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Educación Sexual: Entrevistas


16 junio 2008
Sección: Sin categoría

Conversando con Leticia Soberón Mainero, mexicana, psicóloga y doctora por la Universidad Gregoriana de Roma, y autora del libro Perlas, Teología del cuerpo en Juan Pablo II

—¿Por qué volver a releer enseñanzas que este Papa pronunció hace más de 22 años?

Leticia Soberón Mainero:— Estas enseñanzas que el Papa ofreció con sus catequesis ya eran oportunísimas en los años en los que fueron pronunciadas, pero se hacen sumamente urgentes en el momento actual.

—¿Cuál es la aportación específica de la reflexión de Juan Pablo II sobre el tema?

Leticia Soberón Mainero:— El Papa le hace un regalo al mundo ampliando su horizonte de comprensión de lo que es el ser humano con su cuerpo, ser cuerpo con sexualidad, que es imagen de Dios. El Papa recuerda que «con el cuerpo humano entró la santidad en el mundo». Es un regalo porque nos recuerda sin miedo, sin maniqueísmos, que la obra de Dios del cuerpo humano y que la reflexión sobre las relaciones humanas es mucho más amplia que los temas que suelen ocupar al discurso publico. Aquel que escuche estas enseñanzas podrá reconciliarse consigo mismo, se sentirá feliz y llamado a una tarea maravillosa en el aprendizaje del amor y la relación con los demás.

—Sin embargo, cuando la opinión pública afronta el argumento del cuerpo y la Iglesia todo parece reducirse a una lista de prohibiciones

Leticia Soberón Mainero:— Este libro nos describe de una manera maravillosa el portento de nuestra existencia como varones y mujeres globales, integrales, llamados a vivir en comunión mutua. El Papa nos enseña a conocernos y nos guía por ese camino humano, a veces terrible y difícil, de las relaciones interpersonales en las que con frecuencia se mezclan buenas intenciones y amor auténtico con los deseos de dominio y la concupiscencia. Quien se forma con esta pedagogía se comprende mucho mejor a sí mismo y tiene una especie de brújula para guiarse a través de la relación, y para sanarla a través de la apertura a la redención de Cristo.

Se puede decir que el Papa no baja el listón de la exigencia cristiana respecto a lo corporal sino que la hace ocasión de una profunda transformación, sin desprecio ni miedo al cuerpo.

—¿Por qué no se entiende esta enseñanza?

Leticia Soberón Mainero:— Las verdades profundas, y éstas lo son, requieren escucha, tiempo y dedicación. Estos mensajes no son para un consumo de diez minutos. Muchas personas lo intuyen. Incluso los no creyentes se alegrarán enormemente al ver esta claridad y este canto de gratitud al creador por la belleza de la persona en su integridad. El Papa llega a mucha gente no creyente que puede encontrar en este libro la claridad de su mirada sobre el ser humano, al que ve como ya salvado y le llama a buscar la salvación.

—¿Qué es lo que hace falta para que este mensaje pueda ser vivido?

Leticia Soberón Mainero:— Estas catequesis merecen ser utilizadas en toda la pedagogía católica –por lo menos la católica– de la infancia. Debe estar presente en los planes pastorales de formación familiar, en los equipos de matrimonios y de preparación al matrimonio, en movimientos apostólicos, parroquias, catequesis… De este modo se puede llegar a reconciliar al ser humano con su propia realidad y hacerle capaz de optar libremente, sin tener miedo de sus propios instintos, pero sin ser esclavo de ellos. Al leer este mensaje, al comprenderte a ti mismo, y al poder darte al otro de una forma plena, digna, eres feliz.

En una de las Catequesis, el Papa señala que: «La felicidad consiste en arraigarse en el amor». El amor sana la vergüenza. Cristo con la redención restaura y mejora la inocencia originaria. Esto da una plenitud increíble al matrimonio y a todos los campos en que se desarrolla la relación entre varones y mujeres en la sociedad.

—Este mensaje resuena en un mundo que parece estar obsesionado por el sexo.

Leticia Soberón Mainero:— El Papa enseña que no hay que tener miedo de la legítima y normal atracción. Es natural y además responde a una llamada a la comunión entre las personas, es decir, el cuerpo tiene lo que él llama «significado esponsalicio». Pero a la vez advierte ante el efecto de una mirada de dominio, de uso, que reduce el otro a cosa y le despoja de su dignidad de persona –y ojo que esto puede pasar incluso dentro del matrimonio–. Esta mirada y la acción que provoca, no se corresponde con la dignidad que merece toda persona en su cuerpo y en su globalidad. Por tanto, la atracción es buena en sí, pero debe ser purificada y dejarse guiar por un respeto radical, ordenándose a la comunión de las personas y a la entrega sincera.

—Al final, el libro acaba con un pasaje del «Tríptico Romano». ¿Por qué incluir las poesías publicadas por el Papa en la pasada primavera si no forman parte del ciclo de catequesis?

Leticia Soberón Mainero:— Es para evidenciar que el Papa no ha abandonado esta temática que expuso al comenzar su pontificado. Publico también pasajes del discurso que pronunció en la ceremonia con motivo de la restauración de la Capilla Sixtina, a la que se refiere como «santuario de la teología del cuerpo». Incluyo, además, un pasaje de su «Carta a las familias» muy incisivo sobre el maniqueísmo, como algo que obnubila la comprensión correcta de los mensajes de la Iglesia sobre el cuerpo humano. En definitiva, es un mensaje que ha abarcado todo este pontificado y que no podemos ignorar. El mismo Papa señala que sin esta teología del cuerpo no se puede entender la enseñanza de la Iglesia tras el Concilio Vaticano II sobre la vida y la familia.

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