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Derecho a no tener enemigos

Martha Burguet Arfelis
14 junio 2008
Sección: Sin categoría

Artículo que trata sobre las enemistades, el perdón y la reconciliación.

Este derecho no queda recogido en la Declaración Universal de Derechos Humanos, pero Vicente Fisas –investigador por la paz y director de la cátedra UNESCO sobre paz y derechos humanos de la Universidad Autónoma de Barcelona– en su libro Gestión de conflictos habla del «derecho a no tener enemigos». Como todo derecho, es una opción. A menudo nos ganamos enemigos; creamos enemistades con nuestras acciones, con nuestras palabras. Pero, todo derecho comporta también un deber: el deber de actuar en consecuencia, y, en este caso, no hacer méritos para ganarse enemistades. Hay enemigos que nos los trabajamos; a menudo hacemos lo posible para que ciertas relaciones acaben en enemistad.

Desde la enemistad y la división se produce odio, espíritu de venganza, adicción a la violencia, afán de competición, apatía generalizada, traición, violación de la fama y del prestigio, rabia…

En un proceso de enemistad hay una víctima y un agresor que padecen un trauma. Habitualmente la víctima adquiere un crédito de violencia, se siente en el derecho de volverse; mientras que el agresor padece de culpabilidad, tiene un débito de violencia y teme que la víctima la ejerza contra él. Se establece así una cadena de traumas que forman una espiral sin fin.

Vera Grabe, antropóloga e investigadora en temas de pedagogía y convivencia en el Observatorio por la Paz, en la Primera Conferencia Iberoamericana de Paz y Tratamiento del Conflicto, en el año 1996 afirmó: «Para la paz hace falta ceder, desnudarse de alguna cosa. No sólo de las armas. Quizá de privilegios. De excedentes. De injusticias. De ambiciones. De afán de protagonismo.» En este ceder y desnudarse se va cuajando la paz. Ceder delante del espíritu de venganza, ceder para no volverse frente a este crédito de violencia, ceder para mantenerse en el derecho a no tener enemigos. Y esto supone un esfuerzo. Un gran esfuerzo. Por eso la clave está en la reconciliación. Podemos optar por vivir anclados en el resentimiento o bien por vivir anclados en la reconciliación. Es otra cuestión de opción.

La reconciliación a menudo comporta estar dispuestos a absorber el mal y la violencia para que cese esta espiral de agresiones. Comporta no responder con actitudes agresivas –ya sean armadas, psicológicas o culturales– frente a un hecho destructivo ni responder con una actitud de robar prestigio o fama, sino más bien actuar a modo de agujeros negros o vertederos incontrolados, que absorben lo que sobra y de los cuales ya no sale más afán de venganza. Absorben sin devolver diente por diente ni ojo por ojo.

El ofendido, al ofrecer el perdón, se sobrepone a la correlación instintiva de venganza y se sobrepone a sí mismo. El perdón incluye el deseo de volver a relacionarse con el otro y es condición necesaria para conseguir la paz; el perdón también es condición indispensable para desbancar al enemigo, incluso invitándolo a ser amigo; y es la única forma de romper con la espiral de violencia y de olvidar la hostilidad.

Los procesos de reconciliación -\\’volver a conciliarse\\’– consisten en ofrecer perdón como gesto de cordialidad hacia quien nos ha ofendido. La ofensa genera sentido de venganza. La ofensa sólo puede ser asimilada desde la reconciliación y el perdón. La reconciliación tiene, por lo tanto, un efecto terapéutico, comporta una modificación de la percepción negativa de uno mismo y del otro para llegar a los sentimientos y las emociones. Para que la ofensa no nos afecte tenemos que comprender al otro, de manera que nos cause el mínimo daño psicológico y no tengamos que reaccionar en contra. Sin embargo, comprender no es justificar la acción del otro ni mucho menos caer en la ingenuidad.

Perdonar rebaja la tensión. A menudo no queremos perdonar porque nos consideramos con el derecho de volvernos en contra, de actuar en relación con la violencia recibida. Perdonar implica ceder y optar por otro derecho: el derecho a no tener enemigos.

La autora, doctora en Pedagogía, con especialización en Resolución de Conflictos y  colaboradora del SOI – Servicio de Observación sobre Internet

http://www.observatoriodigital.net

Comentarios
No hay comentarios en “Derecho a no tener enemigos”
  1. Julio Salas Dijo:

    Que tema tan diciente y excelente y que exposicion de motivos explica para saber que es mejor tener amigos que enemigos. Y que es mejor la reconciliacion y el perdon que el odio y el rencor, con eso no llegamos a ningun lado.




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