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Sectas: Entrevistas


25 junio 2008
Sección: Sin categoría

Conversando con Manuel Guerra Gómez, especialista en historia de las religiones y en el fenómeno religioso, doctor en Filología Clásica y en Teología Patrística y Profesor en la Facultad de Teología del Norte de España (Burgos) y consultor de la Comisión episcopal de Relaciones Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española.

Dentro de poco se celebrará en Brasil la Asamblea General del Episcopado Latinoamericano (CELAM). Uno de sus puntos son las sectas. ¿Qué podría aconsejar usted, como experto, a la Iglesia en América sobre este tema?

-Manuel Guerra Gómez. Los expertos de Latinoamérica en sectas conocen mejor que yo su situación. Desde hace poco más de un año existe la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas/Rede Ibero-Americana de Estudo das Seitas (RIES), integrada hasta ahora por más de treinta expertos de todos los países de lengua española y portuguesa.

Ya ha publicado una docena de números del boletín electrónico Info-RIES), que se envía gratuitamente a más de 4000 suscriptores, y pronto sacará una página web, que creemos necesaria para dar información sobre las sectas en castellano.

No obstante, me atrevo a recordar lo obvio. Sería desastroso caer en la tentación de pensar que los males vienen sólo o sobre todo de fuera, que los malos son los otros.

Cuando la población empieza a estar afectada por un mal epidémico, debe vacunarse, o sea, recibir la información adecuada sobre los virus sectarios a fin de no exponerse a los focos de infección por ignorancia.

Además hay que robustecer los soportes de la vida y espiritualidad cristianas, a saber, la formación doctrinal (bíblica, dogmática, moral, litúrgica, social), la vibración interior (personas de oración y que hacen oración), el verdadero dinamismo apostólico, que es el desbordamiento de la santidad personal, de la unión con Jesucristo tras un encuentro personal con Él.

Como punto de partida, desterrar la actitud interior meramente pasiva o receptiva promoviendo la maduración del sentido «crítico», es decir, escuchar y enseñar a escuchar a los demás y la radio «críticamente», leer la prensa, ver la televisión y el cine «críticamente», o sea, de acuerdo con un «criterio», que, para los católicos, es el de la razón iluminada por la fe o revelación divina, interpretada al trasluz del Magisterio de la Iglesia.

Sería decisivo y oportuno llegar a un acuerdo sobre los rasgos definitorios de una secta.

En Latinoamérica se llama «secta» también a los incontables grupos del movimiento evangelical o evangélico, así como a sus dos corrientes caudalosas (el pentecostalismo y el fundamentalismo protestante), a pesar de que la mayoría de sus grupos son cristianos.

Si los católicos llaman secta a los cristianos-protestantes y éstos (también los hay) a la Iglesia católica, ¿qué es lo que no es secta? Pues, parodiando a Calderón de la Barca, «las sectas, sectas son».

También elaborar una serie de normas pastorales prácticas. Entre ellas, por ejemplo, no ceder los locales de centros católicos (colegios, casas de espiritualidad, etc.) ni a las sectas ni a los llamados Métodos del Potencial Humano (MPH).

Se ha hecho y sigue haciéndose a pesar de ser una manipulación camaleónica por táctica del proselitismo malo.

Es un recurso para vencer la resistencia inicial de los posibles asistentes y sobre todo –si son menores de edad- la de sus padres o tutores.

Estos corren el riesgo de concluir que el contenido de las conferencias y días de retiro sectarios es compatible con la fe y la moral cristianas simplemente del local donde se tienen.

En teoría nadie acepta que pertenezca a una secta. ¿Se ha encontrado alguna vez con personas que le digan: «sí, somos adeptos de una secta»?

-Manuel Guerra Gómez. De entrada, nadie reconoce pertenecer a una secta ni le agrada ser acusado de sectarismo.

La pablara «secta» se ha cargado de connotaciones tan peyorativas que se está convirtiendo en un término tabú.

Pero uno puede ser condenado por sus acciones malas, si lo son, y con pruebas demostrativas de su culpabilidad, jamás por un nombre, como por ejemplo sucedió con el término «cristiano» en los primeros siglos de la Iglesia, y como sucede en nuestros días con el término «secta».

No he oído a nadie decir que pertenece a una secta en este sentido peyorativo de la palabra, que es el vulgar y generalmente también el dado por los medios de comunicación social.

Pero, de las 20.000 sectas informatizadas por Gordon Melton en el año 1995 (ahora serán más), solo unas 200 son «destructivas», o sea, capaces de matar a sus adeptos o a quienes se les oponen. Es una injusticia y calumnia graves extender al 99% lo que sólo conviene al 1%.

Deseo, espero y pido que el término «secta» deje de ser satanizado en mucho menos tiempo que el término «cristiano». En cambio, cuando se explica lo que es secta en su acepción técnica, más de un adepto me ha reconocido serlo.

Transcurridos siete años desde su aparición, ya se está agotando la cuarta edición de su voluminoso «Diccionario enciclopédico de las sectas» (BAC, Madrid): ¿a qué se debe el interés por todo lo sectario?

-Manuel Guerra Gómez. El sentido religioso es connatural al ser humano. El hombre «no tiene, consiste en religión» (Xavier Zubiri), es «religión» o religación respecto de lo divino.

Si no cree en Dios, tallará dioses o ídolos a su medida (Fiódor Dostoievski). Durante el siglo XX, vientos huracanados ideológicos, bélicos, etc., sacudieron el árbol corpulento y en parte envejecido de las religiones tradicionales, la cristiana en Occidente.

Provocaron la caída de ramas con o sin fruto y semillas. Muchas de ellas enraizaron, originando no pocas sectas de naturaleza similar a la de su respetiva religión: hindúes, budistas, taoístas, islámicas, protestantes, etc.

Añádase el relativismo, el subjetivismo y el antropocentrismo que caracterizan la Modernidad y nuestros días.

Además, resulta indiscutible que una persona de personalidad profunda, tanto de signo positivo como negativo, tiende a aglutinar en torno de sí y de su doctrina a un grupo de individuos, capaces de sobrevivir tras la muerte del iniciador, convertidos en «adeptos» por no decir «adictos» a su figura y recuerdo.

¿Qué palabras ha añadido en su apéndice?

-Manuel Guerra Gómez. En el Apéndice de la 4ª edición (p. 1007 y siguientes), aparte de la matización de algunas frases y de la actualización de los datos estadísticos, he añadido 114 entradas-palabras, que hacen referencia a sectas nuevas o a realidades relacionadas con ellas, sin contar las 30 organizaciones informativas y de atención a los miembros de las sectas y a sus familiares.

Siete ya existentes han sido notablemente ampliadas. Una de éstas: «masonería» lo es mucho más en mi libro «La trama masónica» (Styria, Barcelona, 444 páginas). En sus dos meses de existencia ha alcanzado ya la cuarta edición.

¿Cree que las sectas van en aumento, o es hoy la hora de las grandes religiones?

-Manuel Guerra Gómez. Fragmentarse, dividirse resulta fácil y hasta cómodo, aunque no deje de ser traumático a veces. No puedo precisar si está incrementándose el número tanto de las sectas como de sus miembros.

En cambio, es evidente el aumento de los llamados Métodos del Potencial Humano (MPH): Meditación trascendental, Rei-ki, Taichi (chuan), yoga, zen, Dianética, Método Silva de Control Mental, Asociación Latinoamericana de Desarrollo Humano, Sahaja Yoga, Energía Humana y Universal, etc.

Según ellos, son procedimientos psicotécnicos para el pleno desarrollo de las fuerzas ocultas de la mente humana.

Un cristiano puede practicarlos en cuanto psicotecnia, pero conciente de que las técnicas suelen ser caminos para llegar a una meta religiosa o ideológica no cristiana. Por táctica proselitista ésta se mantiene oculta, al menos durante los primeros pasos o sesiones.

Es triste comprobar que no pocos católicos, especialmente mujeres, dedican varias horas semanales a la práctica de los Movimientos del Potencial Humano, pero dicen no tener tiempo para hacer un rato diario de oración cristiana.

Ciertamente ahora, una vez pasado el turbión inicial y amortiguada la fascinación de lo nuevo y desconocido, está sonando «la hora de la grandes religiones», al menos por reacción ante tanta superficialidad, subjetivismo y sentimentalismo.

Las sectas son uno de los signos de nuestro tiempo y un reto o desafío pastoral a la Iglesia. Luego debemos preguntarnos: ¿Qué nos está diciendo Dios por medio de las sectas?, y, como san Pablo, preguntar a Jesucristo: «¿Qué debo hacer, Señor?» (Hechos 22,9).

Pero, además de ser signo y reto o precisamente por serlo, las sectas deben ser un «kairós», una «oportunidad» de evangelización nueva y renovada (Juan Pablo II). Pues «la existencia de las sectas es hasta conveniente» (1Cor 11,19), con tal que nos lleve a su estudio, así como al esmero en el conocimiento de las enseñanzas de Cristo y en la unión con Él, comenta san Agustín.

www.zenit.org

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