo hombre de las heridas del pecado, es el mejor remedio – e indispensable – para el alma que desea acercarse de nuevo a Dios.

Con estas tres resurrecciones Jesús nos enseña que la vida vence siempre a la muerte. Poco importa a Jesús el estado en que se encontraban los tres resucitados; no hay circunstancia que no pueda ser superada con su gracia. San Pablo supo expresarlo de un modo convincente: donde abundó el pecado sobreabundó la gracia. No hay mal que no pueda ser vencido por Nuestro Señor Jesucristo.

No existe situación, por desesperada que parezca, en que la victoria sea imposible. Dios sigue siendo Todopoderoso. Por eso, conviene acudir siempre a la ayuda divina si alguna vez caes, hijo, acude prontamente a la Confesión y a la dirección espiritual: ¡enseña la herida!, para que te curen a fondo, para que te quiten todas las posibilidades de infección, aunque te duela como en una operación quirurgica[537].

Es reconfortante considerar los detalles de la más difícil de las tres resurreciones. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que, si creyeres, verás la gloria de Dios? Quitaron, pues la piedra, y Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que siempre me escuchas, pero por la muchedumbre que me rodea lo digo, para que crean que tú me has enviado. Diciendo esto, gritó con fuerte voz: Lázaro, sal fuera. Salió el muerto, ligado con fajas pies y manos y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Soltadle y dejadle ir[538]. La resurrección de Lázaro es sin duda la más conocida y comentada. Aunque los motivos que impulsaron al Señor serían distintos a los que hemos meditado, es bueno recordar una gran verdad: a grandes males, grandes remedios. Dios puede soltar las ligaduras más fuertes que aten a cualquier hombre, por fuertes que estas sean.


[528] Beato Josemaría Escrivá. Es Cristo que pasa. n. 166

[529] Mc 5,21-43

[530] Mt 9, 1.18-26

[531] Lc 8,40-56

[532] Lc 8,49-50

[533] Lc 8,51-56

[534] Surco n. 993

[535] Juan Pablo II. Homilía a los universitarios romanos

[536] Jn 11,39

[537] Forja, n. 192

[538] Jn 11,40-44

Comentarios
7 Comentarios en “Tres resurrecciones”
  1. MIguel Oscar Aguado Donayre Dijo:

    Lindo comentario de las resurrecciones por JESUS; no pecar, acercarse a DIOS, con nuestras oraciones, hacer obras buenas y EL nos RESUCITARÀ eternamente.

  2. Remberto de Jesus Theran B Dijo:

    estos nos demuestra que para Dios no hay nada imposible cuando un pecador le abre su corazon y se deja guiar por el y se arrepiente sinceramente esto nos lleva a resucitar a la vida

  3. Fanny Talledo Dijo:

    "Maravillosa enseñanza".En cada resurrección me ha hecho ver los estados que vive mi alma cuando esta en pecado, y lo importante que es recurrir prontamente a la reconciliación para recuperar la gracia divina.(vida llena de confianza y paz en el Señor).

  4. Jose R Rios Dijo:

    La situacion de vida de mis seres queridos es muy dolorosa y me mantienen espiritualmente muy bajo. El vicio ha dominado a mi querida hija de 48 años. Soy conocedor de las teorias que llevan al vicio y como aconsejar para ayudar al vicioso a salir de el usando el amor de Dios. Soy miembro del clero y muy activo en los ministerios; pero el sufrimiento me empuja a dudar del amor de Dios por mi familia. Esta lectura me ha ayudado mucho. GRACIAS

  5. Antonio Fernandez Dijo:

    "Me encanto la leccion presentada de las tres resurreciones porque brinda esperanza a todo pecador que reconoce su necesidad, no importa hasta donde halla bajado respecto al pecado.

  6. juan Dijo:

    buen comentario pero falta la resurreccion de los santos cuando Jesús entrego el espíritu. Mt. 27. 52. y la resurreccion el el día postrero.

  7. juan Dijo:

    a. y lo mas importente la resurrción de CRISTO en gloria !!!!!!aleluya!!!!!




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