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Los Siete Domingos de San José


2 febrero 2015
Sección: Santos clásicos

7 domingos San Jose

La Iglesia, siguiendo una antigua costumbre, prepara la fiesta de San José, el día 19 de marzo, dedicando al Santo Patriarca los siete domingos anteriores a esa fiesta, en recuerdo de los principales gozos y dolores de la vida de San José.

Comienzan el séptimo domingo antes del 19 de marzo (último domingo de enero o primero de febrero).

FORMA BREVE:

PRIMER DOMINGO

• El dolor: cuando estaba dispuesto a repudiar a su inmaculada esposa.

• La alegría: cuando el Arcángel le reveló el sublime misterio de la encarnación.

Oración. ¡ Oh castísimo esposo de María, glorioso San José, ¡qué aflicción y angustia la de vuestro corazón en la perplejidad en que estabais sin saber si debíais abandonar o no a vuestra esposa sin mancilla! Pero ¡cuál no fue también vuestra alegría cuando el ángel os reveló el gran misterio de la Encarnación!

Por este dolor y este gozo os pedimos consoléis nuestro corazón ahora y en nuestros últimos dolores, con la alegría de una vida justa y de una santa muerte semejante a la vuestra, asistidos de Jesús y de María.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

SEGUNDO DOMINGO

• El dolor: al ver nacer el niño Jesús en la pobreza.

• La alegría: al escuchar la armonía del coro de los ángeles y observar la gloria de esa noche.

Oración. Oh bienaventurado patriarca, glorioso San José, escogido para ser padre adoptivo del Hijo de Dios hecho hombre: el dolor que sentisteis viendo nacer al niño Jesús en tan gran pobreza se cambió de pronto en alegría celestial al oír el armonioso concierto de los ángeles y al contemplar las maravillas de aquella noche tan resplandeciente.

Por este dolor y gozo alcanzadnos que después del camino de esta vida vayamos a escuchar las alabanzas de los ángeles y a gozar de los resplandores de la gloria celestial.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

TERCER DOMINGO

• El dolor: cuando la sangre del niño Salvador fue derramada en su circuncisión.

• La alegría: dada con el nombre de Jesús.

Oración. Oh ejecutor obedientísimo de las leyes divinas, glorioso San José: la sangre preciosísima que el Redentor Niño derramó en su circuncisión os traspasó el corazón; pero el nombre de Jesús que entonces se le impuso, os confortó y llenó de alegría.

Por este dolor y este gozo alcanzadnos el vivir alejados de todo pecado, a fin de expirar gozosos, con el santísimo nombre de Jesús en el corazón y en los labios.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

CUARTO DOMINGO

• El dolor: la profecía de Simeón, al predecir los sufrimientos de Jesús y María.

• La alegría: la predicción de la salvación y gloriosa resurrección de innumerables almas.

Oración. Oh Santo fidelísimo, que tuvisteis parte en los misterios de nuestra redención, glorioso San José; aunque la profecía de Simeón acerca de los sufrimientos que debían pasar Jesús y María os causó dolor mortal, sin embargo os llenó también de alegría, anunciándoos al mismo tiempo la salvación y resurrección gloriosa que de ahí se seguiría para un gran número de almas.

Por este dolor y por este gozo conseguidnos ser del número de los que, por los méritos de Jesús y la intercesión de la bienaventurada Virgen María, han de resucitar gloriosamente.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

QUINTO DOMINGO

• El dolor: en su afán de educar y servir al Hijo del Altísimo, especialmente en el viaje a Egipto.

• La alegría: al tener siempre con él a Dios mismo, y viendo la caída de los ídolos de Egipto.

Oración. Oh custodio vigilante, familiar íntimo del Hijo de Dios hecho hombre, glorioso San José, ¡cuánto sufristeis teniendo que alimentar y servir al Hijo del Altísimo, particularmente en

vuestra huida a Egipto!, pero cuán grande fue también vuestra alegría teniendo siempre con Vos al mismo Dios y viendo derribados los ídolos de Egipto.

Por este dolor y este gozo, alcanzadnos alejar para siempre de nosotros al tirano infernal, sobre todo huyendo de las ocasiones peligrosas, y derribar de nuestro corazón todo ídolo de afecto terreno, para que, ocupados en servir a Jesús y María, vivamos tan sólo para ellos y muramos gozosos en su amor.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

SEXTO DOMINGO

• El dolor: a regresar a su Nazaret por el miedo a Arquelao.

• La alegría: al regresar con Jesús de Egipto a Nazaret y la confianza establecida por el Ángel.

Oración. Oh ángel de la tierra, glorioso San José, que pudisteis. admirar al Rey de los cielos, sometido a vuestros más mínimos mandatos; aunque la alegría al traerle de Egipto se turbó por temor a Arquelao, sin embargo, tranquilizado luego por el ángel, vivisteis dichoso en Nazaret con Jesús y María.

Por este dolor y este gozo, alcanzadnos la gracia de desterrar de nuestro corazón todo temor nocivo, poseer la paz de conciencia, vivir seguros con Jesús y María y morir también asistidos por ellos.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

SÉPTIMO DOMINGO

• El dolor: cuando sin culpa pierde a Jesús, y lo busca con angustia por tres días.

• La alegría: al encontrarlo en medio de los doctores en el Templo.

Oración. Oh modelo de toda santidad, glorioso San José, que habiendo perdido sin culpa vuestra al Niño Jesús, le buscasteis durante tres días con profundo dolor, hasta que, lleno de gozo, le hallasteis en el templo, en medio de los doctores.

Por este dolor y este gozo, os suplicamos con palabras salidas del corazón, intercedáis en nuestro favor para que jamás nos suceda perder a Jesús por algún pecado grave. Mas, si por desgracia le perdiéramos, haced que le busquemos con tal dolor que no hallemos sosiego hasta encontrarle benigno sobre todo en nuestra muerte, a fin de ir a gozarle en el cielo y cantar eternamente con Vos sus divinas misericordias.

Padrenuestro, Ave y Gloria.
FORMA MEDITADA:


PRIMER DOMINGO

Su dolor: cuando decidió abandonar a la Bienaventurada Virgen María.

Su gozo: cuando el ángel le comunicó el misterio de la Encarnación: que el niño nacido de María es Hijo de Dios y el Mesías esperado.

Oración

Glorioso San José, esposo de María Santísima.
Como fue grande la angustia y el dolor de tu corazón,
en la duda de abandonar a tu purísima Esposa,
así fue inmensa la alegría
cuando te fue revelado por el Ángel
el soberano misterio de la Redención.

Por este dolor y gozo,
te rogamos nos consueles
en las angustias de nuestra última hora
y nos concedas una santa muerte,
después de haber vivido una vida
semejante a la tuya junto a Jesús y María.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

Lectura Bíblica
Mateo 1, 18-25.

La concepción de Jesucristo fue así: Estando desposada María, su madre, con José, antes que conviviesen, se halló haber concebido María del Espíritu Santo. José, su esposo, siendo justo, no quiso denunciarla y resolvió repudiarla en secreto. Mientras reflexionaba sobre ésto, he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir en tu casa a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús, porque salvará a su pueblo de sus pecados. Todo ésto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había anunciado por el profeta, que dice:

“He aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y se le pondrá por nombre «Emmanuel», que quiere decir «Dios con nosotros».”

Al despertar José de su sueño hizo como el ángel del Señor le había mandado, recibiendo en casa a su esposa, la cual, sin que él antes la conociese, dio a luz un hijo y le puso por nombre Jesús.

Consideración

“Durante su vida, que fue una peregrinación en la fe, José, al igual que María, permaneció fiel a la llamada de Dios hasta el final. La vida de ella fue el cumplimiento hasta sus últimas consecuencias de aquel primer «fiat» pronunciado en el momento de la anunciación, mientras que José —como ya se ha dicho— en el momento de su «anunciación» no pronunció palabra alguna. Simplemente él «hizo como el ángel del Señor le había mandado» (Mateo 1, 24). Y este primer «hizo» es el comienzo del «camino de José».[1]

“En las palabras de la «anunciación» nocturna, José escucha no sólo la verdad divina acerca de la inefable vocación de su esposa, sino que también vuelve a escuchar la verdad sobre su propia vocación. Este hombre «justo», que en el espíritu de las más nobles tradiciones del pueblo elegido amaba a la virgen de Nazaret y se había unido a ella con amor esponsal, es llamado nuevamente por Dios a este amor.

“«José hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer» (Mateo 1,24); lo que en ella había sido engendrado «es del Espíritu Santo». A la vista de estas expresiones, ¿no habrá que concluir que también su amor como hombre ha sido regenerado por el Espíritu Santo? ¿No habrá que pensar que el amor de Dios, que ha sido derramado en el corazón humano por medio del Espíritu Santo (cf. Romanos 5,5) configura de modo perfecto el amor humano?…[2]

Mediante el sacrificio total de sí mismo José expresa su generoso amor hacia la Madre de Dios, haciéndole «don esponsal de sí». Aunque decidido a retirarse para no obstaculizar el plan de Dios que se estaba realizando en ella, él, por expresa orden del ángel, la retiene consigo y respeta su pertenencia exclusiva a Dios.”[3]

Para concluir, la Letanía de San José puede ser rezada, o bien la siguiente oración:

Oración

Oh Dios,
que con inefable providencia,
elegiste a San José como esposo de la Madre de tu Hijo,
concédenos la gracia de tener como intercesor en el cielo
al que veneramos como protector en la tierra.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

SEGUNDO DOMINGO

Su dolor: cuando vio al niño Jesús nacer en la pobreza.

Su gozo: cuando los ángeles anunciaron su nacimiento.

Oración

Dichoso Patriarca San José,
elegido para cumplir los oficios de padre
cerca del Verbo Humanado.

Grande fue tu dolor al ver nacido a Jesús
en tan extrema pobreza,
pero este dolor se cambió en gozo celestial
al oír los cantos de los ángeles
y contemplar el resplandor de aquella luminosa noche.

Por este dolor y gozo,
te suplicamos nos alcances la gracia de que,
después de haber seguido nuestro camino en la tierra,
podamos oír las alabanzas angélicas
y gozar de la vista de la gloria celestial.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

Lectura Bíblica
Lucas 2, 1-20

Aconteció, pues, en los días aquellos que salió un edicto de César Augusto para que se empadronase todo el mundo. Este empadronamiento primero tuvo lugar siendo Cirino gobernador de Siria. E iban todos a empadronarse, cada uno en su ciudad. José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y de la familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba en cinta. Estando allí, se cumplieron los días de su parto, y dio a luz a su hijo primogénito, y le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, por no haber sitio para ellos en el mesón.

Había en la región unos pastores que pernoctaban al raso, y de noche se turnaban velando sobre su rebaño. Se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvía con su luz, quedando ellos sobrecogidos de gran temor. Díjoles el ángel: No temáis, os traigo una buena nueva, una gran alegría, que es para todo el pueblo; pues os ha nacido hoy un Salvador, que es el Mesías Señor, en la ciudad de David. Esto tendréis por señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre. Al instante se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: «Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad».

Así que los ángeles se fueron al cielo, se dijeron los pastores unos a otros: Vamos a Belén a ver ésto que el Señor nos ha anunciado. Fueron con presteza y encontraron a María, a José y al Niño acostado en un pesebre, y viéndole, contaron lo que se les había dicho acerca del Niño. Y cuantos los oían se maravillaban de lo que les decían los pastores. María guardaba todo ésto y lo meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído, según se les había dicho.

Consideración

“Dirigiéndose a Belén para el censo, de acuerdo con las disposiciones emanadas por la autoridad legítima, José, respecto al niño, cumplió la tarea importante y significativa de inscribir oficialmente el nombre «Jesús, hijo de José de Nazaret» (cf. Juan 1, 45) en el registro del Imperio. Esta inscripción manifiesta de modo evidente la pertenencia de Jesús al género humano, hombre entre los hombres, ciudadano de este mundo, sujeto a las leyes e instituciones civiles, pero también «salvador del mundo»…”[4]

“Como depositarios del misterio «escondido desde siglos en Dios» y que empieza a realizarse ante sus ojos «en la plenitud de los tiempos», José es con María, en la noche de Belén, testigo privilegiado de la venida del Hijo de Dios al mundo.

“José fue testigo ocular de este nacimiento, acaecido en condiciones humanamente humillantes, primer anuncio de aquel «anonadamiento», al que Cristo libremente consintió para redimir los pecados. Al mismo tiempo José fue testigo de la adoración de los pastores, llegados al lugar del nacimiento de Jesús después de que el ángel les había traído esta grande y gozosa nueva; más tarde fue también testigo de la adoración de los Magos, venidos de Oriente.”[5]

Para concluir, la Letanía de San José puede ser rezada, o bien la siguiente oración:

Oración

Oh Dios,
que con inefable providencia,
elegiste a San José como esposo de la Madre de tu Hijo,
concédenos la gracia de tener como intercesor en el cielo
al que veneramos como protector en la tierra.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

TERCER DOMINGO

Su dolor: cuando vio la sangre de Jesús vertirse en la circuncisión.

Su gozo: cuando lo llamó «Jesús».

Oración

Glorioso San José,
ejecutor obediente de la Ley de Dios.

La Sangre preciosa que en la circuncisión
derramó el divino Redentor,
te traspasó el corazón;
pero el nombre de Jesús, que se le impuso,
te llenó de consuelo.

Por este dolor y gozo,
te rogamos nos alcances la gracia de vivir
luchando contra la esclavitud de los vicios,
para tener la dicha de morir con el nombre de Jesús
en los labios y en el corazón.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

Lectura Bíblica
Lucas 2, 21

Cuando se hubieron cumplido los ocho días para circuncidar al Niño, le dieron el nombre de Jesús, impuesto por el ángel antes de ser concebido en el seno.

Consideración

“Siendo la circuncisión del hijo el primer deber religioso del padre, José con este rito ejercita su derecho-deber respecto a Jesús.

“El principio según el cual todos los ritos del Antiguo Testamento son una sombra de la realidad, explica el por qué Jesús los acepta. Como para los otros ritos también el de la circuncisión halla en Jesús el «cumplimiento». La Alianza de Dios con Abrahán, de la cual la circuncisión era signo, alcanza en Jesús su pleno efecto y su perfecta realización, siendo Jesús el «sí» de todas las antiguas promesas.

“En la circuncisión, José impone al niño el nombre de Jesús. Este nombre es el único en el que se halla la salvación; ya José «anunciación»: «Y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». Al imponer el nombre, José declara su paternidad legal sobre Jesús y, al proclamar el nombre, proclama también su misión salvadora.”[6]

Para concluir, la Letanía de San José puede ser rezada, o bien la siguiente oración:

Oración

Oh Dios,
que con inefable providencia,
elegiste a San José como esposo de la Madre de tu Hijo,
concédenos la gracia de tener como intercesor en el cielo
al que veneramos como protector en la tierra.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

CUARTO DOMINGO

Su dolor: cuando oyó la profecía de Simeón.

Su gozo: cuando supo que los sufrimientos de Jesús salvarían al mundo.

Oración

San José,
modelo de fidelidad
en el cumplimiento de los planes de Dios.

Grande fue tu dolor al saber,
por la profecía de Simeón,
que Jesús y María estaban destinados a padecer;
mas este dolor se convirtió en gozo
al conocer que los padecimientos de Jesús y María
serían causa de salvación para innumerables almas.

Por este dolor y gozo, te rogamos que,
por los méritos de Jesús y María,
seamos contados entre aquellos
que han de resucitar gloriosamente.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

Lectura Bíblica
Lucas 2, 22-35

Así que se cumplieron los días de la purificación conforme a la Ley de Moisés, le llevaron a Jerusalén para presentarle al Señor, según está escrito en la Ley del Señor que «todo varón primogénito sea consagrado al Señor», y para ofrecer en sacrificio, según lo prescrito en la Ley del Señor, un par de tórtolas o dos pichones.

Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba en él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo de que no vería la muerte antes de ver al Cristo del Señor. Movido del Espíritu, vino al templo, y al entrar los padres con el niño Jesús para cumplir lo que prescribe la Ley sobre Él, Simeón le tomó en sus brazos y, bendiciendo a Dios, dijo: Ahora, Señor, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, según tu palabra; porque han visto mis ojos tu salud, la que has preparado ante la faz de todos los pueblos; luz para iluminación de las gentes y gloria de tu pueblo, Israel. Su padre y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían de Él. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: Puesto está para caída y levantamiento de muchos en Israel y para signo de contradicción; y una espada atravesará tu alma para que se descubran los pensamientos de muchos corazones.

Consideración

“Este rito, narrado por Lucas, incluye el rescate del primogénito e ilumina la posterior permanencia de Jesús a los doce años de edad en el templo.

“El rescate del primogénito es otro deber del padre, que es cumplido por José. En el primogénito estaba representado el pueblo de la Alianza, rescatado de la esclavitud para pertenecer a Dios. También en ésto, Jesús, que es el verdadero «precio» del rescate, no sólo «cumple» el rito del Antiguo Testamento, sino que, al mismo tiempo, lo supera, al no ser él mismo un sujeto de rescate, sino el autor mismo del rescate.

“El Evangelista pone de manifiesto que «su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de el», y, de modo particular, de lo dicho por Simeón, en su canto dirigido a Dios, al indicar a Jesús como la «salvación preparada por Dios a la vista de todos los pueblos» y «luz para iluminar a los gentiles y gloria de su pueblo Israel» y, más adelante, también «señal de contradicción».”[7]

“De este misterio divino José es, junto con María, el primer depositario. Con María —y también en relación con María— él participa en esta fase culminante de la autorevelación de Dios en Cristo, y participa desde el primer instante.”[8]

Para concluir, la Letanía de San José puede ser rezada, o bien la siguiente oración:

Oración

Oh Dios,
que con inefable providencia,
elegiste a San José como esposo de la Madre de tu Hijo,
concédenos la gracia de tener como intercesor en el cielo
al que veneramos como protector en la tierra.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

QUINTO DOMINGO

Su dolor: al huir a Egipto con Jesús y María.

Su gozo: al estar siempre en su compañía.

Oración

San José, Custodio y familiar íntimo
del Verbo de Dios encarnado.

Grande fue tu sufrimiento
para alimentar y servir al Hijo del Altísimo,
sobre todo en la huida a Egipto;
de igual manera fue grande tu alegría
al tener siempre en tu compañía al mismo Hijo de Dios
y ver cómo caían en tierra los ídolos de Egipto.

Por este dolor y gozo,
te rogamos nos alcances la gracia de que,
huyendo de las ocasiones de pecado,
venzamos al enemigo infernal
y hagamos caer de nuestro corazón
todo ídolo de pasiones terrenas, para que,
ocupados en servir a Jesús y a María,
vivamos únicamente para ellos
y tengamos una muerte feliz.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

Lectura Bíblica
Mateo 2, 13-18

Partido que hubieron, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate; toma al niño y a su madre y huye a Egipto, y estáte allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo». Levantándose de noche, tomó al niño y a la madre y se retiró hacia Egipto, permaneciendo allí hasta la muerte de Herodes, a fin de que se cumpliera lo que había pronunciado el Señor por su profeta, diciendo: «De Egipto llamé a mi hijo». Entonces Herodes, viéndose burlado por magos, se irritó sobremanera y mandó matar a todos los niños que había en Belén y en sus términos de dos años para abajo, según el tiempo que con diligencia había inquirido de los magos. Entonces se cumplió la palabra del profeta Jeremías, que dice:

«Una voz se oye en Ramá, lamentación y gemido grande; es Raquel, que llora a sus hijos y rehusa ser consolada, porque no existen».

Consideración

Con ocasión de la venida de los Magos de Oriente, Herodes supo del nacimiento del «rey de los judíos». Y cuando partieron los Magos él «envío a matar a todos los niños de Belén y de toda la comarca, de dos años para abajo». De este modo, matando a todos, quería matar a aquel recién nacido «rey de los judíos», de quien había tenido conocimiento durante la visita de los magos a su corte.”[9]

La Iglesia rodea de profunda veneración a esta Familia, proponiéndola como modelo para todas las familias. La Familia de Nazaret, inserta directamente en el misterio de la Encarnación, constituye un misterio especial. Y —al igual que en la Encarnación— a este misterio pertenece también una verdadera paternidad: la forma humana de la familia del Hijo de Dios, verdadera familia humana formada por el misterio divino. En esta familia José es el padre: no es la suya una paternidad derivada de la generación; y, sin embargo, no es «aparente» o solamente «sustitutiva», sino que posee plenamente la autenticidad de la paternidad humana y de la misión paterna en la familia. En ello está contenida una consecuencia de la unión hipostática: la humanidad asumida en la unidad de la Persona divina del Verbo-Hijo, Jesucristo, junto con la asunción de la humanidad, en Cristo está también «asumido» todo lo que es humano, en particular, la familia, como primera dimensión de su existencia en la tierra. En este contexto está también «asumida» la paternidad humana de José.”[10]

Para concluir, la Letanía de San José puede ser rezada, o bien la siguiente oración:

Oración

Oh Dios,
que con inefable providencia,
elegiste a San José como esposo de la Madre de tu Hijo,
concédenos la gracia de tener como intercesor en el cielo
al que veneramos como protector en la tierra.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

SEXTO DOMINGO

Su dolor: cuando temía volver a su casa.

Su gozo: al ser avisado por el ángel de ir a Nazaret.

Oración

Glorioso San José,
que tuviste sujeto a tus órdenes al Rey de los Cielos.

Si tu alegría al regresar de Egipto
se vio turbada por el miedo a Arquelao,
después, al ser tranquilizado por el Ángel,
viviste contento en Nazaret con Jesús y María.

Por este dolor y gozo,
alcánzanos la gracia de vernos libres de temores,
y gozando de la paz de conciencia,
de vivir seguros con Jesús y María y morir en su compañía.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

Lectura Bíblica
Mateo 2, 19-23; Lucas 2, 40

Muerto ya Herodes, el ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre y vete a la tierra de Israel, porque son muertos los que atentaban contra la vida del niño. Levantándose, tomó al niño y a la madre y partió para la tierra de Israel. Mas habiendo oído que en Judea reinaba Arquelao en lugar de su padre Herodes, temió ir allá, y advertido en sueños se retiró a la región de Galilea, yendo a habitar en una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliese lo dicho por los profetas, que sería llamado Nazareno.

El niño crecía y se fortalecía lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con Él.

Consideración

“Expresión cotidiana de este amor en la vida de la Familia de Nazaret es el trabajo. El texto evangélico precisa el tipo de trabajo con el que José trataba de asegurar el mantenimiento de la Familia: el de carpintero. Esta simple palabra abarca toda la vida de José. Para Jesús éstos son los años de la vida escondida, de la que habla el evangelista tras el episodio ocurrido en el templo: «Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos» (Lucas 2, 51). Esta «sumisión», es decir, la obediencia de Jesús en la casa de Nazaret, es entendida también como participación en el trabajo de José. El que era llamado el «hijo del carpintero» había aprendido el trabajo de su «padre» putativo. Si la Familia de Nazaret en el orden de la salvación y de la santidad es ejemplo y modelo para las familias humanas, lo es también análogamente el trabajo de Jesús al lado de José, el carpintero. En nuestra época la Iglesia ha puesto también ésto de relieve con la fiesta litúrgica de San José Obrero, el 1 de mayo. E1 trabajo humano y, en particular, el trabajo manual tienen en el Evangelio un significado especial. Junto con la humanidad del Hijo de Dios, el trabajo ha formado parte del misterio de la Encarnación, y también ha sido redimido de modo particular. Gracias a su banco de trabajo sobre el que ejercía su profesión con Jesús, José acercó el trabajo humano al misterio de la Redención.”[11]

“En el crecimiento humano de Jesús «en sabiduría, edad y gracia» representó una parte notable la virtud de la laboriosidad, al ser «el trabajo un bien del hombre» que «transforma la naturaleza» y que hace al hombre «en cierto sentido más hombre».”[12]

“Se trata, en definitiva, de la santificación de la vida cotidiana, que cada uno debe alcanzar según el propio estado y que puede ser fomentada según un modelo accesible a todos: «San José es el modelo de los humildes, que el cristianismo eleva a grandes destinos; san José es la prueba de que para ser buenos y auténticos seguidores de Cristo no se necesitan “grandes cosas”, sino que se requieren solamente las virtudes comunes, humanas, sencillas, pero verdaderas y auténticas».”[13]

Para concluir, la Letanía de San José puede ser rezada, o bien la siguiente oración:

Oración

Oh Dios,
que con inefable providencia,
elegiste a San José como esposo de la Madre de tu Hijo,
concédenos la gracia de tener como intercesor en el cielo
al que veneramos como protector en la tierra.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

SÉPTIMO DOMINGO

Su dolor: al perder al niño Jesús.

Su gozo: al encontrarlo en el Templo.

Oración

San José,
ejemplar de toda santidad.

Grande fue tu dolor al perder, sin culpa,
al Niño Jesús, y haber de buscarle,
con gran pena, durante tres días;
pero mayor fue tu gozo cuando al tercer día
lo hallaste en el templo en medio de los Doctores.

Por este dolor y gozo,
te suplicamos nos alcances
la gracia de no perder nunca a Jesús por el pecado mortal;
y si por desgracia lo perdiéramos,
haz que lo busquemos con vivo dolor,
hasta que lo encontremos
y podamos vivir con su amistad
para gozar de Él contigo en el Cielo
y cantar allí eternamente su divina misericordia.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

Lectura Bíblica
Lucas 2, 41-50

Sus padres iban cada año a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando era ya de doce años, al subir sus padres según el rito festivo, y volverse ellos, acabados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo echasen de ver. Pensando que estaba en la caravana anduvieron caminode un día. Buscáronle entre parientes y conocidos, y al no hallarle, se volvieron a Jerusalén en busca suya. Al cabo de tres días le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndolos y preguntándoles. Cuantos le oían quedaban estupefactos de su inteligencia y de sus respuestas.

Cuando sus padres le vieron, quedaron sorprendidos, y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué has obrado así con nosotros? Mira que tu padre y yo, apenados, andábamos buscándote. Y Él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es preciso que me ocupe en las cosas de mi Padre? Ellos no entendieron lo que les decía. Bajó con ellos, y vino a Nazaret, y les estaba sujeto, y su madre conservaba todo ésto en su corazón. Jesús crecía en sabiduría y edad y gracia ante Dios y ante los hombres.

Consideración

Esta respuesta la oyó José, a quien María se había referido poco antes llamándole «tu padre». Y así es lo que se decía y pensaba: «Jesús… era, según se creía, hijo de José». No obstante, la respuesta de Jesús en el templo habría reafirmado en la conciencia del «presunto padre» lo que éste había oído una noche doce años antes: «José… no temas tornar contigo a María, tu mujer, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo». Ya desde entonces, él sabía que era depositario del misterio de Dios, y Jesús en el templo evocó exactamente este misterio: «Debo ocuparme en las cosas de mi Padre».”[14]

Para concluir, la Letanía de San José puede ser rezada, o bien la siguiente oración:

Oración

Oh Dios,
que con inefable providencia,
elegiste a San José como esposo de la Madre de tu Hijo,
concédenos la gracia de tener como intercesor en el cielo
al que veneramos como protector en la tierra.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

[1] Juan Pablo II , Exhortación Apostólica“Redemptoris Custos”(=GR), 17, 1989.
[2] GR, 19.
[3] GR, 20.
[4] GR, 9.
[5] GR, 10.
[6] GR, 11-12
[7] GR, 13.
[8] GR, 5.
[9] GR, 14.
[10] GR, 21.
[11] GR, 22.
[12] GR, 23.
[13] GR, 24.
[14] GR, 15.

Comentarios
3 Comentarios en “Los Siete Domingos de San José”
  1. Antonia Dijo:

    Nunca me acuerdo cuando empiezan los 7 domingos de San Jose. Este año no se me escapa . muchas gracias

  2. griselda calderon Dijo:

    Muchas gracias por ayudarnos con algo tan valioso a encontrar mas espiritualidad para nuestra fe…es necesario meditar mas en la vida de Jesus..Que Dios los bendiga

  3. Freddy Álvarez Taborda Dijo:

    Bendito y alabado sea por siempre señor, a san josé y a la benerable altisima virgen Maria, por los meritos que conceden al genero humano, tengan siempre misericordia y conceda la paz en el mundo entero, gracias al santo Padre, Francisco por concedernos tan alticimos bendiciones a la iglesia universal.




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