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Navidad: respuesta y generosidad

SheilaMorataya-Fleishman
2 junio 2008
Sección: Sin categoría

El verdadero sentido de la Navidad entraña también la generosa respuesta de María al llamado de Dios.

Se acerca una vez más el tiempo en que Dios, busca el amor del hombre. Por amor, Dios creó al hombre y lo hizo libre. Libre para elegir, por él mismo, amar o no a su Creador. Libre para optar con su inteligencia a vivir una vida orientada hacia el amor.

 

Llegamos una vez más al tiempo de la oportunidad, si se quiere, de reconvertir la vida. De experimentar ese cambio radical en nuestras vidas, esa reconversión por medio de la gracia, la fe y la vida interior.

 

Como señala el Catecismo “Jesús nació en la humildad de un establo, de una familia pobre (cf. Lc 2,6-7); unos sencillos pastores son los primeros testigos del acontecimiento. En esta pobreza se manifiesta la gloria del cielo (cf. Lc 2,8-20)” (CIC 525).

 

Y cada año somos testigos de tantas fiestas para celebrar la Navidad. Los amigos se unen más y las familias intercambian todo tipo de regalos. Muchos esperan con ansiedad estas fechas para recibir aquel tan esperado. Pareciera que sólo es momento de luces, celebración, compras, derroche de dinero y endeudamientos.

 

Pero quienes seguimos la historia de la salvación, sabemos que ay una verdadera fiesta que se gesta en el interior de cada persona pues celebramos la llegada de Cristo al mundo y a nuestro corazón.

 

El gran misterio del amor de Dios se hace una vez más presente entre los hombres. Es Dios, encarnado hombre, nacido niño, que llama al hombre que ha creado a volver su vida a Él. Lo hace desde aquel lugar que a nadie le llama la atención, donde nadie puede buscar nada, pues estamos todos muy ocupados, preocupados por el sentido de la vida, cuando el sentido de la vida es El, que nace de mujer: "y sucedió que mientras estaban en Belén, le llegó a María el tiempo de dar a luz. Y allí nació su primer hijo, y lo envolvió en pañales y lo acostó en el establo, porque no había alojamiento para ellos en el mesón". (Lc 2:6).

 

¿Qué mujer, qué hombre, qué niño va a buscar nada en un establo?, ¿quién puede pensar que es precisamente en medio del mal olor y la pobreza, a dónde se encuentra el sentido?

 

¿No vale la pena, entonces, repensar qué es lo que cada uno quiere conquistar en su corazón hoy que se acerca la Navidad una vez más?. ¿Qué es más importante: los regalos o hacer un tiempo para pensar en Dios, en su misterio y la dirección que hasta hoy se ha llevado en la vida?

 

Pues es así, como realmente se puede recibir la Buena Nueva. Esperando como esperaban aquellos pastores: "cerca de Belén había unos pastores que pasaban la noche en el campo cuidando sus ovejas. De pronto se les apareció un ángel del Señor, y la gloria del Señor brilló alrededor de ellos" (Lc 2:10).

 

Que cada mujer aspire a poseer ese brillo, más que el brillo de la joya y de la fiesta. Que cada mujer, que se convierte en madre, pueda, como María, atender al niño que nace en pobreza. Algo, de lo que muchas huimos en esta época de lentejuelas.

 

Si la tristeza parece caer, por que no se puede tener, todo eso material que los ojos ven y desean, se hace necesario entonces, re-pensar el verdadero por que de la celebración. Recobrar la alegría. Celebrar el amor. El Amor que se hace carne. La carne que viene a darle el verdadero sentido a la vida, porque es Él el Sentido de la Vida que quiso ser amado como humano, desde el corazón de una mujer. ¡Qué regalo inmerecido nos da Dios a las mujeres, que misión maravillosa!

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