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Conclusión

Tomás Melendo Granados
30 julio 2008
Sección: Sexualidad

Resulta dificilísimo, si no imposible, conquistar la felicidad dentro del matrimonio mientras se mantengan deliberadamente la mentalidad y la práctica anticonceptivas.

Volvamos a la anécdota con la que abrimos nuestras reflexiones. ¿Comprenderá ahora su protagonista por qué la Iglesia rechaza con tanta insistencia la contracepción? Puesto que debemos añadir, por si fueran por ahí los tiros, que la “obstinación” en este punto no es una «manía» del Papa actual. Recoge el Magisterio unánime de todos los tiempos.

 

Por ejemplo, y como antes recordábamos, desde el siglo XIII hasta nuestros días se incluyó en el Derecho eclesiástico un canon que comparaba la gravedad moral de la contracepción con la del homicidio.

 

El Catecismo Romano, por su parte, habla ya, condenándolos radicalmente, de «medicamentos» que impiden la concepción o provocan el aborto. En la misma línea –y ya en nuestro siglo se pronuncia la Casti connubii de Pio XI, recordando explícitamente que ésta es la «doctrina enseñada desde los orígenes» en la Iglesia católica. Pio XII reafirmó en más de una ocasión la misma verdad.

 

Y lo han hecho repetidamente, como sabemos, Pablo VI y Juan Pablo II. De todo ello, y del tenor con que se pronuncian, podemos concluir sin temor a equivocarnos, y en conformidad con los mejores teólogos del momento, que la doctrina que rechaza, como gravemente ilícito, el uso de contraceptivos pertenece a la enseñanza infalible de la Iglesia, en virtud de la infalibilidad del magisterio ordinario universal.

 

Si el Papa actual, recuerda una y otra vez esta enseñanza, habría que responder a nuestra buena amiga, es por un motivo claro y evidente, derivado de su solicitud pastoral: porque resulta dificilísimo, si no imposible, conquistar la felicidad dentro del matrimonio mientras se mantengan deliberadamente la mentalidad y la práctica anticonceptivas. Lo cual, como sugería al principio, no es en absoluto independiente de la grave ofensa a Dios que la contracepción lleva consigo ni de la condenación eterna que de esa falta se deriva.

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