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EPILOGO DE UN ANUNCIO IMPREDECIBLE


1 marzo 2013
Sección: Sin categoría

28-02-13
Felipe Casabianca

Se consuma hoy un evento de gran trascendencia para la Iglesia. Benedicto XVI vuela a la residencia veraniega de Castelgandolfo y deja vacante la sede de Pedro.

Millones de personas han visto las emocionantes y sugestivas imágenes del helicóptero papal aterrizando a Castelgandolfo, donde Benedicto XVI ha querido estar desde el momento que cesa, esta noche, su mandato de Pontífice. Una gran emoción embargaba a los presentes, numerosos, que lo saludaron a su llegada. A ellos el papa dirigió algunas sencillas palabras que testimonian una vez más su perfil de padre amoroso. “Ya no seré Pontífice desde las 8 de esta noche. Seré simplemente un peregrino que inicia la última etapa de su peregrinar sobre esta tierra. Quisiera de todos modos trabajar todavía, con mi corazón, con mi amor, con mis plegarias, con mis reflexiones, para el bien de la Iglesia y por el bien común de la humanidad”,  palabras que conmovieron a los oyentes por su carga de legado vital, sincero, lleno de amor fiel a la Iglesia y a los hombres.

Cuando Benedicto XVI el pasado 11 de octubre proclamó  el Año de la Fe, nadie al mundo hubiese apostado que él mismo no lo hubiera cerrado, con la misma solemnidad con que se abrió, en la festividad de Cristo Rey de noviembre del 2013. La renuncia al Pontificado parece frustrar un dinamismo que estaba ofreciendo extraordinarios  estímulos a los cristianos necesitados de orientación.  Los motivos expuestos en su sorpresiva declaración del 11 de febrero han sido objeto de las más variadas interpretaciones y muchas suspicacias han circulado, maliciosamente,  por algunos  medios de información.  Sin embargo la figura de este papa se ha elevado, gracias a su adhesión meridiana al amor de Cristo y a la verdad, por encima de toda polémica, devolviéndonos una imagen de santidad, coherencia y responsabilidad.  Ha sido la talla espiritual de su vida que le ha permitido dar prueba de libertad de espíritu en la búsqueda del bien no para sí mismo, sino de la Iglesia. Su gesto es histórico no solo por ser el primero en 600 años, sino por la valentía de reconocer los propios límites en conducir, no sin la ayudan de sus colaboradores, una Iglesia que está confrontada con problemas inéditos en una sociedad en acelerado proceso de cambios.

Los meritos de este Papa adquieren mayor relevancia cuando repasamos las aportaciones sustanciales en el campo de la identidad cristiana, del dialogo con la cultura,  de la juventud, de la dignidad de vida de donación sacerdotal y religiosa, del dialogo ecuménico e interreligioso, que sin estridencia le han merecido un enorme respecto de los lideres mundiales.  Las catequesis de Benedicto XVI han sido caracterizadas por la profundidad y la sencillez. Su lenguaje preciso, profundamente arraigado en  la Escritura y la tradición de los Padres, ha iluminado las conciencias del pensador inquieto como del niño travieso, de la abuela y del joven profesional, pues para todos ha hablado desde la intima unión con Cristo y el compromiso con la verdad.

La residencia de Castelgandolfo será su estancia por un primer periodo, luego verosímilmente seguirá sirviendo “la Iglesia por medio de la oración” pues su adhesión a la obra de la salvación de la Iglesia no tiene vencimiento. Las ultima dos audiencias en la Plaza de San Pedro han manifestado el ser familia entre todos los que con corazón sincero hacen de Cristo el centro de su vida. No era la despedida dramática de un leader, ni la aclamación servil del gran hombre, era sencillamente el sucesor de Pedro, llamado a amar al Señor más que nadie, para servir a todos como nadie.

Ahora toca al Colegio cardenalicio aprontar  desde el 1 de marzo los preparativos de la elección del nuevo Pontífice. Benedicto XVI en uno de sus últimos actos formales decretó que es posible anticipar el inicio del conclave antes de los 15 días canónicos. Será una asís que pondrá a prueba el ejercicio del consenso entre los Cardenales, 115 habilitados a para votar. De estos 61 son europeos y solo 19 latinoamericanos, en contraste con la cantidad de población católica que en América latina duplica holgadamente la de Europa.  Pese a todo es de esperar que sea la sabiduría de los Cardenales unida a la acción del Espíritu, el que oriente las preferencias y nos sorprenda con un papa según el corazón de Cristo, para amarlo y sostenerlo desde nuestra necesaria coherencia de vida y la oración.

 

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