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La oreja de Malco

Pbro. Dr. Enrique Cases
9 julio 2008
Sección: Sin categoría

Puede parecer extraño finalizar nuestras meditaciones sobre los personajes que aparecen de un modo secundario alrededor de Jesús con personaje tan sorprendente como Malco; más aún cuando sólo se le cita como víctima de una agresión defensiva cuando él realizaba otra agresiva con nocturnidad. Pero contemplar la reaccion de Cristo en este sorprendente incidente nos ayuda a conocer la riqueza del ser humano, y nos da criterios para situaciones tan difíciles como la defensa y la agresión. Malco se nos presenta de un modo en el que lo violento y lo grotesco se juntan en el momento del prendimiento de Jesús. Alguna lección podemos extraer de su presencia, pues Jesús quiso hacer con él un milagro pequeño, pero muy significativo.

Malco era un criado del Sumo Pontífice. En la noche del Jueves Santo se le ordena unirse a los soldados, con ellos cruza el torrente de Cedrón y entra en el huerto;ellos van con palos, faroles, antorchas y armas.El conjunto es una mezcla de soldados, servidores y malhechores, es lo que suele llamar una turba, populacho.Habían convenido una señal para reconocer a Jesús en la oscuridad, Judas se adelanta y besa la mejilla del Señor. Aquí empieza la parte sangrienta de la Pasión, pero la primera sangre vertida y sanada es la de Malco.

El último milagro que hizo Jesús antes de su crucifixión se produjo en un ambiente de tensión y violencia. La admiración y el entusiasmo de los otros milagros ha desaparecido, y se comienza a desatar un clima de odio que irá creciendo hasta la Muerte de Jesús en la Cruz.

Jesús reza con intensidad en el huerto de los olivos, los suyos duermen un extraño sueño, Judas y los confabulados contra Jesús buscan como detenerle en un lugar en el que casi nadie le pueda defender. De nuevo se cumplen las palabras del Señor: los hijos de las tinieblas son más despiertos que los hijos de la luz.

Así cuenta Lucas los hechos: Todavía estaba hablando, cuando llegó un tropel de gente, y el llamado Judas, uno de los Doce, los precedía y se acercó a Jesús para besarle. Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre? Al ver a los que estaban alrededor lo que iba a suceder, dijeron: Señor ¿herimos con la espada? Y uno de ellos hirió al criado del Sumo Sacerdote y le cortó la oreja derecha. Pero Jesús respondiendo dijo: ¡Dejad!, ¡Basta ya!; y tocándole la oreja, lo curó[848]. Los cuatro evangelistas recogen el hecho de la defensa armada ante los que intentan prender a Jesús injustamente. Juan aclara que Malco fue herido por Pedro.

La escena es fuerte. Unos momentos antes Jesús había acudido a buscar consuelo y compañía entre los suyos, y al encontrarlos dormidos los anima a la vigilancia y a la oración para superar la tentación. Fue entonces cuando surge la gran tentación que les sorprenderá desprevenidos. La confusión debió ser enorme. Algunos insultarían a Judas llamándole traidor e intentando separarle del Señor. Sabemos que Pedro y otro de los Doce llevaban espadas, arma que sólo los nobles y los soldados podían poseer legalmente. No resignándose al predimiento quisieron defender a Jesús con todos los medios humanos a su alcance. Es ésta una defensa moralmente correcta, pero Jesús no quiere defenderse, y eso cambia mucho las cosas. Pedro descarga su brazo armado sobre la cabeza del que tenía más cerca. La espada debió resbalar en el casco y le hirió en la oreja.

La pelea se prevé fuerte aunque fuese desproporcionada. Es entonces donde se levanta fuerte e imperiosa la voz de Jesucristo: ¡Dejad! ¡Basta! Y cesa el combate recién comenzado.

Malco debía estar en tierra quejándose del golpe. El Señor toma la oreja (Mateo dice que estaba separada de la cabeza) la coloca en su sitio y queda curado Malco. El asombro del curado debió ser enorme ante las dos cosas que le acaban de suceder en tan corto espacio de tiempo.

Fue entonces cuando los discípulos le abandonaron y huyeron todos[849]. Los criados del Pontífice, el tribuno y la cohorte detuvieron a Jesús y le ataron[850]. Jesús es llevado como un cordero al matadero, según había profetizado Isaías.

Ante este sorprendente milagro las preguntas se acumulan ¿por qué no quiere defenderse Jesús? ¿por qué los discípulos no entienden lo que de palabra les había enseñado repetidamente el Maestro? ¿cómo debemos reaccionar nosotros ante la violencia? ¿cómo extirpar el poder de los malos en el mundo? Son preguntas de muy difícil respuesta.

Devolver mal por mal no es nunca una solución, aunque nos cueste aceptarlo. La violencia, aunque sea justa, suele agravar más los problemas casi siempre. Nuestro sentido común no acierta a entender en un primer momento la actitud del Señor. Sin embargo, si nos paramos a reflexionar podemos damos cuenta de que quiere mostrarnos algo muy importante: el triunfo del amor sobre la violencia. El pecado, raíz de todo mal, será vencido con la única arma que puede destrozarlo plenamente: el amor. Y ese es precisamente el sentido de la Pasión de Cristo.

El dolor, la muerte, la malicia, la violencia y todos los males que aquejan a los hombres tienen su raíz última en el pecado original y son enconados por el diablo y nuestros pecados personales, que agravan esa primera herida. Pero Jesús vencerá la desobediencia con la obediencia hasta la muerte. Superará la muerte con su Resurreción. El pecado queda así vencido por un sacrificio perfecto que será consumado en la cruz. Las soluciones paliativas no llegan a la raíz.

Los mismos discípulos no entienden la conducta de Jesús, por eso hieren, por eso huyen. También ahora parece que pocos entienden. Por eso los problemas de la paz en el mundo siempre quedan a medio resolver, si es que no se empeoran con defensas desproporcionadas.

Volvamos al momento de la detención y de la curación milagrosa de Malco. Jesús corrige a los suyos con las siguientes palabras ordenándole que envaine su espada: ¿no voy a beber el cáliz que me ha dado el Padre?[851] . Y a quienes van a detenerle entre ellos ancianos y magistrados del templo, les dice: Habéis salido con espadas y palos como sobre un ladrón. Diariamente estaba entre vosotros, enseñando en el templo, y no prendisteis. Así se cumplirán las Escrituras[852], y concluye con unas palabras duras: esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas[853].

Contemplando esta escena y meditando las palabras del Señor encontramos respuesta a las preguntas que nos hemos hecho anteriormente. La violencia no se vence en su raíz con la violencia, aunque sea legítima. La paz debe remontarse a la paz de Dios si quiere ser plena y completa. Cristo trae una paz que va más allá de la victoria precaria del más fuerte. Cristo vence al causante de todas las violencias que es satanás, y vence la violencia en el mismo corazón del hombre, que es de donde nacen todas las guerras y violencias.

A los discípulos los reprende con severidad sobre los medios que quieren usar para defenderse de la injusticia. Ellos tienen que ser los portadores de una paz nueva, ya anunciada en la Ultima Cena la paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo[854]. Ahora en el fragor de la pelea cuando los discípulos se saben con razón suficiente para luchar les da una nueva luz los que usan espada a espada morirán[855].

¿No es acaso una experiencia histórica la continuidad de las guerras y peleas entre los hombres? Podríamos seguir el hilo de la historia con la narración de los continuos conflictos humanos, por lo que no es extraño que un espectador imparcial puede llegar a pensar: ¿será imposible que los hombres vivan en paz y concordia?. La respuesta debe darse mirando a Cristo, sólo entonces se puede decir: sí, es posible la paz. Porque la paz es un don de Dios para los que libremente quieren rechazar el pecado de sus vidas y de la vida de los pueblos.

La paz, que lleva consigo la alegría, el mundo no puede darla. -Siempre están los hombres haciendo paces, y siempre andan enzarzados con guerras, porque han olvidado el consejo de luchar por dentro, de acudir al auxilio de Dios, para que El venza, y conseguir así la paz en el propio yo, en el propio hogar, en la sociedad y en el mundo.

- Si nos conducimos de este modo, la alegría será tuya y mía, porque es propiedad de los que vencen; y con la gracia de Dios -que no pierde batallas- nos llamaremos vencedores, si somos humildes [856] .

Además les da otra razón para no acudir a la defensa violenta ¿crees tú que no puedo invocar a mi Padre y me enviaría enseguida más de doce legiones de ángeles?[857]. Con estas palabras Jesús deja claro que bien podía recurrir a la fuerza angélica o a la potencia divina para vencer la injusticia violenta, pero no quiere hacerlo. Es cierto que la justicia divina será implacable al final de los tiempos cuando Jesús venga a juzgar, y que en el momento de la muerte cada uno recibirá según sus obras. Pero Jesús ha venido como portador de paz, de reconciliación, y de misericordia.

Miremos ahora al sorprendido Pedro. “Desorejar a Malco fue una acción impulsiva e inútil, que no resolvió nada, un sirviente del Templo con una oreja menos no va a cambiar las cosas en pleno poder de las tinieblas; él mismo que no tardará en renegar tres veces de Jesús quiere salvarle a viva fuerza, contra su voluntad, en un arrebato de buenas intenciones, que algo debe de tener de heroico, pero que de momento hiere absurdamente a un infeliz que estaba allí”[858].

La actitud serena de Jesús contrasta con el apasionamiento de los que le rodean. La curación del herido es una pequeña muestra de sus intenciones. Jesús trata con misericordia al enemigo. Ciertamente le ama. ¿Qué pensaría Malco después de la curación? ¿Tuvo fe en el que le trató bien cuando él iba cumpliendo ordenes perversas? No lo sabemos. Pero una cosa es cierta: en cualquier conflicto se debe incluir la misericordia. Sin caridad, la justicia sola es insuficiente. La justicia -que en este caso justificaría la legítima defensa ante la injusta agresión- de poco vale si no va acompañada de amor. Así lo expresaba el Beato Josemaría Escrivá: convenceos de que únicamente con la justicia no resolveréis nunca los grandes problemas de la humanidad. Cuando se hace justicia a secas, no os extrañéis si la gente se queda herida: pide mucho más la dignidad del hombre que es hijo de Dios y añadía para llegar de la estricta justicia a la abundancia de la caridad hay todo un trayecto que recorrer (…) La caridad, que es como un generoso desorbitarse de la justicia, exige primero el cumplimiento del deber: se empieza por lo justo;se continúa por lo más equitativo…; pero para amar se requiere mucha finura, mucha delicadeza, mucho respeto , mucha afabilidad[859]

Para no separar nunca la misericordia de la justicia es preciso ver a los demás como hermanos, aunque actúen como enemigos. Se trata de perdonar más que de castigar, sin olvidar que la justicia final y total sólo está en manos de Dios. Los hombres nos aproximamos muchas veces a la justicia, pero no podrá nunca ser completa, pues el hombre no puede penetrar en el interior de una conciencia, conocer todas las circunstancias, los agravantes y las excusas de cada acción. Sólo Dios tiene un conocimiento total de lo que ocurre en el interior del hombre. Para El toda la venganza y todo el juicio. El juicio divino estará lleno de misericordia y de caridad; aunque puede ser duro si el hombre es malo y obstinadamente rebelde.

Los cristianos podemos decir que la paz es posible si se trabaja con esfuerzo y con oración intensamente. La oreja curada de Malco es una pequeña lección entre mil de Nuestro Señor Jesucristo sobre el modo de relacionarse los humanos en las situaciones difíciles: misericordia por encima de la venganza.

Con esta llamada a la paz concluyen nuestras meditaciones sobre estos hombres y mujeres que estuvieron físicamente del Salvador. Unos supieron aprovechar la ocasión, otros no. Pero cada uno nos revela una situación humana real, y cada uno nos desvela una respuesta de Jesucristo ante esos problemas que van desde una boda hasta un desorejado por la fuerza. Valga su ejemplo para aprender a situarnos ante Dios con la realidad real, valga la insistencia, pues sólo Cristo es el Salvador del hombre, que sin Jesús estaría irremediablemente perdido. En un futuro libro consideraremos un segundo círculo en trono a Jesús formado por los Doce Apóstoles -Judas también-, y en otros sucesivos miraremos, mejor contemplaremos, a Juan Bautista, a José y María Santísima así nos resultará más sencillo contemplar al mismo Dios hecho hombre, que es Jesús, con una mirada de un personaje más del evangelio de la historia viviente en el siglo XX o XXI.


[848] Lc 22,49-54

[849] Mc 14,50

[850] Jn 18,12

[851] Jn 18,11

[852] Mc 14,48-49

[853] Lc 22,53

[854] Jn 14.57

[855] Mt 26,52

[856] Forja, n. 102

[857] Mt 26,53

[858] Carlos Pujol. Gente de la Biblia. Malco

[859] Beato Josemaría Escrivá. Amigos de Dios nn. 172, 173

Comentarios
1 comentario en “La oreja de Malco”
  1. Dalch Dijo:

    El hecho de que Pedro haya cortado la oreja izquierda del criado, tambien tiene un significado. Pedro representa al magisterio. La iglesia o el magisterio en ocaciones a actuado atacando, incluso hiriendo a las personas que atacan a Jesus, pero Jesus estara siempre para reparar el daño, en este caso la oreja derecha(lo diestro no siniestro) significa que las personas al verse agraviadas por la iglesia dejan de escuchar a Dios, pero Jesus siempre lo reparara.




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