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San Juan Diego

RobertoRobles Nieto
2 junio 2008
Sección: Santos recientes

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0cm\\’>

SAN JUAN DIEGO: lang=ES>HISTORIA DE UN GRAN AMOR

 

ROBERTO ROBLES NIETO

 

INDICE

 

1. ¿Quién
es Juan Diego?

 

 

1.1.Es un hombre de raza chichimeca

1.2.style=”mso-spacerun: yes”>   Nace un
niño

1.3.style=”mso-spacerun: yes”>   Su
nombre

1.4.style=”mso-spacerun: yes”>   La
infancia de un niño indígena

1.5.style=”mso-spacerun: yes”>   El
ambiente de Juan Diego

1.6.style=”mso-spacerun: yes”>   La
educación de Juan Diego

1.7.style=”mso-spacerun: yes”>   Juan
Diego es un Â?tzinÂ?

1.8.style=”mso-spacerun: yes”>   El tío
Juan Bernardino

 

2. href=”#_2._EL_TIEMPO_1″>El tiempo no se detiene

 

2.1.La juventud de Juan
Diego

2.2.style=”mso-spacerun: yes”>    Juan
Diego y sus costumbres

2.3.style=”mso-spacerun: yes”>    href=”#_2.3_CONSEJOS_OPORTUNOS”>Consejos oportunos

2.4.style=”mso-spacerun: yes”>    Una
sincera manera de vivir

2.5.style=”mso-spacerun: yes”>    La
alegría de vivir

2.6.style=”mso-spacerun: yes”>    La
buena educación recibida

2.7.style=”mso-spacerun: yes”>    href=”#_2.7._LA_SENSIBILIDAD”>La sensibilidad del mexicano

2.8style=”mso-spacerun: yes”>    Tetzcoco

2.9style=”mso-spacerun: yes”>    href=”#_2.9._EL_COLIBR%C3%8D”>El colibrí zurdo… Hutzilopoxtli y la
interpretación pertinente

2.10.style=”mso-spacerun: yes”>  El Palacio

2.11.style=”mso-spacerun: yes”>  Un indio
genial ilumina su tiempo

2.12.style=”mso-spacerun: yes”>  El
sufrimiento, a unos eleva y a otros abate

2.13.style=”mso-spacerun: yes”>  Al árbol se
le conoce por sus frutos

2.14.style=”mso-spacerun: yes”>  Flor y canto:
la alegría

2.15.style=”mso-spacerun: yes”>  La
profecía

 

 

3. Una vida de trabajo

style=”mso-spacerun: yes”> 

3.1.style=”mso-spacerun: yes”>   La casa
de Juan Diego

3.2.style=”mso-spacerun: yes”>   El
descubrimiento

3.4.style=”mso-spacerun: yes”>   La casa
de Juan Diego en Tulpetlac

3.5.style=”mso-spacerun: yes”>   La casa
de Juan Diego en Cuauhtitlán

3.6.style=”mso-spacerun: yes”>   Más
sobre la casa de Juan Diego

3.7.style=”mso-spacerun: yes”>   ¿Era
Juan Diego un Â?macehualliÂ??

3.8.style=”mso-spacerun: yes”>   La vida
de Juan Diego, ¿era aburrida?

3.9.style=”mso-spacerun: yes”>   Sus
paisanos de Cuauhtitlán

3.10. href=”#_3.10._UNA_ERMITA”>Una ermita para Juan Diego en pleno siglo XVI

style=\\’mso-ansi-language:ES-TRAD\\’> 

4. María
Lucía, la mujer de la que Juan Diego se enamoró

 

4.1.La educación que
recibió esta dama

4.2.style=”mso-spacerun: yes”>   href=”#_4.2._ADVERTENCIAS_AFECTUOSAS”>Advertencias afectuosas

4.3.style=”mso-spacerun: yes”>   Un amor
limpio y profundo

4.4.style=”mso-spacerun: yes”>   La
fiesta de bodas

4.5.style=”mso-spacerun: yes”>   Es una
casa de familia

4.6.style=”mso-spacerun: yes”>   Las
ocupaciones de una mujer laboriosa

4.7.style=”mso-spacerun: yes”>   Los
cuidados de una casa

4.8.style=”mso-spacerun: yes”>   El amor
a los hijos

4.9.style=”mso-spacerun: yes”>   Juan
Diego era todo un señor de Cuauhtitlán

4.10 style=”mso-spacerun: yes”> Un
matrimonio normal y feliz

4.11style=”mso-spacerun: yes”>  Sus
abuelos, tíos y primos

 

5. Tierras,
herencias y descendientes de Juan Diego

 

5.1.Â?San JuanicoÂ? tiene
historia

5.2.style=”mso-spacerun: yes”>   Una
ilustre descendiente de Juan Diego

5.3.style=”mso-spacerun: yes”>   Hijo,
nieto, bisnieto y uno más

5.4.style=”mso-spacerun: yes”>   Y ¿qué sigue?

5.5.style=”mso-spacerun: yes”>   El
enojo de Don Lorenzo

5.6.style=”mso-spacerun: yes”>   La
carta

5.7.style=”mso-spacerun: yes”>   Apellidos
de Castilla en piel morena

5.8.style=”mso-spacerun: yes”>   Nombres
y apellidos que dio Hernán Cortés

5.9.style=”mso-spacerun: yes”>   Cuando
Carlos V dio tierras en México

5.10style=”mso-spacerun: yes”>  Poniendo
en orden a la familia

5.11style=”mso-spacerun: yes”>  href=”#_5.11._%C2%BFHAB%C3%8DA_INDIOS”>¿Había Indios nobles en México?class=MsoFootnoteReference>

5.12style=”mso-spacerun: yes”>  Casos y cosas

 

 

Juan Diego tiene una recia personalidad
histórica. Nadie ignora en México que María de Guadalupe, la Virgen Madre de
Dios, dejó estampada su imagen en la capa con que se cubría este hombre.

 

Los
datos expuestos en este escrito no son los de una biografía novelada con un
cierto apoyo en la realidad. Todo lo contrario, están basados en una abundante
información -en su mayor parte de procedencia indígena- que se ha obtenido
cuidadosamente de documentos inéditos; o recientemente traducidos del original
náhuatl por insignes conocedores de este idioma.

 

No se
puede pedir, pues, mayor fidelidad en la descripción del personaje, porque los
que escriben y dan testimonio de él son de su mismo origen indio; algunos lo
conocieron personalmente.

 

Los
hechos y sucedidos aquí descritos, le afectaron algunos directamente y otros
-al ser tan notables- no pudieron menos que imponerse a su consideración de un
modo necesario. Las expresiones, usos y costumbres son las de su tiempo.

 

El
torrente de luz que ilumina todo lo que aquí se expone, es el inmenso amor de
la Virgen por Juan Diego, que nos representó a todos ante esta amable Señora
allá en el Tepeyac. A ese amor de la Señora del Cielo y de la Tierra, que no
conoce medida –porque es en todo semejante al de Jesús: María no murió
físicamente en la Cruz, pero en su alma sí-, es al que aquí se designa como un
�Gran Amor� y ésta es su Historia.

 

Hay otro
hecho que es preciso considerar: el sincero amor de Juan Diego hacia la Virgen
María; que él supo vivir con todas sus consecuencias de alegría, sufrimiento y
también de heroísmo; ese que no es aparatoso, pero que lleva al hombre a darse
todo entero al servicio de quien se ama.

 

No es
posible expresar cumplidamente el agradecimiento que en México tenemos a María
de Guadalupe porque quiso venir y quedarse entre nosotros. Desde lo más
profundo del alma brota un canto de amor y le llevamos flores a su altar. Juan
Diego nos señaló el camino y luego, a través de las generaciones, lo hemos ido
recorriendo por nuestra propia cuenta.

 

1. ¿QUI�N ES JUAN DIEGO?

 

1.1.
ES UN HOMBRE DE RAZA CHICHIMECA

 

 

El
chichimeca es audaz, como lo demuestran los hechos que, al paso del tiempo,
hicieron de unas tribus nómadas un gran pueblo. Es inteligente y busca ser el
mejor en todo. Por sus nobles ambiciones estas gentes alcanzaron un alto grado
de cultura y civilización
name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[1]lang=ES>.

 

Habían
vivido en su antigüedad formando grupos aislados, siempre en movimiento,
procedentes del norte del país, que en sus desplazamientos llegaron hasta la
ciudad de Tula, la capital, ya en decadencia, de un pueblo que fue poderoso y
altamente civilizado: los toltecas. Se lanzaron contra ellos y los vencieron
sin mayor esfuerzo, porque la debilidad de un pueblo donde más se manifiesta es
en la incapacidad para defender la propia nación.

 

Al cabo
de no mucho tiempo los vencedores fueron dominados por el atractivo de aquella
cultura que tenían ante sus ojos, que fuera esplendorosa. A partir de ese
encuentro se consideraron legítimos sucesores de los legendarios toltecas. Fue
entonces cuando adoptaron el náhuatl como idioma propio
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn2″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[2]lang=ES>.

 

Después
de la derrota de los toltecas, sus dominios de antaño comenzaron a llamarse
tierras de chichimecas y posteriormente de Â?mexicasÂ?. A estos dos grupos de
indígenas les interesaba considerarse descendientes de los toltecas, o sus
herederos legítimos
name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[3]lang=ES>, porque decir Â?toltecaÂ? era tanto como hablar de gente muy hábil para
el tallado de piedras preciosas, la fabricación de alfarería de alta calidad y
labores muy ricas con plumas de aves del trópico. Un tolteca es elegante, buen
arquitecto y vive con lujo, sencillo y refinado a la vez.

 

Nos dice Fray Bernardino de Sahagún, bien
informado por su escogido grupo de indios que trabajaron con él en su �Historia
de las cosas de la Nueva España�, que los chichimecas tomaron muchos
conocimientos de los vencidos toltecas: por ejemplo, las cualidades y virtudes
de las hierbas para el trabajo de los médicos herbolarios; multitud de oficios
que los perfeccionaron en su manera de vivir: pintores, lapidarios,
carpinteros, albañiles, encaladores, oficiales de pluma, oficiales de loza,
hilanderos y tejedores.

 

Aprendieron
de ellos el valor de las piedras preciosas y la explotación de las minas de oro
y plata; el manejo de otros metales como el plomo, cobre, oropel natural y el
estaño. Las joyas de oro adornadas con perlas, el tallado de las amatistas…
Tantas cosas que los chichimecas recibieron de los toltecas, hasta que los
últimos abandonaron la ciudad de Tula y la región donde vivieron sus
antepasados. Se fueron para no volver, tan misteriosamente como habían llegado
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn4″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[4]lang=ES>.

 

Algo de
gran valor, que también les fue dado por los toltecas y los chichimecas
comprendieron bien, fue la religión. Aprendieron que sólo hay un Dios: Señor y
Creador, al que ellos fueron dando diversos nombres en náhuatl, lengua
originalmente tolteca, refiriéndose siempre al mismo Ser divino. Dicho de otro
modo: conocieron los principales atributos de Dios, mediante la luz de la
inteligencia
title=””>lang=ES>[5]lang=ES>.

 

Junto
con esta sabiduría les vino algo muy oriental, proveniente de China y de Corea:
la idea de la �Dualidad�. Para la mente de los europeos del siglo XVI, resultó
incomprensible. Se trata de explicar que los Â?opuestosÂ? se unen, se integran en
uno, son complementarios; por ejemplo, el día y la noche; la juventud y la
vejez; el hombre y la mujer; la guerra y la paz, etc. No se excluyen como en
Europa, donde se consideran contrarios
href=”#_ftn6″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[6]lang=ES>.

 

Al
tratar de religión y costumbres, decir �tolteca� es hablar de un hombre bueno y
allegado a la virtud; que tenía por norma las enseñanzas de Quetzalcoatl
-Serpiente emplumada-, el nombre de un dios que se esfuma en la leyenda y también
el que usaron varios sacerdotes toltecas a través del tiempo
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn7″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[7]lang=ES>.

 

Fueron
buenos cantores y, mientras cantaban o danzaban, hacían sonar tambores y
sonajas. Nadie les aventajó en la devoción a sus divinidades y en el arte de
hablar
title=””>lang=ES>[8]lang=ES>.

 

Los
chichimecas hicieron un nuevo traslado; fueron hasta las márgenes de un inmenso
lago, cuyas riberas ocuparon pacíficamente por el oriente y hacia el norte.
Corría para entonces el siglo XII de nuestra Era. El lago ocupaba la parte
media de un amplio valle rodeado de montañas en la lejanía. Es el llamado
�Valle del Anáhuac�
name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[9]lang=ES>, que se encuentra a una altura de 1200 metros sobre el nivel del mar;
pero en el trópico, por lo que el clima es benigno.

 

Sus
dominios se extendieron poco a poco por la tierra firme, y cuando los tiempos
fueron propicios, debido al creciente número de habitantes y al refinamiento de
sus costumbres, fundaron una ciudad, no lejos del agua, que sería luego su
capital a la que llamaron Tetzcoco
href=”#_ftn10″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[10]lang=ES>.

 

Con el
correr del tiempo, vieron formarse en medio del lago, de aguas tranquilas,
hacia el año de 1325
name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[11]lang=ES>, una miserable población asentada entre los juncos de unos pobres
islotes. Eran los �mexicas� que llegaron con la determinación de quedarse.

 

No
encontraron un lugar de asentamiento en la ribera del lago, ya estaban allí
pobladores de diferentes etnias; entre ellos encontraron una solución…, se
fueron al centro, a unos islotes.

 

Tenían
una divinidad que habían creado en su imaginación y eran conscientes de esto:
lo formaron para que fuera el representante del Ser que nadie puede ver
–recibido en su relación con los toltecas-; era también el que ponía al
alcance de su mirada la fuerza del sol en plenitud; le llamaron Huitzilopochtli
-numen de la guerra- cuando llegaron con él al centro del lago, era pobre, sin
una casa donde estar, malparado, llevado a cuestas por otro. Por boca de sus
sacerdotes (así afirman las viejas tradiciones) les dijo: �el lugar donde se
halle un águila devorando una serpiente, allí deberán quedarse para siempre�
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn12″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[12]lang=ES>.

Y entre
las cañas de un islote arenoso donde la vieron, batiendo las alas, clavando sus
garras sobre un espinoso nopal, luchando contra la serpiente, ahí se quedaron.
Pasados dos siglos, los isleños habían logrado construir una ciudad imponente,
verdadero portento de riqueza y poderío; un imposible, hecho realidad por la
voluntad indomable de sus habitantes, conocidos también como �los aztecas�
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn13″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[13]lang=ES>.title=””>lang=ES>[14]lang=ES>- la parte más elevada del templo y tiene la ciudad a sus pies.

 

La
guerra no había cesado nunca y los dominios mexicas se extendían de mar a mar.
Son los señores de la política del Valle de Anáhuac, y la ciudad que formaron
tan pobremente, es en tiempos de Juan Diego -en los albores de la conquista
española-, una buena muestra de lo que se puede hacer con la riqueza unida a la
inteligencia y al buen gusto.

 

 

La casa
de Huitzilopochtli desde el principio fue el centro desde donde partió el trazo
de la ciudad, que luego se desparramó por los cuatro puntos cardinales
centrándose también en el que conocemos actualmente como �el Templo Mayor�. El
lugar hacia donde se dirigen las miradas y el pensamiento de las gentes de los
pueblos y ciudades que dependen de los aztecas -ya sea para bien o para mal- es
la magnífica pirámide de Huitzilopochtli: el Sol en todo su esplendor del medio
día
class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[15]lang=ES>.

 

A esta ciudad
del lago le decían �la de Tenoch� -Tenochtitlan-; o bien, México
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn16″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[16]lang=ES>. Se volvió orgullosa y fue temida por todos.

 

1.2. NACE UN NIÃ?Ostyle=”mso-spacerun: yes”> 

 

Juan Diego nació el año 1474 en el señorío
chichimeca de Cuautitlán
name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[17]lang=ES>, situado lejos de Tetzcoco. El y su familia se contaban entre los
principales de su pueblo, por su educación y desahogada posición socialstyle=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn18″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[18]lang=ES>.

 

Sus
padres y parientes, esperaron su nacimiento con verdadero interés; siempre que
un niño venía al mundo pasaba lo mismo, porque agradecían muy de veras el don de
la vida. El nombre que más les agradaba para hablar a ese ser único, creador de
todo lo que existe y al que nadie puede ver, era precisamente el de Â?Dador de
la VidaÂ?.

 

La mujer
que ayudó a su madre para que él viniera al mundo, sabía bien que debía saludarlo
diciéndole: �Piedra preciosa, plumaje rico� y otras frases parecidas que
expresaban mucho amor por ese pequeño ser que ahora tenía en sus manos. No se
trataba de una ocurrencia momentánea, sino de las ceremonias que debían
realizarse desde que llegaba al mundo hasta que se entregaba al recién nacido a
los brazos de su madre:

 

Â?Has
venido, continuaba diciendo en voz alta, a este mundo donde tus parientes viven
en trabajos y fatigas, donde hay calor, frío y viento… No sabemos si vas a
vivir mucho en este mundo… no sabemos tampoco la ventura o la fortuna que te
ha tocado al nacerÂ?
name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[19]lang=ES>.

Continuaron los discursos mientras cortaba el
cordón umbilical. Por ser varón le dijo: Â?Hijo mío, muy amado…, sábete y
entiende que no es aquí tu casa, porque eres soldado (…) ésta casa donde has
nacido no es sino un nido. Tu oficio es dar a beber al Sol la sangre de los
enemigos y dar a comer a la tierra con los cuerpos de tus enemigos… Tu propia
tierra, y tu heredad y tu padre, es la casa del Sol, en el cielo…Â?
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn20″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[20]

 

Es un
discurso aprendido de memoria por la partera; podía emplear otro si quería,
pero el contenido seguía siendo el mismo, lo decía en tono pausado solemne,
como quien recita una oración.

 

A su
padre no le disgustó que dijeran estas palabras. Lo que le causaba alegría es
que había venido un hombre al mundo: Un niño que había calmado ya su llanto y
se encontraba bien arropado al lado de su madre.

 

Desde luego las frases que le dijeron tratan
el tema de la guerra. Cuando él nació ya habían pasado los chichimecas sus
peores días de enfrentamiento con otros pueblos vecinos y lejanos, pero no se
les podía olvidar que debían defenderse y atacar.

 

Juan
Diego vino a la vida en un pueblo tranquilo, Cuautitlán, que se gobernaba por
si mismo y pertenecía a la federación de señoríos dependientes de Tetzcoco;
esta región se dedicaba más a vivir en paz y al cultivo de la inteligencia y
del espíritu; y se oía menos el acompasado sonido del Xeponaxtle y la chirimía
que llamara a la guerra con el ánimo de conquistar nuevos territorios. Sin
embargo, el peso de la tradición imponía que desde el primer instante el hombre
fuera dedicado a la guerra. Su educación futura haría de él un buen guerrero.

 

Bien
pudo haber nacido en Tetzcoco -capital del Territorio chichimeca-, pero podemos
pensar que a su madre le llegó el tiempo de traerlo al mundo mientras se
encontraba en este lugar, Cuautitlán de clima agradable y rodeado de lagos, con
su marido y demás familia, en espera del feliz momento en que naciera este
niño.

 

 style=\\’mso-tab-count:1\\’> Apenas hacía acto de presencia con su primer
llanto y ya estaba la partera diciendo que sería un guerrero… El paso del
tiempo dejaría que se vieran con claridad sus propias tendencias y aficiones;
también el modo como viviría su religión y el esfuerzo personal que pondría en
el servicio de su patria.

 

Cuando
la mujer, que había ayudado a la madre a dar a luz se disponía a lavarlo,
comenzó las oraciones al numen del agua: -�Chalchiuhtlique�, la del color
jade-: �Tened por bien, señora, que sea purificado y limpio de corazón toda su
vida… lleve el agua toda la suciedad que en él está, la que le vino de su
padre y de su madre, porque esta criatura se deja en vuestras manosÂ?
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn21″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[21]lang=ES>.

 

Nada,
absolutamente nada, se hacía sin la relación con los diferentes �teotl� -númenes
que representaban a la Naturaleza-. La �Dualidad� contenía en sí misma toda la
Naturaleza y era la imagen visible del Creador de todo lo que existe. Estaban
siempre en relación con el �Dador de vida� porque la religión daba sentido a su
existencia en la tierra y lo abarcaba todo
ftn\\’ href=”#_ftn22″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[22]lang=ES>.

 

Al nacer
Juan Diego se dio parte a toda la familia y al barrio; por tratarse de una
persona distinguida, se comunicó el alegre acontecimiento a todo Cuautitlán.
Los familiares dieron gracias solemnemente a la partera y los discursos iban y
venían.

 

Se
comparó al recién nacido miles de veces con un collar, con una joya, varias
piedras preciosas, con una pluma rara. Felicitaron a la madre diciéndole bellas
palabras.   Tal parece que en
esto de hablar no tenían límite y todos demostraban su ingenio y la preparación
que tenían para expresarse correctamente. De cuando en cuando pedían disculpas
por haber hablado tanto… pero seguían utilizando una tras otra las figuras
poéticas que se iban viniendo a su imaginación desbordante.

 

La
familia no se quedaba atrás y agradecía con floridas y bien aromadas
expresiones lo que tan gratamente habían oído. ¡Este México, desde entonces al
tiempo actual, no cambia!, y la voz amable, unida a las expresiones gentiles,
se siguen oyendo.

 

Después de tanto regocijo, el padre del
pequeño llamó al adivino -el que dominaba el uso de los calendarios- y, después
de pensarlo, ceremoniosamente, comentó �el especialista del futuro� que éste
niño sería afortunado porque había nacido bajo un buen signo y en un día feliz
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn23″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[23]lang=ES>.

 

El adivino se las componía para que el signo
fuera favorable y auguraba la mejor suerte: muy del gusto y de acuerdo a la
posición social del padre de familia.

 

Jamás
pudo imaginar ninguno de los presentes que el adivino se había quedado corto,
porque Â?esta piedra preciosaÂ? iba a ser un hombre muy distinguido y sus
palabras no se perderían con el paso de los siglos.

 

1.3. SU NOMBRE

 

No le correspondía al sacerdote darle
oficialmente su nombre, sino a la misma partera.

 

Toda la
familia preparó una fiesta, que seguiría a la ceremonia; también mandaron hacer
un escudo pequeño un arco y cuatro flechas, que corresponden a cada uno de los
puntos cardinales. Antes del amanecer, ya estaban allí todos los amigos y
parientes. Cuando ya despuntaba el alba, la partera provista de una jarra con
agua se acercó al niño y habló así:

 

�¡Oh
águila, oh tigre, oh valiente hombre, nieto mío! Has llegado a este mundo, te
ha enviado tu padre y tu madre, el gran señor y la gran señora (se está
refiriendo a la Dualidad) que está sobre los nueve cielos (ahora está hablando
del ser que existe, pero nadie puede ver aquí en la tierra) te hizo merced
nuestro hijo Quetzalcoatl
name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[24]lang=ES>, que está en todo lugarÂ?href=”#_ftn25″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[25]lang=ES>.

 

Con sus
dedos mojados, depositó algunas gotas en la boca del pequeño. Después tocó el
pecho del niño con su mano húmeda, al tiempo que le decía: �Prueba aquí el agua
celestial, el agua muy pura que lava y limpia tu corazón, que quita toda la
suciedad, recíbela, que ella purifique y limpie tu corazón�
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn26″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[26]lang=ES>.

 

La
ceremonia �del bautismo� como le llama Fray Bernardino de Sahagún, no termina
aquí…, pero todo llega a su fin; ya se han terminado los ritos y se escoge el
nombre que ha de llevar el niño.

 

Como no se usaba ningún apellido, sería
llamado como su padre o quizá alguno de sus abuelos. A éste niño le tocó ser
conocido en adelante como Â?CuauhtlatoaÂ?, que viene de: Â?CuauhtliÂ?, Ã?guila;
�tlatoa�, hablar y huac, como. Significa, pues, �El que habla como águila�
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn27″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[27]lang=ES>.

 

Resultó a la postre casi profético, porque
tuvo que hablar cosas muy importantes. Sus palabras en relación con la Virgen
María, serán conocidas por la eternidad.

 

Cuando
fue mayor, se añadió a su nombre la partícula �tzin�. Cuauhtlatoatzin; que
indica señorío y se traduce por �La Venerable �guila que habla�.

 

Al recibir
las aguas del bautismo en la Iglesia Católica años después, se llamó
sencillamente Â?Juan DiegoÂ?
name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[28]lang=ES>.

 

1.4. LA INFANCIA DE UN NIÃ?O
INDÃ?GENA

 

Sus
padres deseaban que viviera y lo ofrecieron al templo, para hacerlo agradable a
la �Dualidad� y por lo tanto, al Ser de quien depende la existencia: el Señor
del mundo.

 

Pensaban
con anticipación a qué edad debía ingresar al Calmecac -colegio reservado para
la gente de alcurnia, pero que no estaba cerrado para otros niños de menor
posición social-; existía otra institución educativa muy notable y de calidad,
llamada �Telpochcalli�, donde asistían los pequeños que venían de familias
campesinas
title=””>lang=ES>[29]lang=ES>.

 

La
criatura era feliz, como suelen ser los niños, mientras no llegan a su colegio
correspondiente, donde todo era vida dura, de esfuerzo continuo, bajo la
dirección estricta del profesorado que buscaba hacer recio el carácter del
alumno.

 

Juan
Diego en Cuautitlán o bien en Tetzcoco, fue un niño más; sin distinciones de
ninguna clase, excepto quizá que comía mejor que otros de su misma edad.

 

Se
divirtió con los juegos infantiles cuanto pudo, su vida fue feliz porque era
muy amado y sentía la protección de ese amor que recibía de sus padres.
Siguiendo las costumbres familiares, también le daba alegría el recio cariño de
su tío, hermano de su padre, que con los años se llamaría Juan Bernardino.

 

Sus
juegos fueron como los que practican los niños que viven en el campo; saltar
haciendo dibujos en la tierra, procurando no tocar determinadas rayas;
coleccionar semillas rojas llamadas Â?patolesÂ? para poder hacer canje con otros
niños; divertirse en grande con el arco y las flechas -ahora este juego es de
adultos- y el aprendizaje del difícil deporte de la pelota dura que impulsaban
hacia una pared con las caderas y los codos, tratando que pasara por el agujero
redondo de una piedra tallada, colocada en esa pared lisa a cierta altura.

 

Las
ocupaciones del pequeño fueron las de llevar agua a la casa, leña, acompañar a
su padre o a su madre al mercado, recoger los granos del maíz esparcidos por el
suelo y otras tareas tipo casero.

 

Fue un
niño sano y fuerte; porque llegó a alcanzar una buena edad: vivió setenta y
cuatro años.

 

 

lang=ES>1.5. EL AMBIENTE DE JUAN DIEGO

 

Juan
Diego y su familia tenían tierras de labor y casas en diferentes lugares.
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn30″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[30]lang=ES> Ã?l recorría aquella región con toda libertad, porque no estaba sujeto
a servir a otro.

 

Al ir
hacia Tetzcoco, podía saborear a su gusto el paisaje donde se desenvolvió la
historia de su vida: contemplaba, bordeando por el lago, la dilatada superficie
azul del agua, de la cual emergía como por maravilla la Gran Tenochtitlan, con
sus numerosos templos piramidales, uno por barrio -�Calpulli� en náhuatl- sin
contar dos grandiosas pirámides, labradas con una arquitectura de gran belleza,
donde se celebraban las ceremonias religiosas más importantes. La de mayor
categoría era el alma, el corazón y la vida de la ciudad de México; tenía al
frente una amplia explanada de piedra pulida donde se encontraban otros templos
que desbordaban lujo.

 

El
conjunto de estos edificios era imponente, y a la vez una buena muestra de la
grandiosa imaginación y originalidad del pueblo que los había construido.

 

Desde la
altura del Tepeyac -montecillo que está al borde del lago-,style=”mso-spacerun: yes”> 
miraba Juan Diego una ciudadela sagrada
rodeada por las calles y los numerosos canales que surcaban la Gran
Tenochtitlan; veía también desde la cumbre de este cerro -situado al norte del
Valle- los palacios y casas de México, deslumbrantes al sol, de un color
blanquísimo, cargadas de flores en las terrazas, era una ciudad lacustre: se
transitaba a pie firme por algunas calles, mientras que por otras era necesario
utilizar una canoa.

Flores por todos lados, hasta en el lago,
porque los industriosos isleños habían aprendido a vivir en grandes balsas llamadas
Â?chinampasÂ?
title=””>lang=ES>[31]lang=ES>, donde cultivaban hortalizas y diferentes flores que iban a vender a
la ciudad.

 

Allá en
la lejanía, hacia el sur, donde se acaba el valle, le atraía el color verde
oscuro de los bosques de cedros y pinares -vegetación de clima frío- que
pueblan las montañas, y que junto con el cielo azul, daban punto final al
horizonte.

 

Al
oriente, por donde sale el sol -contempló muchos amaneceres-, su vista se
encontraba con los dos gigantescos guardianes del Valle de México: dos volcanes
de cumbres siempre nevadas, el imponente Popocatepetl -Cerro que humea- con más
de cinco mil metros de altura, y a su lado, como si le hiciera compañía, la
bien dibujada figura de una mujer cubierta de blanco por la nieve tendida
lánguidamente allá en la cumbre: El Iztaccihuatl.

 

Esta
indumentaria venía permitida por el clima templado del Valle, que siendo
tropical está muy alto y esto hace que los días sean tibios y las noches
frescas la mayor parte del año. Las prendas de ropa que vestía eran suficientes
para que el se sintiera sencillamente a gusto.

 

Al
aproximarse a la ciudad de sus mayores, Tetzcoco, recordaría que a la edad de
siete u ocho años, sus compañeros de juegos fueron al colegio conocido por
todos como el �Tepochcalli� , la Casa de los jóvenes.

 

1.6. LA EDUCACIÃ?N DE JUAN DIEGO

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Se trasladaba de
Cuautitlán a Tetzcoco, vistiendo como correspondía a una persona de su calidad
y estilo. Usaba el �maxtlat� de algodón bordado, que dejaba al descubierto el
torso y las piernas; calzaba sus pies con sandalias de cuero y se envolvía en
una manta o �tilma�, también tejida con hilo de algodón y decorada con las
grecas que le agradaban.
name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[32]

 

Esta
indumentaria venía permitida por el clima templado del Valle, que siendo
tropical esta muy alto y esto hace que los días eran tibios y las noches
frescas la mayor parte del año. Las prendas de ropa que vestía, eran
suficientes para que el se sintiera sencillamente a gusto.

 

Al
aproximarse a la ciudad de sus mayores; Tetzcoco, recordaría que a la edad de
siete u ocho años, sus compañeros de juegos fueron al colegio conocido por
todos como el �Telpochcalli� -la casa de los jóvenes- donde les enseñaron que
�un principal� debía ganar su puesto en la sociedad por méritos propios, y que
un plebeyo podía llegar a ser muy respetado por sus hechos, especialmente por
su comportamiento en la guerra. Juan Diego, por ser hijo de una familia con
posibilidades y buenas relaciones en Tetzcoco, debía asistir a otro colegio,
donde se impartía una enseñanza mas completa a los alumnos: el �Calmecac�
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn33″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[33]lang=ES>.

Los
maestros del �Telpochcalli� eran seleccionados entre los guerreros más
reconocidos por su valentía, valores humanos y la destreza que mostraban en el
manejo de las armas. Los del �Calmecac� se escogían entre sacerdotes de probada
virtud y conocimientos intelectuales. En este colegio recibían también una
esmerada instrucción militar. Tal parece que los alumnos llegaban al �Calmecac�
alrededor de los quince años de edad; aunque en la práctica, eran enviados ahí
mucho antes, de acuerdo a las necesidades familiares causadas por la ausencia
del padre de familia en la casa
href=”#_ftn34″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[34]lang=ES>.

Existían en Tetzcoco y sus dominios, varios
�Calmecac�, que seguían una educación semejante a la de México, cada uno de
ellos tenía al lado un templo. Su labor educativa, dependía del �Teohuatzin�
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn35″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[35]lang=ES>, que podría traducirse como el Â?Vicario GeneralÂ? -indirecta relación
con los grandes sacerdotes- del culto tributado a los númenes y especialmente a
la Dualidad, que representaban al Ser Divino; del que no se podían hacer
figuras e imágenes por el respeto que inspiraba a todos. De la Dualidad y de
los diferentes aspectos de la Naturaleza representados por númenes -llamados
cada uno �Teotl�- sí se podían hacer imágenes y dibujos.

En el
�calmecac� se preparaba al alumno para el sacerdocio, si él lo pedía, o para
las altas funciones del Estado. Esta educación era severa y rigurosa
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn36″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[36]lang=ES>.

 

En
Tetzcoco existía también el �telpochcalli� como los que tenían los mexicas, o
sea la escuela común para los muchachos de la ciudad. Si Juan Diego no hubiera
sido de familia con posibilidades económicas, hubiera asistido al
�telpochcalli� de Cuauhtitlán. �l recibió la educación que correspondía a una
persona que viene de un medio social elevado y por lo tanto fue el Â?tlacateoÂ?,
que podría ser la variante tetzcocana del �calmecac� de los aztecas
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn37″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[37]lang=ES>.

 

Â?… les
enseñaban toda la policía (buena educación) de su modo de buen vivir, y todas
las ciencias y artes que sabían y alcanzaban, hasta las mecánicas de labrar
oro, pedrería y plumería y las demás; así mismo el ejercicio militar con tanto
cuidado, que no los dejaban estar ociosos ni un momentoÂ?
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn38″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[38]lang=ES>.

 

Â?Antes
que amaneciese, los más pequeños iban al monte a buscar ramas de abeto y
espinas para el culto, mientras los demás incensaban hacia los cuatro puntos
cardinales. El propósito de esta severidad era curtirlos en las inclemencias y
habituarlos al poco sueño y comida para que sintiesen menos los rigores de la
guerraÂ?.

 

Continúa
Pomar: �Pasaban el día en enseñarlos a bien hablar, a bien gobernar, a oír de
justicia, y en pelear de rodela y macana y con lanza con pedernal, a manera de
pica y aunque no tan larga. Y esto hacían los que ya tenían edad para ello.
Otros se iban a la casa de canto y baile a aprender a cantar y bailar. Otros al
juego de pelotaÂ?
name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[39]lang=ES>.

 

Aunque los
niños fueran hijos de gente noble, altos funcionarios, ricos comerciantes o
labradores, no se diferenciaban entre ellos por su vestimenta, que era muy
sencilla, vestían todos igual: un pañalete de algodón y una manta áspera de
henequén. Se levantaban en la noche, tomaban un baño de agua fría y de
inmediato comenzaban a trabajar barriendo el templo, patios y las diversas
dependencias de su colegio
name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[40]lang=ES>.

 

Esta fue
la clase de educación que recibió Juan Diego. Siendo un jovencito, su tío
–que en ausencia de su padre se ocupaba de su educación- lo envió al
�Calmecac� (la casa de los corredores largos), donde además de instruirlo en el
arte militar, vigilaron sus costumbres e hicieron que se ejercitara en la
honestidad y en la virtud.

 

Escribe
D. Lorenzo Boturini que era a �Tetzcoco� donde los señores de la tierra
enviaban a sus hijos para aprender lo más pulido de la lengua náhuatl, la
poesía, la filosofía moral, la teología gentílica, la astronomía, la medicina y
la historia
title=””>lang=ES>[41]lang=ES>.

 

Al
término de su educación colegial, conocía bien la historia de su pueblo;
retórica; gramática náhuatl -que le daba mucha seguridad al hablar-, sabía
expresar sus pensamientos elegantemente, podía escribir e interpretar con
exactitud, haciendo uso de la memoria, los dibujos que significaban las ideas
consignadas en el papel hecho con la pulpa de la hoja carnosa del Â?magueyÂ?
-planta de estas tierras clasificada como �Agave mexicana� -; se habían
ejercitado en el arte y en los ejercicios propios de la guerra.

 

Le
enseñaron especialmente el valor de la vida bien llevada, conforme a la
importancia que tiene en la existencia humana el conocimiento de Dios
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn42″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[42]lang=ES>.

Siendo
ya un muchacho pudo elegir su actividad. Debía escoger entre varias
posibilidades: llegar a ser un Â?pochtecaÂ?, un comerciante, con una mentalidad
muy semejante a la del empresario de nuestros días
ftn\\’ href=”#_ftn43″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[43]lang=ES>; o hacerse un guerrero para alcanzar rápidamente honor y dignidades;
pudiendo entonces adornarse con oro y piedras preciosas como muestra de su
destreza y valentía, y lucir un elaborado penacho de plumas provenientes de las
exóticas aves del trópico, que habitan en las tierras bajas y calientes, más
allá de las montañas del Valle.

 

1.7. JUAN DIEGO ES UN Â?TZINÂ?

 

Eligió
dedicarse a la atención y al cultivo de sus propiedades y a la realización de
actividades de tipo artesanal. El no era un Â?macehualÂ?, labrador poco culto, el
último de los hombres útiles en la escala social de aquel tiempo; ni tampoco
era un �naborio� -término procedente de las Antillas traído por los españoles-
que designa al hombre confiado por el Estado al cuidado de una familia porque
es incapaz de ganarse la vida, y al que los españoles llamaron equivocadamente
Â?esclavoÂ?, Juan Diego era un Â?TzinÂ?
href=”#_ftn44″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[44]lang=ES>.

 

Â?TzinÂ?
se traduce al castellano siempre en diminutivo; pero terminar una palabra con
�tzin�, puede significar dos cosas: honra y señorío, ó el afecto que se tiene a
lo que se está nombrando. Por ejemplo: �nocaltzin� mi casa, o mi �casita�: la
que yo quiero, donde viven mis seres amados. Decir Â?NoteocaltzinÂ? es referirse
a la Casa de Dios: el templo. Traducir �templito� o la �casita de Dios� sería
muy simpático y aparentemente �muy indio�, pero aquí solo puede admitirse el
Â?tzin reverencialÂ?, es decir: lo que se nombra, cargado de un sentimiento
respetuoso.

 

¿Cómo
discernir si el �tzin� es de afecto, o indica señorío? En primer término debe
considerarse el asunto de que se trata y en segundo lugar, el momento en que se
utiliza.

 

Añadido
al nombre de una persona, generalmente significa que merece respeto; cuando se
habla de las cosas de Dios o se refiere a la Santísima Virgen, se añade �tzin�
que implica majestad y grandeza; trae también un algo interior de los
sentimientos de quien lo emplea, que se dejan ver y expresan entrega y sumisión
amorosa; nunca un respeto seco y lejano. Para todo es necesario conocer un poco
más la mentalidad mexicana.

 

Cuando
alguien o algo es mirado con mucho respeto -Â?tzinÂ? reverencial-; o especial
afecto -�tzin� que indica benevolencia, cariño- surge en el idioma náhuatl la
resistencia a decir solamente el nombre sin hacer aparecer el tan traído y
llevado �tzin�. Su empleo forma parte de la educación de una persona, de su
finura interior.

 

Cuando
la Virgen habla a Juan Diego en náhuatl, le llama: �Juan Diegotzin�
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn45″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[45]lang=ES>. quiere decirle: Â?tú eres para mí algo entrañable y muy digno de
aprecioÂ?.

 

Debido a
la relación que se establece entre quien habla y aquello a lo que se refiere,
se produce el respeto, el afecto, o el antagonismo. En nuestros días es
frecuente que al sacerdote católico se le diga: �Padrecito�. La razón es que a
más de uno de este país –sí es procedencia indígena- le suene a despego
decirle simplemente �Padre�, tratarlo así podría indicar, quizá, que hay
rechazo.

Todo
esto se trasluce además de la expresión de la cara, en el tono de voz y en la
mirada.

El vocablo castellano Â?madreÂ? se emplea casi
exclusivamente para referirse a la Santísima Virgen: la �Madre de Dios�, quizá
se deba a la enseñanza religiosa de los frailes españoles que hablaron siempre
así cuando querían pronunciar su nombre. En México, la propia madre es: �mamá�
o su diminutivo. Decir: -madre, tal cosa…; madre, tal otra…, aquí no se
usa: suena muy áspero.

 

Del mismo modo, empleando un tratamiento
cariñoso, el aya, la �nana�, como se le nombra en México, que viene del náhuatl
�nan�: madre, al dirigirse a la señora de la casa, si la cuidó en su niñez,
continúa diciéndole: �niña�.

 

Â?TzinÂ?
sigue viviendo en el diminutivo castellano correspondiente. La Virgen es Â?la
Virgencita�. No es niñería o mero sentimentalismo, es la relación que crea el
que habla y es el �tzin� que vuelve a decir: -¡Aquí estoy!

 

Generalmente
los universitarios no se expresan así, y el diminutivo se deja de usar en el
lenguaje de la gente culta; pero él o ella, volverán a emplearlo sin darse
cuenta hablando familiarmente. Vuelve Â?tzinÂ? por la fuerza de la costumbre.

 

Hay que
convenir que la delicadeza que implica la existencia del Â?tzinÂ? y su uso en el
náhuatl, que ha influido tanto en el castellano que se habla en México; tal
parece que no ha sucedido en otros países.

 

El
indígena de habla náhuatl es tan fino en el trato como puede serlo cualquier
oriental de China o de Japón, bien educado. Raramente habla en voz alta o
arrebata al otro el hilo de la conversación. Cuando alguno comete esa falta de
cortesía, prefiere callarse, pero se resiente por el desprecio que ha sufrido
al no ser escuchado. Si hay desavenencias, las cosas cambian, como sucede a
cualquier ser humano.

 

1.8. EL TIO JUAN BERNARDINO

 

A medida
que se aproximaba a Tetzcoco, es fácil que pensara en su familia y en sus años
mozos. Le vino a la mente, que su padre había tenido pocas oportunidades de
influir en su educación, por sus forzosas ausencias del hogar
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn46″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[46]lang=ES>, donde Juan Diego convivía con su madre y sus hermanos.

 

Los
altos funcionarios y los dignatarios, generalmente tenían una esposa principal
y varias esposas secundarias, que no eran consideradas socialmente, como
�concubinas�, porque legalmente pertenecían a ese grupo familiar, viviendo en
armonía, o por lo menos procurando que así fuera
ftn\\’ href=”#_ftn47″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[47]lang=ES>.

 

Guardó
siempre un cariño muy especial a su tío, a quien fue confiado desde que era muy
pequeño; ésta era la costumbre, en caso de necesidad el niño no quedaba solo ni
un día siempre habría alguien que cuidara de su educación y su futuro.

 

El tío de
Juan Diego a quien fuera confiado, lo acompañó hasta la vejez de ambos; hubo
entre ellos una gran comprensión y mutuo afecto; siempre se ayudaron en las
faenas del campo y en los diversos trabajos que correspondían a la común tarea
familiar. Este hombre, al que conocemos como Juan Bernardino -después de ser
bautizado en la Iglesia Católica-, era hermano de su padre, porque Juan Diego
se refiere a él diciendo �Motlaltzin� -mi tío muy querido-. Si hubiera sido
hermano de su madre, la partícula empleada habría sido �teltla� y no �tlali�,
que pierde la última letra para formar la palabra mencionada.
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn48″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[48]

 

Juan
Bernardino debía velar por el bien del niño cuya custodia había aceptado, sin
separarlo de su madre, hasta que fuera a estudiar al Â?CalmecacÂ?, el Colegio que
le correspondía de acuerdo a su posición en la sociedad; debía asistir a este
Colegio, porque él era un �principal� entre los de su raza. Seguramente debía
dejar Cuautitlán, porque el �Calmecac� de las personas distinguidas se
encontraba en Tetzcoco.

 

Otra de
sus tareas que su tío debía realizar, si el padre del muchacho estaba ausente,
o delegaba a él las funciones, consistía en procurar que hiciera un buen
matrimonio, con una joven de su condición y de una educación semejante. Las dos
familias se pondrían de acuerdo para que todo fuera bien; los grandes y los
pequeños detalles corrían por su cuenta.

 

Si Juan
Diego fue una persona de alta categoría, por su educación y sus condiciones
humanas, indudablemente su tío era de un estilo semejante al suyo: todo un
varón indígena, que debía conseguir que su sobrino llegara a ser un hombre de
bien, culto y refinado en sus costumbres.

 

Más que
otra cosa, los unió el mutuo afecto. Juan Bernardino dio todo lo mejor que
tenía en beneficio de este sobrino suyo. Lo cuidó con solicitud, hasta que
contrajo matrimonio, alrededor de los veinte años. Aún después él continuó
protegiendo a ese muchacho: porque cuando Juan Diego se casó, él pasó a formar
parte de esa nueva familia y le ayudó en todo lo que pudo.

 

2. EL TIEMPO NO SE DETIENE

 

2.1. LA JUVENTUD DE JUAN
DIEGO

 

 

Si un
hombre es joven a los veinte años, Cuauhtlatoatzin (Juan Diego) los cumplió el
año de 1494; era el tiempo de �hacer su vida�, como suele decirse. Orientado
por su familia, se iría desprendiendo poco a poco de la casa paterna, donde se
sabía muy amado, especialmente por su madre. Este sentimiento ha sido siempre
muy vivo en el corazón de las mujeres mexicanas. Los hijos, por su parte están
seguros de que su madre jamás podrá olvidarlos y también que los alejamientos
causan pena. Este sufrimiento encontró eco en esta poesía atribuida a
Netzahualcoyotl:

 

Â?style=\\’mso-bidi-font-style:normal\\’>Madre mía, cuando me vaya

style=\\’mso-tab-count:1\\’> y quieras llorar por mí

style=\\’mso-tab-count:1\\’> quédate junto al hogar,

style=\\’mso-tab-count:1\\’> y si uno en saber se empeña

style=\\’mso-tab-count:1\\’> la causa de tu pesar,

style=\\’mso-tab-count:1\\’> dile que es verde la leña

style=\\’mso-tab-count:1\\’> y que el humo hace llorarlang=ES>Â?title=””>lang=ES>[49]lang=ES>.

 

 

Juan
Diego fue un hombre que supo poner en juego el corazón en los momentos
importantes de su vida con gran entereza, llegando hasta el sacrificio. Su
carácter recio se dejará ver con toda claridad años más tarde al encontrarse
con la Virgen María, a la que sirvió entregando desde el principio todo su ser.
Ella, a su vez, le decía -utilizando una expresión maternal plenamente
indígena-: �Mi hijito, el más pequeño�
href=”#_ftn50″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[50]lang=ES>.

 

2.2. JUAN DIEGO Y SUS
COSTUMBRES

 

La educación que recibió en cuestiones de
comportamiento moral fue la que venían viviendo sus antepasados y que desde
muchos años atrás se cuidaba con esmero en el seno de la familia.

 

Según
Fray Andrés de Olmos, en su escrito náhuatl, llamado �Huehuetlatolli�
-�Pláticas de los Ancianos�-
name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[51]lang=ES>, le dijeron: Â?Hijo, apártate de los vanos propósitos y de las palabras
de burla; no son rectas…; pueden, sin darse cuenta, dañar, ensuciar, provocar
las inclinaciones impuras…Â?href=”#_ftn52″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[52]

 

Sus
padres le inculcaron la mesura en el hablar y, por lo tanto, debía llevar una
vida limpia, porque �de la abundancia del corazón habla la boca�
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn53″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[53]lang=ES>.

 

En sus
relaciones con las mujeres, la severa tradición de sus mayores empujaba a los
muchachos a ser rígidos en esta cuestión, más que en cualquier otra:

 

Â?Los que
son limpios de corazón -le dijeron- son muy dignos de ser amados, los cuales
son apartados de todo el deleite carnal y sucio; porque reciben mucha estima
los que viven de esta manera; la divinidad los desea, los procura y los llama a
su presencia. Jamás sienten tristeza, ni dolor, ni disgusto, porque viven en la
casa del solÂ?
title=””>lang=ES>[54]lang=ES>.

 

La vida
que llevaba era dura, austera, bien asentada en sólidos principios de sentido
común:

 

Â?No
hagas a tu padre y a tu madre al antojo de tu corazón
Â?
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn55″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[55]lang=ES>.

 

Valiéndose
de sus escritos antiguos -echando mano de su relación tan estrecha con la
Naturaleza- advirtieron a su hijo:

 

�Aún
eres tú agua tierna, eres avecita,

aún
estás en brote, en espiga,

pues
eres como un jade fino, como una turquesa,

pues
eres como pluma fina de quetzal.

¡Quién
sabe si aquí venga a parar de repente

el mal,
el viento que te detiene para atraparte!Â?
href=”#_ftn56″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[56]

 

En otras
palabras: -Oye consejo, el que te dan tus padres; sé prudente, aún tienes que
aprender muchas cosas acerca del vivir. Â?Si quieres recibir lo que protege tu
vida o te da la muerte… ¡Basta! ¡Ya sucedió…, infeliz de ti!. No harás más
que caer, estarás en poder de las garras del coyote y del tigre�
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn57″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[57]lang=ES>.

 

2.3 CONSEJOS OPORTUNOS

 

Cuando Juan Diego andaba estrenando los años
jóvenes, su padre lo miraba lleno de salud, alegre y con la inquietud propia de
su edad. Generalmente los muchachos que han disfrutado de cariño paterno y del
cuidado de su madre son así.

 

La
familia vivía en Cuauhtitlán y Juan Diego estaba asomándose al mundo: se
interesaba por las cosas de Tetzcoco, preguntaba por los asuntos de la
Confederación y el rumbo que tomaban las cosas en México-Tenochtitlan.

 

Era el
tiempo en que su padre debía intervenir para decirle algo que le sirviera de
base para su formación juvenil y, más tarde, siendo ya todo un hombre.

 

Es Fray
Bernardino de Sahagún quien, bien informado por sus colaboradores indígenas,
nos hace una exposición clara de los consejos que un padre daba a su hijo en
estas circunstancias
name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[58]lang=ES>. Siempre los hijos fueron muy amados y la preocupación por ellos era
constante. Si el padre del muchacho no tenía oportunidad de decir esto
personalmente, hubiera sido el tío Juan Bernardino quien debía tomar su puesto
a ruegos de la madre.

 

Â?Hijo
-comenzó diciendo-: yo tengo muchas faltas y defectos delante de dios y de los
hombres que morirán. (No emplea Fray Bernardino la palabra Dios, escribiéndola
con mayúscula, porque se está refiriendo a los consejos de un padre que aún no
ha recibido el cristianismo ni conoce a Jesucristo). Tú, que estás presente
(…) has de saber que estoy triste y afligido porque pienso que quizá no vas a
ser un hombre útil ni has de servir a dios�
ftn\\’ href=”#_ftn59″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[59]lang=ES>.

 

�Quizá
nuestro señor ha determinado que esta casa en la que vivo, la cual edifiqué con
muchos trabajos se caiga por tierra, y sea como muladar y lugar de estiércol, y
que mi memoria se pierda y no haya quien se acuerde de mi nombreÂ?
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn60″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[60]lang=ES>.

 

Se
emplea la letra minúscula para referirse a �nuestro señor�, porque los
indígenas tenían una idea muy elevada de Dios, y se referían a El sólo
indirectamente, pero Sahagún quiere dejar claro que está tratando acerca de
unos pensamientos escritos y pronunciados antes de la llegada de los misioneros
franciscanos.

 

Â?Debes
tener en cuenta que te has de saber sustentar en este mundo y que te has de
acercar a dios para que te haga mercedes y para esto te digo que los que lloran
y se afligen y suspiran, y oran y contemplan, y los que de su voluntad con todo
corazón velan de noche y madrugan de mañana a barrer las calles y caminos y
limpiar casas y componer los petates e Â?icpalesÂ? y aderezar los lugares donde
dios es servido con sacrificios y ofrendas, entran a la presencia de dios y se
hacen sus amigos y reciben de él mercedes, y les abre sus entrañas para darles
riquezas, dignidades y prosperidad…Â?
href=”#_ftn61″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[61]lang=ES>.

 

Su padre
quiere que se grabe en su mente lo mucho que valen los trabajos menudos y
aparentemente sin importancia: tanto como los sacrificios y ofrendas. Una cosa
debe quedar a plena luz: él debe trabajar no sólo por ganarse la vida, sino
porque de esta manera honra a Dios. (Lo escribimos aquí deliberadamente con
mayúscula porque se refiere -según el contexto- a los atributos propios de
Dios, tal como lo entiende una mente libre de prejuicios. Ver nota Cap. I.

 

Algo que
Juan Diego debía tener presente -como todo muchacho indígena de su tiempo, bien
educado-, es que Â?dios los pone en una u otra dignidad, en diversos gradosÂ?.
Â?Que cada una de nuestras acciones sean de buen tono, platicando del hombre, su
modo de reír y su caminar revelan lo que es (Cfr. Eccli XIX, 27). En efecto, la
actitud exterior es imagen de la disposición del alma, y nuestros gestos
manifiestan de un modo excelente la belleza de nuestra alma. Así, si vamos a la
plaza, sea tal la serenidad y ponderación de nuestro porte que cause admiración
a los que encontramos. Que nuestra mirada no se distraiga por todas partes, ni
nuestros pasos anden a la deriva, que nuestra boca pronuncie las palabras con
calma y suavidad; en una palabra, que todo nuestro aspecto exterior refleje la
belleza interior de nuestra alma�. (San Juan Crisóstomo, �Sermo ad neophytos�,
VIII, N. 26). Â?Ã?l es quien da a merecer alguna cosa preciosa entre los
senadores y señores, como es la dignidad que yo tengo -le enseña su padre-,
como un sueño y sin merecimiento mío, no mirando nuestro señor cuan poco
merezcoÂ?
title=””>lang=ES>[62]lang=ES>.

 

Estas palabras quedan bien en el ambiente
familiar de Juan Diego. El que habla por la pluma de Sahagún es un señor que da
consejos a su hijo y humildemente se refiere a Dios como dador de todo bien.

 

Â?Nunca dije
-continúa-, yo quiero esta dignidad, sino que lo quiso así nuestro señor, y
ésta es misericordia que ha hecho conmigo, que todo es suyo, y todo lo da
nuestro señor y todo viene de su mano, porque a ninguno conviene que diga
quiero ser esto, o quiero esta dignidad, porque ninguno escoge la dignidad que
quiere; sólo dios da lo que quiere, a quien quiere, y no tiene necesidad de
consejo de nadie sino sólo su querer�
href=”#_ftn63″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[63]lang=ES>.

 

Son
conceptos muy elevados acerca de la Providencia de Dios y de su voluntad acerca
de sus hijos los hombres. Fray Bernardino es muy profesional en su tarea de
transmitir lo que sus asesores iban traduciendo del náhuatl. No hay aquí nada
que pueda parecer invento de un fraile piadoso.

 

Â?Procura
saber algún oficio honroso, como es el de hacer obras de plumería y otros
oficios mecánicos; (estas palabras cuadran muy bien -con exactitud- en la vida
de Juan Diego, porque en las excavaciones arqueológicas en su casa en
Cuauhtitlán se encontraron los elementos necesarios para realizar varios oficios);
también -continúa- porque estas cosas son para ganar de comer en tiempo de
necesidad. Mayormente, que tengas cuidado de las cosas de la agricultura…Â?
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn64″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[64]lang=ES>

 

Estos
consejos le valieron a Juan Diego más que el oro nativo, sin duda alguna.
Cuando se ve privado de toda dignidad a causa de la conquista española, él se
retira de Tetzcoco y de sus Â?amigos vencedoresÂ?. Se resiste a aprender a hablar
el castellano y, como sabe trabajar, pone en práctica las enseñanzas recibidas:
Alfarería (con el calor y estilo de Cuauhtitlán); la elaboración de �petates�
-esteras de tule-; se dedicó al cultivo de las abejas con métodos casi iguales
a los que se emplean actualmente; además, entre él y su tío cultivaban sus
tierras, especialmente el maíz, que les daba el pan y las tortillas. Las aves y
las yerbas, que dan sabor, nunca faltaron en su mesa. A pesar de saberse
desterrado de los lares paternos y alejado de los centros del poder situados en
Tetzcoco, él vivía con la serena seguridad de los bienes obtenidos por sus propias
manos.

 

Â?No hay
en el mundo ningún hombre que no tenga necesidad de comer y beber, porque tiene
estómago y tripas; no hay ningún señor ni senador que no coma y beba; no hay en
el mundo soldados y peleadores que no tengan necesidad de llevar su mochilaÂ?
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn65″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[65]lang=ES>.

 

Su padre
dice al muchacho que lo más importante es que tenga cuidado de hacerse amigo de
dios, �que está en todas partes� y �es invisible e impalpable�; a él conviene
darle todo el corazón y el cuerpo, y mirad que no os desviéis de este camino…
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn66″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[66]lang=ES>  Altísimos conceptos, que
dan un profundo sentido a la vida de una persona que encuentra a Dios en su
camino.

 

Le
recomienda que tenga paz con todos, que se cuide de no despreciar a nadie.
Igualmente le dice que es muy necesario que sea humilde, que no se meta en líos
de palabras, aprendiendo a callar. Le invita a ser sufrido, sabiendo que dios
le dará honra.

 

Algo que
no debe olvidar, es que el tiempo lo da Dios en este mundo y no debe perderlo,
�porque es muy necesario vivir de día y de noche ocupado en cosas de provecho�
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn67″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[67]lang=ES>.

 

La vida debe seguir su curso, y un hombre
tiene una misión que cumplir en cualquier latitud y bajo cualquier
circunstancia. Juan Diego respetó a fondo los consejos recibidos de sus
mayores, no los miró como una carga o imposición. El Calmecac -el colegio donde
los jóvenes aprenden a vivir la virtud- le daría una buena preparación para la
vida y las palabras de su padre serían como la buena semilla que cae en terreno
abonado, en buena tierra.

 

2.4. UNA SINCERA MANERA DE
VIVIR

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Juan Diego puso
atención a estas lecciones y las hizo suyas. Para él no eran palabras huecas,
sino reglas de comportamiento personal en las que meditó largo tiempo y dieron
buen fruto en su vida. Aquellos que años después tuvieron ocasión de tratarlo,
hicieron comentarios elogiosos de su manera de ser
ftn\\’ href=”#_ftn68″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[68]lang=ES>.

 

Pudo
haber vivido de otra manera, pero estaba bien advertido de que, si no seguía
las recomendaciones recibidas, �se daría a conocer como un gran bellaco: sin
sentido ni cordura, que tendría por herencia la hierba embrutecedora, el pulque
y el hongo intoxicanteÂ?
name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[69]lang=ES>. Â?Con ellos rodarás, te perderás tú mismo; de modo que ya no tengas
sentido de ti mismoÂ?name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[70]lang=ES>.

 

Es en la
juventud cuando un hombre decide muchas cuestiones, por ejemplo, si va a
casarse o no, y con quién. Juan Diego conoció a una muchacha de la que se
enamoró, llamada �Malintzin�
name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[71]lang=ES>. Siendo él inteligente y cuidadoso en su manera de ser, no cualquiera
podía ser su mujer, pero ella había recibido parecidos consejos, y tenía su
propia alcurnia. Vivía junto a la propiedad de su padre llamada �Tepetlaostoc�,
vecina de unas tierras de Juan Diego en Ixhuatepec.

 

Â?… y
no hagas amigas entre las mentirosas, ladronas, disolutas, frecuentadoras de
casas, perezosas, para que no te contagien. Tampoco salgas a la puerta, ni te
quedes en el mercado, en el camino, junto al aguaÂ?
ftn\\’ href=”#_ftn72″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[72]lang=ES>.

 

2.5. LA ALEGRIA DE VIVIR

 

Para un muchacho la vida es feliz, a menos que
tenga que enfrentarse con asuntos serios que afecten a su familia o a él mismo.
Juan Diego no tenía mayores cosas de que preocuparse, porque tenía seguridad
económica, estaba al lado de sus padres y apenas comenzaba a ver la vida por su
cuenta.

 

El
Â?TlacateoÂ? -o  Â?CalmecacÂ?- de
Tetzcoco, le había dado fortaleza física, había templado su carácter para que
se pudiera dominar la adversidad cuando se hiciera presente. Nada impedía que
él se dedicara con gusto al deporte, todos los relacionados con las artes
marciales le eran familiares; y el �Juego de Pelota�. �ste era además un
espectáculo que siempre atraía al público, y necesitaba destreza y fuerza
física.

 

Había
terminado sus estudios en Tetzcoco. Su padre lo vigilaba de cerca, tanto como
le era posible, y deseaba para su hijo una buena conciencia en relación con
�Tloque Nahuaque�, ese Ser �nico, Omnipotente, Eterno, que conocían los
chichimecas desde hacía siglos y el Gran Tlatoani Netzahualcoyotl -dos
generaciones atrás- lo había llevado a la mente y los corazones de estas gentes
que pertenecían a su Señorío.

 

Juan
Diego tenía muchas fiestas a las que podía asistir, la mayor parte eran de
carácter religioso, que se celebraban con música, canto y danza. El había
aprendido a bailar con soltura y se vestía de acuerdo a su grupo, con elegancia
y joyas, podía usar oro, piedras preciosas y vistosos plumajes. Su rango
familiar exigía que el se presentara así ante los demás.

 

Según
los retratos que tenemos de él -los pintores pudieron informarse fácilmente con
quienes lo conocieron-, era de estatura regular, tendiendo a ser un hombre
alto; su dieta alimenticia permitió que se desarrollara bien. No había
presentado enfermedades de importancia. En aquellos tiempos la conclusión de
estos padecimientos graves era generalmente la muerte. Cuando Juan Bernardino
enferma y está para morir, se debe a una enfermedad conocida como �cocolixtli�,
que ahora se domina sin mayores problemas: es la �tifoidea�, una infección
intestinal causada por el agua contaminada.

 

La
alegría en los años de juventud no necesita �octli� -el �pulque�-, la sabia del
�maguey�, espesa, fermentada y embriagante. Un hombre de su condición no podía
darse el lujo de perder la cabeza por el alcohol.

 

Los
amigos que tenía en Tetzcoco eran de su mismo estilo; este grupo, integrado por
sus hermanos y compañeros del �Calmecac�, había estado bajo las indicaciones de
Netzahualpilli, el Tlatoani que heredó el cargo a la muerte de su padre
Netzahualcoyotl.

 

Eran
profundamente religiosos, y la austeridad en que vivían, aun teniendo medios de
fortuna y una envidiable posición social, hacía que pudieran vivir mejor las
virtudes que perfeccionan el espíritu. �l y sus compañeros se forjaron en una
nobleza que templa el carácter, no en la vida muelle del palacio del Tlatoani y
sus elegantes funcionarios públicos. A los jóvenes no les estaba permitido
vivir así.

Juan
Diego llegaba a su casa rendido de cansancio, después de haber bailado horas y
horas. Su madre le daría chocolate, preparado a la usanza de Tetzcoco.

2.6. LA BUENA EDUCACIÃ?N RECIBIDA

 

Es de llamar la atención que estas gentes,
tenidas por Â?salvajesÂ?, fueran tan cuidadosas en los preceptos de la buena
educación. Llegaban a los más pequeños detalles: �no estarás dando golpecitos
con los pies, como quien se distrae; no volverás el rostro a uno y otro lado;
no te detengas de repenteÂ?
name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[73]lang=ES>. Parecen naderías, pero estas minucias dan el tono en las relaciones
sociales. Aquí está la raíz de la reconocida �cortesía del mexicano�.

 

Juan
Diego no levantaba la voz al hablar; hacer esto entre los chichimecas y en
general entre los pobladores indígenas del Valle del Anáhuac, era una evidente
falta de buena educación: �conviene que hables con mucho sosiego�, no alces la
voz, para que no se diga de ti que eres vocinglero y desentonado, bobo,
alocado, o falto de educación�
href=”#_ftn74″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[74]lang=ES>.

 

Hasta
para caminar tenían indicaciones precisas: �cuando sigas tu camino, no vayas
viendo de un lado a otro, sino que irás con la cabeza inclinada, atento a tu
camino. Tampoco irás arrastrando la ropa, ni dando palmadas con las manos, ni
en un zig-zag. No te recargues ni te apoyes en el hombro de otro, etc., etc.Â?
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn75″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[75]lang=ES>.

 

Por
supuesto que ser una persona llena de finura humana -muy del corte oriental;
aquí hay muy poco de la rudeza del europeo-, nunca le impidió a Juan Diego el
ejercicio de las artes marciales y el deporte.

 

2.7. LA SENSIBILIDAD DEL
MEXICANO

 

Podía, y todavía puede darse el caso -aunque
excepcionalmente-, que un mexicano sea un prodigio de finura en el trato y
emplee expresiones llenas de sutileza, pero en un momento dado, por el sesgo
que toma la conversación, se indigne, pierda la compostura y lance un reto al
que ha lastimado su orgullo.

 

Puede ser a golpes, o a muerte, según las
circunstancias; o bien, que sonría de un modo ligeramente burlón porque ha
decidido esperar calmadamente el tiempo de la venganza… No es de fiar…, es
mejor tratarlo bien.

 

Si con
el que habla es su amigo y lo conoce bien -y aún así puede equivocarse-, sin
pretenderlo, casi sin darse cuenta, estará al pendiente de algunos detalles tan
insignificantes como el brillo de los ojos al decir una palabra, o la mirada
distraída al comentar algo…; o de plano, está muy claro que ése que está
hablando, �lo ha mirado feo�; es decir, lo ha visto con altanería o con
desprecio, quizá apenas un instante, y que -de adrede- no ha querido darse por
enterado de cuánto lo lastima con esas expresiones tan inocentes en apariencia.
Esto, además de ser un insulto, es una burla. Si hay gente alrededor, guarda un
silencio expectante, porque está contemplando el juego de las segundas
intenciones.

 

Este es
un lenguaje clarísimo y no pronunciado entre mexicanos. No hacen faltastyle=”mso-spacerun: yes”> 
palabras, dado que cuenta más �lo que
no se dice�, y así se hacen y deshacen negocios y se destruyen antiguas
amistades…, todo depende… ¿de qué? De tantas cosas impalpables y apenas
perceptibles que intervienen en la conciencia humana. Se podría decir: -�Para
un mexicano, otro mexicanoÂ?, o bien, -Â?para un indio, otro indioÂ?. Juan Diego
no andaba en problemas de este estilo; él era un hombre de paz y era reflexivo.

 

Que
viajara a Tetzcoco no tiene nada de extraño, porque allí se ventilaban los
asuntos que tenían que ver con sus tierras; recibía las noticias de los últimos
sucesos, ya fueran de guerra o de paz; allí vivían los parientes ricos, y no
tan ricos, y además quería estar al tanto de las cuestiones propias de la
religión.

 

2.8. TETZCOCO

 

Al
llegar a Tetzcoco, Juan Diego habló en su lengua nativa, el náhuatl. �ste era
el idioma común en el Valle del Anáhuac y en todos los territorios dominados
por la Confederación, integrada por Tenochtitlán, al centro del lago, y
Tetzcoco, al oriente, y Tlacopan -hoy Tacuba-, al poniente del lago. Ã?l se
expresaba en su idioma con gran precisión y elegancia.

 

También
sabía escribirlo con destreza, dibujando rápidamente en el papel que entonces
estaba en uso, los Â?glifosÂ? -trazos sencillos, a veces coloreados, que
representaban ideas-, que con tanto cuidado había aprendido en sus tiempos de
estudiante
title=””>lang=ES>[76]lang=ES>.

 

El ejercicio de la memoria estaba ligado a la
lectura, para poder interpretar correctamente lo que allí se había consignado,
a veces con mucho arte. Estaba tan desarrollada la memoria entre los muchos
indígenas, que los españoles cuando lo advirtieron se admiraron mucho, porque
bastaba que oyeran una sola vez un sermón para que pudieran repetirlo, acto
seguido, todo entero
name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[77]lang=ES>. No es de extrañar que cuando la Virgen María hable en náhuatl con
Juan Diego, él recuerde punto por punto la conversación.

 

No
habían llegado aún los españoles y todo en aquellas regiones debía estar en
paz. Pero esta manera tranquila de vivir se veía alterada con facilidad por la
situación de guerra en que se encontraban los habitantes del lago de modo
permanente: sus dominios eran ya muy amplios, recibían tributo en los señoríos
sometidos a ellos y, además, se volvía una necesidad imprescindible conseguir
víctimas entre los guerreros vencidos, para ofrecerles en sacrificio a los
diferentes �númenes� -cualquiera de las representaciones de los atributos de
Dios-, venerados por los indígenas. Hacían referencia a la Dualidad -y mediante
ésta, al Dios único, al Dador de la vida-, a la que rendían acatamiento y
homenaje. La gente que vivía como Juan Diego estaba en paz, los funcionarios,
guerreros y comerciantes, que aunaban los negocios con la aventura, no conocían
esa paz de Juan Diego.

 

2.9. EL COLIBRÃ? ZURDO…

HUITZILOPOXTLI Y LA INTERPRETACIÃ?N PERTINENTE

 

Al aproximarse a Tetzcoco vio a lo lejos los
pináculos de las diferentes pirámides de los �calpulli� -los barrios- en que se
encontraba dividida la ciudad; la pirámide mayor, y un templo que siempre le
había inspirado reverencia. Era un edificio que tenía en su pare superior una
torre de nueve pisos, que �significaban nueve cielos: el décimo servía de
remate para los otros nueve. Este último estaba matizado por la parte de fuera
en negro y tachonado de estrellas; por dentro, todo este espacio se encontraba
engastado en oro, pedrería y plumas preciosas�. Desde los días de
Netzahualcoyotl fue dedicado al Ser que �nadie había visto ni conocido hasta
entonces�, y lo más extraordinario es que �no estaba representado en el
interior del aposento por ninguna estatua o ídolo�
ftn\\’ href=”#_ftn78″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[78]lang=ES>.

 

Tetzcoco era el principal Señorío y cabecera
de la Federación chichimeca en los tiempos de Juan Diego; el más poderoso,
exceptuando solamente el de México-Tenochtitlan.

 

El Señorío de Tetzcoco -al que los españoles
llamaron �reino�-, se había organizado por señoríos menores en número de
catorce, y sus gobernantes eran considerados Señores principales ante el
Â?TlatoaniÂ? -el Gobernante de mayor importancia-, que los representaba a todos
en la Confederación de las tres ciudades: Tetzcoco, Tenochtitlan y Tlacopan.
Existía, pues, una administración central, a cargo de consejos generales,
mayordomías y un aparato judicial
href=”#_ftn79″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[79]lang=ES>.

 

Juan Diego bien sabía que existía en Tetzcoco
otro tribunal, bastante peculiar, que se reunía en una gran sala del �Tlacateo�
-Escuela de los Infantes- cada ochenta días. Se daban cita allí, puntualmente,
el día señalado, el �Tlatoani�, sus hijos e hijas, los demás familiares; y los
maestros y tutores, y todos los grandes del Señorío. Allí en su estrado, a manera
de púlpito, subía un orador que comenzaba en su discurso a reprender
públicamente todos los vicios y cuestiones dignas de ser reprobadas: ya fueran
de la vida pública o privada, ya se tratara del mismo �Tlatoani�, o del último
de los sirvientes que formaban parte de su Casa de Gobierno. Generalmente el
que hablaba era un sacerdote viejo, virtuoso y hábil, quien a lo largo de unas
tres horas decía lo que era menester corregir y remediar, al tiempo que alababa
el camino de la virtud y su provecho. Igualmente, instaba al auditorio acerca
de guardar cuidadosamente las leyes establecidas
ftn\\’ href=”#_ftn80″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[80]lang=ES>.

 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[81]lang=ES>.

 

Un siglo mas tarde, el naturalista español
doctor Francisco Hernández, pudo ver aún los restos de esta colección de la
flora y la fauna mexicanas, reunida en el ya para entonces derruido palacio. Su
visita a este lugar le sirvió para hacer algunas ilustraciones de su �Historia
Natural de Nueva España�
name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[82]lang=ES>.

 

Tetzcoco florecía en el mundo de los nahoas
-indígenas de habla náhuatl, descritos en plural- como centro de irradiación
cultural: era digna de admiración su colección de documentos que fue la más
importante del mundo indígena. Desde Netzahualcoyotl hasta los tiempos de Juan
Diego, se reunieron en ese palacio varias colecciones que los españoles
describieron como �libros pintados�. Fueron: anales históricos, cronologías,
genealogías, leyes, ritos y ceremonias religiosas, oraciones, fórmulas mágicas,
calendarios adivinatorios y descripciones de dominios y tributos
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn83″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[83]lang=ES>.

 

Se distinguieron los educados en esta ciudad
por su manera de hablar. Decía Durán: �es en todo esmerada y política, avisada
y retórica, de linda lengua, elegante y pulida, cuya pulicia (pureza del
lenguaje) en el hablar puede tener la prima (primacía) como Toledo en España,
que salidos de ella es tosquísima la demás y bárbara�
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn84″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[84]lang=ES>.

 

Dice Pomar, que Â?las leyes y ordenanzas y
buenas costumbres y modo de vivir que generalmente guardaban en toda la tierra
procedían de esta ciudad (…). Comúnmente se decía que en esta ciudad tenían
el archivo de sus consejos, leyes y ordenanzas, y que en ella les eran
enseñados para vivir honesta y políticamente y no como bestias�
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn85″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[85]lang=ES>.

 

Por su parte, William Prescott escribió en un
arranque de entusiasmo: �Tetzcoco podía gloriarse de ser la Atenas del mundo
occidentalÂ?
title=””>lang=ES>[86]lang=ES>.

 

2.11. UN INDIO GENIAL ILUMINA
SU TIEMPO

 

Cuando un hombre es capaz de elevarse a las
alturas del pensamiento a donde pocos llegan, sobresale por encima del común de
los mortales y recibe el calificativo de Â?genioÂ?. Este es el caso de
Netzahualcoyotl.

 

El trabajo intelectual de este gobernante de
Tetzcoco, influyó notablemente en la vida de Juan Diego.

 

El día 28 de Abril, al filo de la media noche
del año de 1402, nació en Tetzcoco
href=”#_ftn87″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[87]lang=ES> -capital del señorío chichimeca de Acolhuacan-style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn88″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[88]lang=ES>, el hijo de Ixtlilxochitl Ome Techtli -también conocido como
Ixtlilxochitl el Viejo-, con un parentesco muy cercano con los señores de
México Tenochtitlan. El pequeño nació bajo el siguiente signo �será noble y
principal, dará de comer y beber a unos, y a otros dará vestidos y joyas�. No
se quebró mucho la cabeza el adivino, porque su padre era el sexto señor
chichimeca.

 

Su nombre se publicó por todos los rincones
del Señorío; le tocó en suerte llamarse: Acomiztli Netzahualcoyotl, que
significa: �Fuerza de León, Coyote Hambriento�
ftn\\’ href=”#_ftn89″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[89]lang=ES>.

 

Este niño, en cuanto tuvo uso de razón, entre
los seis y los ocho años, fue enviado al �Calmecac� y comenzó la severa
educación destinada a la nobleza
href=”#_ftn90″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[90]lang=ES>. Tuvo allí un buen maestro: Huitzilihuitzin, considerado en su tiempo
un gran filósofo, quien despertó en el joven alumno el interés por el
pensamiento tolteca. En el colegio cultivó su sensibilidad poética y su piedad.

 

En su temprana juventud comenzaron los
problemas con Tezozomoc, Señor de Atzcapotzalco, que gobernaba el pueblo
Â?tepanecaÂ? en la orilla opuesta del lago.

 

Ante las frecuentes escaramuzas guerreras, su
padre Ixtlilxochitl el Viejo, reafirmó su posición de gobernante e hizo nombrar
heredero al niño Netzahualcoyotl que contaba entonces con solo doce años de
edad. Seguramente le impresionaron las palabras llenas de humildad que
pronunció solemne su padre, de acuerdo al ceremonial.

 

El 24 de septiembre de 1418, un soldado trajo
la noticia de que la guerra iba tan mal para Tetzcoco, que estaban rodeados y
no tardaría en caer en poder de sus enemigos. –Â?Hijo mío, muy amado,
brazo de león: ¿A dónde te tengo que llevar…?Â? Las palabras conmovidas de su padre
hicieron llorar al muchacho. Desde un escondite en el mismo teatro de la guerra
pudo ver cómo ese hombre que era bueno y lo amaba, moría valientemente. Tenía
entonces dieciséis años y heredaba un señorío que acababa de conocer el sabor
de la derrota.

 

El heredero fue protegido por tres nobles
tezcocanos, valerosos y leales. En la desgracia del destierro comienza a hacer
alianzas entre los señoríos vecinos. Los señores de Tlaxcala eran sus tíos y le
dieron protección. En su inquietud juvenil, para estar más cerca de su patria
se fue a Chalco, allí lo reconocieron y cayó en manos de sus enemigos.

 

Quetzalmacatzin lo alimentó en la prisión y
cambió sus ropas con él cuando se decretó su muerte. Vida por vida:
Netzahualcoyotl pudo huir de nuevo y su salvador fue ajusticiado.

 

En el año de 1427, muere Tezozomoc, su mortal
enemigo, en Atzcapotzalco. Le sucede Maxtla, su hijo, un hombre cruel -había
matado a su hermano para apoderarse del mando-, no se detiene ante nada para
asegurar su poderío. ¡Cuántas veces estuvo Netzahualcoyotl a punto de caer en
sus manos! Era un perseguido, condenado a muerte.

 

Maxtla y antes Tezozomoc, habían colmado la
medida de las injurias que podían soportar los pueblos a orillas del lago.
Surge un momento propicio, y a la voz de Netzahualcoyotl se forma una alianza:
son muchos pueblos los que están dispuestos para ir a la guerra. Recibe ayuda
de México que ya es fuerte, y el primer Moctezuma es su primo; pero la altivez
de los mexicanos disgusta a sus aliados. A pesar de todo, cuentan con tres
escuadrones, uno de ellos capitaneado por Netzahualcoyotl. La guerra duró
ciento quince días y al final vencen los pueblos. Allí terminaron los días de
gloria de Atzcapotzalco.

 

El vencedor vuelve a Tetzcoco y reorganiza el
Señorío. Tiene entonces veintinueve años de edad. Es el año 4 Caña, ó 1431.

 

2.12. EL SUFRIMIENTO, A
UNOS ELEVA Y A OTROS ABATE

 

Habían pasado diecisiete años desde que su
padre lo nombrara heredero de Tetzcoco. La ceremonia de investidura como Gran
Gobernante fue muy solemne: recibió la máxima dignidad de �Acolhua Tecuhtli�.
El discurso que pronunció en esa ocasión dice entre otras cosas:

 

�¡Oh señor nuestro humanísimo -se refiere a
�Ipalnemouani�: El que está en todas partes, pero nadie puede ver- tú eres
quien me amparas, el gobernante invisible e impalpable! Bien sé que tienes
conocido que soy un pobre hombre, de baja suerte, criado y nacido entre el
estiércol, hombre de poca razón y bajo juicio, lleno de muchos defectos y
faltas, que ni se me conocer, ni considerar quien soy…Â?

 

No quiere aparecer entre los suyos como un
hombre engreído y soberbio. Por eso hace gala de una humildad que no está lejos
de la realidad y cae bien a todo hombre nacido de mujer.

 

Continúa implorando a Dios: �Tened por bien
darme un poquito de luz, aunque no sea más de cuanto echa de sí una luciérnaga
que anda de noche, para ir en este sueño y en esta vida dormida, que dura como
el espacio de un día, donde hay muchas cosas en que tropezar, y muchas que dan
ocasión de reír, y otras que son como camino pedregoso, que se ha de pasar
saltando…Â?
title=””>lang=ES>[91]

 

El que ya es Alcolhua Tecuhtli
Netzahualcoyotltzin, se inclina reverente ante el sacerdote llamado
Quequetzalcoa, sucesor de Quetzalcoatl, quien entre muchas frases de profunda
sabiduría acerca del arte de gobernar, le dice:

 

Â?No debes decir o hacer cosa alguna
arrebatadamente, oye con mansedumbre y por entero las quejas e informaciones
que te presenten (…). Mira que la dignidad que tienes y el poder que se te ha
dado sobre el Señorío, no sea ocasión de ensoberbecerte o de volverte altivo…
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn92″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[92]lang=ES> Conviene que tengas mucho cuidado en no decir palabras de burla o de
donaire, porque esto causará menosprecio de tu persona…Â?

 

Su gobierno fue de larga duración: cuarenta y
un años, y Tetzcoco vivió una época de oro: de continua prosperidad y
mejoramiento en las costumbres.

 

2.13. AL ARBOL SE LE CONOCE POR
SUS FRUTOS

 

Si Tetzcoco se engrandeció por la belleza de
su arquitectura, la maestría de sus artistas y el cultivo de la inteligencia de
sus mejores hombres, donde más sobresalió -e iluminó su tiempo- fue en el
cultivo de los valores del espíritu y en el conocimiento natural de Dios; es
aquí donde brilló con singular esplendor la inteligencia prócer de
Netzahualcoyotl.

 

Hacia el año 1464, sobrevinieron una serie de
desgracias para el Señor de Tetzcoco y su pueblo: el heredero del Gran
Tlatoani, de unos veinte años de edad, fue acusado de alta traición a la patria
y ejecutado. La guerra contra los �calcas� un grupo indígena vecino, muy
belicoso-, se volvía feroz. Andaban de cacería dos hijos de Netzahualcoyotl y
dos de Axayacatl, Tlatoani de Tenochtitlan, y fueron muertos en una emboscada;
después ultrajaron con escarnio sus cadáveres.

 

Afligido por las adversidades recurrió a los
sacerdotes, quienes le recomendaron grandes y solemnes sacrificios a los
diferentes númenes que reverenciaban en Tetzcoco; en esta ocasión parece no
haber puesto objeciones al sacrificio de los cautivos de guerra, y permitió
incluso la edificación de templos a los númenes mexicas.

 

Nada cambió en la vida de tristeza del monarca
y se hastió ante la inutilidad de los sacrificios… Tuvo grandes sospechas
sobre el culto de los mexicas y decidió buscar la verdad… Esta vez, dentro de
su propia alma.

 

Salió de la ciudad de Tetzcoco y se fue al
bosque de Tetzcotzinco, donde ayunó cuarenta días, haciendo oración al Dios no
conocido, creador de todas las cosas y principio de todas ellas, a quien
compuso más de sesenta cantos, que se guardan hasta el día de hoy. Hacía
oración cuatro veces al día…Â?
href=”#_ftn93″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[93]

 

No podía faltar la fantasía, que al escribirse
se vuelve leyenda; a partir de esos días de penitencia y oración a Dios único,
todo cambia: espera un heredero y sus ejércitos se vuelven victoriosos. Ocurrió
efectivamente que hacia 1465 los ejércitos de Netzahualcoyotl vencen a sus
enemigos y él se vuelve con toda su alma hacia ese Ser grandioso que supera sus
fuerzas.

 

Hay algo que él no alcanza a explicarse, y es
bastante comprensible que sea así: dice que ese Ser tan admirable no puede �ser
su amigoÂ?, lo ve tan grandioso y a veces tan distante… Hace falta la
enseñanza de Jesús de Nazareth para conocer que Dios es Padre Nuestro, que está
en el cielo, cuyo nombre es santo; y que no ha habido ni habrá nadie que nos
haya amado tanto. Es nuestro Padre Celestial que encierra en Sí todas las
perfecciones.

 

Netzahualcoyotl intuyó la existencia de un
Dios único, creador del cielo y de la tierra, muy semejante al que aprendemos a
conocer y amar en la Iglesia Católica.

 

Ya sabemos que la inteligencia humana es capaz
de captar por sus propias fuerzas naturales la existencia de Dios y sus
principales atributos
name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[94]lang=ES>. Basándose en lo que recibió como preciosa herencia de los toltecas y
con la luz de su propia inteligencia Netzahualcoyotl acercó a su pueblo a Dios,
y lo hizo de una manera muy elegante: se sirvió de la poesía.

 

2.14. FLOR Y CANTO: LA ALEGRÃ?A

 

Años más tarde, Juan Diego recibiría estos
pensamientos acerca del Dios único y verdadero; el que amó el Gran Gobernante
de Tetzcoco y dejó en herencia a los suyos como el bien más preciso que podía
comunicarles. Juan Diego hizo suya toda esta doctrina propia de su pueblo y de
los toltecas.

 

Netzahualcoyotzin buscó a Dios y no le fue
fácil encontrarlo. En los �cantos antiguos� se narra esta incesante búsqueda;
en ellos se habla de un Dios, hacedor del cielo y de la tierra, sustento del
universo y sus criaturas; también está escrito que hay un lugar junto a él para
los virtuosos y otro de penas y trabajos terribles para los malos. A este dios,
sin cuerpo humano ni otra figura se referían los indios antiguos en su lengua,
�In Tloque in Nahuaque�, que quiere decir: Señor del cielo y de la tierra
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn95″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[95]lang=ES>.

 

Este
gobernante poeta, pensador ilustre, llegó a la cima del conocimiento natural de
Dios, que llega a su perfección cuando se recibe la Revelación que Ã?l hizostyle=”mso-spacerun: yes”> 
de Sí mismo y se encuentra en la
Sagrada Escritura, y en la Tradición católica. Netzahualcoyotl pudo afirmar que
hay premio o castigo para los que obran el bien, o el malstyle=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn96″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[96]lang=ES>. ¿Cómo no iban a mejorar su vida los de Tetzcoco? Sólo unos pocos años
después vendría al mundo un niño al que pusieron el nombre de Cuauhtlatoa,
mejor conocido por Â?Juan DiegoÂ?.

 

Hay que
tener en cuenta que el padre de Netzahualcoyotl volvió a vivir las costumbres y
el pensamiento de los toltecas. De los toltecas proviene también la idea de que
hay un doble principio creador: masculino y femenino que se complementan entre
sí -idea religiosa que procede del Oriente: China en gran parte- al que
llamaron �la Dualidad�. No es Dios, es manifestación del poder creador que �l tiene;
los toltecas no se confundieron
href=”#_ftn97″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[97]lang=ES>. Si los de Tetzcoco hubieran dicho que la Dualidad era Dios, habrían
caído en contradicción, al desfigurar la idea tan clara que alcanzó y enseñó a
Netzahualcoyotl.

 

La
�Dualidad� ha sido confundida con Dios en los últimos años, y esto se debe a
una interpretación confusa del pensamiento tolteca y chichimeca. De la
Â?DualidadÂ? se pueden hacer figuras; de Â?In Tloque in NauqueÂ?, nunca.

 

La
tradición tolteca se oponía a los sacrificios humanos: Quetzalcoatl nunca
condescendió en esto: su sacrificio era de culebras, aves y mariposas. Cuando
Huemac llegó al poder en Tula, entre 995 y 1018 de nuestra Era, �comenzó la
gran mortandad de hombres en sacrificio�. Quetzalcoatl derrotado prefirió irse
lejos. La leyenda lo convirtió en una estrella
ftn\\’ href=”#_ftn98″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[98]lang=ES>.

 

Cuando
Netzahualcoyotl trae de nuevo a Quetzalcoatl a la mente de su pueblo, hacía
muchos años que Tula había caído en el olvido y Teotihuacan era un mudo testigo
-con sus altivas pirámides medio destruidas- del Dios que todo lo ve y todo lo
contempla, porque está en todas partes.

 

2.15. LA PROFECÃ?A

 

Causa
extrañeza que al mismo tiempo que en Tetzcoco se rendía culto a la divinidad de
los toltecas, se continuara la construcción del templo a Huitzilopochtli. ¡Oh
México!: siempre bordeando las líneas de la contradicción. Son dos pasiones
simultáneas, que ocasionaron dos ambientes, con diferentes ánimos; uno guerrero
y con tremenda efusión de sangre humana; y el otro, lleno de paz y serenidad; y
lo sorprendente fue que vivieron en armonía. No es precisamente �la Dualidad�
que aprendió el mexicano desde su propia cuna, sino un efecto de esta misma
dualidad.

 

El guerrero y el hombre de paz se
complementan. Los dos son necesarios, aunque tuvieran expresiones tan
distintas. Son propiamente dos culturas que afloran en la vida de este pueblo.

 

Una es trágica y dolorosa y la otra llena de
paz y de concierto. Las dos estuvieron presentes en lo alto de la Gran Pirámide
el Templo Mayor-; allí estaba Tlaloc el pacífico creador de la maravilla del
quehacer de todos los días: conservar el agua y el verdor de selvas y bosques:
y el otro: el del temible y temido Huitzilopoxtli, de nombre poético y creador
del destino funesto. Estamos en el año �Ce Acatl� -2 Caña- es decir, 1467.

 

El viejo
monarca Netzahualcoyotl veía con tristeza ese edificio, señal evidente de la
influencia mexica en sus propios dominios. Le dolía ver ese templo levantado
para la muerte, y compuso un canto que aseguraba su destrucción y la de su
propio mundo:

 

Â?En tal
año como éste (Ce Acatl)

Se
destruirá este templo que ahora se estrena

¿Quién
se hallará presente?,

¿Será mi
hijo o mi nieto?

Entonces
irá en disminución la tierra.

Y se
acabarán los señores.

De
suerte que el maguey pequeño y sin sazón será talado,

Los
árboles aún pequeños darán frutos,

Y la
tierra siempre defectuosa, siempre irá a menos
Â?style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn99″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[99]lang=ES>.

 

Se
cumplió a la letra esta predicción. Según la cuenta náhuatl de ciclos de 52
años, se inició la conquista española un nuevo año �Ce Acatl�.

 

Dos años
después de haber descrito este destino funesto, fue a visitar a su primo
Moctezuma Â?IlhuilcaminaÂ?
name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[100]lang=ES> -estaba en el gobierno de México desde 1440-. Este Gran Gobernante
enfermó en 1469 y el de Tetzcoco compuso un poema:

 

�Tú con
preciosos sauces

Verdes,
cual jade y quetzal, engalanas la ciudad:

La
niebla se cierne sobre nosotros…Â?
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn101″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[101]

 

Esta
niebla es la muerte, que se acerca silenciosa a los dos grandes señores. Ese
mismo año murió Moctezuma I �Ilhuicamina�, y en la mañana del �Chicuace
tecpatl, ó 6 Pedernal, en el año 1472, murió el Señor de Tetzcoco, a los 70
años de edad.

 

 

�Allí
está el �rbol Florido junto a los atabales:

En él
vive el �quetzaltototl� en que se convirtió

Netzahulcoyotl:

Vive
cantando floridos cantos y con ello se

Alegran
las flores
Â?href=”#_ftn102″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[102]lang=ES>.

 

 

3. UNA VIDA DE TRABAJO

 

3.1. LA CASA DE JUAN DIEGO

 

Es una hermosa casa, situada en el Â?calpulliÂ?
-el barrio- de Tlayacac, Señorío de Cuauhtitlán -el jeroglífico de la ciudad
significa: Â?Entre los árboles, cerca, o junto de ellosÂ?-,style=”mso-spacerun: yes”> 
distante de la capital, Tetzcoco, desde
donde se gobernaba el dilatado territorio chichimeca.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Â?…Calpulli o chinacalli, que es todo uno,
quiere decir barrio de gente conocida o linaje antiguo, que tiene de muy
antiguo sus tierras y términos conocidos, que son de aquella cepa, barrio o
linajeÂ?title=””>ES-MX\\’>[103]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

La
tradición nunca interrumpida acerca de la situación de esta morada, que fuera
de Juan Diego, afirmó de modo indudable que estaba bajo los cimientos de una
capilla levantada en honor de la Virgen María a finales del siglo XVIII. Se
eligió precisamente este sitio para la construcción del templo, por el amor y
la devoción que siempre le han tenido a Juan Diego sus paisanos en Cuauhtitlán.
Consideraron que allí había vivido un hombre santo -una realidad que ha sido
siempre timbre de orgullo para todos ellos -, porque Juan Diego, que allí nació
y vivió, recibió el privilegio de contemplar a la Madre de Dios aquí en la
tierra.

 

Cuando
Juan Diego y su tío Juan Bernardino abandonaron el lugar, los vecinos
cuidadosamente cubrieron con tierra suelta las habitaciones y hasta el techo de
la casa, quedando visible a partir de entonces sólo un montecillo que a los
ojos de cualquiera carecía de importancia. La ocultaron para evitar que se
deteriorara, o que alguno la fuera a destruir -eran aquellos tiempos poco
seguros para los indios-; o que nuevos inquilinos fueran a ocupar esas
habitaciones donde había vivido ese par de Juanes y sus familiares. La
veneración que siempre les guardaron, ha ido pasando fielmente de padres a
hijos.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Es muy notable que hayan encontrado esa
solución para guardar con mucho cuidado todo lo que había pertenecido a Juan
Diego y que para ellos eran objetos pertenecientes a un verdadero santo: un
hombre digno de ser admirado y seguido en su manera de vivir.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Antes de que se diera la autorización para
construir la capilla en honor de la Virgen María en el �calpulli� de Tlayacac,
se hicieron las averiguaciones que las autoridades consideraron necesarias. Se
levantaron unas informaciones conocidas como Â?Informaciones Guadalupanas de
1798-1799Â?title=””>ES-MX\\’>[104]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

Fue Doña
María Loreto de Revuelta, quien se encargó de hacer las gestiones necesarias
para levantar el templo en ese lugar, para honra de la Santísima Virgen María
de Guadalupe e indirectamente de Juan Diego. Se dirigió por escrito al Virrey,
Don José de Azanza, y al Excmo. Sr. Arzobispo de México, Don Alonso Nuñez de
Haro y de Peralta. Todas las respuestas fueron afirmativas. En México se veía
con agrado que se honrara a Juan Diego y se hiciera honor a la tradición que
señalaba el sitio donde había vivido.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> En estas Informaciones se preguntó a todos los
interrogados cuáles eran las intenciones de Doña María Loreto de Revuelta, y si
tenía dinero suficiente para llevar la construcción hasta el final;
especialmente: que dijeran todo lo que ellos supieran, por tradición de sus
mayores, si en ese lugar había vivido Juan Diego.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Los testigos, bajo juramento, afirmaron que era
para mucho bien y honra de Juan Diego que se hiciera ese templo y que tanto
Doña María como sus hermanos José y Ana, tenían medios suficientes para llevar
a cabo su propósito. Dos de ellos dicen claramente que el lugar donde quieren
levantar ese templo le dicen Â?terremotoÂ?. No es que se trate de un sismo, sino
que allí hubo movimiento de tierra -del latín, �terrae motus�-. Pascual de los
Reyes, indio y alcalde, refirió que estuvo al servicio, de un Don Luis Benito,
de unos cien años de edad, quien, �al pasar por el paraje llamado Tlayacac, le
dijo repetidas veces (señalándole un terremoto), que allí estaba la casa de
Juan Diego, en donde había vivido, que a sus padres y otros ancianos de ese
pueblo, les oyó decir lo mismoÂ?href=”#_ftn105″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>footnote\\’>[105]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Otro indio, que fue alcalde dos veces en
Cuauhtitlán, Juan Manuel Usuan, bajo juramento, dijo que cuando era niño
conoció a un hombre, indio también, muy viejo, �que le nombraban Tata Tomás, el
que le contaba, que un paraje que nombraban el Terremoto, y hoy en día llaman
Tlayacac, que Juan Diego había habitado en ese lugarÂ?style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn106″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[106]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Es muy interesante tener en cuenta que con el
movimiento de tierra, entre todos sus amigos indios -al cubrir la casa-,
hicieron una loma; no se trata aquí de una acción natural del tiempo que
hubiera ocultado poco a poco la casa; o bien de una lluvia de cenizas
volcánicas o algo por el estilo. No; fueron ellos, sus paisanos, quienes
deliberadamente la enterraron. Esto juró que era verdad Pedro Antonio, indio:
Â?este paraje le llaman Tlayacac, que en el día de hoy es una LomitaÂ?style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn107″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[107]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>. Lo mismo dice Manuel Basilio,
indio, que habla bien castellano y no necesitó intérprete, con noventa y seis
años de edad: �Que como vecino de este pueblo tiene noticia (por ser común) de
que Juan Diego tuvo la casa de su habitación en lo que ahora es una lomita, que
nombran TlayacacÂ?name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>[108]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> El templo de Santa María Tlayacac tuvo buena
fortuna, comenzó con buena mano y poco a poco lo fueron construyendo. La
familia de Revuelta, Doña María y sus hermanos, se fueron de esta tierra, y
tantas otras familias también, pero la tradición acerca de la situación de la
casa estaba viva.

 

3.2. EL DESCUBRIMIENTO

 

El día 14
de octubre de 1963, comenzaron los trabajos de exploración -contando nuevamente
con la previa autorización de las Autoridades Civiles y Eclesiásticas-; se
hicieron en el interior de la capilla, con resultados muy alentadores
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn109″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[109]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Lo primero que advirtieron los que dirigían
esta delicada operación arqueológica es que cuando se construyó el templo,
terraplenaron la cima de aquel pequeño montecillo de tierra.

 

Los muros eran de adobe -ladrillos hechos de
tierra apisonada, mezclada con paja-. Los de la casa de Juan Diego no tienen
paja, por lo tanto no se distinguieron de la tierra que los había tenido
ocultos tantos años. Sin pretenderlo, los recortaron, porque se confundieron
con el resto de la tierra que los tenía resguardados. Cuando se dieron cuenta
de lo que había sucedido, terminaron de terraplenar, pero dejaron los adobes de
la casa que no se maltrataron amontonados con cuidado en algunas habitaciones
(los volvieron a enterrar).

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> El problema no fue grave, porque -como se vio
después- el trazo de la casa, una buena porción de sus paredes de adobe y
multitud de objetos de uso personal, quedaron al descubierto, dando una idea
cabal acerca de la vida y costumbres de las personas que vivieron allí durante
muchos años.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> El templo de Santa María Tlayacac, se ha
conservado intacto. Las excavaciones no lo perjudicaron, al contrario: es ahora
un lugar de especial veneración para propios y extraños. Es de agradecerse el
esfuerzo que pusieron Doña María Loreto de Revuelta y sus hermanos. A partir de
entonces hubo un templo que señaló el lugar donde se encuentra la casa de Juan
Diegotitle=””>ES-MX\\’>[110]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

Terminó
la construcción de la capilla Don Pedro de Antoneli que, según dijo, se levanta
Â?en el lugar que fue de los dichosos indios Juan Diego y Juan Bernardino, y
donde se cree haber merecido éste la visión de Nuestra Señora sanándolo
milagrosamente de la enfermedad que tenía�.

 

3.4. LA CASA DE JUAN DIEGO EN
TULPETLAC

 

Los del
pueblo de Tulpetlac podrían no estar muy de acuerdo en que la última de las
Apariciones de la Santísima Virgen de Guadalupe fuera en Cuauhtitlán; ellos
tienen muy buenos argumentos para señalar que la casa que tenían en este pueblo
Juan Diego y Juan Bernardino, es el lugar donde la Virgen María sanó al viejo
tío de la enfermedad que lo tenía a las puertas de la muerte.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> El día diez de marzo de 1789, los de Tulpetlac
obtuvieron la correspondiente licencia del Virrey D. Manuel Antonio Florezstyle=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn111″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[111]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’> style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>title=””>ES-MX\\’>[112]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> En la petición que hizo la Sra. Dña. María de
Revuelta, en ninguna parte menciona que fuera la casa de Cuauhtitlán el lugar
de la última de las Apariciones de la Virgenftn\\’ href=”#_ftn113″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>footnote\\’>[113]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>, como claramente afirman los
de Tulpetlac.

 

Queda la
siguiente conclusión: desde el punto de vista histórico, Juan Diego nació y
vivió en Cuauhtitlán; y en los años ya próximos a las Apariciones de la Virgen
María en México, vivió en Tulpetlac acompañado de sus familiares. Hay que tener
en cuenta lo que dijo un escritor guadalupano: Â?la historia se hace a base de
rectificacionesÂ?. Cuando se busca la verdad, un documento digno de fe rectifica
lo que hasta entonces se había tenido como la última palabra acerca de ese
asunto.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Que Juan Diego viviera en Tulpetlac, no cabe la
menor duda. Sólo hay que tener en cuenta que cambió su residencia después de
haber dejado la casa donde nació en Cuauhtitlán, donde pasó los años jóvenes de
su vida; allí vivió feliz con su mujer. Fue en Cuauhtitlán donde nacieron sus
hijos -aunque sólo tengamos por ahora noticia cierta de uno de ellos -; más
aún:  - él nació en esa casa que
luego heredó de sus padres.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Su traslado a Tulpetlac fue obligado por las
circunstancias de inseguridad en la tenencia de la tierra por la edad que
tenía, el trabajo que realizaba y muy probablemente influyó también la muerte
de María Lucía, su esposaname=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>[114]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

3.5. LA CASA DE JUAN DIEGO EN
CUAUHTITLAN

 

Teniendo en
cuenta los hallazgos arqueológicos, la casa consta de seis habitaciones, bien
distribuidas, que se comunican entre sí por medio de un pasillo y una amplia
estancia hacia donde abre la puerta de entrada. Los muros son anchos y
resistentes, cimentados en piedra del lugar. La casa tenía ventanas de madera:
se han encontrado en las excavaciones restos de este material en varios
lugares. Juan Diego vivió en una casa llena de luz durante el día.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> El techo era de vigas de madera, redondeadas
-llamadas aquí �morillos�-, colocadas una al lado de la otra, formando una
techumbre recia. Esta manera de Â?cubrir aguasÂ? de una casa es de buena calidad
y defiende muy bien a sus moradores de las inclemencias del tiempo. Las maderas
del techo se mantenían en su lugar, por medio de un recubrimiento de argamasa
que se hace con agua y tierra arenosa mezclada con cal.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Las puertas y ventanas se hicieron de Â?tejamanilÂ?,
listones de madera de unos diez centímetros de ancho, por el largo que se
necesitara; el grosor es el que se suele emplear en esta clase de elementos tan
necesarios en una casa. Se colocan de tal modo que el de arriba cubre unos dos
o tres centímetros del que le sigue hacia abajo, al estilo de las �tejas�, de
allí su nombre. Se encontraron restos de tejamanil en la casa de Juan Diego.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> La casa está formada por seis habitaciones, un
�tlecuilli� o fogón, un horno para cocer cerámica, un temazcal o baño de vapor;
dos piletas de agua y dos corrales, cercados con piedras puestas una encima de
la otra, deteniéndose sólo por su propio peso, no llevan argamasa que las una y
se llaman �tecorral�. Uno de ellos serviría para guardar los animales y otro
para el cultivo de legumbres.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Al abrir la puerta de entrada, el que llega se
encuentra con un espacio amplio -la estancia- que mide en el interior: 5.13m.
de ancho por 6.67 m. de longitud. Es un lugar de distribución que da acceso al
resto de las habitaciones; hay una puerta a la derecha que conduce astyle=”mso-spacerun: yes”>  un cuarto pequeño -2.65 m. porstyle=”mso-spacerun: yes”>  2.25 m.-yes”>  

 

Se pudieron
recoger los elementos que eran y son todavía indispensables en muchas casas de
México: el Â?molcajeteÂ? –recipiente de piedra donde se muelen los
Â?chilesÂ?, ese condimento que se obtiene de algunas plantas y que escuece la
boca del que lo come-; los hay de diferentes tipos, colores y sabores. Allí es
donde se preparan las Â?salsasÂ?: chile de uno o varios sabores revueltos con
�jitomate� -tomate rojo- o verde, añadiendo hierbas de olor. La mezcla se hace
con el �tejolote� -otra piedra tallada- que hace fácil la tarea. En México hay
más de uno que no puede comer sin �salsa.�

style=\\’mso-tab-count:1\\’>

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Los muros estaban cuidadosamente enjabelgados y
pintados de blanco con cal; era una casa donde vivía gente que cuidaba la
limpieza. El instituto Nacional de Antropología e Historia, confirmó que los
muros y utensilios encontrados, pertenecieron a las culturasstyle=”mso-spacerun: yes”>    III-IV Aztecas, o sea que
corresponden a la época inmediata anterior a la conquista.style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn115″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[115]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>

 

Los
pisos son de cal pulida, asentada sobre firme de lodo batido, que al secarse
adquiere una buena consistencia. Todo esto se puede advertir, por ejemplo, en
los trozos de Â?tepetateÂ? que se han recogido –es una piedra muy dura, que
se encuentra en estas regiones- y que se utiliza a trechos entre los adobes
para dar firmeza a los muros, que tienen una anchura que varía entre los 36 cm.
y los 56 cm.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Al fondo del pasillo, que mide 3.85 m. de largo
por 93 cm. de ancho, se encuentra una puerta que se abre hacia el Â?temascalÂ?:
es un baño de vapor; de forma semicircular con medidas aproximadas de 1.80 m.
De diámetro por 1.60 m. de altura. Por supuesto que existió en su interior un
asiento, donde se instalaba cómodamente el que tenía la oportunidad de
disfrutar de este lujo asiático en su casa: sudaba a mares y relajaba a gusto el
cuerpo.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> El piso del Â?temascalÂ? tenía un ligero declive
y un agujero en la base de la estructura por donde escurría el agua hacia
fuera. El vapor llegaba también del exterior por un ingenioso y sencillo
sistema, que le daba la temperatura buscada. Se podía añadir al agua que se
vaporizaba, alguna hierba medicinal como el tepozan, la hierba del cáncer, la
hierba mora, el piru, etc. Unido a él debió haber otro compartimento hecho
también de adobe, llamado �xique�; es allí donde se encendía la leña y se producía
el vapor.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> La persona que iba a tomar el baño, se quitaba
la ropa en un pequeño cuarto, que comúnmente se localizaba junto al �temascal�.
Tenía una puerta pequeña por donde llegaba al baño. El calor se templaba
mediante una pileta de agua fría situada en el interior y con la que se bañaban
después, templándola a buena temperatura con agua caliente, una vez terminada
la transpiración.

 

3.6. MAS SOBRE ESTA CASA DE
JUAN DIEGO

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Volviendo a la estancia -donde se encuentra
situado el fogón cuadrangular, tan amplio, que allí podían comer sentados
alrededor, cerca del fuego, en tiempos de frío-, se han encontrado diversos
utensilios: trozos de ollas de barro, tiznadas en el exterior por el humo -se
ve que les dieron buen uso-. Una de ellas, por la cal encontrada, se deduce que
se utilizaba para preparar el Â?nixtamalÂ?.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> También, en esa misma habitación amplia de la
entrada, se descubrieron todos los elementos necesarios para la fabricación de
objetos de alfarería -sería prolijo hacer una descripción pormenorizada de
ellos-, que trabajaban con una arcilla que se vuelve consistente al ponerla al
fuego en un horno especialmente diseñado; generalmente se construye en el
exterior de la casa. Es fácil darse cuenta que no se trataba de una fabricación
cualquiera, porque se hallaron los �sellos� -probablemente había más cuando él
vivió allí- hechos de esta misma arcilla que recibe aquí el nombre común de
�barro�, que no significa �lodo�; con sus grecas bien definidas que servían
para dejar impresos esos dibujos en los objetos que hacía Juan Diego con sus
manos. Cerca de allí se recogieron restos de los materiales necesarios para
pintarlos.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Se encontró otra habitación destinada
exclusivamente para este trabajo.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Hay algo más: dos interesantes Â?malacatesÂ? o
husos de barro, en forma de media esfera, con 51 mm. de diámetro y 12 mm. de
altura, que servían para hilar algodón. Poco a poco se fue reuniendo todo lo
que se necesita, según la técnica indígena, para el tejido de mantas; ya fueran
de fibra dura llamada �ixtle�, o bien, de algodón. Esta familia hacía prendas
de vestir: Â?huipilesÂ? -camisas para las mujeres- , Â?tilmatliÂ? -tilmas o capas
para los hombres- , etc., etc.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Por si faltara algo, también se dedicaron a
hacer �petates� -esteras de tule tejidas a mano-, muy populares todavía en las
casas del campo de México, porque son frescas y resistentes. El material
necesario lo obtenían de la laguna de Zumpango que por aquellos tiempos llegaba
cerca de la casa de Juan Diego. Si algo caracteriza la artesanía de
Cuauhtitlán, es precisamente la confección de los �petates� y su bella
alfarería.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Se encontraron adornos para lasstyle=”mso-spacerun: yes”>  orejas, un sahumador para quemar
�copal� -resina aromática que gotea en el tronco de los cedros- y navajas de
obsidiana. Además, fracciones en número considerable de platos con patas,
cazuelas, jarros, ollas grandes, la tinaja del agua para beber, etc. En muchos
de estos trastes, se notan los adornos sobrios y elegantes que representan la
última época precortesiana. Su color naranja, rojizo o café pavoneado, muestra
también la belleza de esta cerámica.

 

También
aparecieron fragmentos de copas, decoradas con gusto, y que fueron diseñadas
especialmente para tomar Â?pulqueÂ? -bebida que se obtiene de la savia del
Â?magueyÂ?, planta clasificada como Â?Agave mexicanaÂ?-. La mejor conservada de
estas copas mide 108 mm. de alto por 112 mm. de diámetro en su boca superior.
El pulque -también conocido por ellos como �octli�- tiene de 4 a 6 grados de
alcohol.

 

Otra interesante piececilla encontrada fue la
boquilla de una flauta. Da alegría constatar que en esta familia alguno sabía
llenar de música el ambiente. Quizá fuera el mismo Juan Diego. Se tocarían las
tonadillas de moda, o las tradicionales: los cantos que habían aprendido en el
Â?CalmecacÂ?, y los himnos dedicados a los diferentes numenes -en tiempos de su
gentilidad-; y, después, los que aprendieron de los frailes de San Francisco en
honor de Dios y de la Santísima Virgen.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> No es posible dejar de mencionar el hallazgo de
tres fracciones de rejillas que servían para los cajones del colmenar. Son de
barro, con un espesor medio de 30 mm. llevan agujeros simétricos para el paso
de las abejas. La miel que recogían tío y sobrino,lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>3.7. ¿ERA JUAN DIEGO UN Â?MACEHUALLIÂ??

 

Después de haber visitado su casa en
Cuauhtitlán, tal parece que no, porque la condición del �macehual� es muy
diferente de la que vivía Juan Diego. �l voluntariamente quiso vivir pobre,
después de haber recibido el bautismo en la Iglesia Católica y buscando una
mayor perfección para su alma; no quería que le estorbaran los apegamientos a
las cosas terrenas, pero por su educación no era un �macehualli�. Este es un
labriego y Juan Diego es un señor: un propietario inteligente, hábil, que es
capaz de desarrollar las pequeñas industrias que necesitan ingenio y
dedicación. Juan Diego se gana la vida y la de los suyos pensando las cosas que
debe hacer y llevándolas a la práctica.

 

Se ha dicho
y descrito que esta familia vivía en una choza -como las tantas que existen en
el campo mexicano actualmente- y hemos comprobado visitando su casa, que esto
no es así. Podemos afirmar que vivía en una verdadera casa, nada ostentosa por
otra parte, y que Juan Diego se encontraba continuamente ocupado en algo.

 

Con la
palabra Â?macehualliÂ? se designa al individuo que no es apto para las artes de
la orfebrería, la pintura, los mosaicos de plumas… No sabe fundir el oro ni
tallar las piedras de jade -tan estimadas por los indígenas, más aún que el
preciado metal amarillo-; tampoco es hábil para las artesanías, ni conoce los
secretos para pintar el hilo de algodón, ni sabe decorar la alfarería.

 

El
Â?macehualliÂ? no pertenece a una familia encumbrada, que ha prestado servicios
meritorios al Tlatoani o a sus principales colaboradores; no tiene medios para
vestir con elegancia y aunque ha asistido al colegio viviendo en régimen de
internado sin distinguirse exteriormente de los jovencitos que son hijos de las
familias acomodadas, su mentalidad ha cambiado muy poco. Esta no es una regla
fija, porque en los tiempos de Juan Diego, no se escatimaban los puestos de
categoría y los honores a quien los mereciera, sin tener en cuenta su origen.

 

El
Â?macehualliÂ? sabe que no es esclavo de nadie, que vive de su trabajostyle=”mso-spacerun:
yes”>                  
3.8. LA VIDA DE JUAN DIEGO, ¿ERA
ABURRIDA?

 

Llevó una
vida modesta, pero no monótona. También cultivó la tierra: �su propia tierra�.

 

En
principio, la tierra pertenecía al �calpulli�, pero en la práctica -ya en los
años próximos a la conquista-, el que la posee conserva la propiedad y la
transmite a sus herederos directos. Juan Diego heredó tierras de sus padres y
de sus abuelos; si alguno de ellos fue funcionario público de cierta dignidad,
las tierras recibidas en herencia se llaman Â?pillaliÂ?, es decir: tierras de un
�pilli�, de un señor de categoría reconocida. En tiempos de Juan Diego, ya
existían las dos formas de tenencia de la tierra: la comunal y la personal o
privada
title=””>ES-MX\\’>[120]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

La familia
de Juan Diego, desde muchos años atrás, integraba un �calpulli�, el de Tlayacac.
Estas tierras eran de ellos y pasaban de padres a hijos. La diferencia está en
que si faltaba el padre de familia, o no había quien cultivara las tierras,
pasaban a otro miembro de la misma familia, no a un extraño. A Juan Diego le
tocó la herencia de tierras hecha ya de padres a hijos.

 

El
�macehualli� solamente tenía una parcela, mientras que los altos funcionarios
disfrutaban de bienes considerables en muchas provincias, de fincas de campo y
jardines de recreo.

 

Juan Diego
tenía varias casas y parcelas en varios lugares; el Padre Florencia las sitúa
en el mismo Cuauhtitlán; pero esto lo diferencia a todas luces de un labrador o
Â?macehualliÂ?
title=””>ES-MX\\’>[121]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>; conocemos otra, por lo menos:
Â?IxhuatepecÂ?.

 

¿En qué
lugar de la escala social situamos a Juan Diego?

 

No tenía el lujo deslumbrante del soberano; ni
tampoco, en diversas escalas, el propio de los dignatarios, próximos al
Tlatoani. No existen datos de que él haya sido un �tecuhtli� -gobernante de una
ciudad o territorio-. Juan Diego disfrutaba de la comodidad que tenían en la
vida los artesanos y comerciantes; pero no la del �pochteca�: éste era un
hombre acaudalado. Tampoco tenía la existencia frugal de un �macehualli�: de un
�plebeyo�, como los llamaron los españoles cuando imaginaron que había aquí
reyes y emperadores.

 

3.9. SUS PAISANOS DE
CUAUHTITLAN

 

Juan Diego
tenía muchos amigos. Era un hombre de paz, y bien entendido acerca de cómo
debía tratar a la gente. �l recibía la admiración de los suyos sin darse cuenta
de la estima tan especial que le guardaban en el pueblo. Si oía decir algo
agradable de su propia persona, no le daba mayor crédito, porque un hombre que
tiene trato con Dios, se mide por lo que el Señor piense de él, no los demás.

 

Sea como
fuere, el afecto de sus vecinos le conmovía y lo agradeció siempre. Quizá no se
lo dijeron, pero consideraban que Juan Diego era un hombre santo, es decir:
humilde, servicial, trabajador, con amor al prójimo y un firme deseo de servir
a todos. Las virtudes propias de su alma, sólo Dios las conocía bien; lo que
captaban los que lo trataron de cerca, era sólo el reflejo de lo que Juan Diego
llevaba en su propio corazón
href=”#_ftn122″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>footnote\\’>[122]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

Quizá
cuando le fueron a decir que habían ocultado su casa para conservarla como un
grato recuerdo a su memoria, él se habrá echado a reír de buena gana. Les habrá
preguntado por sus tierras, las cosechas, noticias familiares y los asuntos que
sabía que interesaban a ellos.

 

Cuenta el
Padre Anticoli -quien terminó la construcción del templo allí donde la
tradición señaló que estaba la casa de Juan Diego- que �teniendo casas propias
en que vivir y tierras en que sembrar en dicho pueblo de Cuauhtitlán, en donde
había nacido, dejó su pueblo, casas y tierras a un tío suyo -Juan Bernardino-,
y se fue a residir a un Â?aposentilloÂ? que, pegado a la ermita, levantada por
Fray Juan de Zumárraga en el Tepeyac, le construyeron sus paisanos de
Cuauhtitlán
title=””>ES-MX\\’>[123]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

Muchos años
vivió Juan Diego en Cuauhtitlán, pero al tiempo de irse a vivir cerca de la
pequeña ermita donde se colocó la venerada imagen de la Virgen, ya había
cambiado su residencia a Tulpetlac. Quizá por eso le importó menos que hubieran
ocultado tan afectuosamente su casa.

 

Antes de sus conversaciones con la Virgen
María, ya era considerado como un hombre santo por sus amigos; es muy probable
que después de este hecho tan singular, ellos hayan decidido conservar su casa
ocultándola a las miradas indiscretas, a la acción destructora del tiempo y a
los ladrones.

 

¿Por qué se
fue Juan Diego de Cuauhtitlán? Una razón parece oportuna: la muerte de su
esposa. A veces los recuerdos pesan mucho y si él podía vivir en otro lugar,
sin descuidar sus propiedades, lo hizo. Estaba más cerca de Tlatelolco -donde
comerciaba sus productos-, y la relación con Tetzcoco había cambiado
radicalmente: ya había pasado la guerra de conquista de parte de los españoles
y las circunstancias eran muy diferentes.

 

Los datos
que poseemos acerca de María Lucía, indican que ella murió en el año de 1529.
Hay otra razón para su traslado y se refiere al repartimiento de tierras que ya
estaban haciendo los españoles
href=”#_ftn124″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>footnote\\’>[124]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>, con una política agraria muy
distinta de la que tenían los indios. México se cimbró hasta los cimientos
cuando Tenochtitlan perdió la guerra. Por su parte Tetzcoco se vio afectado
poco a poco, porque fueron aliados de Hernán Cortés y podían hacer sentir el
peso de su influencia ganada en la batalla. Sin embargo, la realidad fue muy
diferente. Los conquistadores, a Tetzcoco -su gran aliado-, no le dejaron nada
que valiera la pena. Por eso los grandes se exiliaron.

 

Los de
Cuauhtitlán lo visitaban a menudo; buena oportunidad tuvieron, porque Juan
Diego vivió unos diecisiete años en el cerro del Tepeyac, al lado de la Virgen
de Guadalupe.

 

Sus amigos
decían que él era un �varón santísimo�. Es conveniente darse cuenta que desde
antes que viera personalmente a María de Guadalupe, ya tenía fama de santidad;
que por otra parte no le impedía para nada comportarse normalmente, sin dar
mayor importancia a lo que los demás pudieran pensar de su persona. El se
comportaba como uno más y vivía cerca de Dios.

 

Se
levantaron oficial y solemnemente unas Informaciones el año de 1666 acerca de
las apariciones de la Virgen María en el Tepeyac, y tuvo necesariamente que
mencionarse a Juan Diego. Los testigos fueron ocho indígenas ancianos �que
oyeron de los que vieronÂ?, o bien: Â?que oyeron de los que oyeronÂ?, una serie de
datos acerca de Juan Diego y su familia; estando seguros que eran gente digna
de crédito porque eran contemporáneos de Juan Diego. Los demás testigos de
estas Informaciones no son indios
href=”#_ftn125″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>footnote\\’>[125]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>, fueron españoles o Â?criollosÂ?
-español nacido en México- que se informaron bien, antes de jurar que dirían la
verdad.

 

Fueron convocados para declarar: ocho indios,
un sacerdote del clero secular, nueve personajes que dirigían en México muy
estimadas y venerables órdenes religiosas, y dos nobles de la Nueva España.

 

Los indios
son los siguientes:

 

Marcos
Pacheco
, de ochenta
años de edad, bajo juramento de decir verdad, declaró que su tía María, hermana
de su padre, decía a él y a dos hermanos suyos: �Dios los haga como a Juan
Diego, indio natural de este pueblo (Cuauhtitlán) de donde son ustedes, a quien
conocí y traté familiarmente, y asimismo a María Lucía, su mujer, y a Juan
Bernardino, su tío, como a parientes de la madre de mi marido�
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn126″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[126]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

El apellido
Juárez, era bastante común en Cuauhtitlán en tiempos de Juan Diego. Un
individuo de esta familia, llamado Gabriel, que cuando hizo su
declaración contaba ya ciento diez años de edad, juró que él conoció a Juan
Diego, y que oyó decir a sus padres y a otros indios e indias -han pasado ya de
esto noventa años- , que era muy buen cristiano y temeroso de Dios �aún antes
de la aparición�, después de la cual se fue a vivir a una casita que se le hizo
junto a la ermita. Afirmó también que sus amigos iban frecuentemente a
visitarlo y le pedían que intercediera por ellos ante la Virgen; porque
contaban con que alcanzarían por su medio lo que pedían, siendo que Ella lo
había favorecido tanto
name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>[127]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

Andrés
Juan
, cuando hizo
su declaración, tenía entre ciento doce a ciento quince años de edad, y dijo
que sus padres le contaron la mucha cristiandad de Juan Diego, que todos lo
habían tenido siempre por un gran santo y que, como a tal, lo respetaban y lo
iban a visitar a la ermita del Tepeyac, donde tenía una casa pegada a ella y
que todavía la vio en pie
name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>[128]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

Estas
informaciones son auténticas, están perfectamente documentadas y se han tomado
siempre, tanto en México como en Roma, como dignas de todo crédito.

 

Una india
de ochenta y cinco años, llamada Juana de la Concepción, declaró que su
padre don Lorenzo de San Francisco Tlaxtlatzontli, gran Cacique de
Cuauhtitlán, tenía escrito en mapas todo lo que pasaba en México y que allí se
encontraba la relación de las Apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe;
apariciones que supo su padre de boca del mismo Juan Diego, el cual siempre fue
tenido por un varón santo
name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>[129]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

Un indio de
setenta y ocho años, gobernador de Cuauhtitlán, declaró que su abuela llamada Justina
Cananea
, que había fallecido hacía ya cuarenta años, y vivió hasta los ciento
diez, le había dicho a él, Pablo Juárez, que ella conoció y trató a Juan
Diego, a María Lucía su mujer y a su tío Juan Bernardino. Que ella, con sus
padres y mucha gente, iban a visitarlo cada ocho días a la ermita, y como lo
tenían por santo, pedían a Dios que sus hijos y nietos fueran como él, pues fue
tan virtuoso que hablaba con la Virgen
href=”#_ftn130″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>footnote\\’>[130]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

Martín
de San Luis
, indio
de ochenta años, declaró que Don Diego Torres Bullón, Maestro de Capilla
de Cuauhtitlán, le dijo que conoció a Juan Diego, a su tío Juan Bernardino y a
su esposa María Lucía, y que Juan Diego siempre fue tenido por un varón santo
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn131″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[131]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

Este hombre
fue escueto en su declaración, pero consistente.

 

Cuando tocó
el turno a Juan Juárez, dijo que tenía ya cien años de edad y afirmó que
todos los que vivieron en los años de Juan Diego, lo habían venerado como santo
y que vio una pintura al óleo en el dormitorio antiguo, en que estaba con la
Virgen, y que si no fuera santo no lo hubieran pintado en ese cuadro
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn132″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[132]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

Por su
parte Catarina Mónica, también de cien años, declaró que lo llamaban �el
ermitaño�, porque le gustaba andar sólo pensando en Dios, y que oyó decir que
estaba pintado en el dormitorio antiguo de la Iglesia de Cuauhtitlán; y su tío
Juan Bernardino, a un lado de la Santísima Virgen del Rosario, y al otro lado
un Padre Lego de la Orden de San Francisco, que le llamaban el Padre Gante; y
que a dicho indio Juan Diego lo veneraban mucho, por haber sido tan dichoso y
haber hablado con la Virgen Santísima de Guadalupe
ftn\\’ href=”#_ftn133″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>footnote\\’>[133]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

Hasta aquí,
los testigos indígenas de estas Informaciones del año 1666. No solamente se
habló de Juan Diego, sino de otros temas relacionados con las Apariciones de la
Santísima Virgen de Guadalupe.

 

El resto
corre a cargo de gente bien conocida en la capital de la Nueva España por su
cultura y vida de hombres de bien, la mayor parte de ellos al servicio de Dios,
dirigiendo la familia religiosa a la que pertenecieron.

 

Tenemos en
primer lugar al Pbro. Lic. D. Miguel Sánchez, de sesenta años de edad,
autor de la primera Historia de Nuestra Señora de Guadalupe, impresa en letras
de molde. Declaró que tenía larga noticia que le habían dado muchas personas
antiguas del reino, de que Juan Diego vivió cuidando la ermita y falleció
dejando opinión de mucha virtud y gran santidad
ftn\\’ href=”#_ftn134″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>footnote\\’>[134]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

Como fácilmente se advierte, Juan Diego fue
bien conocido por todos los de su tiempo y en la generación siguiente le
recordaban como si aún viviera: realmente tenía fama de santidad, bien ganada
por su comportamiento ante Dios y sus contemporáneos.

 

Otro
personaje eminente es Fray Pedro de Oyanguren, Predicador General de la
Orden de Santo Domingo, de ochenta y cinco años de edad, quien declaró que él
supo que Juan Diego había sido en sumo grado un hombre bueno, que frecuentaba
los sacramentos y edificaba con su virtud a todo el pueblo cristiano
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn135″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[135]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

Un
religioso, relativamente joven, don Bartolomé de Tapia, Provincial de la
Orden Sagrada de San Francisco, declaró que fue público y notorio que después
de la Aparición vivió en la ermita al servicio de la Celestial Señora, donde
murió lleno de virtudes y con gran fama de santidad
ftn\\’ href=”#_ftn136″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>footnote\\’>[136]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

Son
coincidentes en su declaración el resto de los eminentes informantes: Fray
Antonio de Mendoza
, de la Orden de san Agustín; Fray Juan de Herrera,
de la Orden de la Merced; Fray Pedro de San Simón Stock, religioso
carmelita descalzo; el R.P. Diego de Monroy, de la Compañía de Jesús; Fray
Juan de San José
, franciscano; Fray Pedro de San Nicolás, religioso
de San Juan de Dios; Fray Nicolás Serdán, de la Orden de San Hipólito.
Ellos afirman que Juan Diego dejó fama de santidad por el extraordinario
ejemplo que dio a todos con su vida al servicio de Dios y de la Virgen de
Guadalupe
title=””>ES-MX\\’>[137]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

Dos hombres
de gran prestigio en la ciudad de México, uno de ellos el Alcalde Mayor de la
Nueva España, Don Manuel de Cuevas Dávila, de ochenta y un años de edad,
declaró que sabía por tradición, como cosa averiguada y cierta, que jamás
alteró Juan Diego sus buenas costumbres y que murió con fama de santidad. El
otro es Don Diego Cano Moctezuma, nieto de Moctezuma II, Â?Huey TlatoaniÂ?
de México -al que los españoles trataron como �emperador�- , Caballero de la
Orden de Santiago, etc., etc. Este declaró que Juan Diego pasó toda su vida
ejercitándose en las virtudes y sirviendo a la Celestial Señora en su primitiva
ermita donde acabó su vida virtuosa y santamente
ftn\\’ href=”#_ftn138″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>footnote\\’>[138]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

Después de
tantas declaraciones bajo juramento de decir verdad, lo único que resta es
rendirse a la evidencia de que Dios nos hizo un regalo cuando nació
Cuauhtlatoatzin, un hombre que al bautizarlo le dieron el nombre de Juan Diego.

 

3.10. UNA ERMITA PARA JUAN
DIEGO EN PLENO SIGLO XVI

 

Este es Â?su sigloÂ?. Tanto lo quisieron en
Cuauhtitlán, que pidieron licencia de levantar un templo que fuera un recuerdo
permanente de los que lo conocieron y veneraron como al mejor de sus amigos y
como a un santo. Al no haber sido declarada todavía su santidad por la Iglesia
Católica, sino que su fama era solamente popular, fue dedicado a Santa María de
Guadalupe. No podían hacer otra cosa, menos una ermita a Juan Diego, porque
éste aún vivía cuando les vino a la cabeza honrarlo de esta manera.

 

Que fuera
por un afecto muy grande a Juan Diego, no hay duda, porque se construyó a
escasos metros de su casa, diez aproximadamente. Probablemente la hicieron
pensando que no le molestaría, porque al fin y al cabo era para la Virgen Madre
de Dios. Su casa quizá todavía no estuviera cubierta por la tierra que
amontonaron sobre ella para defenderla del paso del tiempo y la podrían ver
todos los que pasaran por allí sin dejar de recordar: -Allí vivió Juan Diego,
el que habló con la Virgen María en el Tepeyac.

 

Cuando se levantaron informaciones entre el
pueblo para que se abriera al culto el templo que había construido la familia
de Doña María Loreto Revuelta y sus hermanos, ya habían transcurrido años que
había sido terminado. En el curso de las declaraciones surgió el dato de la
ermita de Juan Diego ya desaparecida para entonces.

 

La noticia
de su existencia la da el testigo Don Manuel Sánchez: Â?…que por cierto, de
una capilla que llaman la Tercera Orden, se arrancaron muy buenas piedras de
cantería labrada�
name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>[139]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

Este
documento se conoce como Â?Informaciones Guadalupanas de 1852Â?
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn140″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[140]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

Era
necesario localizar esta edificación. �Los trabajos de exploración nos llevaron
a profundizar hasta dos metros en derredor de la capillaÂ?
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn141″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[141]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>, la que fue construida sobre la
casa de Juan Diego. El 18 de agosto de 1964 se localizó en la esquina suroeste
de la casa el primer muro. Al excavar, aparecieron todos los muros, cuatro
columnas circulares pareadas y, al frente de las columnas, el altar.

 

Entre las
columnas y el altar, quedó al descubierto una caja de piedra oculta en el piso
de la ermita, tapada con una piedra lisa. Al abrirse, no salió de allí ningún
tesoro, contenía una ofrenda: cuentas de jadeita en forma de pico de ave;
puntas de flecha: una blanca y otra negra; un Â?bezoteÂ? -adorno para el labio
inferior- de cristal de roca; una cuenta de color naranja y un espejo de
obsidiana.

 

En el
grueso muro del lado norte, ocultas en su espesor, estaban dos ollas de barro
cocido, tapadas con platos del mismo material, que contenían esqueletos de
niños, con platos pequeños y jarritas, donde les pusieron el alimento que les
serviría -según creencias pre-cristianas- para que no desfallecieran en su
viaje hacia la eternidad
name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>[142]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

En ese
mismo muro, pero en el exterior, se encontró un gran brasero ritual. Una bella
pieza en forma de flor, decorada con el rostro de �Tláloc�. Seguramente allí se
quemó incienso en honor de la Virgen de Guadalupe. Con estos datos, no se puede
dudar de su antigüedad y de la intervención de los indios que amaban a la
Virgen, y eran también amigos de Tláloc.

 

La
construcción de esta ermita data del primer tercio del siglo XVI. Estas
exploraciones se hicieron con el asesoramiento de los arqueólogos del Instituto
de Antropología e Historia y de la Secretaría del Patrimonio Nacional.
Intervinieron D. Jorge Enciso, Subdirector del Instituto mencionado, y D. Jorge
R. Acosta, Director del Departamento de Monumentos Pre-Hispánicos. Emitieron
sus dictámenes por escrito, confirmando que, tanto los muros de la casa de Juan
Diego, como los de la Ermita, corresponden a la cultura III y VI, inmediata a
la conquista de México: Cfr. �La Ermita�
href=”#_ftn143″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES>[143]lang=ES>.

 

4. MARÃ?A LUCÃ?A, LA MUJER DE LA
QUE JUAN DIEGO SE ENAMORÃ?

 

4.1. LA EDUCACIÃ?N QUE
RECIBIÃ? ESTA DAMA

 

¡Qué importancia tan grande dieron los
indígenas a la educación de los niños: ellos y ellas! El Códice Mendoza
presenta una serie de figuras sobre este interesante tema
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn144″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>footnote\\’>[144]lang=ES>. Las niñas llevan desde la más tierna edad blusa y falda, que es al
principio corta, y bien pronto se alarga hasta los tobillos.

 

En los
primeros años recibe muchos consejos y aprende a realizar labores domésticas
sencillas. La niña observa cómo hila su madre y cuando cumple seis años,
empieza ella también a manejar el huso; estará al lado de su madre por lo menos
hasta los quince años.

 

Se trata
de una educación práctica y severa: los castigos llueven sobre el niño o la
niña perezosos
name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[145]lang=ES>.

 

El
Â?CalmecacÂ? era un centro educativo reservado a los hijos e hijas de los
dignatarios: aunque eran también admitidos los hijos de los comerciantes
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn146″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>lang=ES>[146]lang=ES>. name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[150]style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>

 

La
educación recibida cumplía muy bien su misión. Una vez terminada, ellas volvían
a casa de su familia y ellos a sus trabajos o al ejército; la preparación del
�Calmecac� les aseguraba un futuro próspero, a menos que las cosas no fueran
bien a causa de la guerra.

 

Los
cantos aprendidos se referían a la historia de la ciudad y a sus héroes; como
los aprendieron de memoria, estaban muy al tanto de todo lo que les llevaba al
amor de la Patria. Las danzas y la música, contribuían a hacer más profundo
este sentimiento.

 

Es
notable que en esa época y en este continente, un pueblo indígena haya
practicado la educación obligatoria para todos.
ftn\\’ href=”#_ftn151″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[151]style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’> Los
que no asistían al �Calmecac�, forzosamente debían recibir su educación en el
�Telpochcali�: La casa de los jóvenes.

 

Malintzin
-después de bautizada en la Iglesia Católica cambia su nombre por el de María
Lucía- estudió en su colegio: lectura, escritura, adivinación, o sea la
interpretación de los calendarios compuestos años atrás, acerca de los días en
que debían hacerse o no algunas actividades porque podría tratarse de días
funestos; cronología: los tiempos y fechas importantes de la historia de su
país, y retórica. Ella sabía expresarse bien, comedidamente y de acuerdo a las
circunstancias.

 

4.2. ADVERTENCIAS
AFECTUOSAS

 

Cuando la niña llega a ser una jovencita y
mira ya la vida de otro modo, entonces su padre la pone al tanto de lo que
espera de ella, le dice con mucha sabiduría:

 

�Tú eres
preciosa como cuenta de oro y como pluma rica y eres mi sangre y mi imagen, oye
con atención lo que te quiero decir, porque ya tienes edad de discreción. ¡Oh
hija mía, este mundo es de llorar y de grandes descontentos, donde hay fríos y
destemplanzas de aire y grandes calores del sol que nos aflige, y es lugar de
hambre y de sed! Nota bien lo que te digo: que este mundo es malo y penoso,
donde no hay placeres sino descontentosÂ?
href=”#_ftn152″ name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>footnote\\’>[152]style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>

 

Continúa
Fray Bernardino de Sahagún diciéndonos las palabras de un padre de familia
preocupado por el futuro de su hija: �Hay un refrán que dice que no hay placer
sin que no esté junto con mucha tristeza, que no hay descanso que no esté junto
con mucha aflicción, acá en este mundo; este es un dicho de los antiguos, que
nos dejaron para que nadie se aflija con demasiados lloros y con demasiada
tristezaÂ?.

 

Â?Nuestro
señor nos dio la risa, y el sueño y el comer y el beber con que nos criamos y
vivimos, nos dio también el oficio de la generación con que nos multiplicamos
en el mundo; todas estas cosas dan algún contento a nuestra vida por poco
espacio…Â?

 

Â?Nadie
piensa en la muerte, solamente se considera lo presente que es el ganar de
comer y beber y buscar la vida, edificar casas y trabajar para vivir, y buscar
mujeres para casarse: y las mujeres se casan pasando de la mocedad al estado de
los casados: esto, hija mía es como te he dicho�.

 

name=”_ftnref” title=””>normal\\’>[153]

 

Â?Ten
entendido que vienes de gente noble, de hidalgos y generosos: eres de sangre de
señores y senadores que ha ya muchos años que murieron, y reinaron y poseyeron
el trono y estrado del reino, y dejaron fama de honra…Â? Efectivamente, para
casarse, Juan Diego escogió una mujer de su misma categoría y a ella cuadran
muy bien estas frases de Fray Bernardino:

 

Â?Mira que no te deshonres a ti misma, que no
te avergüences a ti misma, que no te afrentes a nuestros antepasados: mira que
no hagas alguna vileza. Ve aquí la regla que has de guardar: has de orar muchas
veces y suspirar al dios invisible e impalpable que se llama Â?Yoalli EhcatlÂ?,
clama a él en el secreto de tu habitación y de tu recogimiento�.

 

Â?Su
padre le indica que debe levantarse temprano y con rapidez ponerse de rodillas,
clamar a dios en su corazón, lavarse la cara, las manos, la boca… y ponerse a
trabajar en lo que es su oficio: hacer cacao, moler maíz, o hilar y tejer. Y si
viniere a ella la pobreza, debe trabajar todavía con mayor interés y más
cuidado, siendo muy experta en colorear las telas y en el manejo de la
lanzadera para fabricarlasÂ?.

 

Â?Todo
esto debe tenerlo en cuenta antes de morir,4.3. UN AMOR LIMPIO Y PROFUNDO

 

En
Tetzcoco, oyó decir Juan Diego que en México-Tenochtitlan, el Tlatoani Ahuizotl
(1486-1502) se disponía a engrandecer aún mas la ciudad y especialmente el
templo, la Gran Pirámide, que estaba dedicada a honrar a dos númenes muy
importantes, puestos al mismo nivel de veneración: Huitzilopochtli -a quien los
guerreros dedicaban sus mejores esfuerzos- y Tláloc -el pacífico representante
de las fuerzas de la naturaleza- en su aspecto más acogedor: la fecundidad de
la tierra.

 

Era una
muestra más de la riqueza de sus vecinos, los del lago. Nunca estaban
satisfechos con la grandeza y hermosura del templo, siempre querían más. El Año
8-Caña (1487) se había hecho la consagración de esta suntuosa e imponente
pirámide de cien metros de largo por ochenta de ancho: acudió tanta gente, que
parecían hormigas en hormiguero. Fue un aplauso a la majestad de la ciudad de
México.

 

Juan
Diego vivía de acuerdo a las circunstancias que enmarcaban su vida: cuando él
cumplió veinte años de edad, el año de 1494, hacía apenas dos años que habían
desembarcado los españoles en las islas del mar caribe. En Tetzcoco y en
México-Tenochtitlan este hecho era perfectamente ignorado: nadie sabía que unos
hombres de raza blanca se habían aproximado a ellos. Por su parte los que
vinieron con Cristóbal Colón tampoco se imaginaban que existieran los
chichimecas y los aztecas; ni sabían que los separaba apenas un brazo de mar.

 

En
México y en Tetzcoco los hombres siguieron su ritmo acostumbrado de trabajo, y
las preocupaciones de la vida diaria no habían cambiado en nada.

 

En
Cuauhtitlán -y en el resto del dominio chichimeca- la costumbre era que un
muchacho se casara a los veinte años, poco más o poco menos. El casamiento era
un asunto que se resolvía entre familias y de ninguna manera entre los
individuos en particular. Es probable que los jóvenes pudieran hacer algunas
sugerencias a sus padres.

 

Para que
el muchacho pudiera llegar a contraer matrimonio, era necesario ante todo, que
estuviera libre del Calmecac -o del Telpolchcalli en su caso-; debía obtener de
sus maestros la autorización necesaria que lo acreditaba como un hombre
responsable. Había vivido varios años al lado de ellos y lo conocían bien.

 

La
familia preparaba un banquete en toda forma para agasajar al profesorado del
colegio; cuando terminaban de comer fumaban tabaco que les ofrecían en pipas
decoradas con verdadero arte y generalmente obtenían las buenas recomendaciones
para su hijo. No podía faltar un discurso: �Señores y maestros, no recibáis
pena porque vuestro hermano Cuauhtlatoatzin, nuestro hijo se aleja de vuestro
lado… ya quiere tomar mujerÂ?. Estos discursos son más largos, de acuerdo a
las posibilidades del orador, que parece era rico en recursos para hilar unas
tras otra las ideas.

 

Los
profesores no se quedaban a la zaga y en sustancia decían: �-Como habéis
terminado casarle, hágase como mandáis� y dejaban la casa ceremoniosamente
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn154″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>footnote\\’>[154]lang=ES>.

 

También
el sacerdote no se separaba de sus alumnos sin dirigirles una homilía; los
amonestaba que fueran solícitos servidores de ese Ser al que debían la vida;
que ya que iban a tener mujer y casa, trabajaran como hombres esforzados para
mantener a su familia. �Aunque infieles, escribe Motolinía, los mexicanos no
carecían de buenas costumbres�
href=”#_ftn155″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES>[155]lang=ES>.

 

Una vez
que se había concertado el matrimonio entre los padres de los dos jóvenes,
entraban en escena las Â?cihuatlanqueÂ?, ancianas encargadas de servir de
intermediarias entre las dos familias para todos los asuntos grandes y pequeños
que se suscitan en la preparación de una boda; más aún si se trata de gente
importante como es el caso de Cuauhtlatoatzin y Malintzin (Juan Diego y María
Lucía). Ellas �pedían� oficialmente la mano de la novia y volvían a decirse más
palabras ceremoniosas y corteses.

 

Los
padres de la elegida respondían con fingida y muy apropiada extrañeza: �no
sabemos como se engaña ese mozo que la demanda, porque ella sirve para poco y
es un tanto boba -palabras que reflejan su buena educación, porque rebajan la
persona de su amada hija; enaltecer sus virtudes habría sido visto como algo
presuntuoso y molesto-, pero ya que con tanta falta de oportunidad habláis de
este negocio, es preciso que lo consultemos con sus tíos y tías… mañana
daremos conclusión a este negocio�.

 

Se hizo
el consejo de familia de Malintzin, y se fijó la fecha de la boda.

 

Estos
tratos se hicieron en el pueblo que después de la Conquista española se llamo
Santa Cruz el Alto, según se puede verificar en el testamento de una india de
Cuauhtitlán, llamada Juana Martín, que deja a la Virgen María de Guadalupe unos
terrenos y habla del matrimonio de Juan Diego. Este documento está fechado el
11 de marzo de 1559, se encuentra en la Biblioteca Nacional de París, Sala
Oriental, sección Manuscritos raros
href=”#_ftn156″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES>[156]lang=ES>.

 

Probablemente
Juan Diego conoció a Malintzin en sus ires y venires de sus acostumbradas
caminatas, desde Cuauhtitlán a Ixhuatepec (hoy San Juanico).

 

La
muchacha que le gustó a Juan Diego y de la que se enamoró, fue también del
agrado de su familia, ambos habían recibido una educación semejante y las
costumbres de las dos familias estaban basadas en la honradez y el trabajo.
Ellos vivían conforme a las mejores tradiciones de sus antepasados. En el orden
moral, los dos eran intachables porque, como veremos después de la conversión
al catolicismo de Malintzin, ella siguió a su marido muy de cerca en la
búsqueda del amor de Dios y sería su gran colaboradora en la vida llena de
virtudes que mostró Juan Diego.

Dicen
que siempre tras un gran hombre se encuentra una gran mujer.

 

El amor
de Juan Diego, limpio y noble, se puede expresar con las palabras de un antiguo
poema náhuatl:

 

style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>Â?¡Ya llego, ya llego…

style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>vengo del fondo de las aguas del mar,

style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>de donde el agua se pinta;

style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>sus tintes son los rojos de la aurora!

style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>También yo soy cantor: flor es mi corazón,
ofrezco cantos
Â?style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn157″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[157]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>4.4. LA FIESTA DE BODAS

 

Antes de fijar la fecha, se consultó a los
adivinos para que dieran los días más favorables, de acuerdo a los calendarios que
recogían experiencias de muchos años atrás. Cuando se llegó a un acuerdo los
novios supieron el día que habían decidido sus padres.

 

Antes de
que Malintzin se uniera en matrimonio con Cuauhtlatoatzin, su madre le dio ese
consejo inapreciable:

 

Â?Si 
a tu lado y contigo vive, lo pondrás en tu regazo, entre el cruce de tus
brazos. No te has de sobreponer a él como un águila o un tigre. No harás de tal
manera lo que él te mande, que des motivo de ofensa a Dios y el no te de
tormentos. En paz y sosiego le dirás a él aquello que te cause pena, no delante
de otros, junto a otros, porque le causarías vergüenza�
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn158″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>footnote\\’>[158]lang=ES>.

 

Había
que tomar el tiempo necesario para preparar el festín: el chocolate, que
llevaba mucho trabajo porque se comenzaba por moler el cacao; las flores que
llenarían toda la casa; pipas para ofrecer tabaco a los invitados y los
variados platillos que harían la delicia de todos los asistentes a esa fiesta;
buena cantidad de pulque y los �tamales�: �toda la noche y todo el día haciendo
tamales; por espacio de dos o tres días no dormían sino muy poco durante el
tiempo que duraban los preparativosÂ?
href=”#_ftn159″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES>[159]lang=ES>.

 

La
ceremonia de la boda se hacía por la noche en la casa del novio; pero el día
anterior había fiesta grande en casa de la novia; fue allí donde la alegría de
su familia y sus amistades se desbordó en muchos detalles amables para ella.

 

Los
invitados llegaron a hora temprana con muchos regalos, eran sus amigas del
Calmecac y los amigos de su novio; gente joven que llenó la casa de alboroto y
de risas.

style=\\’mso-tab-count:1\\’>

Al mediodía
hubo un gran banquete, en el que no participaron más que los mayores, con toda
la buena educación que pedía la ceremonia. Los ancianos bebieron �octli�
-pulque-, nadie podía beberlo a su gusto, excepto ellos, en atención a su edad,
porque era una bebida embriagante; los demás comensales debían ser muy
moderados. Malintzin se presentó espléndidamente ataviada por su madre: su ropa
era una ostentación de colorido en los bordados y del buen gusto que cultivaba
esa familia. Lució ese día en toda su belleza: la de una jovencita que ya se
considera mujer, contando apenas con un dieciséis años de edad.

 

Por la
tarde se arregló a la novia con el vestido de bodas. Tomó un baño y lavaron su
cabellera. Adornaron brazos y piernas con plumitas de color rojo y la cara con
polvos amarillos y ocres: algo así como oro y fuego. Nunca se había visto
mejor, su madre y ella seguramente estarían un poco asustadas. Y no era para
menos: hay que tener presente que quizá nunca había hablado con
Cuauhtlatoatzin, aunque seguramente lo habría visto más de alguna vez. Sólo las
muchachas �alocadas� se atrevían a mirar y a hablar a solas con los jóvenes
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn160″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>footnote\\’>[160]lang=ES>.

 

Al caer
la noche, vinieron por ella los parientes del novio y, entre ellos, muchas
viejas y honradas casamenteras. Subió a una litera que transportaron dos
cargadores hasta su nuevo hogar. Sus amigas todavía solteras y los familiares
mas allegados la acompañaban en dos filas con antorchas en las manos
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn161″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>footnote\\’>[161]lang=ES>.

 

En el
testamento que hace ante notario Juana Martín -la india de Cuauhtitlán que dejó
unos terrenos a la Virgen de Guadalupe-, como de paso comenta que Juan Diego
Â?se fue a unas casas en Santa Cruz el AltoÂ?, con una doncella llamada
�Malintzin�; este pueblo en lengua indígena se llamó �Tlacpac�, conocido por
otro nombre como Â?TulpetlacÂ?, que se encuentra entre San Pedro Xalostoc y San
Juan Ixhuatepec
name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[162]lang=ES>. A este San Juan le dijeron desde el principio Â?San JuanicoÂ?.

 

Por su
parte, Andrés de Tapia, al hablar del novio, afirma que es un �indio del pueblo
de San JuanicoÂ?
name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[163]lang=ES>. En este pueblo la familia de Juan Diego tenía posesiones, por eso no
tiene nada de sorprendente que al andar por estos rumbos conoció a Malintzin y
se casó con ella.

 

Están
los dos lugares tan cerca uno del otro, que se ha dicho que San Juanico es un
barrio de Tulpetlac. Si alguien dijera que Juan Diego se casó allí, más o menos
acierta; pero sería mejor decir que la fiesta fue parte en el pueblo de
Malintzin y parte -la que correspondía de acuerdo a las costumbres del paso de
la novia a la casa del novio- en Ixhuatepec (San Juanico).

 

Cuando
llegó la novia, descendió lentamente de las andas que le condujeron a la
presencia de Juan Diego. Salieron a recibirla también los familiares más
distinguidos de ambos. ¡Cuánta alegría había en ese ambiente de fiesta!

 

Ya en la
casa de la que sería su nueva familia, les indicaron a los dos que se sentaran
juntos en una estera -un petate-; la madre de Cuauhtlatoatzin regaló a
Malintzin un hermoso Â?huipilÂ? -una blusa de mucha calidad- y una falda; a su
vez, el novio recibió de su suegra una �tilma� -manta larga que se usaba
anudada al cuello- y un Â?maxtlatlÂ? -prenda de vestir que dejaba el torso y las
piernas al descubierto-; entonces se acercaron las casamenteras y anudaron una
esquina de la manta con la orilla del huipil de la novia. Enseguida se les dio
a comer a los dos un poco -cuatro bocados de un tamal a cada uno-, que el novio
daba a la novia y ella a él, y con esto terminó la ceremonia nupcial
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn164″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>footnote\\’>[164]lang=ES>.

 

La alegría se desbordó y hubo cantos y danzas.
La fiesta no tenía para cuando acabar porque las provisiones eran abundantes.

 

Ya están
casados. Ninguno de los dos se imaginaba que pasarían a la posteridad y que sus
nombres sería repetidos incontables veces, al paso de los siglos, en su propio
país y fuera de él. El don que recibieron ambos fue el de actuar en la vida con
sentido común, y de perseguir el Bien hasta encontrarlo y adueñarse de él.
Poseyeron esa gracia tan especial que se llama �la sabiduría�.

 

Las
mujeres de la familia de Juan Diego dijeron a la novia: �Hija mía, nosotras,
las madres que aquí estamos y tus padres, te queremos consolar; no te aflijas
por la carga del casamiento que tomas a cuestas, con la ayuda de nuestro señor
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn165″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>footnote\\’>[165]lang=ES> la has de llevar; y la madre de Malintzin se expresó así dirigiéndose
a Juan Diego: �Aquí estás, hijo mío, que eres nuestro tigre, águila, pluma rica
y nuestra piedra preciosa. Entiende que ya eres hombre casado… esto no es
cosa de burla, trabaja, porque con sudor has de ganar la comidaÂ?style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn166″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>footnote\\’>[166]lang=ES>.

 

Los
esposos pasaron a la cámara nupcial, para orar durante cuatro días y cuatro
noches. Durante estos días, sólo salían de su aposento para ofrecer incienso en
el altar familiar al medio día y a la media noche.

 

Al fin
de este tiempo, la joven desposada se adornó la cabeza con plumas blancas y
recibieron nuevos regalos; una ocasión más para hacer todo un festín: música,
cantos, baile y flores.

 

Este
rito se celebra solamente con la mujer principal; si se trataba, por ejemplo,
de dignatarios que deseaban tener varias mujeres, ellas serían sus esposas
secundarias. Sólo existía una esposa �legítima� como suelen nombrarla los
cronistas.

 

4.5. ES UNA CASA DE FAMILIA

style=\\’mso-tab-count:1\\’>

Malintzin
vivió con Juan Diego desde su juventud: fue su esposa y colaboró con él en todo
momento, en las circunstancias favorables y en las que no lo son tanto, si nos
atenemos a lo que suele suceder en la vida de un hombre y una mujer normales.
¡Cómo habrán vivido ambos la tragedia de la guerra de Conquista! Seguramente la
zozobra y las penas se dejaron sentir muchas veces.

Ella
conoció la doctrina de Jesucristo por la predicación de los padres franciscanos
en Cuauhtitlán. No es fácil pensar que haya sido en Tetzcoco, porque esta
señora no se movía de un punto a otro con la misma facilidad que tenía su
marido a viajar por razones de trabajo.

 

Estaba
al cuidado de su casa. En ese hogar donde habían vivido sus suegros -aunque
fuera por temporadas- y quizá los familiares mas próximos a Juan Diego. El dato
seguro que tenemos es que el tío Juan Bernardino -desconocemos el nombre
indígena que usaba antes de bautizarse- formaba parte de ese grupo familiar y,
dadas las circunstancias, en esa casa se vivía en paz y trabajaban todos. Los
padres de Juan Diego residían habitualmente en Tetzcoco.

 

Por lo
que atañe a los escritos acerca de este matrimonio, el que más habla es Juan
Diego es el llamado Â?Nican MotecpanaÂ?, por las palabras con que se inicia este
relato en lengua náhuatl. No dice nada al respecto de sus bodas, si se casaron
antes o después de la conversión de los dos al catolicismo. Al referirse a ella,
el texto mencionado la llama Â?cihuahutzinÂ? -la esposa-; esta palabra se refiere
al ceremonial indígena antiguo, no al matrimonio según la Iglesia Católica, que
llegó a Cuatlitlán por el año de 1524, cuando vinieron a México los primeros
doce frailes franciscanos.

 

Cuenta
el Padre Florencia
name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[167]lang=ES>, siguiendo al Nican Motecpana -un escrito de Alva Ixtlitlxochitl que
documenta los primeros milagros de la Virgen de Guadalupe y da algunos datos
sobre la vida de Juan Diego-, que Â?por lo menos desde que recibieron el santo
bautismo, o poco después, decidieron vivir en perpetua continencia� (se suele
poner un ejemplo para que esto se entienda mejor: Â?como hermano y hermanaÂ?).

 

Esta es
la tradición al respecto de la vida conyugal de este matrimonio. María Lucía
-así se llamó Malintzin al recibir el bautismo por el año del 1524 o 1525-
decidió junto con su marido que vivieran de esta manera, �porque oyeron cierta
vez la predicación de Fray Toribio de Benavente -apodado �Motolinía� por los
indios, al ver la extrema pobreza con que vivía este santo franciscano- acerca
de que, la castidad era muy grata a DiosÂ?
href=”#_ftn168″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES>[168]lang=ES>.

 

De ser
así, tuvieron pleno derecho de actuar como mejor les pareció, sin faltar a la
Ley de Dios. Bien sabemos que para ser santos en la vida matrimonial, lo que
hace falta es vivirla según Dios hizo la naturaleza humana.

 

Es
castidad matrimonial la que se vive en las relaciones normales de la vida
conyugal
title=””>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[169]lang=ES>. Cristo Nuestro Señor, instituyó un sacramento que es una especial
fuente de gracia de Dios para los esposos, al que San Pablo llama Â?gran
sacramentoÂ?title=””>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[170]lang=ES>. Se puede llegar a ser maravillosamente santo teniendo muchos hijos, o
pocos, los que Dios quiera: teniendo en cuenta la indispensable generosidad de
los esposos.

 

Juan
Diego y María Lucía tuvieron por lo menos un hijo del que hay noticia -quizá
hayan tenido mas, pero hasta el momento la documentación a la vista no da
mayores datos-; de este hijo suyo sabemos algo por su propia descendencia: Se
trata de la quinta generación de Juan Diego; una descendiente suya decide
entregarse a Dios y va al Convento de monjas Â?cacicasÂ? –gente de
alcurnia- de Corpus Christi. Cuando los liberales jacobinos decidieron en el
siglo XIX acabar con el catolicismo en México, les dio por destruir monumentos
de la Colonia y por poco acaban con éste, que se encuentrastyle=”mso-spacerun: yes”> 
frente a lo que hoy conocemos como la
Alameda Central.

 

Una
pequeña imagen de la Virgen de Guadalupe, con unos cuantos renglones escritos
al dorso, permitieron dar toda la veracidad a las palabras que escribió el
Padre Florencia acerca de este hijo de Juan Diego y María Lucía, y a la vez con
su nieto y bisnieto. Todos ellos llevaron el nombre de Juan.

 

4.6. LAS OCUPACIONES DE
UNA MUJER LABORIOSA

 

María
Lucía, en el patio de su casa podía hilar y tejer. Siempre han sido �hacendosas�
las mujeres de estos lugares, principalmente cuando han recibido buena
educación de sus madres. Cuidaría los pájaros que tenía en jaulas de �carrizo�
-planta que se cría cerca del agua y tiene tallos largos y huecos-: sería feliz
cuidando sus macetas -tiestos que se llenan de flores- y ayudaría a su marido
en todo lo que estuviera a su alcance.

 

Como
toda buena ama de casa, seguramente puso mucho interés en el aspecto del
interior de las habitaciones: el mobiliario siempre fue sencillo, porque las
casas de gente rica o simplemente acomodada, no se distinguían por los muebles.
Como en el Oriente -que los europeos llaman Â?lejanoÂ?- se utilizaban tan pocos
que actualmente esto nos parecería una incomodidad. Las camas no eran otra cosa
que �petates�, esteras de tule, más o menos numerosas, de mejor o peor calidad.
Podían llevar arriba de ellas una manta cuidadosamente estirada, un
�baldaquino�. Cuando llegaron los españoles al palacio de Axayacatl, en la
ciudad de México se encontraron con que Â?…no se da más cama por muy gran
señor que sea�, dice Bernal Díaz del Castillo
ftn\\’ href=”#_ftn171″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES>[171]lang=ES>.

 

Cuando
el Â?petateÂ? se colocaba sobre un estrado de tierra o de madera, para mayor
solemnidad, al enrollarlo, servía de asiento no sólo en las casas particulares,
sino también en los tribunales. María Lucía tenía en su casa asientos más
elaborados, como el Â?icpalliÂ?, con respaldo, hecho de madera o de juncos. No se
parecen a nuestros Â?equipalesÂ? de ahora, porque son muebles bajos, casi a ras
del suelo; las gentes se sentaban cruzando las piernas sobre un cojín puesto
directamente sobre el piso de la habitación
ftn\\’ href=”#_ftn172″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES>[172]lang=ES>. El Â?icpalliÂ? se fabricaba en Cuauhtitlán, más que en otras partes.

 

Los
vestidos, telas y joyas de la familia, los tenía guardados María Lucía en unos
cofres tejidos. Eran unos sencillos cestos con tapa, llamados Â?petlacalliÂ?; de
allí pasó la palabra al castellano como �petaca�. Pudieron tener también en su
casa mesas bajas y biombos de madera; en las casas de gente acomodada, algunos
estaban ricamente adornados. A Bernal Díaz le cuesta trabajo describir estas
mamparas que seguramente no había visto por sus tierras de España
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn173″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>footnote\\’>[173]lang=ES>.

Ni siquiera en las casa grandes había un
comedor; podían comer en cualquiera de las habitaciones. Cuando el matrimonio
recibía un invitado, adornaban el interior de la casa con ramas de árboles y
flores.

Por la noche, la casa se iluminaba encendiendo
astillas de madera resinosa, generalmente de pino, a la que llamaban Â?ocotlÂ?,
el ocote que se sigue usando en muchos lugares y se puede comprar en los mercados.

Las casas se distinguieron no tanto por los
muebles, que eran más bien escasos, sino por el número de las habitaciones y
especialmente por los jardines. Juan Diego tendría su buen jardín y las
comodidades de una casa bien hecha en medio del campo. Se han descubierto las
cercas de piedra de dos corrales. Allí estaban los animales domésticos de María
Lucía: �guajolotes� -pavos- que son originarios de México y se llaman en
náhuatl �uexolotl�, de donde deriva la palabra con que se designa habitualmente;
gallinas, perritos de una raza especial, de carnes blandas, palomas…

 

4.7. LOS CUIDADOS DE UNA
CASA

 

María
Lucía debía realizar todos los menudos cuidados y ocupaciones, que hacen
agradable y digna la vida de una familia. La preparación de los alimentos era
tarea exclusivamente suya. Juan Diego era el que se beneficiaba de sus apuros
-que pasan todas las señoras en su propia casa, aunque tengan quien les ayude a
los quehaceres domésticos-; la comida debía estar a tiempo y bien sazonada; la
casa limpia y recogida: las esteras -petates- que servían para dormir, se
enrollan con cuidado y se colocaban en vertical en algún lugar de la habitación
que les sirve para pasar la noche. Otros Â?petatesÂ? adornados con grecas,
permanecen en el centro de ese aposento y allí se distribuyen los �icpalli�
-asientos con respaldo tan propios de Cuauhtitlán- para descansar al final de
las faenas del día.

Ella iría probablemente al mercado de
Cuauhtitlán para comprar al trueque -no existían las monedas- , lo que
necesitaba para cocinar ese día. Otros alimentos vendrían desde el mercado de
Tatelolco, que era entonces el más grande del Nuevo Mundo
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn174″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>footnote\\’>[174]lang=ES>, se encontraba distante de Cuauhtitlán, pero se podía ir a pie desde
su casa, se invertían en esto unas tres horas y pico de caminostyle=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn175″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>footnote\\’>[175]lang=ES>. Las gentes de aquel tiempo tenían que caminar mucho y estaban
habituados a largos desplazamientos caminando paso a pasito.

 

El
chocolate no lo producían ellos, porque el cacao es de las tierras bajas del
trópico; mucho les agradaba tomarlo caliente por las mañanas o al anochecer; la
vainilla, es un típico producto tropical también; diversos tipos de chiles,
semillas de calabaza ya molidas, que mezcladas con chile verde hacen una salsa
espesa, muy del gusto de los mexicanos; las producían las tierras aledañas a su
casa,  o los compraban en el
mercado.

 

Si una
persona buscaba un platillo selecto para un almuerzo especial, se dirigía a la
sección de carnes del mercado, en donde había variedad de ellas: de conejo,
venado, jabalí, perro cebado -de los que ella tenía en el corral de su casa-,
zarigüeya, comadreja, topo, serpientes diversas, iguana y huevos de iguana,
ranas, sapos, gusanos de maguey, hormigas voladoras, chapulines -saltamontes-
�jumiles� y otros parásitos de algunas plantas. Para el gusto actual, parece
que los indígenas tenían una dieta deficiente y de mal gusto; pero hay que
precisar que bien condimentada la comida y aderezada con legumbres y el sabor
de los chiles, resultaba algo sabroso. Actualmente muchos de esos platillos son
muy estimados.

Podía ir
también la señora de la casa al lugar del mercado donde se abastecía de pescado
blanco y oscuro, camarón, caracoles, salamandras, pasteles de algas con sabor a
queso, ostiones de río, tortugas y huevos de tortuga, huevos de toda especie,
de mosca de agua, angulas y hasta renacuajos.

Si
alguien nos dijera que en Europa -procedentes de Francia- les gusta comer los
quesos apestosos y rancios, pensaríamos quizá que son indudablemente personas
de mal gusto.

Del lago
procedían también más de una docena de aves acuáticas, desde patos hasta
grullas. Los animales domésticos también se podían adquirir allí, se vendían
junto con las variedades silvestres; había: codornices, perdiz y faisán, etc.,
etc.

Los
antiguos mexicanos no conocían la grasa y el aceite, y así su cocina ignoraba
las frituras. Todo se comía asado y con mayor frecuencia, cocido, muy sazonado
y picante.

Las
verduras las cultivaban al lado de su casa los que tenían la posibilidad de
hacerlo, como sucedía en el huerto de hortalizas que cultivaba Juan Diego; las
más importantes eran calabazas, frijol negro, frijol bayo, jitomate, tomate
verde, chayote, cebolla silvestre, amaranto y su semilla, la salvia; corazones
de planta de maguey; el hongo parásito del maíz llamado �huitlacoche� -que por
cierto desde hace algunos años gana premios de cocina internacional-; hongos de
muchas variedades, incluyendo el Â?teonocatlÂ? que produce visiones.
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn176″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>footnote\\’>[176]lang=ES>

 

De los
árboles del patio recogían aguacates -algo así como una mantequilla de color
verde, de agradable sabor-; guayabas -frutos muy aromáticos y sabrosos, con los
que se puede hacer un postre casero agradable al paladar-;style=”mso-spacerun: yes”> 
mangos -frutos tropicales muy
codiciados- , zapotes, chicozapotes, chapulines, papayas, etc.

La
variedad de los árboles frutales no termina aquí, porque la variedad de climas,
que va desde el montañoso, arriba de los dos mil metros de altura, al tropical
bajo y cálido, permite que existan verdaderas maravillas de la Naturaleza, como
por ejemplo: el �mamey�, sólo gustándolo se puede apreciar la finura y calidad
de esta fruta.

Tenían
segura el agua, un clima benigno y el regalo de una Madre Naturaleza pródiga,
que permitía a María Lucía tener una cocina muy variada astyle=”mso-spacerun: yes”> 
su disposición. Por supuesto que hacía
tamales –carne envuelta en masa de maíz, recubierta con hojas secas de
maíz y puestas a cocer a fuego lento- y atole, una bebida espesa, de harina de
maíz, endulzada con miel.

El pulque, bebida fermentada en que se
convierte el jugo dulce del maguey, era lo que acostumbraban de ordinario como
acompañante de sus platillos favoritos; puede cambiarse su sabor al gusto,
añadiendo jugo de diversas frutas.

Sin tener el conocimiento de una dieta medida
en calorías y planeada como se acostumbra ahora, disfrutaban sin embargo de ella.
Comiendo bien y trabajando, eran un pueblo fuerte y sano.

 

4.8. EL AMOR A LOS HIJOS

 

Los hijos fueron llegando a este matrimonio
que unió a Juan Diego y a Malintzin, la suya fue una unión normal, realizada
según la Ley Natural; se llevaban bien y eran cuidadosos en el seguimiento de
las reglas que marca la Naturaleza -que es sabia y no admite violaciones:
siempre las cobra muy caras-. ¿ Cuántos hijos tuvieron? No lo sabemos.

 

Tenemos
al menos la seguridad de un hijo de ellos llamado Juan como su padre.

 

Lo que
conocemos acerca de sus hijos es que por el año de 1548, al morir Juan Diego,
dejó en herencia una pequeña imagen de la Virgen de Guadalupe a uno de sus
hijos llamado Juan �y este hijo se la dejó estando para morir a otro hijo suyo
llamado también Juan, nieto del principal Juan Diego, el cual nieto estado �in
agone� (en agonía) envió llamar al dicho R.P. Juan de Monroy, en cuyos brazos
dio el alma a DiosÂ?
name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[177]lang=ES>.

style=”mso-spacerun: yes”> 

La
imagen que Juan Diego traía siempre con él, mide 17 cm. de largo por 12.5 cm.
de ancho
title=””>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[178]lang=ES>. Tiene su historia. Nos ha llegado por tradición que l la llevaba
colgada al cuello, bajo la camisa; esta pintada de un modo muy especial: es una
magnífica copia del original y se encuentra muy bien conservada. En la parte
posterior se pueden leer los nombres de quienes fueron sus afortunados
custodios. Actualmente está enmarcada en un artístico trabajo de plata, que
tiene algunas rosas entre las volutas talladas en el marco. En total mide 25
cm. por 19 cm.

 

El Padre
Florencia nos da mas datos de esta imagen y también de los descendientes de
Juan Diego: �Dejó, a lo que he podido rastrear, un hijo, que, o lo era suyo o
por tal era tenido. A este hijo, llamado Juan como su padre, dejó en herencia
una imagen trasunto de la original que traía consigo, que hoy tiene y conserva
por inestimable presea el Lic. Don Juan Caballero y Ocio. De la cual habiéndole
yo preguntado, en carta, el origen de ella, y el modo como la adquirió, me
respondió por escrito en una del 21 de agosto de 1687, que de su Hacienda del Puerto
de Nieto, dice lo siguiente…:
href=”#_ftn179″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES>[179]

style=\\’mso-tab-count:1\\’>

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Â?El R.P. Juan de Monroy, después que vino de
Roma, viviendo en el Colegio de la Compañía de Jesús en Querétaro, me dio dicha
imagen de N. Señora de Guadalupe…Â?

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> La historia es muy interesante y se encuentra
narrada extensamente aquí, unos párrafos más adelante.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Vino a parar ya en nuestros días, a manos de la
familia Mead, en San Luis Potosí, quien pidió autorización al Obispo para
adquirirla, porque supieron que fue robada de la Catedral de México. Con buen
sentido, el Señor Obispo dio su venia y ellos la guardaron, hasta que
decidieron obsequiarla al Papa Juan Pablo II en su primer viaje a México, enero
de 1979.

 

ES-MX\\’>4.9. JUAN DIEGO ERA TODO UN SEÃ?OR EN CUAUHTITLAN

 

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Juan Diego fue noble por su origen: tiene esta dignidad
por nacimiento. Después del conflicto armado en la lucha contra España, en la
que los naturales perdieron la guerra, se adaptó a las nuevas circunstancias, y
en Cuauhtitlán vivió de acuerdo a su condición y mediante un trabajo intenso y
ordenado.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> No es el único ejemplo de alguien que se
encuentra en esta situación; los nobles rusos, y de otros países vagaron por
Europa después de la destrucción que causó en su patria el comunismo. Se vieron
obligados a huir: muchos de ellos padecieron grandes penurias por falta de
trabajo. Juan Diego simplemente cambió de vida: se volvió más modesta, y pudo
llevar con garbo la dignidad de su propio trabajo.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Años después, movido por el amor de Dios,
decidió vivir como un labrador, dejando de lado las comodidades de que antes
había disfrutado. Por eso se le describe como Â?un pobrecito macehualÂ?style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn180″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[180]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>. El quiso librarse de las ataduras
que crean las cosas para poder dedicarse con mayor profundidadstyle=”mso-spacerun: yes”>  a la vida del espíritu. Para entonces
ya es católico, tiene buenos ejemplos que contemplar y sigue de cerca la vida
generosa de los frailes franciscanos.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Los dignatarios formaban una Â?noblezaÂ? en el
sentido europeo de la palabra, porque las distinciones estaban unidas a la
categoría de su trabajo al servicio del Gran Gobernante; en los días de Juan
Diego, ya eran títulos hereditarios. Un hijo de un dignatario -de un
�tecuhtli�-no volvería a ser �macehualli� y llevaba desde su nacimiento el
título de �pilli� -niño, hijo-, pero ahora es �hijo de alguien importante�, por
ejemplo: Netzahualpilli, hijo de Netzahualcoyotl, y su legítimo heredero en el
gobierno de Tetzcoco y sus vastos dominios.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Juan Diego era un Â?pilliÂ?, un Â?nobleÂ? en el
sentido que le dieron los españoles en México a esta palabra, para referirse a
los altos dignatarios y a los descendientes de antiguas familias, engrandecidas
por sus servicios al �Huey Tlatoani� en bien de su país.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Después fue un Â?tzinÂ?, tomado no en diminutivo
afectuoso y familiar, sino en el de �venerable�, es decir: un �Señor� de su
tiempo, relacionado con los demás señores y los �pilli� de Tetzcoco
especialmente, y los de Tenochtitlan, debido a sus encumbrados parientes
chichimecas. Estas relaciones con los de México, se harían principalmente
cuando ellos iban a tratar asuntos a Tetzcoco y eran hospedados en el palacio
del Tlatoani.

 

lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>4.10. UN MATRIMONIO NORMAL Y FELIZ

 

Por ahora,
este es el último dato que tenemos de la familia de Juan Diego. Ya se han ido
muchos años de su paso a esta tierra al Cielo, que tan noblemente supo ganarse
sirviendo a la Santísima Virgen María, con mucho amor de Dios y viviendo
santamente aún antes de las Apariciones.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Juan Diego y María Lucía amaron a sus hijos.
Tenemos constancia sólo de uno de ellos y el Padre Florencia es muy cauto al
hablar de él, aunque nombre la descendencia de éste con toda seguridad; porque
Alva Ixtlilxochitl extendió a toda su vida de casado la decisión de este
matrimonio de vivir como hermano y hermana a partir de una predicación que
sobre la castidad oyeron a Fray Toribio, su amigo franciscano.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Para los dos, como para todo matrimonio normal,
es un gozo tener hijos, poder criarlos y decirles tantas cosas. En aquel
tiempo, las palabras de cariño dichas a los niños eran estas: �nopiltzeh,
nocosqueh, noquetzaleh, otiyol, otlitlacat, otitlaticpac, quixticoÂ?, que se
traducen: Hijo mío, plumaje mío, tuviste vida, naciste, saliste a la tierrastyle=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn181″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[181]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Sí, pero ellos tendrían la responsabilidad de
enseñar a sus hijos la ciencia del vivir, especialmente cómo aprovechar muy
bien la vida, que se va tan pronto y de esto eran perfectamente conscientes. Es
más, para ellos era agobiante la inseguridad del tiempo que alcanzarían a
vivir, porque les hacía falta la virtud de la esperanza, según la predicó
Nuestro Señor Jesucristo, y no aquietaba su mente la idea que tenían del mas
allá.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Los acosaban las enfermedades, la guerra y los
sacrificios, todo esto les daba una sensación de inestabilidad que les oprimía
el corazón. Los jóvenes estaban mentalmente preparados para ofrecerse en
sacrificio a los diferentes Â?teotlÂ? -númenes, a los que reverenciabanstyle=”mso-spacerun: yes”>  y que significaban de algún modo las
variadas expresiones de la Naturaleza-, ellos sabían que la entrega de su vida
no era en vano, porque pensaban que con su sangre el sol tomaba fuerza para
seguir enviando su luz inestimable: vendrán las lluvias, habría cosechas, la
tierra se cubriría de verdor y fecundidad.

 

Â?style=\\’mso-bidi-font-style:normal\\’>Sólo un breve instante,

style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’> sólo un
corto tiempo

style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’> viene uno
a tener vigor en la tierra,

style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’> por
influjo del que da la vida;

style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’> después,
de una vez se va uno de la tierra
ES-MX\\’>Â?title=””>ES-MX\\’>[182]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

ES-MX\\’>4.11. SUS ABUELOS, TIOS Y PRIMOS

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> ¡Qué Importante es tener con toda nitidez en la
mente, y en los afectos la idea de la vida familiar! Es en ese medio donde se
consigue el apoyo necesario para las grandes o pequeñas victorias: las de la
vida diaria.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> La vida de Juan Diego y María Lucía está
entretejida de insignificantes logros y fracasos, que en su conjunto hacen
grandes triunfos o grandes derrotas. Ellos supieron vivir, de acuerdo a la
realidad, un conjunto de pequeños detalles que hacen a una persona prudente.
Puede decirse que los dos triunfaron en esta pasajera existencia humana, porque
fueron personas de buen corazón y formaron una familia orientada hacia el amor
de todo lo que es bueno. ¿Les costaría esfuerzo hacer un buen ambiente a su alrededor?
Seguramente que sí.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> La familia de Juan Diego en Cuauhtitlán se
apoyaba en tradiciones recibidas de sus antepasados, teniendo en cuenta que el
refinamiento de las costumbres lleva tiempo, y las leyes civiles las protegenstyle=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn183″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[183]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Tenemos pues ante nosotros a un hombre que ha
conocido el amor y el sufrimiento, la opulencia y la escasez y, más que otra
cosa, que luchó por encontrar a Dios y lo encontró.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Cuando nació Juan Diego, la organización de la
familia en Cuauhtitlán era muy semejante a la que existía en Tenochtitlan.
Ellos vivían de acuerdo a su condición, en el �Calpulli� -el barrio- de
Tlayacac, que pertenecía a su familia desde mucho tiempo atrás.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> En el Capulli, los personajes de mayor
importancia eran el padre y la madre -�tlatli y nantli�-, le seguían en
importancia el abuelo y la abuela -�tecul y citli�-. A continuación, el
bisabuelo y la bisabuela: -�achontli y poptontli�-. Continuaba el tío, hermano
del padre -�tlali� y el tío, hermano de la madre -�tetla�-. Enseguida, la tía,
hermana del padre y la hermana de la madre, en ese orden: -Â?ahuitl y teahuiÂ?-.
Por fin venía el hijo -�tepiltzin� (diminutivo afectuoso) o �tetelpuch�-; su
madre le llamaba también �noconeuh�. El resto se contaban como parientes
colateralestitle=””>ES-MX\\’>[184]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Esto es muy importante, especialmente cuando
consideremos en el capítulo siguiente, que una prima nieta de Juan Diego,
descendiente de él en línea recta, nos hace conocer con datos fidedignos, la
ilustre finura y la importancia política que tuvo �el quinto abuelo� del
humilde Juan Diego.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> El parentesco Â?por tener la misma sangreÂ?
(consanguinidad) sólo podía ser completo entre los indios, en línea ascendente
y descendente. No se extendía hacia los lados; no alcanzaba a llegar a los tíos
y primos o sobrinos segundos como acostumbraban actualmente en México.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> También es digno de tenerse en cuenta que
recibían una atención respetuosa tanto los hombres como las mujeres, en línea
colateral, antes de la familia. Y si se trata de la madre, la abuela y la
bisabuela, eran muy estimadas y reverenciadas.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> El parentesco colateral era más limitado que el
que consideramos ahora, solamente eran tíos los hermanos del padre y de la
madre, de los abuelos y las abuelas. Sobrinos eran únicamente los hijos de las
hermanas y los hermanos: Â?TemachÂ? y Â?MachtliÂ?.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Los parientes por afinidad, que llamamos ahora
�políticos�, eran el suegro, la suegra, cuñados, yernos y nueras; además de los
suegros, las madres de éstos: �moncolli� y �moncitli�. Este último parentesco
nunca se consideró en la Europa de los tiempos de Juan Diego ni en los
actuales. En México se ha perdidohref=”#_ftn185″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>footnote\\’>[185]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

5. TIERRAS, HERENCIAS Y
DESCENDIENTES DE JUAN DIEGO

 

5.1. Â?SAN JUANICOÂ? TIENE
HISTORIA

 

¿Por qué
escribió Andrés de Tapia que la Virgen se estampó en el ayate -tilma o capa- de
Juan Diego, Â?indio del pueblo de San JuanicoÂ??
ftn\\’ href=”#_ftn186″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>footnote\\’>[186]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Dice a la letra: Â?Para primer Obispo de
Tenochtitlan, México, al Ilustrísimo Señor Don Fray Juan de Zumárraga, a quien
el año del Señor de mil quinientos treinta y uno, se le apareció a la santísima
Virgen de Guadalupe estampándose en el ayate (capa o �tilma�) de Juan Diego,
indio del pueblo de San Juanico, sujeto a Tlatelolco, el día doce de diciembre
de dicho año…Â?

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Este lugar se encuentra a una legua escasa de
Tulpetlac, donde vivieron Juan Diego y su tío Juan Bernardino, ya siendo viejos
los dos.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Los hilos de la Historia a veces se desatan y a
veces se enmarañan. En estos asuntos, tenemos la fortuna de que muchos estudios
han puesto las cosas en claro. Por ejemplo, una india hija de Juan García
Martín, en su testamento hecho en Cuauhtitlán, nos dice que Juan Diego se casó
en el pueblo de Santa Cruz el Alto –antes llamado Â?TlacpacÂ?-, conocido
también como Tulpetlac, el pueblo donde nació su mujer: Â?MalintzinÂ?style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn187″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[187]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Este lugar se encuentra entre dos pueblos:
Xalostoc e Ixhuatepec, nombrados por los españoles a su llegada: San Pedro y
San Juan respectivamente; mejor conocido por todos este último como San
Juanico.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> La familia de Juan Diego tenía posesiones en
San Juan Ixhuatepec –San Juanico- y en otros lugares. A él le tocó
atender y disfrutar de todo eso que heredó de sus mayores. Cuando los indios
comenzaron a usar apellidos castellanos, a este grupo familiar le tocó el
apellido Escalona. Y los señores indios de esta familia, tuvieron durante
muchos años posesiones en San Juanico y sus alrededoresstyle=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn188″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[188]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> ¿Cómo es que sabemos esto? Por la quinta nieta
de Juan Diego que se apellidó Escalona, y su familia viene de los Juanes que
fueron el hijo, nieto y bisnieto de Juan Diego, de quienes escribió con tanta
precisión el Padre Florencia.

 

5.2. UNA ILUSTRE DESCENDIENTE
DE JUAN DIEGO

 

Un buen día
del año 1739, en su número de mayo, la �Gaceta de México�, que circulaba
por  toda la Nueva España, dio la
siguiente noticia
name=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>[189]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>:

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Â?El 24 (del pasado mes de abril) recibió el
hábito religioso en el Monasterio de Corpus Christi de Nobles Cacicas Francisco
Descalzas, Doña María Antonia de Escalona y Roxas, quinta nieta del Venerable
Venturoso Indio Juan Diego, a quien el año 1531 se apareció Nuestra Señora de
GuadalupeÂ?.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> En la ciudad de México hubo un cierto revuelo y
sus correspondientes comentarios. En la alta sociedad del país, se sabía de
sobra que a ese Convento sólo entraban personas de viejo linaje, algunas de
ellas acaudaladas, que deseaban entregar su vida a Dios.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> El Convento de Corpus Christi había sido
fundado el año de 1720 por el Marqués de Valero de Ayamonte y Alenquer, Don
Baltasar de Zúñiga Guzmán Sotomayor y Mendoza. Por allí pasaron monjas
célebres, como Doña María Teresa de los Reyes Valeriano y Moctezuma, sexta nieta
de Moctezuma II, quien fuera el Gran Tlatoani de México cuando llegó Hernán
Cortés con sus capitanes y soldados. Otras monjas estuvieron emparentadas con
Virreyes y Caciques (mandatarios) de diferentes lugares del país.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> La familia Escalona, de vieja prosapia -cinco
generaciones habían transcurrido ya-,tenía posesiones en San Juanico y sus
alrededores, como los ranchos Â?viejo y nuevoÂ?, colindantes con un mayorazgo, y
una hacienda, propiedades también de familias conocidasstyle=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn190″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[190]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

En los días
en los que se retiró de la vida mundana Doña María Antonia, los Escalona vivían
junto a la Iglesia de Santiago Atzacoalco y eran dueños también de unas tierras
conocidas como �San Agustín de las Cuevas Tlascantitlán�, en las cercanías del
poblado de Tepetlaocstoc, donde eran caciques
ftn\\’ href=”#_ftn191″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>footnote\\’>[191]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

No paraban
allí las tierras y fortuna de los Escalona, porque los padres de Doña María
Gerónima Antonia de Escalona y Roxas, india cacique y noble, era hija de Don
José Jacinto Escalona Cortés Pimentel, cacique de Atzacoalco, Tepetlaostoc y Gobernador
de la Villa de Guadalupe. Su madre se llamó �ngela de Roxas y Ayala, quien por
su parte era también gente adinerada.

 

Su abuelo paterno fue Don Nicolás de San
Diego, casado con Doña María Jerónima, natural del pueblo de Santa Clara.

 

Su bisabuelo
paterno, es decir, el padre de Don Nicolás, se llamó Juan Diego, quien se casó
con una india llamada Juana María. Este señor, es segundo nieto de Juan Diego.
Es el último de los tres Juanes que menciona el Padre Florencia.

 

5.3. HIJO, NIETO, BISNIETO Y
UNO MAS

 

El Padre
Francisco de Florencia, célebre historiador jesuita, en su libro �La Estrella
del Norte de México� escribió
href=”#_ftn192″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>footnote\\’>[192]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>:

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Â?Dejó, a lo que yo he podido rastrear, un hijo,
que o lo era suyo o por tal era tenido…Â? (así escribió para no meterse en complicaciones
con el historiador Alba Ixtlilxochitl).

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Se muestra cauto al hablar de la descendencia
de Juan Diego, porque Fernando de Alva Ixtlilxochitl, en su escrito conocido
como �Nican Motecpana� afirmó que Juan Diego nunca tuvo relaciones conyugales con
su mujer, Â?murió virgenÂ? dicehref=”#_ftn193″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>footnote\\’>[193]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>. Que viviera como hermano y hermana
al final de su vida, siendo ya católico, �después de oír un sermón de Fray
Toribio de Benavente sobre la virginidadÂ?href=”#_ftn194″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>footnote\\’>[194]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>, se entiende sin grandes
dificultades; pero que el asunto se extienda a toda la vida de este matrimonio,
sencillamente no es comprensible: eran jóvenes, gente sana, de buenos
sentimientos, y seres normales, casados que aspiran a tener descendencia, cosa
que forma parte de la castidad conyugal bien entendidastyle=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn195″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[195]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Continúa el P. Florencia: Â?A este hijo, llamado
Juan como su padre dejó en herencia una imagen, trasunta del Original, que
traía consigo y conserva por inestimable presea el Licenciado Don Juan
Caballero y Ocio, de la cual habiéndole yo preguntado en carta, el origen de
ella y el modo como la adquirió, me respondió en una (le contestó igualmente
por escrito) de 21 de agosto de 1687 desde su hacienda del Puerto de Nieto, lo
siguiente:

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Â?P.N. y Señor mío, la noticia que V.P.M.R.
(Vuestra Paternidad Muy Reverenda) me pide en la suya de la Imagen de Nuestra
Señora de Guadalupe, que era de Juan Diego y hoy para en mi poder; la que puedo
dar es la siguiente: El Reverendo Padre Juan de Monroy después que vino de
Roma, viviendo en el Colegio de la Compañía de Jesús de Querétaro me dio dicha
imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, encargándome mucho que la estimase
mucho, porque sabia y tenía averiguado haber sido del dichoso Indio Juan Diego,
a quien se le apareció la Imagen milagrosa que está en ese Santuario de México,
y quien la tuvo consigo desde dicha aparición; dejósela a la hora de la muerte
a su hijo llamado Juan: y este hijo se la dejó también estando para morir a
otro hijo suyo llamado Juan, nieto del principal Juan Diego, el cual nieto
estando �in agone� (para morirse) envió a llamar a dicho Reverendo Padre Juan
de Monroy, en cuyos brazos dio el alma a Dios:

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Â?Y por el mucho amor que le tenía este natural
a su Padre Reverendo como a su Padre de espíritu, se la dio, diciéndole como
había sido de su abuelo Juan Diego desde luego que gozó del favor de la
Aparición de la milagrosa imagen de ese Santuario, que así se lo había oído a
su Padre y a sus parientes.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Â?Aquí le oí -en su Hacienda del Puerto de
Nieto- ponderar a dicho Reverendo Padre con su mucha capacidad, que no habiendo
de las Indias en aquella ocasión pintores ¿quién se la daría o trasuntaría al
dicho Juan Diego? Esto es lo que sé, oído de la boca del Reverendo Padre Juan
de Monroy, quien me la dio por lo mucho que me quería, diciéndome, que porque
conocía el afecto tan grande que yo tenía a esta Sagrada Imagen: y por llamarme
Juan me daba esta presea de su mayor estimación, su compañera en el viaje a
Roma,  y en todas sus necesidades y
peregrinaciones.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Â?La Imagen es una tercia de largo, y una quarta
de ancho; la hermosura de ella es asombro y admiración de quantos la ven. Esto
es lo que sé y no otra cosa, referido del Indio Juan último a Nuestro Padre
Monroy, y de su Padre Reverendo os ad os (hablando los dos, textualmente del
latín; �boca a boca�) a mí: y esto podré jurar y declarar, si necesario fuere,
en la forma que llevo dicho: no porque yo tenga otras noticias, no las
presentes haya oído de otra boca sino de la de Nuestro Padre Monroy (que Dios
tenga en su gloria)Â?.

 

5.4. Y5.5. EL ENOJO DE DON LORENZO

 

El
disgusto que recibió en esta ciudad de México Don Lorenzo Boturini Benaduci
(1702-1775) -noble italiano, Señor de la Torre y Hono-, comenzó cuando leyó �La
Gaceta de México� del mes de mayo de 1739 y recibió la noticia de que �una
quinta nieta de Juan Diego…, apellidada Escalona…Â?

 

Don
Lorenzo vino a la Nueva España sin más propósito que el de viajar y ver nuevas
tierras, contratado por la condesa de Santibáñez para que le cobrara unas
rentas. Escribe él mismo, que llegó �sin tener licencia alguna, porque ignoraba
las leyes de España�. Se embarcó rumbo a México el año 1735, y llegó sin mayor
problema a la ciudad de México en marzo del año siguiente. No contaba con
grandes recursos, pero se echó a cuestas la tarea de recoger y hacer copiar
códices y documentos antiguos.

 

Su
visita a la Colegiata de Guadalupe cambió su vida y se propuso conocer a fondo
la historia de las Apariciones de la Virgen María en México, �habiendo corrido
muchas provincias de los indios para indagar las pruebas contemporáneas del
portentoso milagro de sus aparicionesÂ?
href=”#_ftn198″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES>[198]lang=ES>.

 

Estando
en estas cuestiones, sobrevino una epidemia de un mal no bien conocido, que los
indígenas llamaron �matlazahuatl�. Se propagó en forma pavorosa; en la ciudad
de México murieron más de cuarenta mil personas, en Puebla cerca de cincuenta y
cuatro mil y así por el estilo en otras ciudades. En mayo de 1737 el Virrey, la
ciudad y los gremios, según el historiador Andrés Cavo, �por una especie de
aclamación, determinan jurar por patrona a la Santísima Virgen de Guadalupe�,
de quien esperan el fin de esta desgracia. Resultó una medida afortunada y D.
Lorenzo de Boturini cobra un mayor entusiasmo en sus pesquisas.

 

Encontró
una documentación inédita de maravilla, al grado que organizó el que llamó su
Â?Museo IndianoÂ?: Â?tuve la dicha, que ninguno puede contar, de haber conseguido
un museo de cosas tan preciosas en ambas historias, eclesiástica profana…Â?
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn199″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>footnote\\’>[199]

 

Más de
seis años dedicó Don Lorenzo a la búsqueda de testimonios. Nunca hubo en México
nada tan rico como lo que él escogió hacer. Copió las piezas que formaron la
colección que el siglo anterior había formado Don Carlos de Sigüenza y Góngora;
los escritos de Don Domingo de San Antón Chimalpain Cuauhtlehuanitzin; la hasta
ahora inédita Crónica de Tlaxcala de Zapata y Mendoza, las Crónicas de Don
Hernando Alvarado Tezozomoc, etc., etc.

 

Mientras
andaba en estas aventuras de coleccionista, se metió en una empresa difícil y
riesgosa, que no advirtió cuánto le iba a costar. Se propuso promover la Coronación
de la Virgen de Guadalupe. Buscó apoyo en Roma y en la Nueva España y para su
desgracia lo encontró. Dio participación de su éxito a la Real Audiencia con la
súplica de que participaran de este asunto al Arzobispo. Respondió la más alta
autoridad eclesiástica del país, que no podía ejecutar nada, aunque iniera de
Roma, Â?si no lleva el pase del Supremo Consejo (de Indias)Â?
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn200″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>footnote\\’>[200]lang=ES>.

 

Don
Lorenzo no era un hombre al que vencieran las dificultades; duró en la brega un
par de años más, hasta que llegó un nuevo Virrey que se molestó muchísimo al
enterarse de que un extranjero, sin papeles en regla, se dedicaba a promover
coronaciones y a recoger papeles y antiguallas. Don Lorenzo se defendió lo
mejor que pudo, aunque no logró evitar que fuera detenido y todos sus papeles
confiscados. Estuvo nueve meses en prisión. Lo declararon formalmente preso el
4 de febrero de 1743. Lo defendió Don Domingo Valcárcel, de la Audiencia de
México, alegando que no había habido mala fe. No tuvo mayor resultado, porque
fue deportado a España; llegó de regreso a Madrid a principios de 1744. Lo peor
del caso estuvo en que sus papeles se quedaron en México y a los pocos años
fueron sabrosa presa de todo mundo.

 

5.6. LA CARTA

 

La
Â?quinta nieta descendiente de Juan DiegoÂ?, estaba muy sin cuidado acerca de lo
que se pudiera decir o escribir sobre su decisión de entregarse a Dios en el
Convento de Corpus Christi. Sin embargo, su sola presencia molestaba a más de
alguno que había leído acerca de la pretendida virginidad de su abuelo, en quinto
grado. Uno de estos era Don Lorenzo Boturini.

 

Como era
hombre de armas tomar, se dirigió por escrito al Ilmo.
style=\\’mso-ansi-language:EN-US\\’>Sr. Dr. Dn. Alonso de
Moreno y Castro, Deán Gobernador. Cuando ya estaba en España sintetizó así su
carta:

 

Â?Una
apología que yo hice en defensa de la virginidad del dichoso Juan Diego, para
que no se le quitase una gloria tan singular y se replicasen también los
indios, que cada día pretenden hacer pruebas con testigos necios, de parentesco
en línea recta, descendiente de dicho Juan Diego�
ftn\\’ href=”#_ftn201″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES>[201]lang=ES>.

 

Se
incomodó Boturini -como dice en este inventario, uno de tantos que hizo de sus
documentos-, porque se trata nada menos que de �descendencia en línea recta� de
Juan Diego y María Lucía, su mujer: de no ser así, no hubiera escrito nada. Si
la �Gaceta de México� hubiera señalado a la religiosa de Corpus Christi como
�pariente� de Juan Diego, esta noticia para él no hubiera tenido la menor
importancia.

 

En el
texto de su carta, se siente en la imperiosa obligación de aclarar que �es cosa
totalmente extraña a la verdad que dicha Doña María de Escalona y Roxas
pertenezca al linaje, y proceda por línea recta descendiente de dicho Juan
Diego�. No es posible porque, como dice un testamento antiguo: �murió virgen�
(el de la india de Cuauhtitlán). Bien se ve que Don Lorenzo, que no estuvo
casado, no entendió bien la santidad del matrimonio cristiano. El matrimonio
hace a Juan Diego un hombre común y corriente, que llega a la santidad. Buen
ejemplo para tantos a quienes Dios lleva por este camino.

 

Se queja
aún más, porque �se hace culto público (de Juan Diego) por la notoriedad y
publicidad tan propia de las Gacetas aprobadas con la Licencia del
Excelentísimo e Ilustrísimo Señor Arzobispo�, cuyo autor -el del escrito que
tan mal le sentó- �me dicen tiene el Título de Historiador Mayor de la Imperial
Ciudad� (se refiere a la cuidad de México).

 

Efectivamente,
así es: el dato lo dio una persona que tiene buenos conocimientos de la
historia de México y en particular de Juan Diego. Lleva además la aprobación
del Arzobispo –la mayor autoridad en este asunto- en la Nueva España.

 

¡Qué
vamos a hacer…! Las cosas son como son: personas muy respetables, como un
historiador, el Arzobispo de México, la misma Doña María Antonia, sus ilustres
parientes y relaciones sociales, en ningún momento pretendieron desmentir la
noticia de que Â?una quinta nieta…Â?, Doña María Michaela Jerónima Antonia de
Escalona y Roxas, profesó -hizo sus votos- el 12 de junio de 1740 en el
Convento de Nobles Cacicas Francisco Descalzas de Corpus Christi. Se llamó al
profesar: María Antonia del Sacramento
href=”#_ftn202″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES>[202]lang=ES>.

 

5.7. APELLIDOS DE CASTILLA
EN PIEL MORENA

 

Los
primeros bautismos que se realizaron en la Nueva España, se hicieron en
Tetzcoco, después de una diligente preparación recibida de Fray Pedro de Gante
y reconocida por Fray Marín de Valencia, el sacerdote franciscano que
capitaneaba a los llamados Â?primeros doceÂ? que vinieron a reforzar la
evangelización de México.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Tetzcoco se había aliado con Hernán Cortés en
contra de México Tenochtitlan, y ganaron la guerra, pero el orden de las cosas
había cambiado ya profundamente.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Los primeros en recibir el bautismo fueron los
�principales� del Señorío de Tetzcoco, comenzando por los hijos de
Netzahualpilli, hijo a su vez del gran Netzahualcoyotl, que diera a Tetzcoco
tanta grandeza.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Un hijo de Netzahulpilli que sobresale
especialmente es Ixtlitxochitl Tlatoani, Gobernante de Tetzcoco. Más de una vez
salvó a Cortés de la derrota, especialmente cuando puso el cerco a la ciudad de
México e iba perdiendo poco a poco sus soldados y sus barquitos -botó trece en
el lago-. La táctica de los de México iba dando resultado, pero para �un indio,
otro indio�. Ixtlilxochitl aconsejó a Cortés su defensa y el ataque. Se dio el
cambio y con él, la victoria.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Cuando llegó el día de los bautismos, los
nombres debían ser cristianos, sin perder los indígenas que ya tenían y el Gran
Ixtlilxochitl pasó a llamarse Hernando Cortés Ixtliltxochitl. Posesiones e
importancia social, ya la tenían, desde antes de que llegaran los españoles. Los
recién llegados sólo tenían al momento la de ser �conquistadores� de un inmenso
país. Por supuesto que la adquirieron y les fue reconocida su categoría en la
Corte de Madrid; además, les fueron concedidos títulos nobiliarios por sus
méritos de armas.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Se comprende con facilidad que los indios
participaran de lo suyo y de lo que les llegó con los apellidos españoles, y
que este nivel adquirido fuera reconocido tanto en México como en España. La
mujer de Pedro de Alvarado fue una india de Tlaxcala, hija del Gobernante de
esta República, que fuera punto clave en el apoyo prestado a los españoles.
Participó con todas sus consecuencias del título que la Corona española
concedió a su marido.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Los nombres y apellidos que dieron entonces en
Tetzcoco fueron los siguientes:

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Yoyontzin, Don Jorge, por Jorge de Alvarado. A
Cohuanacotzin le fue dado el nombre del que ellos llamaban Â?TonatiuhÂ? -el Sol-,
valiente capitán, famoso por su imprudencia: Don Pedro de Alvarado. A uno de
los hijos de Cohuanacotzin le llamaron Fernando Pimentel, por el nombre del
Conde de Benavente.

 

Otro más,
Omeotochtzin, apodado el Idólatra, recibió el nombre de Don Carlos.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Llega por fin el que se llamó Don Juan
Escalona. Este hombre es hijo de Netzahualpilli, y se llamó: Cuauhtliztactin -�guila
Blanca-. Lo llamaron Juan Escalona en reconocimiento de su valentía y decisión
en la guerra, y en recuerdo de un Capitán que murió en la batalla y llevaba
este nombre y apellido; o bien, por otro Escalona, apodado Â?El MozoÂ?, el joven.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Los nombres los eligió el mismo Hernán Cortés.
�guila blanca peleó al lado de los grandes capitanes de Tetzcoco en ayuda de
los españoles.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> La quinta nieta de Juan Diego se apellida
Escalona y procede en línea recta de él: ¿Qué se puede concluir? Que a Juan
Diego le tocó este apellido en el repartohref=”#_ftn203″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>footnote\\’>[203]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>. Y también que Â?Ã?guila BlancaÂ? y
��guila que habla�, son el mismo hombre, si la lógica no falla.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> En náhuatl, Â?Ã?guila BlancaÂ? y Â?Ã?guila que
hablaÂ?, suenan de un modo muy semejante: Cuauhtliztaczin, para el primero, y
Cuauhtlatoatzin para el segundo. Es posible que se trate de la misma persona.
Con facilidad pudo darse un cambio al copiar los textos y existe solamente una
fuente de información: Don Carlos de Sigüenza y Góngora. (1645-1700).

 

Sigüenza es
de origen español, y el único que nos dice el nombre indígena del que habló con
la Virgen María en el Tepeyac; él escribe después de estos sucesos tan
extraordinarios. Bien pudo suceder que este piadoso señor quisiera dejar
patente que más de un color -�guila Blanca-, lo que convenía a Juan Diego era
el habla, unida al vuelo del águila -Cuauhtlatoatzin- por la importancia que
tiene sus conversaciones con la Santísima Virgen.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Otra posibilidad de mucho peso, es que los
mismos indios amigos de Juan Diego cambiaron su nombre, debido a lo que narró
acerca de los sucesos de Tepeyac. No es difícil que dadas las circunstancias,
se alterara su nombre por este último �Cuauhtlatoa� -�guila que habla-, que le
viene mejor. Ã?guila Blanca no le cae nada mal, porque ese color siempre se ha relacionado
con todo lo bueno y noble que hay en el hombre, como el color negro indica lo
que es triste y funesto.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Estos asuntos relacionados con tierras, nombres
y poseedores, estaban tratados en veintiocho volúmenes y en el tiempo de la
persecución de los jesuitas se perdieron veinte; restan ocho en poder de la
Universidad de México.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Juan Diego era, sin duda, pariente próximo de
Ixtlilxochitl, porque recibió nombre y apellido de un Capitán de Cortés, que
solamente recibieron los más distinguidos. Además, resulta curioso que las
tierras de Juan Diego coinciden con las del mencionado Cuauhtliztaczin -Ã?guila
Blanca-. Este hombre, hermano de Ixtlilxochitl, se llamó Juan al ser bautizado
y se apellidó Escalona. Fue el dueño de las tierras de San Juanico, especialmente
las de San Agustín de las Cuevas Tlaxcaltitlan de Tepetlaoztoc, que le fueron
otorgadas a un Escalona. La Real Cédula de Carlos V de España hace merced de
tierras a Don Fernando Cortés Ixtlitxochitl, en razón, justicia y benevolencia
por haber ayudado a Cortés en la toma de Tenochtitlan.

 

5.8. NOMBRES Y APELLIDOS QUE
DIO HERNAN CORTES

 

Se inicia esta relación a partir destyle=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn204″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>footnote\\’>[204]lang=ES>:

 

NETZAHUALCOYOTL

 

Su hijo y heredero es NETZAHUALPILLI

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Los nombres de algunos de sus hijos al ser
bautizados los conocemos; otros no. Nos constan los siguientes:

 

 

IXTLITLXOCHITLstyle=\\’mso-tab-count:2\\’> FERNANDO CORTES

style=\\’mso-tab-count:1\\’> CACAMATZIN

style=\\’mso-tab-count:1\\’> COHUANACOTZIN PEDRO
DE ALVARADO

style=\\’mso-tab-count:1\\’> OMETOCHTZIN  CARLOS
MALDONADO

style=\\’mso-tab-count:1\\’> TLAHUELILTZIN ANTONIO
PIMENTEL

style=\\’mso-tab-count:1\\’> YOYONTZIN  JORGE
DE ALVARADO

style=\\’mso-tab-count:1\\’> CUAUHTLIZTACTZIN2\\’> JUAN DE ESCALONA

style=\\’mso-tab-count:1\\’> QUESALTZIN  GABRIEL
DE AYALA

style=\\’mso-tab-count:1\\’> ALCOLMISTLI  PABLO
DE SANTA MARIA

style=\\’mso-tab-count:1\\’> TETLAHUEZQUITITZIN1\\’> DON PEDRO

style=\\’mso-tab-count:1\\’> HUEXATZICATZIN

style=\\’mso-tab-count:1\\’> TIYACAPANTZIN

style=\\’mso-tab-count:1\\’> TLACOYEHUATZIN

style=\\’mso-tab-count:1\\’> TOYECUITZIN

style=\\’mso-tab-count:1\\’> XOCOTZIN

style=\\’mso-tab-count:1\\’> NONOHUALCATZIN

style=\\’mso-tab-count:1\\’> DON LAZARO

style=\\’mso-tab-count:1\\’> DON PABLO

style=\\’mso-tab-count:1\\’> DON TORIBIO

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> A Cuauhtliztactzin -Pluma Blanca-, llamado Juan
el día de su bautismo en la Iglesia Católica, después de la diligente
preparación que recibieron todos de Fray Pedro de Gante, es al que conocemos
como Juan Diego.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Estos bautismos se realizaron el año 1524 en
Tetzcoco. Fueron los primeros. La descendencia de Juan de Escalona -del indio
llamado en su gentilidad Â?Pluma BlancaÂ?- coincide exactamente con la del indio
Juan Diego, que todos conocemos como el hombre que escogió la Virgen María para
que fuera su leal servidor.

style=\\’mso-tab-count:2\\’>

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Juan Diego Escalona, en su humildad no hace
ninguna relación de los ilustres hermanos, ni de su padre Netzahualpilli, ni de
su abuelo Netzahual-coyotl.

style=\\’mso-tab-count:1\\’>

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Cuando menos lo esperamos, una quinta nieta,
descendiente suya en línea recta, salta a las páginas de una publicación que
era popular en toda la Nueva España: se llama María Micaela Gerónima Antonia de
Escalona y Rojas Cortés Pimentel, apellidos propios de su encumbrada familia.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> El relato del Padre Florencia sobre la herencia
y familia de Juan Diego, encuadra perfectamente en la genealogía de los abuelos
en quinto grado de la monja de Corpus Christi; y otra más, que no hemos
mencionado aquí, también descendiente de él: Doña Gertudris de Torres Vázquez,
cuyos ascendientes llegan a Don Juan Bautista Coacxochitl esposo de Doña Elena
de Guzmán y Escalona, cacica de Tetzcocohref=”#_ftn205″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>footnote\\’>[205]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.

 

5.9. CUANDO CARLOS V DIO
TIERRAS EN MEXICO

 

�Cortés
le dijo a Ixtlixuchitl que le daba en nombre del emperador, para él y sus
descendientes tres provincias, que eran Otumba, con treinta y tres pueblos, Itziucohuac
con otros tantos que caen hacia la parte de Pánuco y Cholula, con ciertos
pueblosÂ?.

 

Â?Ixtlixuchitl
le respondió que lo que le daba era suyo y de sus antepasados y que no lo
habían quitado a nadie para que el Emperador le hiciese merced, que Cortés y
los suyos gozasen aquello, pues habían pasado tantos trabajos y caminado tantas
mil leguas por mar y tierra con harto riesgo de sus vidas; que así como los de
aquellas provincias y las demás que eran del reino de Tezcuco eran sus vasallos
y le habían de acudir a él y a sus hermanos como a sus señores naturales y
otras muchas razones; las cuales oídas por Cortés, y viendo que respondía a la
verdad, calló y no le repitió más�.

 

Â?Ixtlixuchitl
se fue a Tezcuco y allí se concertaron entre él y su hermano Quauhnahuac, de
partir por medio el reino de Tezcuco en este modo: que él como señor que era,
se quedase con la ciudad de Tezcuco y tomase para sí todas las provincias que
caen hacia la parte del medio día (…) y la otra mitad, hacia la parte norte
se la tomó Ixtlixuchitl echando sus linderos (…) y se fue a Otumba donde
edificó ciertos palacios para su morada y lo mismo hizo en Teotihuacan, el cual
entró postrero día del año de nahui-toxtli que la nuestra (en nuestro
calendario) fue a diecinueve de marzo del año veintitrés�
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn206″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>footnote\\’>[206]lang=ES>.

La
aventura había terminado. Los dados se habían tirado ya, y lo único que restaba
es mirar la suerte de cada uno. Juan Diego se fue a su casa.

style=\\’mso-tab-count:1\\’>

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Hay varios asuntos que considerar en esta
honrosa retirada. Uno es que la vida pública tal como lo habían vivido, ya era
otra. Había que contar en todo y para todo con los españoles. Ellos en adelante
iban a decidir tantas cosas. Como siempre en las grandes crisis, los menos
afectados son los poderosos. El pueblo llano quedó perfectamente arruinado: las
gentes salieron huyendo; se dirigieron a todas partes y a ninguna. style=\\’mso-tab-count:1\\’>

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> De la ciudad de México los echaron fuera: era
imposible vivir allí, y después ya no los querían ver regresar; pero la mano de
obra hacía falta, así que volvieron no como libres de moverse a su antojo entre
iguales, sino sujetos a las condiciones de empleo de los nuevos señores. Así es
la guerra y sus consecuencias.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Los grandes de Tetzcoco y Tlaxcala padecieron
menos. El pueblo ya no se educó porque dejaron de existir los colegios. No más
Telpochcalli ni Calmecac. Su habilidad y sus disposiciones para el arte fueron
muy estimadas y pronto se pusieron de manifiesto. México tendrá siempre su
propio carácter; el de ser indígena y español al mismo tiempo.

style=\\’mso-tab-count:1\\’>

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Juan Diego se dedicó al trabajo y se hizo más
reflexivo todavía; en su mente se movían muchos interrogantes, pero la gran
solución para él fue siempre meterse de lleno al trabajo. Mostró en estas
circunstancias su nobleza: la del trabajo intenso y ordenado.

style=\\’mso-tab-count:1\\’>

style=\\’mso-tab-count:1\\’> No en vano era un Â?principalÂ? del Señorío
chichimeca de Tetzcoco.

style=\\’mso-tab-count:1\\’>

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Así como Ixtlitxochitl se fue hacia Otumba y
Teotihuacan, Juan Diego centró de lleno su vida en Cuauhtitlán. Las crónicas
dicen que él es oriundo de este lugar; pueden ser muy verdaderas, porque si Juan
Diego tenía posesiones en varios pueblos del Señorío, su padre también; y uno
de ellos era éste, rodeado de lagos, ameno y tranquilo: Cuauhtitlán.

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> ¿Nació Juan Diego en Cuauhtitlán? Sí. Los datos
que tenemos lo afirman. ¿Vivió en Tetzcoco, hizo la guerra, venció y vio
confirmados sus dominios? Los datos que tenemos dicen que sí.

 

5.10. PONIENDO EN ORDEN A LA
FAMILIA

 

Esto es,
ni más ni menos, que escribir una genealogía:

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> JUAN DIEGO

 

se casa constyle=\\’mso-tab-count:1\\’> MARIA LUCIA

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Su hijo:

 

JUAN DIEGO
II

 

se casa constyle=\\’mso-tab-count:1\\’>

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Su nieto:

 

JUAN DIEGO
III

 

se casa con

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Su bisnieto, o segundo nieto:

 

JUAN DIEGO
IV

 

se casa con
JUANA MARIA

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Hasta aquí llega el relato del Padre Francisco
de Florencia, donde se hace la mención detallada de los tres Juanes, que fueron
los felices poseedores de la Imagen de la Virgen de Guadalupe que llevaba
siempre consigo Juan Diego. El Padre Florencia no pone apellidos a ninguno, por
esta razón no se citan aquí tampoco.

 

Su tercer
nieto:

 

style=”mso-spacerun: yes”> NICOLAS DE SAN DIEGO

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Se casa con MARIA
GERONIMA

(nació en
1653)

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Su cuarto nieto:

style=\\’mso-tab-count:2\\’>

style=\\’mso-tab-count:1\\’> JOSE JACINTO DE ESCALONA

style=”mso-spacerun: yes”>  (muere
en 1725)

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Se casa con ANGELA
DE ROXAS AYALA

style=\\’mso-tab-count:1\\’> (muere en 1742)

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Su quinto nieto:

style=\\’mso-tab-count:2\\’>

MARIA
MICAELA GERONIMA ANTONIA DE ESCALONAY ROXAS

style=\\’mso-tab-count:1\\’> (nace en 1721)

style=\\’mso-tab-count:1\\’>

Sus
hermanos son:

style=\\’mso-tab-count:1\\’>

JUAN PEDROstyle=\\’mso-tab-count:2\\’>

(nace en
1716)

 

MARIA
GUADALUPE

(nace en
1703)

 

JOSEBUENAVENTURA
ESCALONA ROXAS CORTES

PIMENTEL

style=\\’mso-tab-count:1\\’> (nace en 1709 muere en 1753)

style=\\’mso-tab-count:1\\’>

style=\\’mso-tab-count:1\\’> Sus hermanos son también

CORTES
PIMENTEL,

pero
solamente en él se encuentran citados estos apellidos que pertenecen a su familia.

style=\\’mso-tab-count:3\\’> 

Se casa con
PRUDENCIA XIMENES

(muere en
1737)

style=\\’mso-tab-count:1\\’>

Sus hijos
son:

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’>

MARIA
ANTONIA EVARISTA

(nace en
1741)

 

style=\\’mso-tab-count:1\\’> JOSEFA MARIA 

(nace en
1744)

style=\\’mso-tab-count:1\\’>

JOSE MARIA
ESCALONA CORTES PIMENTEL 

(nace en
1738 y muere en 1791)

style=\\’mso-tab-count:2\\’>

Se casa con
MARIA JUANA MONTALVO

style=\\’mso-tab-count:1\\’>

Sus hijos
son:

style=\\’mso-tab-count:1\\’> VALENTE VICENTE

style=\\’mso-tab-count:1\\’> CAMILO MANUEL

style=\\’mso-tab-count:1\\’> ANTONIO AGUSTIN Y

style=\\’mso-tab-count:1\\’> DIONISIO

 

style=\\’mso-tab-count:2\\’> Hasta aquí la relación de la descendencia en
línea directa de Juan Diegoname=”_ftnref” title=””>style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>[207]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>. La averiguación acerca de estas
personas llegó hasta el año de 1791.

 

5.11. ¿HAB�A INDIOS NOBLES
EN MÃ?XICO?

 

 style=\\’mso-tab-count:1\\’> Los había, ciertamente, desde antes que
pusieran por aquí sus pies los españoles. No se usaba la palabra �nobles�, pero
había una equivalente.

 

Los
europeos llaman Â?nobleÂ? al personaje que se ha distinguido en el servicio a su
patria y ha sido recompensado por el gobernante de más alto rango, con un
título que lo acredita como un hombre de valía yname=”_ftnref” title=””>23lang=ES>.

 

Con la
distinción venía la fortuna, porque el Rey les daba propiedad sobre tierras,
que cultivaban en su propio beneficio; también eran señores de ciudades y
pueblos de los que cobraban impuestos. Como estaban para la guerra, ya fuera de
ataque o de defensa, solían construir una plaza fuerte: surge el castillo
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn209″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>24lang=ES>.

 

Con el
tiempo, esta nobleza llamada �feudal�, desperdigada por el país, se concentra
en torno al Rey, dedicándose �en la vida de la Corte� a su servicio
inmediato… y a la intriga
name=”_ftnref” title=””>25lang=ES>. Nobles juntos y más o menos desocupados, no
tendrían mucho en que pensar. Un caso interesante es el del Príncipe de Condé,
buen servidor de Luis XIV en la amable Francia, quien manejó los hilos de tal
modo que se quedó con el cargo de Nicolás Fouquet, quien murió en la cárcel,
donde vivió prisionero los últimos diecinueve años de su vida y se vio obligado
a abandonar su maravilloso palacio de Vaux le Vicomte
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn211″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>26lang=ES>.

 

Los
títulos de nobleza, en Europa se heredan de padres a hijos con las posesiones
correspondientes. Si el heredero era torpe como una calabaza, o un tanto
desequilibrado, como Ludwig de Baviera, la educación que recibía quizá pudiera
volverlo útil. En realidad, bastaba con que fueran seres normales. Podemos
decir que un elevado porcentaje lo fueron y, además, notables en el desempeño
de sus cargos y funciones.

En
México no existía el concepto ni la función de �Rey�; encontramos Grandes
Gobernantes, por ejemplo �Huey Tlatoani� de México Tenochtitlan, los de
Tetzcoco y de Tlacopan. Tienen cargos muy bien determinados y están sujetos a
un Gran Consejo de Notables
name=”_ftnref” title=””>27lang=ES>. Las tres ciudades con sus territorios,
formaron una Confederación poderosa. Siendo México Tenochtitlan al arribo de
los españoles la más importante de las tres, se confundieron los recién llegados
y designaron �Emperador� a Moctezuma II; los demás fueron considerados �Reyes�.
Estas palabras de nuevo cuño en México, se impusieron, porque fueron las que
emplearon los que ganaron la guerra: todo lo vieron bajo el prisma hispánico
peninsular.

 

La nobleza
en México estaba dividida en varias clases que los españoles confundieron bajo
el nombre general de Â?caciquesÂ?. Esta es una palabra importada por los
españoles y viene de la lengua que se habla en Haití, que ellos oyeron en la
isla Española. Los mexicanos para referirse a un �noble� añadieron a su nombre
la terminación �Pilli�, o bien, le llamaron �Teuctli�.

 

Cada
clase tenía sus propias características y usaba particulares insignias.
Solamente los �nobles� podían usar adornos de oro y de piedras preciosas en los
emplumados penachos y en el vestido. En Tlaxcala, para llegar a ser un
Â?TeuctliÂ?, era necesario ser Â?nobleÂ? por nacimiento o haberlo ganado por su
valentía en las batallas: en este último caso, necesitaba el guerrero recibir
los signos de su nobleza del mandatario principal. A partir de ese momento,
podía añadir la terminación �Teuctli� a su propio nombre: como
Â?ChichimecateuctliÂ?, Pilteuctli y otros
href=”#_ftn213″ name=”_ftnref” title=””>lang=ES>28.

 

Continúa
Clavijero: Â?La mayor parte de la nobleza mexicana era hereditaria; y hasta la
ruina del imperio, se mantuvieron con esplendor varias familias, descendientes
de aquellos ilustres aztecas que fundaron México. Precedían los �Teuctli� en el
senado a todos los demás, así en el asiento como en el sufragio y podían llevar
por detrás un criado cargando con el �icpalli� o taburete que era un privilegio
de mucho honor�.n México, el Gran Tlatoani gobernaba como un auténtico monarca,
y era elegido por el Gran Consejo, pero la designación seguía un orden
hereditario: Â?fue costumbre de estos mexicanos que fuesen reinando
sucesivamente los hermanos unos después de otros y acabando de reinar el
último, entraba en su lugar el hijo del hermano mayor que primero había
reinadoÂ?
title=””>29lang=ES>. Sin embargo, los electores en más de un caso
alteraron el orden señalado, en virtud de las cualidades que buscaban para el
bien del país atendiendo a las circunstancias. Hecha la elección, la
confirmaban Tetzcoco y Tlacopan (las otras dos ciudades de la Confederación).

 

Dice
Sahagún por su parte que �el electo debía ser valiente, ejercitado en las cosas
de la guerra; prudente y sabio, criado en el Â?CalmecacÂ?; que no bebiese Â?octli
-pulque-, justo y amigo de los dioses: junto con él nombraban cuatro consejeros
que le ayudasen a entender en los negocios graves del reinoÂ?
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn215″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>30lang=ES>.

 

El Señor
de un pueblo, o de un territorio, se denominaba Â?TlatoaniÂ?, no Â?caciqueÂ?. Los
�Tlatoani� ejercían jurisdicción civil y criminal. Muriendo, dejaban el señorío
a sus hijos o parientes, aunque necesitaban la confirmación de los Grandes
Â?TlatoaniÂ? de las tres ciudades. Era nobleza hereditaria. Este linaje de
propietarios constituía una nobleza o clase privilegiada en las poblaciones
style=\\’mso-footnote-id:ftn\\’ href=”#_ftn216″ name=”_ftnref” title=””>class=MsoFootnoteReference>31lang=ES>.

 

La
tierra que el Gran �Tlatoani� conquistaba, las repartía entre ciertos nobles
conocidos como Â?tecpantlacaÂ?: gente de palacio. Estaban obligados a cuidar las
casas del Señor y no pagaban tributo alguno.

 

También
hacía el Gran �Tlatoani� donaciones libres, llamadas �pillalli� o tierras de
nobles, y sus poseedores se nombraban Â?pipiltzinÂ?.

 

La
suerte de los nobles propietarios estaba asegurada, no así la de los
�macehualli� que era dura y afanosa; sin embargo, este era dueño de sus bienes;
y si tenía talento podía fácilmente encumbrarse en aquella sociedad. Los nobles
solían contratar �macehualli� para los trabajos de campo.

 

Juan
Diego es noble por su origen. Gozó de esta elevada posición hasta el final de
la guerra de conquista.

 

A partir
de entonces, se retira al campo -Cuauhtitlán- sin haberse desligado nunca
plenamente de este lugar que tantos recuerdos le trae. Se adapta a las nuevas
circunstancias: es entonces, un Señor, un �tzin�.

 

Después,
por amor a Jesucristo, sigue muy de cerca la feliz y santa enseñanza de sus
maestros, los venerables Frailes de San Francisco de Asís, y vive
voluntariamente la pobreza de un Â?macehualliÂ?, con todas las consecuencias que
acarrea esta condición en México, especialmente bajo la mirada del español.

 

Esta es
su condición cuando se encuentra con la Virgen en el Tepeyac, y así le llega la
muerte; viviendo libremente en la estrechez, pared con pared de la Ermita que
construyó Fray Juan de Zumárraga -primer Arzobispo de México- a Santa María de
Guadalupe.

 

No tiene
nada de extraño que quienes lo conocieron y trataron, hayan considerado que su
amigo era un santo.

 

5.12. CASOS Y COSAS

 

El día
30 de marzo de 1648, el Obispo hace comparecer ante él algunos indios
principales, para averiguar qué pensaban acerca del Lic. D. Luis Lasso de la
Vega, acerca de la administración de los sacramentos en la Parroquia y Villa de
Guadalupe, y si estaban a gusto con él. La respuesta fue afirmativa. Lo
interesante es que entre los convocados estaba un Juan Diego… Podría parecer
mera coincidencia, porque quizá había más de alguno que llevará este nombre…,
si pero este Juan Diego es Escalona.

 

Hay que
reseñar que los Escalona están sepultados en el Santuario y en la Parroquia de
Guadalupe.

 

También
hemos de tener en cuenta que Don José Buenaventura de Escalona llegó a ser
Gobernador  de la Villa de
Guadalupe
title=””>32lang=ES>.

 

Seguramente
la historia de esta familia será mejor conocida con el paso del tiempo y el
interés de los estudiosos por el afecto tan grande que tenemos a Juan Diego.




ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn1″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[1]lang=ES> MOTOLINIA, FRAY TORIBIO: Â?Historia de las Indias de la Nueva
EspañaÂ?.  Ed. Porrúa. Colección
Sepan Cuántos. No. 129, 3ª edición, preparada por Edmundo O�Gorman, México
1979, pp. 2, 3, 6 y 150. Â?A unos llamaron Â?chichimecasÂ?, los cuales fueron los
primeros señores de esta tierra. Ochocientos años atrás eran salvajes,
habitaban en cuevas y en los montes (…) Tomaban una sola mujer. No tenían
sacrificios de sangre ni ídolos: adoraban al sol, le ofrecían aves, culebras y
mariposas (…) Proceden de los Â?otomíesÂ? (…), son hábiles para recibir la
feÂ?.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn2″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[2]lang=ES> MARTÃ?NEZ, JOSE LUIS: Â?Nezahualcoyotl, Vida y ObraÂ?. Fondo de Cultura
Económica, 4ª. Reimpresión en México 1990, p.11. �Habían sido grupos nómadas
procedentes del norte, encabezados por Xolotl, destruyeron Tula, capital de los
�toltecas�. Sus costumbres rudas se transformaron rápidamente al contacto de
otros grupos mas avanzados, adoptaron el náhuatl como su lengua y aprendieron
muchos de los hábitos y tradiciones de los toltecas supervivientes�.

style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’> 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn3″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[3]lang=ES> SAHAGUN, FRAY BERNARDINO DE: Â?Historia General de las Cosas de la
Nueva España�. Ed. Porrúa. Colección Sepan Cuántos. No. 300, con numeración de
párrafos y anotaciones de �ngel María Garibay K., en libro X, cap. XXIX, México
1979, parr. 3. No. 41 p. 601. Â?Los nahuas eran los que hablaban la lengua
mexicana (…) y aunque eran nahuas, también se llamaban chichimecas y decían
ser de la generación de los toltecas�.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn4″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[4]lang=ES> SAHAGUN FRAY BERNARDINO DE: o.c., No. 45, pp. 601-602. Â?Eran
habilísimos en grandes trazas, sutiles y curiosos mecánicos, porque eran
oficiales de pluma, pintores, encaladores, plateros, doradores, herreros,
carpinteros, albañiles, lapidarios muy primos (los primeros) en devastarstyle=”mso-spacerun: yes”>  y pulir las piedras preciosas,
hiladores, tejedores; prácticos y elegantes en el habla; curiosos en su comer y
en su traje muy aficionados a ser devotos y a ofrecer a su dios aquello que
significara veneración: e inciensarle en sus templos� (he introducido la
penúltima frase para mayor comprensión). Este dios era �Yohualli Ehecatl�: el
que existe, pero nadie puede ver.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn5″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[5]lang=ES> LEON PORTILLA, MIGUEL: Â?La Filosofía NáhuatlÂ?, U.N.A.M., México 1983,
pp. 279-284. �Los nahuas -pueblos de habla náhuatl- tenían conciencia de la
sabiduría de los antiguos, que luego habrían de hacer suya (…) La creencia en
una suprema divinidad invocada con los títulos de �Tloque nahuaque��-dueño de
lo cerca y de lo junto: el Omnipresente- y Â?Yohualli EhecatlÂ?, el que existe,
pero no es visibleÂ?. Agrego que es preciso no confundir estos pueblos: tolteca,
chichimeca y mexica, que habitan en este singularísimo valle.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn6″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[6]lang=ES> ORTIZ DE MONTELLANO, GUILLERMO: Â?OmehyotlÂ? (La Dualidad). Archivo
particular, 497, 25 C. �En el aspecto religioso reconocían la existencia de un
Ser Supremo, único, al que llamaban Â?MoyocoyaniÂ? -El  por estar sus
principales poblaciones en la ribera de dos lagos. Después se extendió a toda
la Nueva España�.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn10″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[10]lang=ES> Â?TetzcocoÂ?, es un vocablo náhuatl que en castellano se traduce Â?en las
varas duras y resistentes�; las que había en un cerro, en cuya falda se
asentaron, llamado Â?TetzcutlÂ?.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn11″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[11]lang=ES>  La fecha de la fundación
de la ciudad es: �Ome Acatl� -Dos Caña-, según la cuenta tenochca de los años,
hecha por gentes de Tenochtitlán. Es el 1325 de nuestra era. Sus fundadores
venían de un punto de partida envuelto en la leyenda: de una isla situada en
medio de un lago, de ahí el nombre de �Aztlán� y el de �aztecas�, para los
tozudos habitantes de la que andando el tiempo sería la ciudad de México.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn12″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[12]lang=ES> El Ã?guila devorando la serpiente parada en un espinoso nopal es el
Â?glifoÂ? representativo de una ciudad azteca. Un Â?glifoÂ? es la palabra que se
utiliza para nombrar los caracteres -dibujos- de la escritura maya o azteca.
Cfr. CODICE de 1576: En este Códice aparece el dibujo de un águila luchando
contra una serpiente para devorarla. Es conocido también como �códice de
Aubin�; perteneció a Boturini. De esta colección -de la cual saquearon todos-
se llevó papeles Aubin a Francia, el original se perdió, pero existe una copia
de León y Gama en la misma Biblioteca Nacional de París.

Cfr. CRÃ?NICA
MEXICAYOTL: Es una colección de crónicas en lengua náhuatl, redactadas después
de la conquista de México. Fue publicada por la Imprenta Universitaria el año
de 1949. Contiene la historia del águila sobre el nopal desgarrando lo que está
comiendo.

Cfr. CODICE
MENDOZA: Se trata de un códice náhuatl, es un documento histórico de gran
importancia. Fue redactado por escribanos indígenas por orden del virrey D.
Antonio de Mendoza para ser enviado al emperador Carlos V. Aquí encontramos el
águila y el nopal pero sin serpiente. Es una copia de códices antiguos.
Actualmente se encuentra en Inglaterra, porque en el viaje a Europa, el barco
fue asaltado por un corsario francés; con el tiempo se vendió al Capellán de la
Embajada Inglesa en París y fue a parar en Londres.

Cfr. NIGEL
DAVIES, CLAUDE: �Los mexicas, primeros pasos hacia el imperio�. UNAM., México
1973, p. 46: �Huitzilopochtli se apareció en sueños a uno de sus sacerdotes y
le dijo que el corazón de Copil, su sobrino, muerto a causa de mexicas, había
caído  a una roca donde nació un
hermoso tunal -esta planta en México se conoce como �nopal�, y su fruto son las
�tunas�-, allí un águila magnífica hizo su morada.

Al día
siguiente vieron el águila parada en ese tunal, se llenaron de alegría y
fundaron su propia ciudadÂ?.

Cfr. También
DURAN, FRAY DIEGO: �Historia de las Indias de Nueva España�, Ed. Nacional,
México, 1951.
T. I., pp, 39-40. lang=ES>�Por eso se llamaría �Tenochtitlan�, de �tenochtli� -tuna colorada-�.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn13″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[13]lang=ES> CODICE AZCATITLAN: Manuscrito con figuras y leyendas en náhuatl, se
encuentra en París, en la �Bibliotheque National�, forma parte del conjunto de
documentos que en tiempos del Emperador Maximiliano, aprovechando la confusión
de su derrota, sacó de México Mr. Aubin, pasándolos por la aduana de Vercruz
como papel inservible. �l había deshecho legajos, borró numeraciones de
páginas, etc., para lograr su objetivo. Fue Goupil, su amigo más sensato que
él- quien a su muerte, los llevó a la Biblioteca Nacional de París. Se
encuentra en la Sala Oriental, Secc. Manuscritos raros. Fue publicado por el
�Journale de la Societé des Americanistes�, Vol. 38, el año de 1949, 101-135.
Edición a cargo de Robert H. Barlow.

Los aztecas
tardaron siglo y medio para llegar al centro del lago del Anáhuac y quedarse
allí definitivamente. El Códice citado nos representa a �los portadores de
dios� -los sacerdotes- que llevaban a cuestas a Huitzilopochtli, quien llegaría
a ser el temible numen de la guerra. (No propiamente un Dios, sino Â?diosÂ? o un
�numen�, porque chocarían de frente con la altísima idea de Dios -sus atributos
o cualidades más importantes que recibieron de los toltecas).

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn14″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[14]lang=ES> CLAVIJERO, FRANCISCO JAVIER: o.c., Libro II No. 2, p.49. Â?Los
historiadores tetzcocanos creen que los toltecas fueron los que colocaron en el
monte Tláloc aquel ídolo, célebre dios del aguaÂ?. Libro VI, No. 1, p. 148.style=”mso-spacerun: yes”>  Â?Los que morían sacrificados en su
honor, o ahogados, iban a un lugar fresco y ameno, de la tierra que llamaban
Â?tlalocanÂ?, residencia de dicho diosÂ?.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn15″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[15]style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’> SAHAGUN,
FRAY BERNARDINO DE: o.c., Libro I, cap. I, p. 31 Â?HuitzilopochtliÂ?, No. 1: Â?Fue
un Hércules robustísimo y muy belicoso�. No. 2: �En las guerras era como fuego
vivoÂ?. No. 3: Â?Este hombre, por su gran fortaleza y destreza en la guerra lo
tuvieron en mucho los mexicanos cuando vivía�. No. 4: �Después que murió, lo
honraron como diosÂ?. La leyenda lo hace nacer de una mujer -Coatlicue-
fecundada por un haz de plumas que ella guardó en su seno. Este numen viene a
la vida peleando ya, para imponerse a sus hermanos.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn16″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[16]lang=ES> NIGEL DAVIES CLAUDE: o.c., p.44. Â?Los mexicasÂ? -es el plural de
Â?MexicatlÂ?, un mexicano-, en el tiempo de su asentamiento en el centro del lago
del Anáhuac, estaban gobernados por �Tenoch�, una especie de �Tlatoani�
-Gobernante- incipiente. Apenas comenzaba la organización social que llevarían
después. Es la transición de cuatro Gobernantes: �Teomama� a uno solo. Pudo
haber después varios gobernantes con este mismo nombre�.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn17″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[17]lang=ES> Que Juan Diego naciera en 1474, lo sabemos por tradición. Aquí no es
posible contar con algún documento contemporáneo que lo afirme. Según el
historiador Becerra Tanco, Juan Diego nació en ese año; la fecha se deduce por
el año en que murió: 1548. Los que lo conocieron nos dejaron el siguiente dato,
tenía al morir 74 años. El testigo sexto de las �Informaciones Guadalupanas de
1666�, Don Martín Bullon había conocido, tratado y comunicado con Juan Diego y
asegura que era hombre de 56 a 58 años cuando se le apareció la Reina del
Cielo. Según la tradición Juan Diego tenía 57 años cuando vio a la Virgen María
en el Tepeyac el año 1531. Cfr. LOPEZ BELTR�N, LAURO: �XVII Almanaque de Juan
Diego, 1965�. Ed. JUS. México, p. 39.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn18″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[18]lang=ES> El testigo décimo de las Â?Informaciones Guadalupanas de 1666Â?, Fray
Pedro de Oyanguren, de 85 años de edad, al hablar de Juan Diego dijo que
�habían reconocido en él mucha capacidad, al oírlo hablar, y que teniendo casas
propias en que vivir y tierras en que sembrar en Cuauhtitlán, donde había
nacido, �lo había dejado todo viniéndose a residir en dicha Ermita de
Guadalupe, donde estuvo todo el tiempo de su vida hasta que falleció…Â? Cfr.
Â?Almanaque…Â? o.c., p. 54.

name=”_ftn19″ title=””> 

normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[19]lang=ES> SAHAGUN, FRAY BERNARDINO DE: o.c., Libro VI, Cap. XXX, No. 4, p. 383

 

name=”_ftn20″ title=””>normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[20]lang=ES> SAHAGUN, FRAY BERNARDINO DE: o.c., Libro VI, Cap. XXXI, Nos. 2 y 3, p.
384

 

 

name=”_ftn21″ title=””>normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[21]lang=ES> SAHAGUN, FRAY BERNARDINO DE: o.c., Libro VI, Cap. XXXII. No. 1, p. 385

name=”_ftn22″ title=””>lang=ES> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[22]style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’> CASO,
ALFONSO: �La Religión de los Aztecas�. México 1936, pp. 55 y ss. Resumiendo
este texto citado dice: � La Religión abarcaba todos los aspectos humanos de la
vida de los pueblos del Valle del Anáhuac. Tanto los mexicas -Aztecas- como los
chichimecas –Señorío de Tetzcoco- son profundamente religiosos. Su
existencia giraba totalmente alrededor de la religión. No hay un solo acto de
la vida publica y privada que no esté teñido por el sentimiento religioso. La
religión es el factor preponderante e interviene como �causa� hasta en aquellas
actividades que nos parecen a nosotros más ajenas al sentimiento religioso,
como los deportes, los juegos y la guerra�. Aclaró que la religión no es un
�sentimiento� -esto suena a Filosofía Modernista- sino la búsqueda de la
relación con Dios, que lleva a la unión con �l.

name=”_ftn23″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[23]lang=ES>  SOSTELLE, JACQUES: Â?La
vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista�. Fondo de Cultura
Económica. 2ª. Reimpresión. México 1947, pp. 115 y 116. �Todos los pueblos
civilizados de México y de América media, han elaborado sistemas cronológicos
para encontrar la clave de la sucesión de los fenómenos naturales y el destino
de cada individuo. Estos presagios se veían tan seguros y �racionales� como
pueden ser para nosotros las interpretaciones científicas en el mundo�.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn24″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[24]lang=ES> PIÃ?A CHAN, ROMAN: Â?QuetzalcoatlÂ?, Fondo de Cultura Económica y
Secretaría de Educación Pública, México 1985, p.24. �El dios Quetzalcoatl (se
traduce al castellano como Â?Serpiente emplumadaÂ?) ha sido confundido varias
veces con el héroe de Tula Topiltzin, que siendo sacerdote suyo lleva su nombre
(ver nota introductoria). Quetzalcoatl es una deidad más antigua aún que los
Toltecas y también el santuario que levantaron en su honor. Para los �mexicas�
fue Â?el dios de aireÂ?. (Cfr. Nota introductoria). Para los toltecas Â?el dios
del bien y de la cultura�, en relación con �el agua que corre�. Estas ideas
evolucionaron después.

 

 

name=”_ftn25″ title=””>normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[25]lang=ES> Se refiere a Â?Tloque nahuaqueÂ?, un atributo del Ser único, venerado
por los chichimecas (ver nota 6). Esta es una gran herencia tolteca. A este Ser
lo predicarán los sacerdotes sucesivos de Quetzalcoatl.

 

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn26″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[26]lang=ES>  SAHAGUN, FRAY BERNARDINO:
o.c., Libro VI, Cap. XXXVII, Nos. 6, 7 y 8, pp. 389-390.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn27″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[27]lang=ES> SENTIES RODRÃ?GUEZ, HORACIO: Â?Genealogía de CuauhtlatoaÂ?, Histórica,
Colección III; Tema presentado en el XIV Encuentro Nacional Guadalupano. Centro
de Estudios Guadalupanos, México, 1989. Fascículo 7, p.1 y s.s. �En actos de
heroísmo se distinguieron Ixtlilxochitl al lado de Cortés y Quauhtliztactin
-�guila Blanca- al lado de Alvarado; al que salvó la vida en Tlatelolco. D.
Fernando de Alba Ixtlixochitl, en su �Relación de la venida de los españoles y
principio de la ley evangélica�, al hablar de este personaje lo llama: Juan
Quauchtloitatzin… Â?Con el tiempo va cambiando la escritura -por influencia de
los españoles y su pronunciación-; D. Carlos de Sigüenza y Góngora lo tomó como
Cuauhtlatoatin -�guila que Habla-; incluso al releer los papeles que recibió de
Alba Ixtlixochitl. Sigüenza es el único historiador que nos da el nombre
indígena de Juan Diego, quien seguramente pasó de �guila Blanca a �guila que
Habla; incluso por su relación con las Apariciones de la Santísima Virgen de
Guadalupe, de quien habló tan espléndidamente (Ver Cap. V). Cfr. también Códice
1988, de reciente hallazgo.

style=”mso-spacerun: yes”> 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn28″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[28]style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’> BECERRA
TANOC: Â?AlmanaqueÂ?, o.c., p. 110.style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’> 
Fue bautizado en Tetzcoco a los 48 años de edad en el 1524, porque
para 1531 ya había convento franciscano en Cuautitlán. Cfr. CHAUVET, FRAY FIDEL
DE JESÃ?S: Â?Juan Diego y los franciscanosÂ?, en Â?AlmanaqueÂ?, o.c., p. 226. Se
pregunta Fray Fidel: ¿Es posible que un indio �macehualli� -labrador- recibiera
el bautismo en años tan próximos a la conquista? Respondemos que sí fue posible
para este indio porque no era un Â?macehualliÂ? sino un Â?principalstyle=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>Â?.

normal\\’> 

normal\\’> 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn29″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[29]lang=ES> CLAVIJERO, FRANCISCO JAVIER: o.c., Libro VII, No. 5, pp. 206 y 207. Da
el autor una descripción muy completa de la formación humana que se daba en
estos colegios. Los llama �seminarios�, porque vivían en régimen de internado.
Unos eran para niños y muchachos y otros para niñas y jovencitas. Unos para los
nobles y para los que provenían de familias encumbradas y el Tepochcalli ya
mencionado. La educación era austera en ambos y de allí salían para contraer
matrimonio. Los hombres a los 20 ó 22 años y las doncellas a los 17 ó 18 años.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn30″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[30]lang=ES>  ALBA IXTLILXOCHITL,
FERNANDO DE: �Nican Motecpana�. Traducción del Lic. D. Primo Feliciano
Velásquez. Carreño e hijo, Editores, México 1926, p. 81. Cuando su tío Juan
Bernardino quiso seguirle a la cabaña en que vivía Juan Diego al lado de la
Ermita construida por Fray Juan de Zumárraga a la Santísima Virgen de
Guadalupe, le dijo: �que convenía que se estuviera en su casa para conservar
las casas y tierras que sus padres y abuelos le dejaron…Â? No es propio de un
�macehualli� decir esto. Hay aquí una aparente contradicción entre el �Nican
MotecpanaÂ?  y el Â?Nican MopohuaÂ?,
que se soluciona con la consideración sencilla de que el indio, acomodado y
dueño de tierras, las dejó por amor a Dios y a la Virgen María, tomando la condición
de Â?un pobre labradorÂ?: de un macehual.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn31″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[31]lang=ES>  GARIBAY, ANGEL MARIA:
�Historia de la Literatura Náhuatl�. Vid. �Glosario de voces nahuas�. Ed.
Porrúa. Dos tomos. T.II, México 1971, p. 404. Viene del �chimatli�,
construcción de madera y cubierta de tierra, sobre la que plantaron verdaderos
jardines floridos y legumbres. Es una invención azteca, a sus moradores se les
llama Â?chinampanecaÂ?.

 

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn32″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[32]lang=ES>  Los chichimecas eran
hombres altos de estatura y de anchos hombros, por eso se llamaron a sí mismos
�Acolhuas�, para diferenciarse de los �mexicas�, los �Colhuas�, más bajos que
ellos. BECERRA TANCO, da por descontado que la tilma de Juan Diego -su capa-
era la de un hombre alto, porque la Imagen se estampó en ese lienzo que él
usaba y que era amplio: sin ser pequeña, cupo holgadamente y sobró espacio. Esta
capa se componía de tres partes, unidas entre sí con hilo de algodón. Se está
refiriendo el historiador a la última etapa de la vida de Juan Diego; porque
antes su tilma era toda de hilo de algodón, y cuando miró a Santa María y habló
con Ella, siguiendo el ejemplo de los frailes franciscanos, por espíritu de
pobreza ya la había cambiado por una de �ixtle�, fibra burda y rala.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn33″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[33]lang=ES> SOUSTELLE, JAQUES: Â?La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la
conquista�. Fondo de Cultura Económica. 2ª. Reimpresión. México 1974, p. 40.
�Los calmecac� eran a la vez monasterios y colegios. Allí residían los
sacerdotes, hombres austeros, extenuados por las penitencias, de aspecto
temible con sus ropas negras, y sus cabellos al aire y también los jóvenes
pertenecientes a la clase dirigente, que aprendían en ese colegio los ritos, la
escritura y la historia de su país. Cada templo tenía �su calmecac� donde
vivían en comunidad los sacerdotes y los jóvenes ricos.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn34″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[34]lang=ES> ACOSTA, JOSEPH DE: Â?Historia natural y moral de las IndiasÂ?.
Biblioteca del Estudiante Universitario. No. 83. U.N.A.M. México 1978, p.132.
Â?En dichos pupilajes o escuelas (…) les enseñaban a ser bien criados
(educados) a tener respeto a sus mayores, a servir y obedecer, dándoles
documentos para ello; que fueran agradables a los señores; enseñábanles a
cantar, a danzar, industriábanlos en ejercicios de guerra (…) Hacínalos
dormir mal y comer peor para que desde niños se hiciesen al trabajo y no fuesen
gente regaladaÂ?.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn35″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[35]lang=ES> Â?TeohuantzinÂ?. El venerable responsable de los númenes que hacían
visible simbólicamente la fuerza y maravilla de la Naturaleza. Los españoles
les llamaron Â?DiosesÂ? y crearon un neologismo Â?TeotlÂ? traducido como Â?diosÂ?.
Cosa muy importante porque el tal Â?neologismoÂ? arrastraba nuevas ideas y conforme
a ellas actuaron. Hicieron tabla raza de toda una cultura polifacética En el
Nican Mopohua D. Antonio Valeriano se obligaba a escribir Â?teotl DiosÂ? para
explicarse bien. �A él competía la orientación y la vigilancia de la educación
que se impartía en el �calmecac�. Ejercía las funciones de un Vicario General a
las órdenes del más selecto grupo de sacerdotes.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn36″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[36]lang=ES> ACOSTA, JOSEPH DE: o.c., p.133. Â?Había en estos mismos regimientos
otros hijos de señores y gente noble, y estos tenían más particular tratamiento
(…) Estaban encomendados a viejos y ancianos que mirasen por ellos, de
quienes continuamente eran avisados y amonestados a ser virtuosos y a vivir
cortésmente, a ser templados en el comer y ayunar, a moderar el paso y andar
con reposo y mesura. Usaban probarlos en algunos trabajos y ejercicios
pesados…Â? Unos se inclinaban a la guerra, otros a cosas del templo…Â? Â?Gran
orden y concierto era este de los mexicanos…Â? Â?Si ahora se tuviese el mismo
orden, sin duda florecería mucho la cristiandad de los indios�.

 

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn37″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[37]lang=ES> MARTINEZ, JOSE LUIS: o.c., p. 42. Â?La educación regular para los niños
y adolescentes quedaba a cargo de otras escuelas que estaban situadas junto a
los templos, al lado de los palacios y comunicados con ellos. La primera de
estas, el Â?TlacateoÂ? -que acaso haya sido una variante tetzcocana del
Â?calmecacÂ? azteca- se encontraba al lado poniente de los templosÂ?.

 

name=”_ftn38″ title=””>normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[38]lang=ES> ALVA IXTLITXOCHITL, FERNANDO DE: o.c., T.II, pp. 183 y 184.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn39″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[39]lang=ES> POMAR, JUAN BAUTISTA: en Apéndice I de la Â?Poesía náhuatlÂ?, de Ã?ngel María
Garibay K., U.N.A.M., T.I, 1964. pp. 111-115.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn41″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[41]lang=ES> BOTURINI BENADUCI, LORENZO: Â?Idea de una nueva historia general de la
América Septentrional�. Editorial Porrúa, Colección Sepan Cuantos, No. 278.
México 1986, p.100. �Asimismo los cortesanos coloquios que se debían practicar
en ocasión de embajadas y para tratar con la corte y demás nobleza�.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn42″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[42]lang=ES> MARTINEZ, JOSE LUIS: o.c., p.44. Â?Los Telpochcalli permitían a sus
alumnos costumbres más bien libres, bailes y amancebamientos, pues preparaban
guerreros. Los Calmecac, en cambio, tenían la advocación de Quetzalcoatl, que
era la divinidad del autosacrificio y la penitencia, del conocimiento y del
espíritu y preparaban por lo tanto, sacerdotes, sabios y gobernantes. En
Tetzcoco, el adiestramiento militar completaba la formación moral e
intelectualÂ?.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn43″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[43]lang=ES> EL POCHTECA era un comerciante arrojado, audaz y generalmente
vencedor; rico y con una vida llena de comodidades. De nada de esto hacía
ostentación. Organizaba a sus expensas, expediciones de comercio a lugares
peligrosos en la tierra caliente, y regresaba con una fortuna a cuestas de sus
Â?tamemesÂ? -cargadores- defendida por Â?susÂ? guerreros. Formaban una clase rica,
cuya fortuna era estrictamente privada.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn44″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[44]lang=ES> TZIN tiene en náhuatl dos significados: grandeza y señorío, o es un
afectuoso diminutivo. Aplicado oficialmente al nombre de una persona, es
señorío; dicho por su madre, es diminutivo cariñoso. Juan Diego fue considerado
�tzin� en Cuauhtitlán y Tetzcoco: un hombre con sobresalientes dotes humanas y
elegante señorío.

 

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn46″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[46]lang=ES> Juan Diego nació en una sociedad sumamente sedienta de prestigio,
fundamentado en servicios prestados a la Nación. Los funcionarios importantes,
los magistrados, evidentemente no tenían tiempo para dedicarse a la educación
de sus hijos.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn47″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[47]lang=ES> POMAR, JUAN BAUTISTA: Â?Relación de TetzcocoÂ?. Publicada por Joaquín
García Icazbalceta: �Nueva colección de documentos para la Historia de México�.
T. III, México 1891, p. 25. �El sistema mexicano era una transición entre la
monogamia y la poligamia. Solo existía una persona principal; pero podía tener
más si le convenía al interesado, y su estatuto social no era el de �concubina�
-aunque así se le llamó después de la venida de los españoles- como ahora se
entiende; estas personas no eran objeto de burlas o de desprecio.

Las
expresiones de legitimidad e ilegitimidad, llegadas después de la conquista, no
tienen sentido en este caso, porque sobre los hijos de las esposas secundarias,
no pesa ningún estigma. El �Tlatoani� -Gran Gobernante- Izcoatl, fue hijo de
una mujer que no era esposa principal. Se deja sentir también aquí la huella de
Corea, China y Japón.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn48″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[48]lang=ES> Juan Bernardino tuvo el privilegio de velar por su sobrino Juan Diego.
Según la derivación náhuatl de la palabra �tío�, era el hermano de su padre.
Siendo Juan Diego un hombre proveniente de una familia de abolengo, su tío
necesariamente tenía esa misma condición social elevada y más que otra cosa: la
buena educación recibida.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn49″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[49]lang=ES> Fragmento de una antigua poesía escrita en náhuatl por el Tlatoani de
Tetzcoco, Netzahualcoyotl, de la que conocemos versiones al castellano y una al
inglés, de Mr. Cornyn,  muy
perfecta. La traducción literal del primer verso es �cuando yo muera�. Aquí se
ha alterado deliberadamente.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn50″ title=””>normal\\’> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[50]style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’> La
Señora del Cielo y de la Tierra, la Virgen María, emplea una expresión náhuatl,
�xocoyotzin�, el hijo más pequeño, el que necesita más cuidado y cariño.
Ver:  Â?Nican MopohuaÂ?,style=”mso-spacerun: yes”> 
n. 23.normal\\’>

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn51″ title=””>normal\\’> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[51]style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’> OLMOS,
FRAY ANDRES DE: Â?HuehuetlatolliÂ?  -
�Pláticas de los Ancianos�. Documento escrito en náhuatl, donde el autor recoge
expresiones indígenas, poéticas y descriptivas. Manuscrito existente en la
Biblioteca Nacional de México, Tomo 133, sin paginar. Ocupa el lugar 14º entre
las piezas allí contenidas. Traducción de �ngel Ma. Garibay K., de lo que
existe en náhuatl. El resto lo toma Garibay, para su �Historia de la literatura
náhuatl�, de Fray Juan Bautista.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn52″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[52]lang=ES> OLMOS, FRAY ANDRES DE: o.c. Ms. F, 114, V, No. 12. Se ha utilizado un
fragmento, trad. De �ngel Ma. Garibay K.:�Historia de la literatura náhuatl�.
Ed. Porrúa, México 1971, p. 412.

name=”_ftn53″ title=””> 

normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[53]lang=ES> Mt 12, 34.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn54″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[54]lang=ES> SAHAGUN, FRAY BERNARDINO DE: Â?Historia General de las cosas de la
Nueva España�, Libro VI, Cap. XXI, Nos. 4 y 5. Ed. Porrúa, Col. Sepan Cuántos.
Numerado por �ngel Ma. Garibay K.. 4ta. Ed. México 1979, p. 356.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn55″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[55]lang=ES> OLMOS, FRAY ANDRES DE: o.c. Ms. F, 115, V, No. 18. Indican al muchacho
que no se ciegue por la pasión y que les dé el acatamiento y la reverencia que
a ellos corresponde. En Ã?ngel Ma. Garibay K.: Â?Historia de la literatura
náhuatl�, o.c., p. 414.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn56″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[56]lang=ES> Continuación del poema anterior. Echa mano el autor del simbolismo
propio de la poesía náhuatl: �viento y mal� son símbolos de la muerte y del
infortunio.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn57″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[57]lang=ES> OLMOS, FRAY ANDRES DE: o.c. Ms., No. 27. Fragmento de una serie de
leyes de comportamiento que enseña un padre de familia a su hijo. Traducción al
francés de Remy Simeon, de un manuscrito de Olmos, clasificado como �Arte� en
la Biblioteca del Congreso de Washington. En Â?Historia de la Literatura
NahuatlÂ?, o.c., T. I,  p. 417.

 
pp. 342 y ss.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn59″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[59]lang=ES> SAHAGUN, FRAY BERNARDINO DE: o.c., Libro VI, Cap. XVII, Nos. 1 y 2,
condensados, p. 342. Emplearía otra palabra náhuatl que indica el Ser Supremo.

name=”_ftn60″ title=””>normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[60]lang=ES> SAHAGUN, FRAY BERNARDINO DE: o.c., Libro VI, Cap. XVII, n. 3,style=”mso-spacerun: yes”>  p. 342.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn61″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[61]lang=ES> SAHAGUN, FRAY BERNARDINO DE: o.c., Libro VI, Cap. XVII, n. 4, p. 342.
Â?TeotlÂ? – Dios, siguiendo la mentalidad de un escritor católico que traduce del
náhuatl.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn62″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[62]lang=ES> SAHAGUN, FRAY BERNARDINO DE: o.c., Libro VI, Cap. XVII, n. 8, p. 343.
Por ser un escrito proveniente del habla náhuatl, empleamos Dios, o dios,
siempre en el mismo sentido: Â?el Ser SupremoÂ?.

name=”_ftn63″ title=””> 

normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[63]lang=ES>  SAHAGUN, FRAY BERNARDINO
DE: o.c., Libro VI, Cap. XVII, n. 9, p. 343.

name=”_ftn64″ title=””>normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[64]lang=ES>  SAHAGUN, FRAY BERNARDINO
DE: o.c., Libro VI, Cap. XVII, n. 15, p. 344.

name=”_ftn65″ title=””> 

normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[65]lang=ES>  SAHAGUN, FRAY BERNARDINO
DE: o.c., Libro VI, Cap. XVII, n. 19, p. 344.

name=”_ftn66″ title=””> 

normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[66]lang=ES>  SAHAGUN, FRAY BERNARDINO
DE: o.c., Libro VI, Cap. XVII, n. 23, p. 344.

name=”_ftn67″ title=””>normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[67]lang=ES>  SAHAGUN, FRAY BERNARDINO
DE: o.c., Libro VI, Cap. XVII, n. 27; resumidos, p. 345.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn68″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[68]lang=ES> INFORMACIONES DE 1666. Los testigos indios de Cuauhtitlán son ocho, y
todos declaran la virtud de Juan Diego. El primero de ellos, Marcos Pacheco -de
más de 100 años-, dice que su tía María los amonestaba: �Dios los haga como a
Juan DiegoÂ?.

 

Cfr. LUIS
MEDINA ASCENCIO: �Documento Guadalupano, 1531-1768�, México, Centro de Estudios
Guadalupanos, A.C. 1980, pp. 123-133.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn69″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[69]lang=ES> Son los llamados Â?hongos alucinógenosÂ?. En vez de pulque -que estaba
socialmente prohibido-, en las fiestas daban de fumar los anfitriones a los
invitados esos hongos desecados, que causaban una insólita borrachera: a unos
hacían reír, a otros llorar.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn70″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[70]lang=ES> En náhuatl, uno es el Â?TapatlÂ?; otro el Â?mixitlÂ?. El primero es el que
se llama Â?toloacheÂ?, gran agresor del sistema nervioso. Esta es la Â?hierba
embrutecedoraÂ?; beberlo equivale a fugarse voluntariamente de la vida, sin
morir.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn71″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[71]lang=ES> Â?MalintzinÂ? era un nombre empleado comúnmente entre los pobladores del
valle de Anahuac; sonaba elegantemente. A una mujer que se volvió famosa y
llevó este nombre, los españoles le dijeron �Malinche�: Acompañó a Cortés como
traductora. Su nombre significa Â?enredaderaÂ?  Ed. Porrúa, 2a. Edición,
México 1971 p. 418.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn73″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[73]lang=ES>  OLMOS, FRAY ANDRES DE:
o.c., Ms. No. 27. Traducción al francés de Remi Simeon, en �ngel Ma. Garibay
K.: �Historia de la Literatura Náhuatl�, o.c. p. 417. El texto es más extenso.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn74″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[74]lang=ES> SAHAGUN, FRAY BERNARDINO DE: o.c., Libro VI, Cap. XXII,style=”mso-spacerun: yes”>  n. 4,name=”_ftn81″ title=””> 

normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[81]lang=ES> ALBA IXTLILXOCHITL, FERNANDO DE: o.c., T.II, pp. 174-181.

name=”_ftn82″ title=””> 

normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[82]lang=ES> HERNÃ?NDEZ, FRANCISCO: Â?Historia Natural de la Nueva EspañaÂ?. Obras
Completas. Universidad Nacional Autónoma de México. Vols. II y III. México
1959. Citado por José Luis Martínez, o.c. p. 301.

name=”_ftn83″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[83]lang=ES> MOTOLINÃ?A, FRAY TORIBIO: Â?Historia de los Indios de la Nueva EspañaÂ?.
Ed. Porrúa. Colección Sepan Cuántos. 
Â?Epístola proemialÂ? ,  nn. 5style=”mso-spacerun: yes”>  y 6,name=”_ftn84″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[84]lang=ES> DURAN, FRAY DIEGO: Â?Historia de las Indias de Nueva España e Islas de
la Tierra Firme�. Versión de �ngel Ma. Garibay K. Ed. Porrúa. México 1967, T.
II, p. 12.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn85″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[85]lang=ES> POMAR, JUAN BAUTISTA: Â?Relación de TetzcocoÂ?, en Â?Nuevos Documentos de
García Icazbalceta� 1881, reimpreso en México 1942, p. 22.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn86″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[86]lang=ES> PRESCOTT, WILLIAM: Â?Historia de la Conquista de MéxicoÂ?, Colección
Sepan Cuántos. Editorial Porrúa, México 1970, Libro I, Cap. 6style=”mso-spacerun: yes”>  p. 82.

name=”_ftn87″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[87]lang=ES> ALVA IXTLILXOCHITL, FERNANDO DE: Â?Historia ChichimecaÂ?, acotada por
Alfredo Chavero 1891-92, reimpresión 1965, p. 82.

name=”_ftn88″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[88]lang=ES> ALVA, IXTLILXOCHITL, FERNANDO DE: o.c., p. 37. Â?ChichimecaÂ? significa
Â?Ã?guilasÂ?, y Â?AcolhuacanÂ?, gente alta y de anchos hombros, para distinguirse de
los Â?ColhuasÂ?  -los Â?mexicasÂ?-, más
bajos de estatura. Tetzcoco significa Â?En las varas duras y resistentesÂ?.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn89″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[89]lang=ES> MARTINEZ, JOSE LUIS: Â?Netzahualcoyotl vida y obraÂ?, cap. I y II, pP.
11 y 55. Para mayor amplitud en la biografía de este personaje, consultar:
�Biblioteca Americana�, Fondo de Cultura económica, 4ª. Reimpresión, México,
D.F. 1990. Consultar también las notas correspondientes.

name=”_ftn90″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[90]lang=ES> POMAR, JUAN BAUTISTA: Â?Nueva Colección de documentos para la Historia
de México�, nueva trascripción dirigida por �ngel María Garibay K. Apéndice I,
en Ppoesía náhuatl�, U.N.A.M. México 1964, T.I., pp. 109 y 111.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn91″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[91]lang=ES> SAHAGUN, FRAY BERNARDINO DE: o.c., Libro VI, cap. IX, Nos. 1, 18 y
26,  pp. 319 y ss.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn92″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[92]lang=ES> SAHAGUN, FRAY BERNARDINO DE: o.c., Libro VI, cap. X , No. 37, p. 325.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn93″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[93]lang=ES> ALVA IXTLILXOCHITL, FERNANDO DE: o.c., T. II, pp. 224-5.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn94″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[94]lang=ES> Concilio Vaticano I: Â?Constitución Dogmática sobre la Fe CatólicaÂ?,
Tercera Sesión, Cap. II, �De la Revelación�: �La misma Santa Madre Iglesia cree
y enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido por
medio de las cosas creadas con la luz natural de la razón humana. �Las cosas
invisibles, después de la creación del mundo, pueden ser conocidas por medio de
las visiblesÂ? (Rom I, 20)Â?.

name=”_ftn95″ title=””> 

normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[95]lang=ES> POMAR, JUAN BAUTISTA: o.c., pp. 98-9. La numeración es de Garibay.

 

name=”_ftn96″ title=””>normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[96]lang=ES> ALVA IXTLILXOCHITL, FERNANDO DE: o.c., T.II, p. 244. Este descendiente
de Netzahualcoyotl, escribe que sus fuentes han sido varias: 1.- dos Infantes
de México; 2.- los �anales� del primer Señor de Chiahutla, y 3.- las relaciones
escritas por los infantes de Tetzcoco: D. Pablo, D. Toribio, D. Hernando
Pimentel y Juan de Pomar, hijos y nietos del rey Cuitlahuac, y sobrino del rey
Motecuhmatzin (Emplea ya la fonética de los españoles). Hay que advertir que no
se trataba propiamente de �reyes� según el concepto europeo de la palabra; sino
que designa a Â?mandatariosÂ?, 
personas que ejercen la dirección y el poder, pero así fueron
considerados por los españoles.

 

name=”_ftn97″ title=””>normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[97]lang=ES> A veces, Dios con mayúscula en el texto, facilita la comprensión de lo
que se está tratando, porque es más fácil darse cuenta del pensamiento de los
toltecas, actualizado siglos después en Tetzcoco. Escribir �dios�, con
minúsculas, se refiere al mismo ser, sólo que tal como lo consideraron lo
indios de ese tiempo, antes que llegaran los misioneros españoles.

 

 

name=”_ftn98″ title=””>normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[98]lang=ES> Anales de Cuauhtitlán. Manuscrito traducido por Primo Feliciano
Velásquez. Imprenta Universitaria, México 1945. pp. 38 y 50.

 

 

name=”_ftn99″ title=””>normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[99]style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’> ALVA,
IXTLILXOCHITL, FENANDO: o.c., T.II., p. 236. Así como otros anuncios indígenas,
señalaron el presagio de la catástrofe que habría de venirles, también
Netzahualcoyotl se anticipó lanzando ese poema que es un vaticinio ominoso.

 

name=”_ftn100″ title=””>normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[100]lang=ES> SAHAGUN, FRAY BERNARDINO DE: o.c., Libro VIII, Cap. lang=EN-US style=\\’mso-ansi-language:EN-US\\’>I,  p.449. lang=ES>Moctezuma Ilhuilcamina, V Señor de Tenochtitlan llamado también Â?Huehue
MotecozomaÂ?,  Â?el viejoÂ?.
Â?IlhuilcaminaÂ? significa Â?Flecha del CieloÂ?, nombre dado a las personas que,
por su origen, se dice aquí que provienen del sol, que está lanzando dardos de
luz.

 

name=”_ftn101″ title=””>style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[101]lang=ES> Ms. Â?Cantares MexicanosÂ?. Caja fuerte de la Biblioteca Nacional de
México,  f. 66v- 67r (fragmento).
Traducción �ngel María Garibay K., citado por José Luis Martínez:
�Netzahualcoyotl, su vida y su obra�. Fondo de Cultura Económica, México 1990
p.87.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn102″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[102]lang=ES> GARIBAY K., ANGEL MARIA: Â?Historia de la Literatura NahuatlÂ?, T.I.
�Cantares Mexicanos�, f. 17. Ed. Porrúa, 2ª. Edición, México 1971. p.101. �El
quetzaltototl� es un pájaro de plumaje colorido y exquisito canto.

name=”_ftn103″ title=””>style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>1lang=ES> Â?CalpulliÂ? quiere decir exactamente Â?casa
grande o caserío�. Se formaba por relación de parentesco entre los miembros de
ese que luego pasó a llamarse Â?barrioÂ?. 
Â?ChinacalliÂ? significa Â?casa cercadaÂ?. Actualmente algunos traducen este
modo de agruparse por �clan�. Existía el �calpulli rural� y el �calpulli
urbanoÂ?. El Â?calpulli ruralÂ? 
formaba la unidad territorial, militar, económica, política y religiosa.
Ocupaba regiones determinadas de tierras, reconocidas por la radicación o el
estado. Cada �calpulli� tenía sus propios edificios de culto religioso y de
gobierno. Vid. IGNACIO ROMEVARGAS ITURBIDE: Â?Las InstitucionesÂ?, enstyle=”mso-spacerun: yes”> 
�Esplendor del México Antiguo�, Centro
de Investigaciones Antropológicas de México. Ed. Valle de México. 2ª. Edición,
México 1977, T. II, p. 738.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn104″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[104]lang=ES> Fueron 19 los testigos. Todos afirmaron que en ese lugar había estado
la casa de Juan Diego. En 1802 se iniciaron los trabajos de la capilla con el
permiso concedido por el 55° Virrey de la Nueva España, Don Félix Verenguer de
Marquina, y por el 19° Arzobispo de México, Don Alonso Núñez de Haro y Peralta.
Se terminó en 1810, pero no se abrió al culto a causa de la Guerra de
Independencia. Fue hasta 1817 que el Coronel Pedro de Antoneli terminó la
construcción. Dio la licencia eclesiástica el 21° Arzobispo de México, D. Pedro
José de Fuente y Hernández Miravete. Cfr. �Monumenta Historica Guadalupanensia�,
No. 2. C. De B.G.A.C: Â?Juan Diego el Vidente del TepeyacÂ?. Ed.
Tradición. México 1979.   p.
37.

style=\\’font-size:16.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’> 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn105″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[105]lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’> lang=ES>Informaciones Guadalupanas 1798-1799, en el Archivo General de la
Nación. Ramo Clero Secular y Regular, Vols. style=\\’mso-ansi-language:EN-US\\’>I y IV. Expediente 7,
Fojas 277 a 313. Cfr. FRAGOSO CASTA�ARES, ALBERTO, en �Histórica Colección�, I.
C. de Est. G., fascículo 1°,  foja
287 frente y vuelta, p. 28.

name=”_ftn106″ title=””>style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[106]lang=ES> Informaciones Guadalupanas 1798-1799, o.c., Foja 290 frente y vuelta,
o.c. pp. 30-31.

name=”_ftn107″ title=””>style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[107]lang=ES> Informaciones Guadalupanas 1798-1799: o.c. Fojas 287, frente y
vuelta,  p. 29

 

name=”_ftn108″ title=””>style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[108]lang=ES> Informaciones Guadalupanas 1798-1799: o.c. Fojas 289. Testimonio de
Manuel Basilio  (sic en el
original), Indio,  p. 30.

 

name=”_ftn109″ title=””>style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[109]lang=ES> Documentación a nombre del Lic. Alberto Fragoso Castañares, en el
Arzobispado de México, dirigida al Emmo. Cardenal D. Miguel Darío Miranda.
Igualmente al Sr. Jorge Enciso, Subdirector del I.N.A.H.; ver también las
gestiones realizadas en la Dirección de Monumentos Pre-hispánicos, dirigidas al
Sr. J. R. Acosta y, por último, el dictamen de todos ellos, más el del Arq. D.
Luis García Remus, de la Dirección de Urbanismo  llamado Tlayacac, donde dice
vivió el venturoso indio Juan Diego.-Número 7�. FRAGOSO CASTA�ARES, ALBERTO:
�La casa de J. Diego en Cuauhtitlán�. Histórica, Col. I.C.E.G.A.C., Ed. Hombre
1984, p. 20-21.

.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn111″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[111]lang=ES> Ramo de Bienes Nacionales, legajo No. 575
Exp. 11, AGNM. En Tulpetlac -o en San Juanico, que está muy próximo a este
lugar- es donde se finca el hogar de Juan Bernardino; a quien correspondía
-como señor que era- tener su propia casa solariega. María Lucía -la esposa de
Juan Diego- era natural de Tulpetlac. Cuando Juan Diego dice a su tío que
conviene que él siga al frente del cuidado de las propiedades de la familia,
Juan Bernardino ya había cambiado su residencia a sus propias tierras, posesión
de su familia de muchos años atrás. Cfr. �Monumenta Histórica Guadalupanensia�,
Â?Juan Diego el residente del TepeyacÂ?. C.E.G. México 1979,style=”mso-spacerun: yes”> 
p. 102.

style=\\’font-size:16.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’> 

name=”_ftn112″ title=””>style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[112]lang=ES> Archivo Histórico de Hacienda (Cuentas
Ecatepec, leg. 406, exp. s/n). Cfr. RAMÃ?N SÃ?NCHEZ FLORES: Â?Juan DiegoÂ? . Ed.
Jus. México 1981, pp. 69-70.

10.0pt\\’> 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn113″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[113]lang=ES style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’> style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>SÃ?NCHEZ FLORES, RAMÃ?N: o.c., p. 71. lang=ES>Texto y Nota N° 15. Dice textualmente: Doña María Loreto de Revuelta
que solicita a las autoridades competentes el consentimiento para construir a
sus expensas (…) una capilla en Â?el paraje donde estuvo la habitación del
felicísimo Juan Diego, a quien se apareció Nuestra Señora Madre Santísima de
GuadalupeÂ?. Ramo Clero Secular, Vol. I, No. 4, exped. 7 ff. 277-312 (foja 278
frente y vuelta).

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn114″ title=””>style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[114]lang=ES-MX style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’> SÃ?NCHEZ FLORES, RAMÃ?N: o.c. p. 29. lang=ES>El encomendero a quien le asignaron Cuauhtitlán fue Gil González de
�vila, ex capitán de Cortés, y uno de los primeros conquistadores. Esto sucedió
hacia el año 1525, cuatro o cinco años después de la muerte de Aztatzontzin, el
último Tlatani de este lugar. Falleció Gil González y heredó su hijo, quien
cayó en desgracia por infidelidad y conspiración y fue ajusticiado en agosto de
1566. Cfr. �Tierras� Vol. 13, exp. 6 Xbal. Llegó la desorganización y el caos
en la Tenencia de la Tierra. Recayó entonces la encomienda de Cuauhtitlán en el
Rey. Cfr. González de Cossío, Francisco: Â?El libro de las Tasacionesstyle=”mso-spacerun: yes”>  de pueblos de la Nueva EspañaÂ?,style=”mso-spacerun: yes”>  S. XVI, México 1952,style=”mso-spacerun: yes”>  pp. 149-150, 190, 192, 657-659.

name=”_ftn115″ title=””>style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[115]lang=ES> ACOSTA, JORGE R., Director del Departamento de monumentos
prehispánicos. La casa y los elementos allí encontrados coinciden con el tiempo
de la cultura III y IV Azteca, la que es inmediatamente anterior a la Conquista
y la que se da poco después.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn116″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[116]lang=ES> FRAGOSO CASTAÃ?ARES, ALBERTO: Â?Hallazgo de la Casa de Juan DiegoÂ?.
Editorial JUS. México 1965,  pp.
203-214. Es muy de agradecerse al Lic. Fragoso su interés y profesionalismo
para poner a la luz del sol este importante descubrimiento arqueológico.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn117″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[117]lang=ES> Â?MOTOLINIAÂ?, FRAY TORIBIO DE BENAVENTE:.
�Historia de los Indios de la Nueva España�. Editorial Porrúa, Colección Sepan
cuántos. No. 129. México 1979,  n.
324,  p.142

style=\\’font-size:16.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’> 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn118″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[118]lang=ES> MILLON, RENE: Â?La agricultura como inicio de
la civilización�. �Esplendor del México Antiguo�, Centro de Investigación
Antropológica de México, 2ª. Ed. Editorial Valle de México 1977, T II, p.997 y
ss. Cfr. �Códice Florentino�, 33: Figuras de hombres sembrando maíz con la
Â?coaÂ?.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn119″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[119]lang=ES> SOUSTELLE, JAQUES: Â?La vida cotidiana de los Aztecas, en vísperas de
la conquista�. Fondo de Cultura Económica, 2ª. Reimpresión. México 1974,
p.78.  Y especialmente DURER,
ALBRECHT. Â?Tagebuch der
Reise in die Büderkabdem�. Anno 1520, en �Albrecht Durer in seinen Briefen und
Tagebüchern zusummengestelltÂ?,  von
Dr. Ulrich Petery. Verlag von Moritz Diestenweg. Frankfurt am Main 1925, pp.
24-25.

mso-bidi-font-size:10.0pt;mso-ansi-language:EN-US\\’> 

name=”_ftn120″ title=””>style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[120]lang=ES> ROMERO VARGAS ITURBIDE, IGNACIO: Â?Las
InstitucionesÂ?.  Â?Esplendor del
México AntiguoÂ?, o.c.name=”_ftn121″ title=””> 

style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[121]lang=ES> SAHAGUN, FRAY BERNARDINO DE : Â?Historia General de las cosas de la
Nueva España� . Ed. Porrúa, México 1979 p. 933: �Macehualli� significa un
hombre, en general, pobre y paciente.

10.0pt\\’> 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn122″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[122]lang=ES> INFORMACIONES GUADALUPANAS, 1666. Lauro López
Beltrán: �Almanaque de Juan Diego�. Editorial Jus México 1965 p. 44. Testigo
8°, Catarina Mónica, India de 100 años: �Oyó decir este testigo que estaba
pintado en el dormitorio antiguo, con su tío Juan Bernardino al lado, la Virgen
del Rosario, y un padre leyó que le llamaban Padre Gante. Y que a dicho Indio,
lo nombraban mucho por haber sido tan dichoso y haber hablado a la Santísima
Virgen de Guadalupe�. �Oficio del Excelentísimo Señor Virrey acompañado a
S.E.I. (al Arzobispo Alfonso Núñez de Haro), el expediente promovido por el
Cura y naturales de Santa María Tulpetlac, jurisdicción de San Cristóbal
Ecatepec, solicitando licencia para construir una capilla en el pasaje donde
dicen se apareció Nuestra Señora de Guadalupe�.

 

name=”_ftn123″ title=””>style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[123]lang=ES> ANTICOLI: Â?Historia de la ApariciónÂ?, libro I, cap. III.

 

name=”_ftn124″ title=””>style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[124]lang=ES> Juan Diego no tenía por que pasar problemas
con las tierras que le pertenecían. Cuando las dificultades convengan en
Cuauhtitlán, se fue a sus posesiones de San Juanico, o Tulpellac, que serían de
la herencia de María Lucía, ya que era de una condición social parecida a la
suya.

name=”_ftn125″ title=””>style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[125]lang=ES> LOPEZ BELTRAN, LAURO: Â?La Historicidad de Juan DiegoÂ?. Extracto de las
Informaciones de 1666. Ed. Tradición, S.A. México 1977 pp. 54-58.

10.0pt\\’> 

name=”_ftn126″ title=””>style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[126]lang=ES> Testigo No. 1, Informaciones de 1666, Marcos
Pacheco, Indio,  p. 54.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn131″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[131]lang=ES> Testigo No.  6,
Informaciones de 1666, Martín de San Luis, Indio,yes”> style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[132]lang=ES>Testigo No.  7,
Informaciones de 1666, Juan Juárez, Indio,yes”> style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[133]lang=ES>Testigo No.  8,
Informaciones de 1666, Catarina Mónica, India, p.55.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn134″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[134]lang=ES> Testigo No. 9, Informaciones de 1666, Pbro. Lic. D. Miguel Sánchez,
autor de la primera Â?Historia de  p. 55.

 

name=”_ftn137″ title=””> 

style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[137]lang=ES> Testigos 12 al 18, Informaciones de 1666,  56 y 57.

name=”_ftn138″ title=””> 

style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[138]lang=ES> Testigos 19 y 20, 
Informaciones de 1666,  pp.
57 y 58.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn139″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[139]lang=ES> INFORMACIONES GUADALUPANAS DE 1852, Testigo 2º., en Â?HistóricaÂ?: o.c.,
Colección I, p.51. Centro de Estudios Guadalupanos, México D.F. (sin fecha de
publicación).

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn140″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[140]lang=ES> INFORMACIONES GUADALUPANAS DE 1852,
�Histórica�: o.c., pp. 50 y 55. Fueron encontrados por D. José María Muñoz,
Párroco de Cuauhtitlán, en un armario donde había papeles viejos, en casa de su
amigo Lauro Covarrubias. Se tomó testimonio a nueve personas.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn141″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[141]lang=ES> FRAGOSO CASTAÃ?ARES, ALBERTO: ostyle=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’>.c., p. 17. Museo de
Antropología de la Ciudad de México: �Entierro de niños en ollas de barro�.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn143″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[143]lang=ES> FRAGOSO CASTAÃ?ARES, ALBERTO: ES-MX\\’>o.c., p.17. Museo de Antropología de la Ciudad de
México: �Entierro de niños en ollas de barro�.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn144″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[144]lang=ES> El Códice Mendoza o Códice Mendocino está realizado según la técnica
náhuatl. Fue mandado hacer por el Virrey Antonio de Mendoza de quien tomó su
nombre. Es una copia de códices antiguos que el Virrey enviaba a Madrid. Va
desde la fundación de la ciudad de México hasta Moctezuma II. Nos interesa
especialmente la tercera parte, que se refiere a las costumbres: el nacimiento,
educación y matrimonios, etc. Constituye una fuente importantísima para la
historia antigua de México. En 1549 fue enviado al Rey de España, pero el barco
en que viajaban fue apresado por un corsario francés y las pinturas fueron
adquiridas por René de Francia. Fue vendido por sus herederos al Capellán de la
embajada inglesa en París y publicada por primera vez en el año de 1625; la
mejor edición es de Lord Kingsborugh Londres 1831.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn145″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[145]lang=ES> SAHAGUN, FRAY BERNARDINO DE: Â?Historia general de las cosas de la
Nueva España�. Ed. Porrúa, Colección Sepan cuántos. No. 300. Edición preparada
y numerada por Ã?ngel Ma. Garibay K., Libro VI, Cap. VIII, No. 9, p. 213: Â?quien
no se levantaba y despertaba punzábanle las orejas, el pecho, muslos y piernas
meciéndole punta  de maguey por
todo el cuerpoÂ?.

class=MsoFootnoteReference>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’> 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn146″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[146]lang=ES> LEON PORTILLA, MIGUEL: Â?La filosofía náhuatlÂ?. U.N.A.M. México
1983,  p. 225: Â?los Â?CalmecacÂ? eran
los centros donde los sabios comunicaban lo más elevado de la cultura náhuatl
por esto no es de extrañar que de gentelang=ES style=\\’font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’> class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’> rica. No había
exclusivismo de clase,
mso-bidi-font-size:10.0pt\\’> class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>porque10.0pt\\’> style=\\’font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>podía entrar el que así lo
quería�.

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’> 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn147″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[147]lang=ES> MARTINEZ, JOSE LUIS: Â?Netzahualcoyotl, su vida y su obraÂ?. Fondo de
Cultura Económica, 4ª. Reimpresión .México 1990, p.42. María Lucía, desde niña
asistió al Calmecac -en Tetzcoco, �Tlacaltoa�-, dedicado a las mujeres. Allí
estuvo al cuidado de mujeres expertas en la educación femenil y en especial en
la enseñanza de las buenas costumbres.

style=”mso-spacerun: yes”> 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn148″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[148]lang=ES> TORQUEMADA, FRAY JUAN DE: Â?Monarquía IndianaÂ?. Introducción de Miguel
León Portilla. Ed. Porrúa, México 1969. 3 Vol. Vol. II p.189.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn149″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[149]lang=ES> TORQUEMADA, FRAY JUAN DE: o.c., T. II,name=”_ftn151″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:16.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’> 

normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[151]style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’> Los hombres terminaban su
educación alrededor de los 21 años y las mujeres a los 18. Iniciaban su ingreso
a la vida social con el matrimonio. Las edades para ser admitidos en los
colegios y las de salida variaban de un caso a otro. Era notable el logro de la
educación de todos, con tanta dedicación y esmero. Cfr. TORQUEMADA: o.c., T. II,
pp. 220-221.

 

name=”_ftn152″ title=””>normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[152]style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’> SAHAGUN, FRAY BERNARDINO
DE . o.c. Libro VI, cap. XVIII, No. 2, p. 345.

name=”_ftn153″ title=””> 

normal\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[153]lang=ES> SAHAGUN, FRAY BERNARDINO DE: o.c. Libro VI, cap. XVIII, n. 8, p. 346.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn154″ title=””>style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’>mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>[154]style=\\’mso-bidi-font-weight:normal\\’> SAHAGUN,
FRAY BERNARDINO: o.c. Libro VI, Cap. XXIII, No. 6, p. 366. A esta cita
corresponden todos los  Tratado I, cap. 14,
N.139, añade a lo anterior: �Estos indios que en sí tienen estorbo que les
impida para ganar el cielo, de los muchos que los españoles tenemos y nos
tienen reunidos, porque mi vida se contenta con muy poco (…) en despertando
están aparejados para servir a Dios y si se quieren disciplinar no tienen que
estarlo ni embarazo de vestirse y desnudarse. Son pacientes sufridos sobre
manera, mansos como ovejas; nunca me acuerdo haberlos visto guardar injuria,
humildes, a todos obedientes, ya de necesidad ya de voluntad, no saben sino
servir y trabajarÂ?.

 

name=”_ftn157″ title=””>style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[157]lang=ES> GARIBAY, ANGEL MARIA: Â?Historia de la Literatura
náhuatl�. Ed. Porrúa, S.A. 2 tomos, México 1971. T. I. Cantores Mexicanos,
f.19, lin. 1 y 55.

 

name=”_ftn158″ title=””>style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[158]lang=ES> OLMOS, FRAY ANDRES: Â?HuehuetlatolliÂ? – Â?Pláticas de los AncianosÂ?style=”mso-spacerun: yes”>  ("Mamiserdt" en náhuatl).
Biblioteca Nacional de México. T.133, sin paginar. Lugar 14. Traducción de
�ngel María Garibay K., �Historia de la Literatura náhuatl�: o.c., pp.421-422.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn159″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[159]lang=ES> DAHLGREN, JORDAN B: Â?Una vida indígenaÂ?, en Â?Esplendor del México
Antiguo�, Editorial Valle de México, S.A., 2ª. Edición, 2 tomos. T. II, p. 689

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn160″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[160]lang=ES> SAHAGUN, FRAY BERNARDINO DE: o.c. Libro VI,
Cap. XIX, No. 14, p. 350: �Mira también es hija de no poner atención a las
palabras que oyeres en el camino, ni hagas cuenta de ellas, digan lo que
dijeren los que van o viene, no te preocupes de responder, ni trates de hablar;
haz mas bien como que no lo oyes ni entiendes…Â?

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn161″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[161]lang=ES> SOUSTELLE, JAQUES: o.c.,.p. 179 Por la noche se formó el cortejo que
acompañaría a la novia donde su casa, a la del novio. Delante venían los padres
del novio, detrás muchas honradas damas, después la doncella; que, siendo de
familia importante, venía en una litera llevada a cuestas por dos cargadores.
Sus parientes y amigos, la acompañaban en dos filas con antorchas en las manos.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn162″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[162]lang=ES> La Casa de Malintzin -María Lucía- en Tulpetlac estaba cerca de Ixhuatepec,
llamado después San Juan, y mejor conocido como San Juanico, donde se
encontraba la casa de Juan Diego. Los dos pueblos están tan próximos, que a
Juana Martín -la del testamento de Cuauhtitlán- le bastó decir: �Juan Diego se
fue a casar a TulteplacÂ?.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn163″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[163]lang=ES> Juan Diego y su familia tenían posesiones importantes en San Juanico
-o Ixhuatepec- por lo que Andrés de Tapia, capitán de Cortés e historiador, nos
dejó consignado este interesante dato.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn164″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[164]lang=ES> La educación que recibieron los dos de sus padres -recogida por Fray
Bernardino Sahagún en su libro VI de su �Historia General de los casos de la
Nueva España�, y por Fray Andrés de Olmos, especialmente en sus �pláticas para
comprender perfectamente las obligaciones propias del matrimoniÂ?. Ellos lo
entendieron como único e indisoluble. No hubo más que una esposa principal,
María Lucía, y no sabemos que en este matrimonio haya habido esposas
secundarias. Ninguno de los numerosísimos testigos que hablan de Juan Diego
mencionan nada acerca de esto.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn166″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[166]lang=ES> SAHAGUN, FRAY BERNARDINO DE: o.c., Libro VI, cap. XXIII, nn..30, 31 y
32; se han resumido los consejos que recibe el novio.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn167″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[167]lang=ES> FLORENCIA, FRANCISCO DE: Â?La Estrella del Norte de MéxicoÂ?, Â?Historia
de la Milagrosa Imagen de María Santísima de Guadalupe�. Guadalajara. Imp. de
J. Cabrera 1895. Cap. XVIII.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn168″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[168]lang=ES> ALVA IXTLILCOXHITL, FERNANDO DE: Â?Nican MolecpanaÂ? , documento escrito
en náhuatl y traducido por Primo Feliciano Velázquez, México 1926. Carreño e
hijo, Editores p.79. �Era viudo: dos años antes de que se le apareciera la
Inmaculada murió su mujer que se llamaba María Lucía. Ambos vivieron
castamente, su mujer murió virgen. El también vivió virgen nunca conoció mujer.
Porque oyeron cierta vez la predicación de Fray Toribio (…) Sabía que la
castidad era muy grata a Dios y a su Santísima Madre…Â? . Estos datos a todas
luces son exagerados. Es más coherente en sus conclusiones el P. Florencio que
Alva Ixtlilxochitl.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn169″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[169]lang=ES> PABLO VI: Encíclica "Humanae VitaeÂ?, n. 9: Â?Notas de amor
conyugal: es ante todo plenamente humano, es decir sensible y espiritual al
mismo tiempo (…) destinado a mantenerse y a crecer mediante las alegrías y
los dolores de la vida cotidiana. Es un amor total, esto es, una forma
singular de amistad personal, con la cual los esposos comparten generosamente
todo sin reservas ni cálculos. Es un amor fiel y exclusivo hasta
la muerte. Es un amor fecundo que no se agota en la comunión entre los
esposos, sino que está destinado a prolongarse suscitando nuevas vidas�.

Â?El
matrimonio y el amor conyugal están ordenados por su propia naturaleza a la
procreación y a la educación de la prole. Los hijos son sin duda, el don más
excelente del matrimonio y contribuyen sobremanera al bien de los propios
padresÂ? (
Concilio
Vaticano II. Constitución Pastoral �Gaudium et Spes�, n. 50).

style=\\’mso-ansi-language:ES-MX\\’> 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn171″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[171]lang=ES> DIAZ DEL CASTILLO, BERNAL: Â?Historia verdadera de la conquista de la
Nueva EspañaÂ?. Espasa-Calpe. Colección Austral, 5ª. Ed. Madrid 1982,style=”mso-spacerun: yes”>  p.181.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn172″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[172]lang=ES> El Â?equipalÂ? es un mueble tipo occidental,
parecido a una silla de brazos, hechos con materiales indígenas y piel curtida
y madera, sumamente cómodo. El �icpalli� no se usa en ninguna parte.
Cuauhtitlán debía pagar como impuesto a México –en tiempos de Juan Diego
había pasado a poder del dominio mexicano.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn173″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[173]lang=ES> DIAZ DEL CASTILLO, BERNAL: o.c., p. 186: Â?Y ya que comenzaba a comer
echábanle delante una como puerta muy pintada de oro para que no le viesen
comerÂ?.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn174″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[174]lang=ES> CLAVIJERO, FRANCISCO JAVIER: Â?Historia antigua de MéxicoÂ?. Editorial
Porrúa. Colección Sepan Cuantos, No. 29, México 1979, Libro VII, No. 35, p.
235: �El número de los contratantes (comerciantes y compradores) que
diariamente concurrían a aquella plaza, era, según el mismo Cortes, da más de
50,000Â?.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn175″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[175]lang=ES> FRAGOSO CASTAÃ?ARES, ALBERTO: Â?La casa de Juan Diego en CuauhtitlánÂ?,
en Â?HistóricaÂ?, Colección I, C. Est. A. México 1983, p. 7:style=”mso-spacerun: yes”>  Â?Tres adultos hicieron el recorrido de
Cuauhtitlán a la Basílica del Tepeyac, a pie y emplearon tres horas veinticinco
minutosÂ?.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn176″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[176]lang=ES> SAHAGUN, FRAY BERNARDINO: o.c., Libro XI, Cap. VII, N.6, p. 666:style=”mso-spacerun: yes”>  Â?los que comen ven visiones y sienten
asco en el corazón… son medicinales contra las calenturas y la gotaÂ?.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn177″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[177]lang=ES> FLORENCIA, FRANCISCO DE: Â?La Estrella del NorteÂ?, de la Imprenta de
Lorenzo de San Martín, México. Madrid 1785, p. 425.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn178″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[178]lang=ES> SENTIES RODRIGUEZ, HORACIO: Â?Genealogía de CuahtataÂ?, en Â?HistoricaÂ?,
Colección III, Centro de Estudios Guadalupanos, Fascículo 7º. México 1990,style=”mso-spacerun: yes”>  p. 1.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn179″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[179]lang=ES> CABALLERO Y OCIO, JUAN: Â?Carta dirigida al P. Francisco de FlorenciaÂ?:
o.c. p.425.

name=”_ftn180″ title=””>style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[180]lang=ES> VALERIANO, ANTONIO: Â?Huey Tlamahuizoltica: Nican MopohuaÂ?. Traducción
del Lic. D. Primo Feliciano Velásquez. Carreño e Hijo, Editores México,
1926,  p. 25.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn181″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[181]lang=ES> OLMOS, FRAY ANDRES DE: Ms. ed. en
Remy Simeón,  p.247, No. 20. Ã?ngel
María Garibay K., o.c. p. 423. De los 29 discursos de Olmos, Remmy Simeón
tradujo del náhuatl los dos primeros y los presentó en su �Gramática o Arte�:
pp. 331 a  264. París 1875.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn183″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[183]lang=ES> BANDELIER, ADOLPH F. Â?Organización social y forma de gobierno de los
antiguos mexicanos�, en Miguel León Portilla: Antología �De Teotihuacan a los
AztecasÂ?. U.N.A.M., México 1972, 
p. 310.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn184″ title=””>style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[184]lang=ES> SANCHEZ, RAMÃ?N: Â?Juan DiegoÂ?. Editorial Jus. México 1981, p. 36.

name=”_ftn185″ title=””> 

style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[185]lang=ES> Era una señal más de la sumisión y el respeto a la dignidad de los
mayores, y la consideración afectuosa que se daba a los ancianos, como en el
oriente.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn186″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[186]lang=ES> TRES CONQUISTADORES Y POBLADORES DE LA NUEVA ESPAÃ?A. Cristóbal Martín
Millán de Gamboa, Andrés de Tapia y Jerónimo López. T. XII del Archivo General
de la Nación. Ver el escrito correspondiente al mencionado Andrés de Tapia.
Cfr. OLIMON NOLASCO, MANUEL: �Líos de tierras y los descendientes de Juan Diego
en el Tepeyac�. �Histórica�. Colección II, Centro de Estudios Guadalupanos.
México 1989, fascículo V, p.17.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn187″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[187]lang=ES> En el testamento de Juana Martín -india, Â?paisanaÂ? de Juan Diego-
afirma ella que el matrimonio de Juan Diego fue en Santa Cruz el Alto,style=”mso-spacerun: yes”>  punto próximo a San Pedro Xalostoc y
San Juan Ixuhupetec. Santa Cruz el Alto se llamó, antes del nombre cristiano,
�Tulpetlac�, de donde era originaria la mujer que le gustó a Juan Diego. Cfr.
Sánchez Flores, Ramón �Juan Diego�. Ed. JUS. México 1981, p.43.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn188″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[188]lang=ES> INVENTARIO RAZONADO DE LOS DOCUMENTOS INTERESANTES A LA HISTORIA DE LA
APARICION.  Manuscrito de la
Colegiata de Guadalupe.

Â?Los Escalona
eran caciques de Tepetlaostoc, San Juan Ixhuatepec y, ya en el Siglo XVIII,
gobernadores de la Villa de Guadalupe�. El dueño y cacique de San Agustín de
las Cuevas Tlaxcantitlán, en Tepetlaostoc, fue antes de los Escalona, D. Miguel
Cortés Ixtlilxochitl, por su parentesco con doña Ana Cortés, nieta de
Netzahualpilli; por lo tanto, los Escalona -la familia de Juan Diego- está
dentro de la descendencia de la Â?casa realÂ? (entre comillas y con cierta sorna,
porque este concepto español, no se usó nunca en estas tierras) de �Tetzcoco�.
Investigación del Lic. HORACIO SENT�ES RODR�GUEZ: �Genealogía de Cuauhtlatoa�,
en �Histórica�, Colección III, Centro de Estudios Guadalupanos, fascículo 7,
pp. 1 y 55 -las frases entre paréntesis son mías-.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn189″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[189]lang=ES> Â?GACETA DE MÃ?XICOÂ?, Sahagún de Arévalo (1728-1742). Secretaría de
Educación Pública. Testimonios Mexicanos. Historiadores 6, p. 178.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn190″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[190]lang=ES> Archivo General de la Nación. Ramo de Tierras. Tomos 514 y 520,
Primera y Segunda parte: 521, 522 y 2865. Expediente 8, en OLIMON NOLASCO,
MANUEL: �Líos de tierras y descendientes de Juan Diego en el Tepeyac�,
�Histórica�, Colección II, Centro de Estudios Guadalupanos, Fascículo 4º, In
fine
, nota 10.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn191″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[191]lang=ES> La india cacique y noble María Jerónima Antonia de Escalona y Roxas
era hija de Don José Jacinto Escalona Cortés Pimentel, cacique de Atzacoalco,
Tepetlaostoc, y Gobernador de la Villa de Guadalupe. A través del testamento de
José Buenaventura, hermano de María Jerónima Antonia, del 10 de agosto de 1753,
ante Joaquín Guerrero Taesle, Notario público, nos enteramos de que sus bienes
corresponden al vínculo y cacicazgo que fundó en Tepetlaostoc Don Miguel Cortés
Ixtlilxochitl, Â?por merced que le hizo el Emperador MoctezumaÂ?, como a
descendiente en línea recta de los reyes de aquella ciudad y reino de Tetzcoco
(Se refiere a Netzahualpilli, hijo de Netzahualcoyotl, de quienes y del
referido Don Miguel, descienden D. José Buenaventura Cortés Pimentel y sus
hermanos). Los Escalona resultan estrechamente vinculados con los reyes de
Tetzcoco y, por consiguiente, nobles por su nacimiento, desde antes que
llegaran los españoles.

Esta es la
familia de Juan Diego. Después de la guerra de Conquista, pasó a Juan Diego el
cacicazgo que fundó D. Miguel -probablemente su tío-, por merced de Moctezuma
II, Xocoyotzin. Ver: Testamento de José Buenaventura de Escalona Cortés
Pimentel en la fecha y notario señalados: pag. 183, vta. a 184 vta., 189, 259 a
263. OLIMON NOLASCO, MANUEL: o.c., p. 21, nota 12.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn192″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[192]lang=ES> FLORENCIA, FRANCISCO DE: Â?La Estrella del Norte de MéxicoÂ?. Imprenta
de Lorenzo de San Martín, México 1785. 
pp. 425 y ss.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn193″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[193]lang=ES>  NICAN MOTECPANA: Â?Ambos
vivieron castamente, su mujer murió virgen, él también vivió virgen, nunca
conoció mujer�, en �Monumenta Histórica Guadalupanensia�, No. 2, Centro de
Estudios Guadalupanos, A.C., Â?Juan Diego, el Mensajero del TepeyacÂ?
(1474-1548). Ed. Tradición. México 1979, p. 103.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn194″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[194]lang=ES> NICAN Motecpana: Â?Porque oyeron cierta vez la predicación de
Motolinia, uno de los doce frailes de San Francisco que habían llegado poco
antes, sobre la castidad, que era muy grata a Dios y a su Santísima Madre�.
Cfr. LOPEZ BELTR�N, LAURO: �La Historicidad de Juan Diego�. Fuentes Históricas
de la Devoción Guadalupana, Centro de Estudios Guadalupanos, 1ª. Parte. Ed.
JUS. México 1979,  p. 64.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn195″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[195]lang=ES> CONCILIO VATICANO II: Decreto Â?Apostolicam actuositatemÂ?,style=”mso-spacerun: yes”>  n. 4: Â?Los laicos (…), al cumplir
como es debido las funciones propias del mundo, en las circunstancias
ordinarias de la vida, no separan la unión con Dios de su vida personal (…).
La vida espiritual de los laicos debe tomar su nota peculiar a partir del
estado del matrimonio y familia, de celibato o viudedad, de la situación de
enfermedad, de la actividad profesional y socialÂ?.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn196″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[196]lang=ES> De una conversación con una persona de la familia Meade, presente al
obsequiar al Santo Padre Juan Pablo II la imagen de la Virgen de Guadalupe que
llevó siempre Juan Diego consigo desde la Aparición y la estampación de la
Imagen en su Â?tilmaÂ?.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn197″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[197]lang=ES> SENTIES RODRÃ?GUEZ, HORACIO: Â?Genealogía de CuauhtlatoaÂ?, en
�Histórica�, Colección III, Centro de Estudios Guadalupanos, 7º Fascículo,
México 1990, p. 5.

 

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn198″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[198]lang=ES> LEON PORTILLA, MIGUEL: Â?Don Lorenzo Boturini BenaduciÂ?. Prólogo. Cita
a Torre Ravelo: Â?DeclaraciónÂ?. Boleta 
del Archivo General de la Nación, T. VI, n. 2, p. 231. Publicado como un
Â?Estudio PreliminarÂ? al libro de Boturini (nota 14).

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn199″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>[199]lang=ES> BOTURINI BENADUCI, LORENZO: Â?Ideas de una Nueva Historia de la América
SeptentrionalÂ?. Ed. Porrúa, 2ª edición, México 1986,yes”>  68, Secc. Indiferente General, legajo 398, cuadernillo 1,
documento 14-26, Guadalupe, manuscritos, foja 101. Ver Romero Salinas, Joel:
Â?Precisiones históricas de las tradiciones Guadalupanas y JuandieguinaÂ?.style=”mso-spacerun: yes”>  Centro de Estudios Guadalupanos. Ed.
Itumbre. México 1986, pp. 130 y 140.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn202″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[202]lang=ES> Â?Libro de ProfesionesÂ?, No. 63, del Convento de Corpus Christi en
México, D.F. Este documento se guarda celosamente en el archivo del Convento de
Corpus Christi, y fue puesto a la luz del día por el Ing. Romero Salinas que
pacientemente buscó hasta encontrarlo.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn203″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[203]lang=ES> ALVA IXTLILXOCHITL, FERNANDO DE: Â?Compendio histórico del Reino de
Tetzcoco�. En �Obras históricas�, T.I., U.N.A.M., México 1975, p. 484.

name=”_ftn204″ title=””>style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>footnote\\’>[204]lang=ES> SENTIES RODRÃ?GUEZ, HORACIO: o.c., fascículo 7, pp. 1-2 y 16.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn206″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>style=\\’mso-special-character:footnote\\’>[206]lang=ES> ALVA IXTLILXOCHITL, FERNANDO DE: Â?Compendio Histórico del reino de
Tetzcoco�, en Obras Históricas, U.N.A.M., T.I., México 1975, p. 484.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn208″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>23 NOBLEZA:name=”_ftn212″ title=””> 

style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>27lang=ES> ORTIZ DE MONTELANO, GUILLERMO: Archivo particular.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn213″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>28 CLAVIJERO, FRANCISCO JAVIER:
�Historia Antigua de México�, Ed. Porrúa. Colección Sepan Cuantos, Libro VII:
�Nobleza y derechos de sucesión�. México 1979, Libro VII, Nos. 13 y 14, pp. 212
y 213.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn214″ title=””>lang=ES style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>29lang=ES> TORQUEMADA, FRAY JUAN DE: Â?Monarquía  Ed. Porrúa. Colección Sepan
Cuantos. México 1979, p. 473.

ftn\\’ href=”#_ftnref” name=”_ftn216″ title=””> 

class=MsoFootnoteReference>10.0pt\\’>31 OROZCO Y BERRA, MANUEL: Â?Historia
Antigua de la Conquista de México�. Edición preparada por �ngel María Garibay
K. y Miguel León Portilla. Ed. Porrúa. México 1960,name=”_ftn217″ title=””>style=\\’font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt\\’>32lang=ES> OLIMON NOCASCO, MANUEL: Â?HistóricaÂ?. Colección II. Centro de Estudios
Guadalupanos, Fascículo 4to.,  p.
25.


Comentarios
3 Comentarios en “San Juan Diego”
  1. maria de los angeles Dijo:

    esta bonito todo lo ke dice

  2. maria de los angeles Dijo:

    esta bonito todo lo ke dice

  3. maria de los angeles Dijo:

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