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Oficio de la Pasión del Señor


12 abril 2008
Sección: Santos clásicos

[Introducción]

Comienzan los salmos que dispuso nuestro muy bienaventurado padre Francisco para reverencia y memoria y alabanza de la pasión del Señor. Se ha de decir uno de ellos por cada hora del día y de la noche. Y comienzan desde las completas del Viernes Santo [que se decían al final del día del Jueves Santo], porque en aquella noche fue traicionado y apresado nuestro Señor Jesucristo. Y adviértase que así decía el bienaventurado Francisco este oficio: primero decía la oración que el Señor y Maestro nos enseñó: Santísimo Padre nuestro, etc., con las alabanzas, a saber: Santo, santo, santo, como se contiene más arriba. Terminadas las alabanzas con la oración, comenzaba esta antífona: Santa Virgen María. Francisco decía en primer lugar los salmos de Santa María; después decía otros salmos que había elegido y, al final de todos esos salmos, decía los salmos de la pasión. Terminado el salmo, decía esta antífona: Santa Virgen María. Terminada la antífona, se había concluido el oficio.

Parte I

Para el triduo sacro de la semana santa y ferias del año

Completas

Antífona: Santa Virgen María

Salmo I

1Oh Dios, te conté mi vida, * y tú pusiste mis lágrimas en tu presencia (Sal 55,8b-9).

2Todos mis enemigos tramaban males contra mí (Sal 40,8 – Salterio Romano=R), * y juntos celebraron consejo (cf. Sal 70,10c – Salterio Galicano=G).

3Y me devolvieron mal por bien, * y odio por mi amor (cf. Sal 108,5).

4En lugar de amarme, me criticaban, * pero yo oraba (Sal 108,4).

5Padre santo mío (Jn 17,11), rey del cielo y de la tierra, no te alejes de mí, * porque la tribulación está cerca y no hay quien me ayude (Sal 21,12 – R).

6Retrocedan mis enemigos * el día en que te invoque; así conoceré que tú eres mi Dios (Sal 55,10 – cf. R).

7Mis amigos y mis compañeros se acercaron y se quedaron en pie frente a mí, * y mis allegados se quedaron lejos de pie (Sal 37,12 – R).

8Alejaste de mí a mis conocidos, * me consideraron como abominación para ellos, fui traicionado y no huía (Sal 87,9 – cf. R).

9Padre santo (Jn 17,11), no alejes tu auxilio de mí (Sal 21,20); * Dios mío, atiende a mi auxilio (cf. Sal 70,12).

10Ven en mi ayuda, * Señor, Dios de mi salvación (Sal 37,23).

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo: Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona:

1Santa Virgen María, no ha nacido en el mundo ninguna semejante a ti entre las mujeres, 2hija y esclava del altísimo y sumo Rey, el Padre celestial, Madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, esposa del Espíritu Santo: 3ruega por nosotros con san Miguel arcángel y con todas las virtudes de los cielos y con todos los santos ante tu santísimo amado Hijo, Señor y maestro.- Gloria al Padre. Como era.

Adviértase que la sobredicha antífona se dice en todas las horas; y se dice en lugar de la antífona, de la capítula, del himno, del versículo y de la oración; y así se hace en maitines y en todas las horas. Ninguna otra cosa decía en ellas, sino esta antífona con sus salmos. Para terminar el oficio, el bienaventurado Francisco decía siempre:

Oración:

Bendigamos al Señor Dios vivo y verdadero: tributémosle siempre alabanza, gloria, honor, bendición y todos los bienes. Amén. Amén. Hágase. Hágase.

Maitines

Antífona: Santa Virgen María

Salmo II

1Señor, Dios de mi salvación, * de día y de noche clamé ante ti (Sal 87,2).

2Llegue mi oración a tu presencia, * inclina tu oído a mi súplica (Sal 87,3).

3Atiende a mi alma y rescátala, * por causa de mis enemigos, líbrame (Sal 68,19).

4Porque tú eres quien me sacó (R) del vientre materno, \\’ mi esperanza desde los pechos de mi madre; * desde su seno fui lanzado a ti (Sal 21,10).

5Desde el vientre de mi madre eres tú mi Dios; * no te apartes de mí (Sal 21,11).

6Tú conoces mi oprobio y mi confusión * y mi vergüenza (Sal 68,20).

7En tu presencia están todos los que me atribulan; * improperio y miseria esperó mi corazón (Sal 68,21).

8Y esperé que alguien se contristara conmigo, y no lo hubo; * y que alguien me consolara, y no lo encontré (Sal 68,21).

9Oh Dios, los inicuos se alzaron contra mí, * y la sinagoga de los poderosos anduvo buscando mi alma; y no te pusieron a ti ante sus ojos (Sal 85,14).

10Fui contado con los que bajan a la fosa; * llegué a ser como un hombre sin ayuda, libre entre los muertos (Sal 87,5-6).

11Tú eres mi Padre santísimo, * Rey mío y Dios mío (Sal 43,5).

12Atiende a mi ayuda, * Señor, Dios de mi salvación (Sal 37,23).

Prima

Antífona: Santa Virgen María

Salmo III

1Ten piedad de mí, oh Dios, ten piedad de mí, * porque mi alma confía en ti (Sal 56,2).

2Y esperaré a la sombra de tus alas, * hasta que pase la iniquidad (Sal 56,2).

3Clamaré al santísimo Padre mío altísimo, * al Señor, que ha sido mi bienhechor (cf. Sal 56,3).

4Envió desde el cielo y me libró, * entregó al oprobio a los que me pisoteaban (Sal 56,4).

5Envió Dios su misericordia y su verdad; * libró mi alma (Sal 56,4-5 – R) de mis fortísimos enemigos y de aquellos que me odiaron, porque se hicieron fuertes contra mí (Sal 17,18).

6Prepararon un lazo para mis pies, * y doblegaron mi alma (Sal 56,7).

7Cavaron ante mí una fosa, * y cayeron en ella (Sal 56,7).

8Mi corazón está preparado, oh Dios, mi corazón está preparado; * cantaré y recitaré un salmo (Sal 56,8).

9Levántate, gloria mía, levántate, arpa y cítara; * me levantaré a la aurora (Sal 56,9).

10Te confesaré entre los pueblos, Señor, * y te recitaré un salmo entre las gentes (Sal 56,10).

11Porque tu misericordia se ha engrandecido hasta los cielos; * y hasta las nubes, tu verdad (Sal 56,11).

12Álzate sobre los cielos, oh Dios; * y sobre toda la tierra, tu gloria (Sal 56,12).

Adviértase que el predicho salmo se dice siempre en prima.

Tercia

Antífona: Santa Virgen María

Salmo IV

1Ten piedad de mí, oh Dios, porque me ha pisoteado el hombre, * todo el día hostigándome me ha atribulado (Sal 55,2).

2Mis enemigos me han pisoteado todo el día, * porque son muchos los que guerrean contra mí (Sal 55,3).

3Todos mis enemigos maquinaban males contra mí, * pronunciaron una palabra inicua contra mí (Sal 40,8-9 – cf. R).

4Los que acechaban mi alma * celebraron consejo juntos (Sal 70,10).

5Salían fuera * y hablaban (Sal 40,7 – R) sobre eso mismo (Sal 40,8 – G).

6Todos los que me vieron se rieron de mí, * hicieron muecas y movieron la cabeza (Sal 21,8).

7Y yo soy gusano y no hombre, * oprobio de los hombres y desecho del pueblo (Sal 21,7).

8Me he convertido en gran oprobio para mis vecinos, más que todos mis enemigos, * y en temor para mis conocidos (Sal 30,12).

9Padre santo (Jn 17,11), no alejes tu auxilio de mí, * mira por mi defensa (Sal 21,20).

10Atiende a mi ayuda, * Señor, Dios de mi salvación (Sal 37,23).

Sexta

Antífona: Santa Virgen María

Salmo V

1A voz en grito clamé al Señor, * a voz en grito supliqué al Señor (Sal 141,2).

2En su presencia derramo mi oración, * y ante él expongo mi tribulación (Sal 141,3).

3Cuando me va faltando el aliento, * y tú conoces mis senderos (Sal 141,4).

4En este camino por donde andaba, * los soberbios me escondieron un lazo (Sal 141,4 – cf. R).

5Yo miraba a la derecha, y veía, * y no había quien me conociese (Sal 141,5).

6No tengo adonde huir, * y no hay quien cuide de mi alma (Sal 141,5).

7Porque por ti soporté el oprobio, * la confusión cubrió mi rostro (Sal 68,8).

8Me he convertido en extraño para mis hermanos, * y en peregrino para los hijos de mi madre (Sal 68,9).

9Padre Santo (Jn 17,11), el celo de tu casa me devoró, * y los oprobios de los que te censuraban cayeron sobre mí (Sal 68,10).

10Y se alegraron a mi costa y se reunieron, * se acumularon sobre mí los azotes y de improviso (Sal 34,15).

11Se multiplicaron más que los cabellos de mi cabeza * los que me odiaron sin causa (Sal 68,5).

12Se hicieron fuertes los enemigos que me perseguían injustamente; * devolví entonces lo que no había robado (Sal 68,5).

13Levantándose testigos inicuos, * me preguntaban lo que no sabían (Sal 34,11).

14Me devolvían mal por bien (Sal 34,12) y me criticaban, * porque seguía la bondad (Sal 37,21).

15Tú eres mi Padre santísimo, * Rey mío y Dios mío (Sal 43,5). 16Atiende a mi ayuda, * Señor, Dios de mi salvación (Sal 37,23).

Nona

Antífona: Santa Virgen María

Salmo VI

1Oh todos vosotros los que pasáis por el camino, * atended y ved si hay dolor como mi dolor (Lam 1,12).

2Porque me rodearon perros innumerables, * me asedió el consejo de los malvados (Sal 21,17).

3Ellos me miraron y contemplaron, * se repartieron mis vestidos y echaron a suerte mi túnica (Sal 21,18-19).

4Taladraron mis manos y mis pies, * y contaron todos mis huesos (Sal 21,17-18 – R).

5Abrieron su boca contra mí, * como león que apresa y ruge (Sal 21,14).

6Estoy derramado como el agua, * y todos mis huesos están dislocados (Sal 21,15).

7Y mi corazón se ha vuelto como cera que se derrite * en medio de mis entrañas (Sal 21,15 – R).

8Se secó mi vigor como una teja, * y mi lengua se me pegó al paladar (Sal 21,16).

9Y me dieron hiel para mi comida, * y en mi sed me dieron vinagre (Sal 68,22).

10Y me llevaron al polvo de la muerte (cf. Sal 21,16), * y aumentaron el dolor de mis llagas (Sal 88,27).

11Yo dormí y me levanté (Sal 3,6 – R), * y mi Padre santísimo me recibió con gloria (cf. Sal 72,24).

12Padre santo (Jn 17,11), sostuviste mi mano derecha \\’ y me guiaste según tu voluntad, * y me recibiste con gloria (Sal 72,24 – R).

13Pues, ¿qué hay para mí en el cielo?; * y fuera de ti, ¿qué he querido sobre la tierra? (Sal 72,25).

14Mirad, mirad, porque yo soy Dios, dice el Señor; * seré ensalzado entre las gentes y seré ensalzado en la tierra (cf. Sal 45,11).

15Bendito el Señor Dios de Israel (Lc 1,68), que redimió las almas de sus siervos con su propia santísima sangre, * y no abandonará a ninguno de los que esperan en él (Sal 33,23 – R).

16Y sabemos que viene, * que vendrá a juzgar la justicia (cf. Sal 95,13 – R).

Vísperas

Antífona: Santa Virgen María

Salmo VII

1Pueblos todos, batid palmas, * aclamad a Dios con gritos de júbilo (Sal 46,2).

2Porque el Señor es excelso, * terrible, Rey grande sobre toda la tierra (Sal 46,3).

3Porque el santísimo Padre del cielo, nuestro Rey antes de los siglos, * envió a su amado Hijo desde lo alto y realizó la salvación en medio de la tierra (Sal 73,12).

4Alégrense los cielos y exulte la tierra, \\’ conmuévase el mar y cuanto lo llena; * se alegrarán los campos y todo lo que hay en ellos (Sal 95,11-12).

5Cantadle un cántico nuevo, * cantad al Señor, toda la tierra (Sal 95,1).

6Porque grande es el Señor y muy digno de alabanza, * más temible que todos los dioses (Sal 95,4).

7Familias de los pueblos, ofreced al Señor, \\’ ofreced al Señor gloria y honor, * ofreced al Señor gloria para su nombre (Sal 95,7-8).

8Ofreced vuestros cuerpos \\’ y llevad a cuestas su santa cruz, * y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos (cf. Lc 14,27; 1 Pe 2,21).

9Tiemble en su presencia la tierra entera; * decid entre las gentes que el Señor reinó desde el madero (Sal 95,9-10 – G/R).

Hasta aquí se dice a diario desde el Viernes Santo hasta la fiesta de la Ascensión. Y en la fiesta de la Ascensión se añaden estos versículos:

10Y subió al cielo, y está sentado a la derecha del santísimo Padre en el cielo; elévate sobre el cielo, oh Dios, * y sobre toda la tierra, tu gloria (Sal 56,12).

11Y sabemos que viene, * que vendrá a juzgar la justicia (cf. Sal 95,13 – R).

Y adviértase que, desde la Ascensión hasta el Adviento del Señor, se dice a diario y del mismo modo este salmo, a saber: Pueblos todos, con los sobredichos versículos, diciendo Gloria al Padre allí donde se termina el salmo, a saber: que vendrá a juzgar la justicia.

Adviértase que los sobredichos salmos se dicen desde el Viernes Santo hasta el domingo de Resurrección. También se dicen desde la octava de Pentecostés hasta el Adviento del Señor y desde la octava de la Epifanía hasta el domingo de Resurrección, exceptuados los domingos y fiestas principales, en que no se dicen; por el contrario, se dicen todos los otros días.

Parte II

Para el tiempo pascual

En el Sábado Santo, a saber, acabado el día del sábado

Completas

Antífona: Santa Virgen María

Salmo VIII

1Oh Dios, ven en mi auxilio; * Señor, date prisa en socorrerme.

2Queden confundidos y avergonzados * los que buscan mi alma.

3Que retrocedan y se ruboricen * los que me desean males.

4Que retrocedan al punto ruborizados * los que me dicen: Bravo, bravo.

5Que se gocen y se alegren en ti todos los que te buscan, * y digan siempre: ‘Magnificado sea el Señor’, los que aman tu salvación.

6Mas yo soy necesitado y pobre; * oh Dios, ayúdame.

7Mi auxilio y mi libertador eres tú; * Señor, no tardes (Sal 69,2-6).

Y se dice a diario en completas, hasta la octava de Pentecostés.

Domingo de Resurrección

Maitines

Antífona: Santa Virgen María

Salmo IX

1Cantad al Señor un cántico nuevo, * porque ha hecho maravillas (Sal 97,1).

2Su diestra ha sacrificado a su amado Hijo, * y su santo brazo (cf. Sal 97,1).

3El Señor ha dado a conocer su salvación, * ante la mirada de las gentes ha revelado su justicia (Sal 97,2).

4En aquel día envió el Señor su misericordia, * y de noche su cántico (Sal 41,9).

5Éste es el día que hizo el Señor, * exultemos y alegrémonos en él (Sal 117,24).

6Bendito el que viene en el nombre del Señor; * Dios es Señor, y él nos iluminó (Sal 117,26-27).

7Alégrense los cielos y exulte la tierra, \\’ conmuévase el mar y cuanto lo llena; * se alegrarán los campos y todo lo que hay en ellos (Sal 95,11-12).

8Familias de los pueblos, ofreced al Señor, \\’ ofreced al Señor gloria y honor, * ofreced al Señor gloria para su nombre (Sal 95,7-8).

Hasta aquí se dice a diario desde el domingo de Resurrección hasta la fiesta de la Ascensión en todas las horas, excepto en vísperas y en completas y prima. Y la noche de la Ascensión se añaden estos versículos:

9Reinos de la tierra, cantad a Dios, * cantad un salmo al Señor (Sal 67,33).

10Cantad un salmo a Dios, que se eleva sobre los cielos, * hacia el oriente (Sal 67,33-34).

11He aquí que lanza él su voz, su voz poderosa: \\’ Dad gloria a Dios en Israel; * su magnificencia y su poder en las nubes (Sal 67,34-35).

12Admirable es Dios en sus santos; * el Dios de Israel dará poder y fortaleza a su pueblo; bendito sea Dios (Sal 67,36). Gloria.

Y adviértase que este salmo se dice a diario desde la Ascensión del Señor hasta la octava de Pentecostés, con los sobredichos versículos, en maitines, y en tercia y sexta y nona, diciendo Gloria al Padre allí donde se dice: bendito sea Dios, y no en otro lugar.

Adviértase también que se dice del mismo modo sólo en maitines de los domingos y fiestas principales, desde la octava de Pentecostés hasta el Adviento del Señor, y desde la octava de Epifanía hasta el Jueves Santo, porque en este día el Señor comió la pascua con sus discípulos; igualmente, cuado se quiera, se puede decir otro salmo en maitines o en vísperas, a saber: Te ensalzaré, Señor, etc. [Sal 29], como está en el salterio; y esto desde el domingo de Resurrección hasta la fiesta de la Ascensión, y no más allá.

Prima

Antífona: Santa Virgen María

Salmo: Ten piedad de mí, oh Dios, como antes [Sal III]

Tercia, Sexta y Nona

Se dice el Salmo: Cantad, como antes [Sal IX]

Vísperas

Salmo: Pueblos todos, como antes [Sal VII]

Parte III

Para los domingos y fiestas principales

Comienzan otros salmos que dispuso igualmente nuestro muy bienaventurado padre Francisco, que han de decirse, en lugar de los sobredichos salmos de la pasión del Señor, los domingos y las fiestas principales, desde la octava de Pentecostés hasta el Adviento, y desde la octava de Epifanía hasta el Jueves Santo; entiende bien que se han de decir ese día porque es la pascua del Señor.

Completas

Antífona: Santa Virgen María

Salmo: Oh Dios, ven en mi auxilio, como está en el salterio [Sal VIII]

Maitines

Antífona: Santa Virgen María

Salmo: Cantad, como antes [Sal IX]

Prima

Antífona: Santa Virgen María

Salmo: Ten piedad de mí, oh Dios, como antes [Sal III]

Tercia

Antífona: Santa Virgen María

Salmo X

1Aclamad al Señor, tierra entera, \\’ decid un salmo en honor de su nombre, * dadle gloria en alabanza suya (Sal 85,1-2).

2Decid a Dios: Qué terribles son tus obras, Señor; * por la grandeza de tu fuerza, te adularán tus enemigos (Sal 65,3).

3Que toda la tierra te adore y salmodie para ti, * que diga un salmo en honor de tu nombre (Sal 65,4).

4Venid, oíd y os contaré, todos los que teméis a Dios, * cuánto ha hecho él a mi alma (Sal 65,16).

5A él clamé con mi boca, * y lo alabé con mi lengua (Sal 65,17 – R).

6Y desde su santo templo escuchó mi voz, * y mi clamor llegó a su presencia (Sal 17,7).

7Bendecid, pueblos, a nuestro Señor; * y haced que se oiga la voz para su alabanza (cf. Sal 65,8).

8Y serán benditas en él todas las tribus de la tierra, * todos los pueblos lo engrandecerán (Sal 71,17).

9Bendito el Señor, Dios de Israel (Lc 1,68), * el único que hace grandes maravillas (Sal 71,18).

10Y bendito su nombre glorioso para siempre; * y toda la tierra se llenará de su gloria. Amén, amén (Sal 71,19).

Sexta

Antífona: Santa Virgen María

Salmo XI

1Que te escuche el Señor en el día de la tribulación, * que te proteja el nombre del Dios de Jacob (Sal 19,2).

2Que te envíe auxilio desde el santuario, * y que desde Sión mire por ti (Sal 19,3).

3Que se acuerde de todos tus sacrificios, * y que tu holocausto le sea grato (Sal 19,4).

4Que te conceda lo que tu corazón desea, * y que confirme todos tus designios (Sal 19,5).

5Nos alegraremos en tu salvación, * y en el nombre del Señor Dios nuestro seremos engrandecidos (Sal 19,6 – R).

6Que el Señor colme todas tus peticiones; \\’ ahora conozco que (Sal 19,7) el Señor envió a Jesucristo, su Hijo, * y juzgará a los pueblos con justicia (Sal 9,9).

7Y el Señor se ha hecho refugio de los pobres, \\’ ayuda oportuna en la tribulación; * y que esperen en ti los que conocen tu nombre (Sal

9,10-11 – R).

8Bendito el Señor, mi Dios (Sal 143,1), \\’ porque se ha hecho mi protector y mi refugio * en el día de mi tribulación (Sal 58,17).

9Ayuda mía, a ti te salmodiaré, \\’ porque tú, oh Dios, eres mi protector, * Dios mío, misericordia mía (Sal 58,18).

Nona

Antífona: Santa Virgen María

Salmo XII

1En ti, Señor, esperé, no sea confundido para siempre; * en tu justicia líbrame y sálvame (Sal 70,1-2).

2Inclina a mí tu oído, * y sálvame (Sal 70,2).

3Sé tú para mí un Dios protector \\’ y un lugar fortificado, * para que me salves (Sal 70,3).

4Porque tú, Señor, eres mi esperanza, * mi confianza, Señor, desde mi juventud (Sal 70,5).

5En ti estoy apoyado desde el seno materno, \\’ desde el vientre de mi madre eres tú mi protector; * en ti está siempre mi canción (Sal 70,6).

6Que se llene mi boca de alabanza, \\’ para que yo cante tu gloria, * tu grandeza todo el día (Sal 70,8).

7Escúchame, Señor, porque tu misericordia es benigna; * mírame según la inmensidad de tus misericordias (Sal 68,17).

8Y no apartes tu rostro de tu siervo; * escúchame enseguida, porque estoy atribulado (Sal 68,18).

9Bendito el Señor, mi Dios (Sal 143,1), \\’ porque se ha hecho mi protector y mi refugio * en el día de mi tribulación (Sal 58,17).

10Ayuda mía, a ti te salmodiaré, \\’ porque tú, oh Dios, eres mi protector, * Dios mío, misericordia mía (Sal 58,18).

Vísperas

Antífona: Santa Virgen María

Salmo: Pueblos todos, como antes [Sal VII]

Parte IV

Para el tiempo del Adviento del Señor

Comienzan otros salmos que igualmente dispuso nuestro muy bienaventurado padre Francisco, que se han de decir, en lugar de los sobredichos salmos de la pasión del Señor, desde el Adviento del Señor hasta la vigilia de Navidad, y no más allá.

Completas

Antífona: Santa Virgen María

Salmo XIII

1¿Hasta cuándo, Señor, me olvidarás por siempre? * ¿Hasta cuándo apartarás tu rostro de mí?

2¿Hasta cuándo tendré congojas en mi alma, * dolor en mi corazón cada día?

3¿Hasta cuándo triunfará mi enemigo sobre mí? * Mira y escúchame, Señor, Dios mío.

4Ilumina mis ojos para que nunca me duerma en la muerte, * para que nunca diga mi enemigo: He prevalecido contra él.

5Los que me atribulan se alegrarían si yo cayera; * pero yo he esperado en tu misericordia.

6Mi corazón exultará en tu salvación; cantaré al Señor que me colmó de bienes, * y salmodiaré al nombre del Señor altísimo (Sal 12,1-6).

Maitines

Antífona: Santa Virgen María

Salmo XIV

1Te alabaré, Señor, santísimo Padre, Rey del cielo y de la tierra, * porque me has consolado (cf. Is 12,1).

2Tú, oh Dios, eres mi salvador; * actuaré confiadamente y no temeré (cf. Is 12,2).

3Mi fuerza y mi alabanza es el Señor, * y se ha hecho salvación para mí (Is 12,2).

4Tu diestra, Señor, se ha engrandecido en la fortaleza; \\’ tu diestra, Señor, hirió al enemigo, * y en la inmensidad de tu gloria derribaste a mis adversarios (Ex 15,6-7).

5Que lo vean los pobres y se alegren; * buscad a Dios y vivirá vuestra alma (Sal 68,33).

6Alábenlo el cielo y la tierra, * el mar y cuanto se mueve en ellos (Sal 68,35).

7Porque Dios salvará a Sión, * y se reconstruirán las ciudades de Judá (Sal 68,36 – R).

8Y habitarán allí, * y la adquirirán en herencia (Sal 68,36).

9Y la estirpe de sus siervos la poseerá, * y los que aman su nombre habitarán en ella (Sal 68,37).

Prima

Antífona: Santa Virgen María Salmo: Ten piedad de mí, oh Dios, como antes [Sal III]

Tercia

Antífona: Santa Virgen María

Salmo: Aclamad al Señor, como antes [Sal X]

Sexta

Antífona: Santa Virgen María

Salmo: Que te escuche el Señor, como antes [Sal XI]

Nona

Antífona: Santa Virgen María

Salmo: En ti, Señor, esperé, como antes [Sal XII]

Vísperas

Antífona: Santa Virgen María

Salmo: Pueblos todos, como antes [Sal VII]

Adviértase también que no se dice todo el salmo, sino hasta el versículo [9]: Tiemble en su presencia la tierra entera; pero entiéndase bien que se ha de decir todo el versículo [8]: Ofreced vuestros cuerpos. Acabado este versículo, se dice allí: Gloria al Padre, y así se dice a diario en Vísperas, desde Adviento hasta la vigilia de Navidad.

Parte V

Para el tiempo de la Navidad del Señor

hasta la octava de Epifanía

Vísperas de la Navidad del Señor

Antífona: Santa Virgen María

Salmo XV

1Gritad de gozo a Dios, nuestra ayuda (Sal 80,2); * aclamad al Señor Dios vivo y verdadero con gritos de júbilo (cf. Sal 46,2).

2Porque el Señor es excelso, * terrible, Rey grande sobre toda la tierra (Sal 46,3).

3Porque el santísimo Padre del cielo, Rey nuestro antes de los siglos (Sal 73,12), \\’ envió a su amado Hijo de lo alto, * y nació de la bienaventurada Virgen santa María.

4Él me invocó: Tú eres mi Padre; * y yo lo constituiré mi primogénito, excelso sobre los reyes de la tierra (Sal 88,27-28).

5En aquel día envió el Señor su misericordia, * y de noche su cántico (Sal 41,9).

6Éste es el día que hizo el Señor, * exultemos y alegrémonos en él (Sal 117,24).

7Porque un santísimo niño amado se nos ha dado, \\’ y nació por nosotros (cf. Is 9,6) de camino y fue puesto en un pesebre, * porque no tenía lugar en la posada (cf. Lc 2,7).

8Gloria al Señor Dios en las alturas, * y en la tierra, paz a los hombre de buena voluntad (cf. Lc 2,14).

9Alégrense los cielos y exulte la tierra, \\’ conmuévase el mar y cuanto lo llena; * se alegrarán los campos y todo lo que hay en ellos (Sal 95,11-12).

10Cantadle un cántico nuevo, * cantad al Señor, toda la tierra (Sal 95,1).

11Porque grande es el Señor y muy digno de alabanza, * más temible que todos los dioses (Sal 95,4).

12Familias de los pueblos, ofreced al Señor, \\’ ofreced al Señor gloria y honor, * ofreced al Señor gloria para su nombre (Sal 95,7-8).

13Ofreced vuestros cuerpos \\’ y llevad a cuestas su santa cruz, * y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos (cf. Lc 14,27; 1 Pe 2,21).

Adviértase que este salmo se dice desde la Natividad del Señor hasta la octava de Epifanía, en todas las horas. Si alguno quiere decir este of icio del bienaventurado Francisco, dígalo así: primero diga el Padre nuestro, con las alabanzas, a saber: Santo, santo, santo. Acabadas las alabanzas con la oración, como está más arriba, se comienza la antífona: Santa María, con el salmo que está establecido para cada hora del día y de la noche. Y dígase con gran reverencia.


Salmo I

Oh Dios, te conté mi vida, * y tú pusiste mis lágrimas en tu presencia.

Todos mis enemigos tramaban males contra mí, * y juntos celebraron consejo.

Y me devolvieron mal por bien, * y odio por mi amor.

En lugar de amarme, me criticaban, * pero yo oraba.

Padre santo mío, rey del cielo y de la tierra, no te alejes de mí, * porque la tribulación está cerca y no hay quien me ayude.

Retrocedan mis enemigos * el día en que te invoque; así conoceré que tú eres mi Dios.

Mis amigos y mis compañeros se acercaron y se quedaron en pie frente a mí, * y mis allegados se quedaron lejos de pie.

Alejaste de mí a mis conocidos, * me consideraron como abominación para ellos, fui traicionado y no huía.

Padre santo, no alejes tu auxilio de mí; * Dios mío, atiende a mi auxilio.

Ven en mi ayuda, * Señor, Dios de mi salvación.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo: Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona:

Santa Virgen María, no ha nacido en el mundo ninguna semejante a ti entre las mujeres, hija y esclava del altísimo y sumo Rey, el Padre celestial, Madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, esposa del Espíritu Santo: ruega por nosotros con san Miguel arcángel y con todas las virtudes de los cielos y con todos los santos ante tu santísimo amado Hijo, Señor y maestro.- Gloria al Padre. Como era.

Oración:

Bendigamos al Señor Dios vivo y verdadero: tributémosle siempre alabanza, gloria, honor, bendición y todos los bienes. Amén. Amén. Hágase. Hágase.

Salmo II

Señor, Dios de mi salvación, * de día y de noche clamé ante ti.

Llegue mi oración a tu presencia, * inclina tu oído a mi súplica.

Atiende a mi alma y rescátala, * por causa de mis enemigos, líbrame.

Porque tú eres quien me sacó del vientre materno, \\’ mi esperanza desde los pechos de mi madre; * desde su seno fui lanzado a ti.

Desde el vientre de mi madre eres tú mi Dios; * no te apartes de mí.

Tú conoces mi oprobio y mi confusión * y mi vergüenza.

En tu presencia están todos los que me atribulan; * improperio y miseria esperó mi corazón.

Y esperé que alguien se contristara conmigo, y no lo hubo; * y que alguien me consolara, y no lo encontré.

Oh Dios, los inicuos se alzaron contra mí, * y la sinagoga de los poderosos anduvo buscando mi alma; y no te pusieron a ti ante sus ojos.

Fui contado con los que bajan a la fosa; * llegué a ser como un hombre sin ayuda, libre entre los muertos.

Tú eres mi Padre santísimo, * Rey mío y Dios mío.

Atiende a mi ayuda, * Señor, Dios de mi salvación.

Salmo III

Ten piedad de mí, oh Dios, ten piedad de mí, * porque mi alma confía en ti.

Y esperaré a la sombra de tus alas, * hasta que pase la iniquidad.

Clamaré al santísimo Padre mío altísimo, * al Señor, que ha sido mi bienhechor.

Envió desde el cielo y me libró, * entregó al oprobio a los que me pisoteaban.

Envió Dios su misericordia y su verdad; * libró mi alma de mis fortísimos enemigos y de aquellos que me odiaron, porque se hicieron fuertes contra mí.

Prepararon un lazo para mis pies, * y doblegaron mi alma.

Cavaron ante mí una fosa, * y cayeron en ella.

Mi corazón está preparado, oh Dios, mi corazón está preparado; * cantaré y recitaré un salmo.

Levántate, gloria mía, levántate, arpa y cítara; * me levantaré a la aurora.

Te confesaré entre los pueblos, Señor, * y te recitaré un salmo entre las gentes.

Porque tu misericordia se ha engrandecido hasta los cielos; * y hasta las nubes, tu verdad.

Álzate sobre los cielos, oh Dios; * y sobre toda la tierra, tu gloria.

Salmo IV

Ten piedad de mí, oh Dios, porque me ha pisoteado el hombre, * todo el día hostigándome me ha atribulado.

Mis enemigos me han pisoteado todo el día, * porque son muchos los que guerrean contra mí.

Todos mis enemigos maquinaban males contra mí, * pronunciaron una palabra inicua contra mí.

Los que acechaban mi alma * celebraron consejo juntos.

Salían fuera * y hablaban sobre eso mismo.

Todos los que me vieron se rieron de mí, * hicieron muecas y movieron la cabeza.

Y yo soy gusano y no hombre, * oprobio de los hombres y desecho del pueblo.

Me he convertido en gran oprobio para mis vecinos, más que todos mis enemigos, * y en temor para mis conocidos.

Padre santo, no alejes tu auxilio de mí, * mira por mi defensa.

Atiende a mi ayuda, * Señor, Dios de mi salvación.

Salmo V

A voz en grito clamé al Señor, * a voz en grito supliqué al Señor.

En su presencia derramo mi oración, * y ante él expongo mi tribulación.

Cuando me va faltando el aliento, * y tú conoces mis senderos.

En este camino por donde andaba, * los soberbios me escondieron un lazo.

Yo miraba a la derecha, y veía, * y no había quien me conociese.

No tengo adonde huir, * y no hay quien cuide de mi alma.

Porque por ti soporté el oprobio, * la confusión cubrió mi rostro.

Me he convertido en extraño para mis hermanos, * y en peregrino para los hijos de mi madre.

Padre Santo, el celo de tu casa me devoró, * y los oprobios de los que te censuraban cayeron sobre mí.

Y se alegraron a mi costa y se reunieron, * se acumularon sobre mí los azotes y de improviso.

Se multiplicaron más que los cabellos de mi cabeza * los que me odiaron sin causa.

Se hicieron fuertes los enemigos que me perseguían injustamente; * devolví entonces lo que no había robado.

Levantándose testigos inicuos, * me preguntaban lo que no sabían.

Me devolvían mal por bien y me criticaban, * porque seguía la bondad.

Tú eres mi Padre santísimo, * Rey mío y Dios mío.

Atiende a mi ayuda, * Señor, Dios de mi salvación.

Salmo VI

Oh todos vosotros los que pasáis por el camino, * atended y ved si hay dolor como mi dolor.

Porque me rodearon perros innumerables, * me asedió el consejo de los malvados.

Ellos me miraron y contemplaron, * se repartieron mis vestidos y echaron a suerte mi túnica.

Taladraron mis manos y mis pies, * y contaron todos mis huesos.

Abrieron su boca contra mí, * como león que apresa y ruge.

Estoy derramado como el agua, * y todos mis huesos están dislocados.

Y mi corazón se ha vuelto como cera que se derrite * en medio de mis entrañas.

Se secó mi vigor como una teja, * y mi lengua se me pegó al paladar.

Y me dieron hiel para mi comida, * y en mi sed me dieron vinagre.

Y me llevaron al polvo de la muerte, * y aumentaron el dolor de mis llagas.

Yo dormí y me levanté, * y mi Padre santísimo me recibió con gloria.

Padre santo, sostuviste mi mano derecha \\’ y me guiaste según tu voluntad, * y me recibiste con gloria.

Pues, ¿qué hay para mí en el cielo?; * y fuera de ti, ¿qué he querido sobre la tierra?

Mirad, mirad, porque yo soy Dios, dice el Señor; * seré ensalzado entre las gentes y seré ensalzado en la tierra.

Bendito el Señor Dios de Israel, que redimió las almas de sus siervos con su propia santísima sangre, * y no abandonará a ninguno de los que esperan en él.

Y sabemos que viene, * que vendrá a juzgar la justicia.

Salmo VII

Pueblos todos, batid palmas, * aclamad a Dios con gritos de júbilo. Porque el Señor es excelso, * terrible, Rey grande sobre toda la tierra.

Porque el santísimo Padre del cielo, nuestro Rey antes de los siglos, * envió a su amado Hijo desde lo alto y realizó la salvación en medio de la tierra.

Alégrense los cielos y exulte la tierra, \\’ conmuévase el mar y cuanto lo llena; * se alegrarán los campos y todo lo que hay en ellos.

Cantadle un cántico nuevo, * cantad al Señor, toda la tierra.

Porque grande es el Señor y muy digno de alabanza, * más temible que todos los dioses.

Familias de los pueblos, ofreced al Señor, \\’ ofreced al Señor gloria y honor, * ofreced al Señor gloria para su nombre.

Ofreced vuestros cuerpos \\’ y llevad a cuestas su santa cruz, * y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos.

Tiemble en su presencia la tierra entera; * decid entre las gentes que el Señor reinó desde el madero.

Y subió al cielo, y está sentado a la derecha del santísimo Padre en el cielo; elévate sobre el cielo, oh Dios, * y sobre toda la tierra, tu gloria.

Y sabemos que viene, * que vendrá a juzgar la justicia.

Salmo VIII

Oh Dios, ven en mi auxilio; * Señor, date prisa en socorrerme.

Queden confundidos y avergonzados * los que buscan mi alma.

Que retrocedan y se ruboricen * los que me desean males.

Que retrocedan al punto ruborizados * los que me dicen: Bravo, bravo.

Que se gocen y se alegren en ti todos los que te buscan, * y digan siempre: ‘Magnificado sea el Señor’, los que aman tu salvación.

Mas yo soy necesitado y pobre; * oh Dios, ayúdame.

Mi auxilio y mi libertador eres tú; * Señor, no tardes.

Salmo IX

Cantad al Señor un cántico nuevo, * porque ha hecho maravillas.

Su diestra ha sacrificado a su amado Hijo, * y su santo brazo.

El Señor ha dado a conocer su salvación, * ante la mirada de las gentes ha revelado su justicia.

En aquel día envió el Señor su misericordia, * y de noche su cántico.

Éste es el día que hizo el Señor, * exultemos y alegrémonos en él.

Bendito el que viene en el nombre del Señor; * Dios es Señor, y él nos iluminó.

Alégrense los cielos y exulte la tierra, \\’ conmuévase el mar y cuanto lo llena; * se alegrarán los campos y todo lo que hay en ellos.

Familias de los pueblos, ofreced al Señor, \\’ ofreced al Señor gloria y honor, * ofreced al Señor gloria para su nombre.

Reinos de la tierra, cantad a Dios, * cantad un salmo al Señor. Cantad un salmo a Dios, que se eleva sobre los cielos, * hacia el oriente.

He aquí que lanza él su voz, su voz poderosa: \\’ Dad gloria a Dios en Israel; * su magnificencia y su poder en las nubes.

Admirable es Dios en sus santos; * el Dios de Israel dará poder y fortaleza a su pueblo; bendito sea Dios. Gloria.

Salmo X

Aclamad al Señor, tierra entera, \\’ decid un salmo en honor de su nombre, * dadle gloria en alabanza suya.

Decid a Dios: Qué terribles son tus obras, Señor; * por la grandeza de tu fuerza, te adularán tus enemigos.

Que toda la tierra te adore y salmodie para ti, * que diga un salmo en honor de tu nombre.

Venid, oíd y os contaré, todos los que teméis a Dios, * cuánto ha hecho él a mi alma.

A él clamé con mi boca, * y lo alabé con mi lengua.

Y desde su santo templo escuchó mi voz, * y mi clamor llegó a su presencia.

Bendecid, pueblos, a nuestro Señor; * y haced que se oiga la voz para su alabanza.

Y serán benditas en él todas las tribus de la tierra, * todos los pueblos lo engrandecerán.

Bendito el Señor, Dios de Israel, * el único que hace grandes maravillas.

Y bendito su nombre glorioso para siempre; * y toda la tierra se llenará de su gloria. Amén, amén.

Salmo XI

Que te escuche el Señor en el día de la tribulación, * que te proteja el nombre del Dios de Jacob.

Que te envíe auxilio desde el santuario, * y que desde Sión mire por ti.

Que se acuerde de todos tus sacrificios, * y que tu holocausto le sea grato.

Que te conceda lo que tu corazón desea, * y que confirme todos tus designios.

Nos alegraremos en tu salvación, * y en el nombre del Señor Dios nuestro seremos engrandecidos.

Que el Señor colme todas tus peticiones; \\’ ahora conozco que el Señor envió a Jesucristo, su Hijo, * y juzgará a los pueblos con justicia.

Y el Señor se ha hecho refugio de los pobres, \\’ ayuda oportuna en la tribulación; * y que esperen en ti los que conocen tu nombre.

Bendito el Señor, mi Dios, \\’ porque se ha hecho mi protector y mi refugio * en el día de mi tribulación.

Ayuda mía, a ti te salmodiaré, \\’ porque tú, oh Dios, eres mi protector, * Dios mío, misericordia mía.

Salmo XII

En ti, Señor, esperé, no sea confundido para siempre; * en tu justicia líbrame y sálvame.

Inclina a mí tu oído, * y sálvame.

Sé tú para mí un Dios protector \\’ y un lugar fortificado, * para que me salves.

Porque tú, Señor, eres mi esperanza, * mi confianza, Señor, desde mi juventud.

En ti estoy apoyado desde el seno materno, \\’ desde el vientre de mi madre eres tú mi protector; * en ti está siempre mi canción.

Que se llene mi boca de alabanza, \\’ para que yo cante tu gloria, * tu grandeza todo el día.

Escúchame, Señor, porque tu misericordia es benigna; * mírame según la inmensidad de tus misericordias.

Y no apartes tu rostro de tu siervo; * escúchame enseguida, porque estoy atribulado.

Bendito el Señor, mi Dios, \\’ porque se ha hecho mi protector y mi refugio * en el día de mi tribulación.

Ayuda mía, a ti te salmodiaré, \\’ porque tú, oh Dios, eres mi protector, * Dios mío, misericordia mía.

Salmo XIII

¿Hasta cuándo, Señor, me olvidarás por siempre? * ¿Hasta cuándo apartarás tu rostro de mí?

¿Hasta cuándo tendré congojas en mi alma, * dolor en mi corazón cada día?

¿Hasta cuándo triunfará mi enemigo sobre mí? * Mira y escúchame, Señor, Dios mío.

Ilumina mis ojos para que nunca me duerma en la muerte, * para que nunca diga mi enemigo: He prevalecido contra él.

Los que me atribulan se alegrarían si yo cayera; * pero yo he esperado en tu misericordia.

Mi corazón exultará en tu salvación; cantaré al Señor que me colmó de bienes, * y salmodiaré al nombre del Señor altísimo.

Salmo XIV

Te alabaré, Señor, santísimo Padre, Rey del cielo y de la tierra, * porque me has consolado.

Tú, oh Dios, eres mi salvador; * actuaré confiadamente y no temeré.

Mi fuerza y mi alabanza es el Señor, * y se ha hecho salvación para mí.

Tu diestra, Señor, se ha engrandecido en la fortaleza; \\’ tu diestra, Señor, hirió al enemigo, * y en la inmensidad de tu gloria derribaste a mis adversarios.

Que lo vean los pobres y se alegren; * buscad a Dios y vivirá vuestra alma.

Alábenlo el cielo y la tierra, * el mar y cuanto se mueve en ellos.

Porque Dios salvará a Sión, * y se reconstruirán las ciudades de Judá.

Y habitarán allí, * y la adquirirán en herencia.

Y la estirpe de sus siervos la poseerá, * y los que aman su nombre habitarán en ella.

Salmo XV

Gritad de gozo a Dios, nuestra ayuda; * aclamad al Señor Dios vivo y verdadero con gritos de júbilo.

Porque el Señor es excelso, * terrible, Rey grande sobre toda la tierra.

Porque el santísimo Padre del cielo, Rey nuestro antes de los siglos, \\’ envió a su amado Hijo de lo alto, * y nació de la bienaventurada Virgen santa María.

Él me invocó: Tú eres mi Padre; * y yo lo constituiré mi primogénito, excelso sobre los reyes de la tierra.

En aquel día envió el Señor su misericordia, * y de noche su cántico.

Éste es el día que hizo el Señor, * exultemos y alegrémonos en él.

Porque un santísimo niño amado se nos ha dado, \\’ y nació por nosotros de camino y fue puesto en un pesebre, * porque no tenía lugar en la posada.

Gloria al Señor Dios en las alturas, * y en la tierra, paz a los hombre de buena voluntad.

Alégrense los cielos y exulte la tierra, \\’ conmuévase el mar y cuanto lo llena; * se alegrarán los campos y todo lo que hay en ellos.

Cantadle un cántico nuevo, * cantad al Señor, toda la tierra.

Porque grande es el Señor y muy digno de alabanza, * más temible que todos los dioses.

Familias de los pueblos, ofreced al Señor, \\’ ofreced al Señor gloria y honor, * ofreced al Señor gloria para su nombre.

Ofreced vuestros cuerpos \\’ y llevad a cuestas su santa cruz, * y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos.

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