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Reproducción Asistida en el Magisterio de la Iglesia


20 junio 2008
Sección: Sin categoría

Comentarios a la nota del episcopado español sobre la nueva Ley de Reproducción Asistida

La preocupación del episcopado español por el embrión humano, a los ojos de un científico.

Academia Pontificia para la Vida

Justo Aznar

Médico del Hospital de Valencia

Miembro de la Academia Pontificia para la Vida

El pasado jueves día 16 de febrero el Congreso de los Diputados dio el visto bueno al proyecto de ley presentado por la Comisión de Sanidad y Consumo, sobre «Técnicas de Reproducción Humana Asistida» . Dicho proyecto de Ley suscita importantes problemas éticos, por lo que el Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española, se ha creído en la obligación de difundir una Nota «ante la licencia legal para clonar seres humanos y la negación de protección a la vida humana incipiente» [Zenit, 10 febrero 2006. Ndr]. En la propia Nota del Comité Ejecutivo Episcopal se apostilla que los obispos somos «conscientes de que nuestra firme denuncia de esta Ley y de las prácticas a las que se refiere, puede ser presentada falsamente como un prejuicio religioso de un grupo social contrario al avance de la ciencia». Por ello, parece de interés reflexionar sobre la misma analizándola en profundidad.

En primer lugar, merece destacar que, aunque la opinión de los obispos españoles se circunscribe, por su propia naturaleza, al área moral, su magisterio está basado en consideraciones científicas debidamente razonadas. Para analizar esto me referiré a los cuatro puntos en los que en la Nota se _evalúan aspectos técnicos de la ley.

En efecto, en el primer punto se denuncia que la ley va a permitir la «clonación terapéutica». Ciertamente hay que admitir que en la nueva ley sobre «Técnicas de reproducción humana asistida», no se hace ninguna referencia concreta a que se vaya a permitir la denominada «clonación terapéutica». Sin embargo, en el punto 3 de su artículo 1, se dice que «se prohibe la clonación de seres humanos con fines reproductivos». Es decir, parece que al referirse tan explícitamente a la clonación reproductiva no se condena cualquier otro tipo de clonación humana, lo que indirectamente puede inducir a pensar que se permite la clonación terapéutica. Seguramente esta ambigüedad en el texto legal es lo que ha inducido a los obispos a comentar en su Nota que la nueva ley va a permitir la clonación de seres humanos.

Sin embargo, me permito hacer dos consideraciones adicionales: la primera es que, hasta el momento actual, no se ha podido demostrar que los productos biológicos obtenidos por transferencia nuclear somática, la denominada «clonación terapéutica», hayan sido realmente embriones humanos, pues las experiencias del grupo coreano que públicamente manifestó que lo había conseguido, han sido desautorizadas por fraudulentas y las del equipo de Newcastle, el primero en Europa en anunciar que había clonado un embrión humano, no pudieron realmente confirmarse, pues los «embriones» conseguidos no vivieron más haya de 4 ó 6 días. La segunda, es que con este tipo de experiencias, hasta el momento actual, no se ha curado a nadie, por lo que no se le debe denominar «clonación terapéutica». En efecto, las células madre obtenidas a partir de estos «embriones» clonados no pueden ser aplicadas a seres humanos con fines terapéuticos, por muchas razones biológicas, de entre las cuales no es la menos importante que pueden generar tumores si esas células madre se transfunden a un paciente. Por ello, estimo que los obispos alertan, con toda razón, sobre unos hechos experimentales que presentan, además de la ineludible valoración ética negativa que merecen, pues indudablemente vana servir para destruir vidas humanas inocentes, importantes lagunas científicas.

Con relación al segundo punto comentado por los obispos, en el que se afirma que esta ley va a favorecer la creación de embriones humanos «sobrantes» de las prácticas de reproducciones asistida, que van a ser destinados a experimentaciones biomédicas, nada parece más cierto, ya que la ley 45/2003 de 21 de noviembre tenía como objetivo fundamental no permitir que se generaran más embriones de los que se fueran a implantar. Así se trataba de evitar que se produjeran embriones excedentes que hubiera que congelar, por lo que se resolvería de raíz el problema de los bancos de embriones congelados, de los que en España no hay menos de 200.000. Pues bien, la ley actual permite generar el número de embriones que el clínico que dirige el proceso estime conveniente, para una mayor eficiencia técnica. Como por otro lado, no se permite implantar más de tres, para evitar los embarazos múltiples, que como se sabe son peligrosos para madre e hijos, indudablemente se va a favorecer el que sobren embriones que deberán ser congelados. Es decir, no solamente no se va a resolver el acuciante problema de los bancos de embriones congelados, sino que se va a dar cobertura legal a su creación.

Con relación al tercer punto, en el que la Nota episcopal se refiere al diagnóstico genético preimplantacional, indudablemente no es posible abordar aquí un tema tan amplio como éste, sólo me referiré a dos aspectos concretos. Primero, con el diagnóstico genético preimplantacional se pretenden dos objetivos, evitar que nazcan niños con determinados tipos de enfermedades hereditarias y crear niños-medicamento. En relación con el primer objetivo, y ante el problema de una pareja en la que alguno de sus miembros padece o es portador de una alteración genética de carácter hereditario y que quiera tener hijos, se puede, por fecundación in vitro, generar un número elevado de embriones, generalmente más de cinco. Después por un procedimiento técnico de biología molecular, se averigua si alguno o algunos de esos embriones esta libre de la enfermedad o del factor genético de riesgo correspondiente, y solamente a éste, o a uno de estos si son varios, se le permite vivir, el resto se congela o se destruye.

Evidentemente es ésta una clara técnica eugenésica pues selecciona a los embriones humanos por sus condiciones de salud. Conviene además añadir que con esta técnica no se cura a nadie, como equivocadamente se ha puesto de manifiesto en algunos medios de comunicación, pues lo que únicamente se hace es permitir nacer a los niños sanos, terminando con la vida de los enfermos. Por tanto, no parece ilógico que los obispos alerten sobre la connotación ética negativa que esta práctica merece.

El segundo tema al que me quería referir es a los niños medicamento. Con esta técnica lo que se persigue es generar, por fecundación in vitro, un numero no determinado de embriones, para seleccionar alguno de ellos, que no padezca la enfermedad hereditaria que sufren sus padres y, que ya ha heredado un hermano nacido. Así de este embrión generado, cuando nazca el niño, se podrá obtener el material biológico necesario para tratar al hermano enfermo. Aunque la finalidad de esta práctica puede aparentar un cierto humanitarismo, no hay que olvidar que aquí también se desechan, destruyéndolos o congelándolos, no solo los embriones que han heredado la enfermedad, sino también los embriones sanos que no sean inmunológicamente compatibles con su hermano enfermo. Es decir, no solamente se van a destruir seres humanos portadores de un gen patológico, sino también niños sanos por el simple motivo de no ser inmunológicamente compatibles con su hermano enfermo, algo que desde un punto de vista ético parece difícilmente justificable.

Finalmente los obispos alertan sobre las imprevisibles consecuencias que puede acarrear la creación de híbridos creados a partir de fusionar gametos humanos y animales. En relación con ello, y aunque este proyecto de ley establece que no se permitirá el desarrollo de estos seres más haya de la primera división celular, lo cierto es que se abre la puerta a la creación de híbridos de hombre y animal, algo que puede ser calificados como una de las técnicas más aberrantes que la ciencia médica puede plantear.

Para concluir, me gustaría añadir que si, como en la Nota se indica, «no es posible a los diputados católicos apoyar esta ley con su voto», ello sin duda es debido a que ningún católico, y yo diría que ningún hombre sensato, y por ende también ningún político que se defina como tal, puede dar su aprobación a una ley que va abrir la puerta a experiencias con embriones dirigidas directamente a utilizarlos como material de investigación, algo absolutamente incompatible con la dignidad que cualquier ser humano intrínsecamente posee, aunque sea en su fase embrionaria más incipiente.

Los comentarios del especialista fueron difundidos el pasado miércoles por «Análisis Digital» órgano informativo de la archidiócesis de Madrid.

10 de febrero de 2006.

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