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«Si ya soy sacerdote, ¿cómo no soy santo?»


28 julio 2008
Sección: Orden sacerdotal

Conferencia de monseñor José Luis Gutiérrez sobre la espiritualidad sacerdotal de José María Lahiguera
miércoles, 18 de junio de 2003

Zenit

MADRID, 13 junio 2003 (VERITAS).- En el marco de la jornada sacerdotal en la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, Monseñor José Luis Gutiérrez, relator de la Congregación para las Causas de los Santos, pronunció el 11 de junio en el Seminario Conciliar de Madrid una conferencia sobre la espiritualidad sacerdotal de José María García Lahiguera, promotor de esta fiesta litúrgica, y actualmente en proceso de beatificación.

 

En el año en el que se celebra el centenario del nacimiento de monseñor Lahiguera, el objetivo de esta conferencia ha sido poner otra vez de actualidad la importancia de la santidad sacerdotal, a través de una breve semblanza espiritual de quien fuera su acérrimo defensor.

 

Basándose sobre todo en los «Apuntes espirituales» de José María Lahiguera, monseñor Gutiérrez ha dicho que «nos encontramos ante las anotaciones de un sacerdote con profunda vida interior» difícilmente penetrable.

 

Como dice el relator de la Congregación para las Causas de los Santos, «don José María se sabía llamado a la santidad sin medias tintas», pero para él «para ser santo no hace falta otra cosa que cumplir la voluntad de Dios».

 

Sobre lo qué significó el sacerdocio para monseñor Lahiguera, monseñor Gutiérrez citó sus palabras: «En virtud del sacramento del orden, instituido por Cristo, la mirada de Dios y la del llamado se fusionan: Cristo se hace él y él queda hecho otro Cristo. Cristo le da su ser, y él es Cristo entre nosotros. Cristo le da su poder, y él va a obrar con el poder de Cristo. Cristo se dio del todo, y él se entregó del todo. A nadie se elimina, pero para que quepan todos, tiene que haber uno solo, y ése ha de ser Cristo (…) No me preguntéis más qué es el sacerdocio».

 

Pero para monseñor Lahiguera no bastaba ser sacerdote, había que ser sacerdote santo. Monseñor Gutiérrez volvió a citar sus palabras «Si no soy santo, ¿para qué ser sacerdote? Y, si ya soy sacerdote, ¿cómo no soy santo» y estas otras: «Sacerdote santo, pronto y grande. Pronto, porque la vida es breve. Grande porque lo requiere la sublimidad del sacerdocio. Sacerdote santo, pronto y grande, porque con menos no cumplo».

 

Según monseñor José Luis Gutiérrez «la urgencia de promover la santidad sacerdotal queda encuadrada en el ministerio y en la vida de don José María, dentro de un horizonte sin límites, que llega a todas las almas».

 

«Para desarrollar esta idea, continúa el relator, hay tres jalones que manifiestan una lógica continuada: la cruzada "pro Sacerdotio"; la Congregación de Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdotes; el empeño del Siervo de Dios por obtener la facultad de celebrar litúrgicamente la fiesta de Nuestro Señor Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote».

 

Para don José María, tal como lo ve monseñor Gutiérrez «la santidad de los sacerdotes es el medio para promover eficazmente la santidad de todos los fieles y de la sociedad».

 

El prelado sintetizó la espiritualidad de monseñor Lahiguera con las cuatro notas con las que él mismo la definió «filialmente mariana, eminentemente contemplativa, esencialmente sacerdotal, divinamente trinitaria».

 

Sobre la alternativa entre una vocación activa o contemplativa en la vida de monseñor Lahiguera, el relator responde con sus palabras «mi espiritualidad es eminentemente, no exclusivamente contemplativa».

 

«La oración es fundamental, necesaria, insustituible en el apostolado, sin ella es todo pirotecnia inútil», decía monseñor Lahiguera. «Sólo el santo es verdadero apóstol», añadía.

 

Como en toda vida que aspira a la santidad, monseñor Gutiérrez recuerda que la vida de monseñor Lahiguera no estuvo exenta de lucha «Aparece a menudo en sus escritos la palabra conversión, el deseo de corresponder cada vez con más generosidad a la gracia que está recibiendo».

 

Sobre el amor de José María Lahiguera a la Eucaristía, el relator ha recordado una vez más sus palabras «La Eucaristía es mi gran devoción. Pero vivida en la intimidad cariñosa ¡Cuántos besos a la puerta del Sagrario! ¡Cuántas breves, brevísimas entradas y aun desde la puerta, para saludar a Jesús, mi Hermano, mi Amigo, mi alter ego! ¡Qué miradas ardorosas, como saetas, que se clavan en la puerta del Tabernáculo! ¡Cuánto tiempo de oración silenciosa junto al Santísimo Sacramento!».

 

En su espiritualidad sacerdotal, monseñor Lahiguera había añadido el voto de no perder el tiempo y el voto de ánimas, además de muchas consagraciones y ofrecimientos que, como dice monseñor Gutiérrez, lejos de convertir su vida interior en algo «complicado e incluso asfixiante» , estuvo caracterizada, como el propio monseñor Lahiguera escribió, por «la paz, la tranquilidad y la acción de gracias».

 

Finalmente, monseñor Gutierrez dijo que don José María Lahiguera «siguió dócilmente el impulso del Espíritu Santo en su alma, que nunca trabaja las cosas en serie, sino que realiza una obra de artesanía con cada uno».

 

En este sentido, el relator recordó como con frecuencia monseñor Lahiguera se refería al Espíritu Santo como «el Director Espiritual de su alma».

 

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