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La cruz estéril del mal ladrón

Pbro. Dr. Enrique Cases
9 julio 2008
Sección: Sin categoría

¿Es conveniente la pena de muerte? En el siglo XX es un tema controvertido, se dan altos y bajos en la discusión, existen partidarios y detractores, zonas en que se aplica y zonas donde se prohibe. En tiempos de Jesús era aceptada por todos, y aplicada con frecuencia. El derecho romano pretendía evitar las arbitrariedades de los tiranos o de autoridades venales; fijaba los procesos y los delitos. Pero, aún así el sistema penal romano era objetivamente duro.

La crucifixión era el modo escogido para aplicar la pena de muerte por ser especialmente cruento y lento. El objetivo era escarmentar a los delincuentes en cabeza ajena. El crucificado, además de sufrir mucho, sufría a la vista de todos de una manera infamante. En el Imperio romano este tipo de muerte se reservaba para los esclavos y para los criminales insignes. Cicerón lo llamaba "crudelísimo suplicio"[784].

Los clavos atravesaban las muñecas adhiriendo el cuerpo a la cruz. Al levantar la cruz todo el cuerpo quedaba pendiente de los clavos con una forzada inmovilidad. La respiración era muy difícil y se nublaba la mente al no poder tener aire puro en los pulmones. Para respirar debían erguirse sobre los clavos. Los músculos de las piernas y del estómago se contraían con calambres. La fiebre aparecía pronto, así como convulsiones y espasmos, y también las moscas, que las llagas y la sangre atraían a centenares. Y con todo, como ningún órgano vital estaba herido, aunque todos los miembros estaban en tensión, el condenado podía permanecer un día, dos, y aún más en el cruel árbol antes de que llegase la muerte.

Tal proceso era bien conocido por todos y especialmente por los condenados a la crucifixión. ¿Cuales eran sus pensamientos? Miedo y terror; existía la posibilidad de salvarse por el indulto que se solía conceder en la Pascua; pero ya había sido dado a Barrabás. El ser humano es muy complejo y sus reacciones ante las mismas situaciones no son uniformes. Saber con certeza cuanto tiempo queda de vida, sin el sedante de la enfermedad, es un suplicio no pequeño. Arrepentimiento o desesperación son los extremos en que se puede mover el condenado. Caben otras reacciones como morir con valentía sólo por motivos humanos. Pero la disyuntiva central es: o rectificar ante Dios una vida desastrosa, o morir blasfemando con lo que la muerte se convertía en puerta dolorosa para otro suplicio peor en el infierno. Los dos ladrones crucificados junto a Jesús esperarían este momento con verdadera angustia.

Jesús fue condenado a muerte con apresuramiento. Unas horas, escasamente, pasaron entre su llegada al pretorio y su salida con la Cruz a cuestas hacia el Calvario. La hora de su condena coincidió, de una manera no casual, con la del sacrificio oficial del cordero pascual que se celebraba en el Templo. Jesús era inocente y fue condenado al suplicio más infamante y humillante que existía entonces. Además no estaba solo pues con Él crucificaron a dos ladrones: uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado entre los malhechores [785]. Juan precisa que fue crucificado en medio[786] , como indicando que su delito era el mayor de los tres.

Era una humillación más entre las muchas que recibió El Señor. La compañía aumenta la ignominia. Esa humillación a Jesús será, sin embargo, una oportunidad preciosa para los ladrones, sólo aprovechada por uno de ellos, pero es un descrédito más de Jesús ante el pueblo. Los comienzos de la crucifixión no pudieron ser peores, pues los ladrones también le injuriaban[787]. Lucas precisa que sólo era uno el que le insultaba y el otro le recriminaba[788].

Los hechos debieron ser complejos a lo largo de aquellas horas de extraña compañía. Es de suponer que en un comienzo los dos ladrones injuriasen a todos y a todo. Después se fijarían en los insultos que los sanedritas, los sacerdotes y los escribas dirigían a Jesús y se unirían a ellos. Oyen que dicen: Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo reedificas, sálvate a tí mismo si eres Hijo de Dios y baja de la cruz[789]. Esta expresión es la que recoge uno de los ladrones ¿No eres tú el Cristo? Sálvate a ti y a nosotros[790].

Era como un coro de endemoniados. Aquellos insultos eran una auténtica blasfemia que condensaba todas las tentaciones que superó Jesús: cambiar la salvación del pecado por una salvación terrena. ¿Qué hubiera sucedido si Jesús accede a su petición? salvarse de aquellos dolores, retrasar la muerte, pero no se habría realizado la redención, y la Humanidad permanecería alejada de Dios. También será tema de otra meditación el contenido de esta tentación radical. Centrémonos de nuevo en el ladrón blasfemo.

Es comprensible la desesperación del condenado a muerte, pero no lo es tanto su resistencia al arrepentimiento teniendo la muerte tan cerca. Quizá sus pecados anteriores le ciegan de tal modo que le impiden recurrir a Dios en el último trance. Su cruz es una cruz estéril. Muere rebelde. Muere impenitente, desesperado, blasfemando. Está lleno de odio a todos, incluído a Dios. No sabemos si al final rectificó como su compañero, pero es muy posible que los evangelistas lo hubieran transmitido con gozo. Aquel hombre no supo morir, no quiso pedir perdón a quien podía concedérselo. Murió rebelde.

La cruz del mal ladrón es una cruz inútil. Su dolor es un dolor estéril. Su rebeldía es absurda. Vió morir a Jesús. ¡Qué diferencia!. Escuchó el arrepentimiento de su compañero de pena y de insultos, así como la extraña respuesta de Jesús que le promete el Paraíso. ¿Por qué no reflexionó entonces?. No lo sabemos. Después pudo contemplar las tinieblas que llenaron la tierra y oscurecieron totalmente la luz del sol; escucharía con sobresalto el gran grito de Cristo cuando entregó su vida y expiró. Sentiría bambolearse la cruz con el temblor de tierra que se produjo. Quizá también escuchó al centurión que se convierte al ver morir a Jesús, así como el pánico de los que le enseñaron a insultar a Cristo. Pero nada de esto le hizo reaccionar.

¿Por qué? Meditar en su muerte nos debe ayudar a evitar todo lo que pueda producir similares reacciones. Aquel hombre estaba demasiado cegado, y ya no quedaban resquicios para que entrase luz en su alma y poder así arrepentirse. La lluvia de la gracia resbaló en la dureza de su conciencia. La proximidad del divino Paciente no le ablandó sino que le irritó. Y se dejó caer en el pozo de la desesperación. No podemos olvidar que la esperanza se pierde cuando no queda ni pizca de amor en el corazón. Era un pecador obstinado. Sólo se condenan los pecadores obstinados, no los que se arrepienten con esperanza, por grandes que sean sus miserias.

Jesús refiriéndose a Judas Iscariote había dicho: Más le valiera no haber nacido[791]. Esta expresión es válida para expresar la desgracia de todo pecado cometido. También sirve para lamentar la horrible pena en que incurre el pecador obstinado, en este caso Judas el traidor. No cabe pena mayor que la pena del infierno, eterna y mucho más dolorosa y desesperante que todos los dolores de la cruz. Podía Dios quitar la posibilidad de pecar pero sólo al precio de desposeer al hombre de la libertad, y Dios lo estima como un mal mucho mayor.

Todo condenado cae en la blasfemia, como los demonios. Sabe que Dios existe y ama. Cree, pero odiando. Cuesta llegar a captar esa rebeldía consciente, pero ahí está. En el condenado se expresa el orgullo humanamente pleno y absurdo en su impotencia. Ciertamente, "más les valiera no haber nacido".

Jesús en la Ultima Cena dijo palabras consoladoras: Cuando estaba con ellos, yo los guardaba por el nombre que tú me has dado. He velado, y ninguno de ellos se ha perdido, excepto el hijo de la perdición[792]. Consuelan porque nos cuida a cada uno de los hombres en nuestras particularidades con una proximidad mayor aún que la de los Apóstoles. Sólo debemos no separarnos de esa divina protección. No ser hijos de la perdición. Dejarnos querer y saber temer las consecuencias de separarnos del Salvador del dolor, de la muerte y del pecado. Y convertir las cruces y el dolor en medios de arrepentimiento, no en ocasiones para cavar más honda la sepultura del alma.

La cruz del mal ladrón es una cruz horrible

no aceptada

ni aprovechada

ni robada al corazón de Cristo

tan sólo crucificada por su furibundo

junto a Cristo sin Cristo

esa oscura madera sin cara ni gloria

esa cruz sin paraíso hoy mismo

ni mañana

ni tal vez nunca

la cruz del mal ladrón maldita cruz [793].

El contraste con la bendita Cruz de Cristo, o con la cruz del arrepentimiento del buen ladrón, es tan grande, que nos llevan a considerar como posible para todo ser humano un triste final semejante al del ladrón rebelde si no somos capaces de llevar la propia cruz con amor a arrepentimiento.

Hombre, amigo, que tienes que llevar tu cruz, a pesar tuyo. Tu cruz será la misma. Vendrá sobre ti aunque no quieras. Pero tu cruz, tu vida, tendrá un sentido y un valor distinto, según el espíritu con que la lleves.

Estás condenado a muerte y no hay quien te libre de esta condena. Lo mismo acontece con los golpes que caen sobre ti a pesar tuyo.

Por mucho que hagas, no puedes ni cambiar la sentencia, ni retrasar tu ejecución. Tu deseo de vivir tiene el poder de hacerte creer que es largo el tiempo corto, y que es incierta tu muerte segura.

Vivir no es tan necesario como amar.

Te tienes por prudente y no niego que lo seas, ¿pero cómo es posible que seas tan ciego y vivas tan de espaldas a la realidad de tu muerte? ¡Qué empeño de apegarte a la tierra y engañarte, engañando a otros, de que ésta es la vida! Y sólo consigues ser un hombre más, de los que han pasado inútilmente por la tierra, gastando su tiempo en el deseo imposible de quedarse.

¡Abrázate a la cruz!

Que solamente una vez se vive.

Decídete por la cruz. Y llévala como Cristo la llevó[794]


[784] Fillion. Vida de Jesucristo. p.432

[785] Mc 15,27-28; Mt 27,38; Lc 23,33

[786] Jn 19,18

[787] Mc 15,32; Mt 27,44

[788] Cfr. Lc 23,39-43

[789] Mc 15,27-28;Mt 27,38; Lc 23,33

[790] Lc 23,39

[791] Mc 14,21

[792] Lc 23,39

[793] Ibañez Langlois. Libro de la Pasión. VII,5

[794] Juan Antonio Gonzalez Lobato. Caminado con Jesús. p. 209

Comentarios
4 Comentarios en “La cruz estéril del mal ladrón”
  1. sara susana Dijo:

    que interesante articulo,yo tengo muchas cruces sobre mi, pero, todas son muy amadas por mi, solo quiero ser paciente para poder llevarlas con la ayudaa de dios, el ejemplo de cristo es lo unico que anhelo seguir, recorrer el camino de la cruz junto a su sombra

  2. sara susana Dijo:

    que interesante articulo,yo tengo muchas cruces sobre mi, pero, todas son muy amadas por mi, solo quiero ser paciente para poder llevarlas con la ayudaa de dios, el ejemplo de cristo es lo unico que anhelo seguir, recorrer el camino de la cruz junto a su sombra

  3. sara susana Dijo:

    que interesante articulo,yo tengo muchas cruces sobre mi, pero, todas son muy amadas por mi, solo quiero ser paciente para poder llevarlas con la ayudaa de dios, el ejemplo de cristo es lo unico que anhelo seguir, recorrer el camino de la cruz junto a su sombra

  4. CIPRIANO Dijo:

    CUANDO EMPEZE A LEER EL ARTICULO ME FUE LLEVANDO AL SITIO DONDE ESTABA JESUS CRUCIFICADO Y LOS LADRONES LOS ESTABA VIENDO COMO UNO INSULTABA Y EL OTRO PEDIA ESTAR CON DIOS ARREPENTIDO,YO CREO QUE DEVO SER ASI DIA A DIA ARREPENTIRME DE MIS PECADOS Y AFERRARME A MI CRUZ PARA ESTAR CON EL………..GRACIAS POR LA ENSEÑANZA JESUCRISTO Y SE QUE DEVO TOMAR MI CRUZ Y SEGUIRTE Y AMARLA PARA NO SER ESTERIL EN ESTA VIDA Y TENER VIDA ETERNA PROMETIDA POR TI.VIVA CRISTO REY.




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