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¿Puede dimitir o renunciar un Papa?

Pbro. Dr. PabloArce Gargollo
11 febrero 2013
Sección: Papas y Papado

¿Puede dimitir o renunciar un Papa?

Cuando alguno es elegido por los Cardenales Obispo de Roma, su nombramiento es de por vida. ¿Puede renunciar? ¿Ha sucedido alguna vez antes de hoy?

Pbro. Pablo Arce Gargollo

Cuando alguno es elegido Obispo de Roma por los Cardenales reunidos en Cónclave (con-clave quiere decir con llave, por estar los electores encerrados para efectos de la elección y sin comunicación externa) se constituye en Romano Pontífice y es la suprema autoridad en la Iglesia. Su nombramiento es de por vida y es Papa a no ser que decida dimitir.

El actual Código de Derecho Canónico prevé especificadamente que el Papa pueda dimitir: “Si el Romano Pontífice renunciase a su oficio, se requiere para la validez que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie.” (canon, 332 §2).

En la historia de la Iglesia, en poco más de dos mil años, tenemos cinco casos de quienes siendo legítimamente elegidos como Papa han renunciado a su oficio de Obispo de Roma y, por tanto, como Romano Pontífice.

Los primero cuatro casos están envueltos en hechos lamentables. La renuncia de Benedicto XVI a ejercer como Obispo de Roma y como Papa, es el quinto hecho en la historia de la Iglesia, pero hay que resaltar, sin embargo, que estamos frente a un caso muy distinto a todos los anteriores. En la renuncia del Papa, destaca, sin duda, la figura de un hombre santo que hace una oración sincera que solo busca hacer la voluntad de Dios. La renuncia manifiesta su profunda humildad y su deseo de servir a la Iglesia y no entorpecer su funcionamiento. Muestra, además, que es un Papa que no tiene miedo a tomar las decisiones necesarias, cueste lo que cueste. Además, su renuncia deja la puerta abierta para que si uno de sus sucesores no se encuentre en las mejores condiciones pueda renunciar sin que tengan que darse situaciones extremas como las primeras cuatro renuncias.

Los cuatro primeras renuncias al papado son:

Benedicto IX (1032-1045)

Teofilatto di Tuscolo fue elegido en 1032 Papa a la edad de 20 años, por la influencia política de su padre y se puso el nombre de Benedicto IX. En el año de 1045, dimitió cuando le ofrecieron por cantidad grande de dinero y movió sus influencias para que eligieran Papa a su padrino, un sacerdote de nombre Giovanni Graziano, que se convirtió en el Papa Gregorio VI.

Gregorio VI (1045-1046)

Luego de ser elegido Papa en 1045, gracias a las intrigas de Benedicto IX que había dimitido, un Sínodo de Obispos en 1046 lo acusó de simonía (el pecado de comprar o vender un oficio eclesiástico, llamado así por el caso de Simón el Mago, que intentó comprar las órdenes sagradas, como se puede leer en Hechos 8,18-20), y se tuvo necesidad de dimitir.

Celestino V (1294)

El tercer Papa que ha renunciado en la historia de la Iglesia es Pietro da Morrone, quien se hizo monje benedictino a los 17 años, y fue ordenado posteriormente sacerdote. Llevó durante muchos años una vida muy disciplinada según el ascetismo de san Juan Bautista. Luego de la muerte del Papa Nicolás IV (1227-1292) y después de que los doce cardenales reunidos en cónclave para elegir un nuevo Papa no se ponían de acuerdo a quien elegir, el benedictino Morrone les hizo llegar un mensaje diciendo que Dios enviaría un serio castigo sobre la Iglesia si no elegían al nuevo Pontífice en cuatro meses. Movidos a actuar, los cardenales eligieron por unanimidad a Morrone como Papa. Él aceptó, fue consagrado obispo, pues era sacerdote, y se convirtió en el Papa Celestino V en julio de 1294. Luego de cinco meses de ejercer el papado, se convenció de que Dios le llamaba a su vida anterior de eremita. Como algunos miembros de la Iglesia seguían perplejos ante el hecho de que un Papa pudiera dimitir legítimamente, emitió un decreto declarando definitivamente esta posibilidad, y lo hizo en diciembre de 1294. Su inmediato sucesor, el Papa Bonifacio VIII, temía que Celestino V pudiera ser una amenaza para su poder, por lo que hizo apresar a Celestino, que acabó muriendo en la cárcel. Pocos años después, a raíz de la muerte de Bonifacio, Celestino fue canonizado por el papa Clemente V.

Gregorio XII (1406-1415)

Tras la muerte del Papa Inocencio VII en 1406, fue elegido Sumo Pontífice Angelo Correr, y se dio el nombre de Gregorio XII.

A finales del siglo XIV, la Iglesia sufrió un periodo convulso tras establecer el Papado en la ciudad francesa de Aviñón (1309-1377), que derivó en el denominado Cisma de Occidente (1378-1417). Durante el periodo de Aviñón, a donde se había traslado el Pontificado por la inestabilidad política en Italia, se eligieron siete papas, el último de los cuales, Gregorio XI, trasladó, sin embargo, la sede de nuevo a Roma (1378), donde murió el mismo año.

En Fondi los cardenales franceses se aprestaron a elegir un nuevo Papa, Clemente VII, ignorando el cónclave de Roma, en el que las presiones populares y políticas instaron a sus cardenales a elegir a un nuevo Pontífice, si no romano, al menos italiano. En 1378, fue elegido Urbano VI, arzobispo de Bari, quedando así, el antipapa de Aviñón y el de Roma. Había comenzado el cisma que se prolongaría a la muerte de Clemente VII y Urbano VI con la elección de otros dos nuevos “antipapas”, el español Pedro Martínez de Luna (1328-1423), nombrado como Benedicto XIII en Aviñón y la sucesión en Roma de Bonifacio IX, Inocencio VII y Gregorio XII, el veneciano Angelo Correr.

El cónclave en el que resultó elegido estaba compuesto por quince cardenales que, con el propósito de poner fin al Cisma de Occidente, participaron en el mismo con la condición de que el elegido dimitiría del papado si el papa de Avignon, Benedicto XIII, presentaba a su vez su renuncia.

Durante el papado de los enfrentados Benedicto y Gregorio, se produce el Concilio de Pisa, que pretende arreglar la situación cismática eligiendo a un nuevo Papa que sirva para deponer a la vez a los dos anteriores, pero ni Gregorio XII, ni Benedicto XIII, reconocen la validez del Concilio de Pisa, al que acusaron de anticanónico ya que según sus argumentos sólo el Papa tenía potestad para convocarlo. No obstante, en Pisa se elige a un nuevo Pontífice, Alejandro V, (de 1409-1410) lo que produce la aún más confusa situación de tres “antipapas” simultáneos.

Alejandro V moría al año siguiente de ser elegido y el nuevo antipapa que le sucedía, Juan XXIII (no hay que confundirlo con el Papa Juan XXIII, hoy Beato) convoca el Concilio de Constanza (1414-1418), en el que se cambia el sistema de votación. El nuevo concilio, que tuerce los planes de Juan XXIII, resuelve su abdicación el 29 de mayo de 1415 y la renuncia de Gregorio XII, que acepta, presionado, el 4 de julio de ese mismo año, y declara válido el concilio, por lo que el único antipapa que queda es el español Benedicto XIII, que además ha sido expulsado de Aviñón.

La elección de Martín V durante este concilio, en 1417, supone el fin del Gran Cisma de Occidente y aunque Benedicto seguirá declarándose Papa hasta su muerte en 1423 en Peñíscola, Castellón (de ahí la expresión “seguir en sus trece”), esgrimiendo como argumento que era el único cardenal que quedaba anterior al cisma, la Iglesia se había reunificado en torno a la figura del nuevo Pontífice poniendo fin a la disputa. Antes de Gregorio XII había renunciado Celestino V, el 13 de diciembre de 1294 en Nápoles, tras alegar problemas de salud, Benedicto IX en 1045 (también forzado) y Juan XVIII en 1009.

Sitios externos sobre otras dimisiones papales:

http://www.24horas.cl/internacional/los-otros-papas-que-han-dimitido-a-sus-cargos-507514

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