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El Romano Pontífice

Pbro. Dr. PabloArce Gargollo
25 junio 2008
Sección: Primado de Pedro

¿Cuál es su papel? ¿Por qué se le llama así? Las respuestas a las preguntas más comunes sobre la figura del Papa en la Iglesia.

"Papa" es el nombre con el que se designa ordinariamente al Romano Pontífice, sucesor de san Pedro en la sede episcopal de Roma y en el primado respecto a la Iglesia universal, de la que es la cabeza visible y garantía de su unidad.

 

Además del de "Papa", recibe otros títulos, que indican de algún modo sus funciones eclesiales: "Vicario de Cristo", "Sumo Pontífice", "Primado de la Iglesia universal", "Obispo de la Iglesia Católica" (Catholicae Ecclesiae Episcopus), "Obispo de los obispos" (Episcopus Episcoporum), "Patriarca de Occidente", "Primado de Italia", "Metropolita de la Provincia Romana" y "Obispo de Roma". También suele usar el título de "Siervo de los siervos de Dios" (Servus servorum Dei). Es, además, soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano.

 

Los títulos de "Papa" y, más especialmente, el de "Vicario de Cristo" (que antes se atribuía también a los obispos y a los presbíteros e, incluso, a los príncipes cristianos), quedaron definitivamente reservados para designar al Romano Pontífice a partir del siglo IX, con Nicolás I y Juan VIII y sobre todo con Gregorio VII e Inocencio III (m. 1216).

 

El Obispo de la Iglesia Romana, en quien permanece la función que el Señor encomendó singularmente a Pedro, primero entre los Apóstoles, y que habla de transmitirse a sus sucesores, es Cabeza del Colegio de los Obispos, Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia Universal en la tierra; el cual, por tanto, tiene en virtud de su función, potestad ordinaria, que es suprema, plena, inmediata y universal en la Iglesia, y que puede siempre ejercer libremente.

 

Es el Vicario de Cristo

 

El Papa es el Vicario de Cristo en la Tierra y el sucesor de san Pedro en el obispado de Roma y en el gobierno supremo de la Iglesia.

 

El Papa se llama Vicario de Cristo porque hace sus veces en el gobierno de la Iglesia. Vicario viene de las palabras latinas: vices agere, hacer las veces.

 

El Papa se llama también:

 

a) Sumo Pontífice, esto es, sumo sacerdote porque tienen en su poder todos los poderes espirituales con que Cristo enriqueció a su Iglesia.

 

b) Cabeza visible de la Iglesia, porque la rige con la misma autoridad de Cristo, que es la cabeza invisible. El jefe supremo de la Iglesia es Jesucristo, que la asiste y dirige desde el cielo. Pero al partir de este mundo era necesario que dejara quien hiciera sus veces sobre la Tierra; y con ese fin designó a san Pedro (cfr. Mt. 16, 18).

 

Sucesor de san Pedro

 

El Papa es el legítimo sucesor de san Pedro, porque Cristo nombró a san Pedro jefe de su Iglesia. Pedro, por voluntad divina, estableció su residencia en Roma. Y así, también por disposición divina, quien le sucede como Obispo de Roma, le sucede también en el supremo gobierno de la Iglesia.

 

Era necesario a su vez, que Pedro tuviera sucesores, porque los poderes que Jesucristo le confió no fueron para el bien personal del Apóstol, sino para el de la Iglesia que, según la promesa de Cristo, ha de durar hasta el fin de los siglos. El Papa puede, si así fuere necesario, retirarse de la ciudad de Roma; mas no puede dejar su título de Obispo de Roma ni las prerrogativas inherentes a él.

 

El primado del Papa en la Sagrada Escritura

 

Los protestantes y los cismáticos ortodoxos niegan que Jesucristo designara a Pedro y a sus sucesores como cabeza de su Iglesia y pretenden que Cristo no les designó ninguna autoridad o jefatura suprema. Este es un gravísimo error, que va no sólo contra toda la Tradición cristiana, sino también contra la misma Escritura.

 

En varios lugares de la Escritura consta que Cristo nombró a san Pedro Jefe de la Iglesia. Veamos los más importantes:

 

Cristo declaró a san Pedro piedra fundamental de su Iglesia: "Bienaventurado eres, Pedro… Y yo te digo que sobre ti, Pedro, edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" (Mt. 16, 18).

 

Pues bien, la piedra fundamental de un edificio es absolutamente indispensable en él; de esa misma suerte, Pedro jamás podrá faltar en la Iglesia. Este texto tiene especial valor en arameo, la lengua que hablaba Jesucristo; porque Pedro y piedra se designan en ella con una misma palabra: Cefas (Como Pierre, en francés).

 

Cristo le prometió a san Pedro las llaves del Reino de los Cielos: "Te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que atares en la tierra atado será en el cielo; y lo que desatares en la Tierra, desatado será en el Cielo" (Mt. 16, 19).

 

La expresión "dar las llaves" equivale a darle el poder supremo sobre su Iglesia, a la que muchas veces llama "Reino de los Cielos". Y le promete confirmar desde el cielo lo que Pedro haga sobre la Tierra en virtud de ese poder supremo. Las ciudades antiguas estaban rodeadas de murallas. Y entregar las llaves que daban acceso a las murallas equivalía a dar poder sobre la ciudad.

 

Cristo antes de su pasión le dirigió a Pedro estas palabras: "Simón, Simón, he aquí que Satanás os ha reclamado para cribaros como el trigo. Pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca; y tú, cuando te conviertas, confirma a tus hermanos" (Lc. 22, 32).

 

Confirmarlo en la fe y encargarlo de confirmar en ella a sus hermanos, es constituirlo guardián y maestro supremo de ella.

 

En fin, antes de partir al Cielo, Cristo preguntó tres veces a Pedro: "Simón, ¿me amas más que éstos?- Y después de su triple confesión le dijo: "Apacienta mis corderos; apacienta mis ovejas" " (Jn. 21, 25). Lo nombró, pues, pastor, no de un rebaño material, que no tenía, sino de su Iglesia a la que muchas veces designa con tal nombre.

 

Es pues, imposible negar, sin negar también la Escritura, que Cristo confirió a San Pedro el mando supremo de su Iglesia.

 

Poderes y prerrogativas

 

a) Primado Supremo

El Papa tiene en la Iglesia poder máximo y supremo. Esto lo definió el Concilio Vaticano I diciendo que el Papa tiene el primado, esto es, primacía o primer puesto en toda la jerarquía eclesiástica; y que este primado no es solamente de honor, sino de autoridad y mando.

 

Este primado no le viene al Papa ni de los Obispos ni del poder civil, sino directamente del mismo Cristo que, como ya hemos visto, lo constituyó jefe de su Iglesia. Si el primado de Pedro no hubiera sido de origen divino, ciertamente que los demás Obispos hubieran rehusado someterse como inferiores al Obispo de Roma, puesto que ellos también habían sido establecidos por los Apóstoles. Pues bien, la historia de la Iglesia demuestra que desde la antigüedad más remota todos los Obispos reconocieron la autoridad del Romano Pontífice, al cual consultaban en sus dudas, apelaban en sus discusiones, y obedecían en sus mandatos.

 

b) La autoridad del Papa

 

La autoridad del Papa tiene las siguientes propiedades:

 

a) Ordinaria: esto es, en razón de su cargo, no por delegación especial para ser ejercitada.

 

b) Plena: abarca la plenitud de los poderes confiados por Cristo a su Iglesia.

 

c) Universal: se extiende a la totalidad de la Iglesia.

 

d) Suprema: no hay por encima del Papa autoridad alguna en la tierra; de modo que una decisión suya no puede apelarse, ni siquiera ante un Concilio universal.

 

Podemos considerar la autoridad del Papa desde tres puntos de vista. Desde el punto de vista doctrinal, como supremo Maestro; desde el punto de vista sacerdotal, como Sumo Pontífice; y desde el punto de vista pastoral, como Supremo Pastor y jefe de la Iglesia.

 

Infalibilidad del Papa

 

Cuando, en virtud de su autoridad suprema, el Romano Pontífice propone a los fieles una verdad de fe o declara una regla de moral, no puede equivocarse, esto es, cuando les enseña lo que deben creer o hacer para salvarse.

 

Este dogma tiene su fundamento en la Escritura. En efecto:

 

Si el Papa enseñara el error, el infierno, esto es, el demonio, espíritu de error y de mentira, prevalecería sobre la Iglesia; lo que va contra la promesa de Cristo.

 

Cristo le ofreció a Pedro que su fe no desfallecería y le encargó de confirmar en ella a sus hermanos. Pero ¿cómo podrá confirmarle en la fe, si él mismo los induce al error?

 

Cristo impuso a todos los hombres, bajo pena de condenación, la obligación de creer: "Quien no creyere se condenará" (Mc. 16, 16). Pero repugna que Cristo nos obligue a creer el error.

 

Resulta, pues, claramente de estos textos que Jesucristo hizo infalible al Pastor Supremo de su Iglesia. Y el Concilio Vaticano I al proclamar como dogma de fe la infalibilidad del Papa, no hizo otra cosa que confirmar solemnemente lo que afirma la Sagrada Escritura. El Papa es infalible cuando habla ex cathedra, y eso sucede cuando:

 

a) enseña una cosa referente al dogma o moral cristianos;

 

b) que se dirige a la Iglesia universal;

 

c) que habla en su calidad de Maestro supremo de la cristiandad.

 

Si falta una de estas condiciones, el Papa no es infalible. Así, no es infalible: a) cuando trata de ciencias o temas que no se refieren a la fe; b) cuando se dirige a personas o iglesias particulares, a menos que por su medio se dirija a toda la Iglesia; e) cuando habla como doctor privado o jefe de alguna congregación Romana. Aún en estos casos en que no es infalible, su autoridad en lo espiritual es la más grande y digna de respeto.

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