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La vida centrada en Jesucristo II

GabrielGonzález Nares
21 junio 2015
Sección: Oración

JesucristoIIINT¿Cuál a diferencia, si la hay, entre centran la vida en Jesucristo y otros modos de centrarla?

Empecemos por decir que nuestra vida, a diferencia de la los animales, necesita de tener sentido y no hay nada en este mundo que le dé un sentido pleno nuestra vida ya que como dice san Agustín, “fuimos creados para ti y nuestro corazón no descansará hasta que repose en ti”, refiriéndose a Dios, es decir, hasta que se centre en Dios.

Sólo Él puede dar plenitud y sentido a la vida humana y esto por dos razones que al final se convierten en una sola: porque salimos de él, fuimos hechos a su imagen y semejanza y porque tenemos como destino volverá él. Sólo él puede satisfacer a plenitud los anhelos más auténticos y profundos de nuestro corazón.

Además centrar la vida en Jesucristo no significa renunciar a dar la espalda a la vida sino darle un significado positivo y bueno: a lo que nos invita renunciar es a todo aquello que tiene un signo de alienación, es decir, aquello que no nos permite vivir en plenitud como sería un placer desordenado, un amor obsesionado o un apego material destructivo.

El Señor quiere que amemos a las personas y muy intensamente, pero sin que perdamos de vista el horizonte amplio del existir.

El Señor quiere que seamos felices y que gocemos de las cosas buenas de la vida, pero no quiere que vivamos esclavos del exceso del placer al grado de olvidar de vivir auténticamente.

El Señor quiere que disfrutemos de las cosas materiales pero con mesura y orden, sin que estas se convierten en nuestros amos. Hay personas que no son felices cuando no tienen un gran carro o muchas joyas y pienso que eso no es correcto (perdón por decirlo, pero es una estupidez).

Centrar la vida Jesucristo es descubrir que Él, viviendo en nosotros, es capaz de sostener, animar, orientar y dar plenitud a nuestra existencia.

Centrar la vida en Jesucristo es permitir que nos ayude vivir plenamente hasta la total y profunda realización y felicidad.

Pero, ¿esto como sucede?

En primer lugar, debemos caer en la cuenta que Dios ya nos ha llamado a ir con Él: que del Padre ha venido esta iniciativa, esa invitación.

Veamos el texto de San Juan 6, 44: “nadie puede venir a mí, si el Padre, que me envió, no se lo concede”. Es el Padre que nos ha concedido ir a Jesús, centrar la vida en su Hijo, ¿por qué su Hijo? Porque Él lo envió precisamente para salvarnos (y salvarnos significa centrar la vida en Jesucristo, plenitud de la existencia humana).

¿Y como sabemos que hemos sido escogidos para vivir en Jesucristo? Por el signo del bautismo que es una muestra muy clara de haber sido elegidos para ser hijos de Dios, para ser discípulos de Jesús.

En otro texto nos aclara el Señor que Él nos llamó para que viviéramos con Él. Veamos Marcos 3, 13-14: “llamó a los que él quiso… para que estuvieran con él …” y hacernos su familia si estamos dispuestos a cumplir la voluntad de Dios (cf. Mc 3, 35).

¿Que significa, en el terreno concreto, vivir con Jesús? Significa vivir mirando, buscando ser su discípulo en todo. Significar descentrar todas aquellas cosas o aquellas personas que están ocupando el lugar sagrado que a él le corresponde. Significa tener una intensa vida de oración que me permita ir teniendo cada vez más intimidad con él, significa hacer que mi oración se haga vida buscando practicar el bien y la verdad en cada momento y vivencias de mi diario existir. En otro tema hablaremos de vivir intentando hacer las cosas ordinarias de manera extraordinaria.

Pero para vivir centrado en Jesucristo es necesario tener un profundo conocimiento de él a través de la oración, los sacramentos, la meditación de la palabra de Dios, en especial los evangelios y la práctica de buenas obras. Aquí hay una especie de círculo virtuoso: a mayor experiencia de Jesús, mayor deseo de practicar el bien y, a mayor práctica del bien, mayor deseo de conocer a Jesús.

Y quien vive centrado en Jesucristo, sabe que no puede lograr hacer nada bueno sin Él. Jesús mismo nos dice en Juan 15, 5: “sin mí no pueden hacer nada”.

Es muy importante quitar esa vanidosa ilusión de que somos capaces de llevar a cabo bien el proyecto de nuestra vida sin vivir centrados en Jesucristo.

Es verdad que aparentemente algunas cosas nos pueden salir bien: tengo un buen trabajo, me llevo bien con mi familia, etc. Pero la vida es un conjunto estructurado y no experiencias aisladas. Y quien no tiene la vida centrada en Jesucristo, tarde que temprano el edificio de la vida empezará a caerse, ya que dice Jesús que “ninguna rama puede producir fruto por sí mismo, sin permanecer unida a la vid, y lo mismo les ocurrirá a ustedes, si no están unidos a mí ” (Juan 15, 4) porque Jesús es la vid y nosotros las ramas (cf. Juan 15, 5).

Preguntas:

1.- ¿Por qué crees es importante vivir centrado en Jesucristo?

2.- ¿Cómo estás haciendo para que tu vida se centre Jesucristo?

3.- ¿Qué cambios necesita llevar a cabo para que tu vida adquiera sentido y plenitud? ¿Tienes realmente algún plan? Saca algunas conclusiones sobre esto, te hará bien.

Comentarios
1 comentario en “La vida centrada en Jesucristo II”
  1. mercedes molestina Dijo:

    Si tenemos a Dios como centro de nuestras vidas no tenemos nada que temer, podran haber tribulaciones, pero nuestra Fe inclaudicable en El, nos hara mas llevadera la carga. Dios no solo debe ser importante en nuestra existencia, sino una prioridad, porque sin El , no somos nada. Me he aferrado tanto a la oracion y aunque a veces el maligno pretende enganarme, para que la deje, me levanto y digo, he recibido tantas bendiciones de mi Senor, no puedo ser ingrata en no agradecerlas, por medio de la oracion. Es alimento para mi espiritu, me produce paz, en los momentos aciagos, me aferro a ella de tal manera, que no permito que el desasosiego me turbe. Aun tengo un trecho largo por caminar, pero ya pase el umbral de la puerta que Dios me abrio, a El le pido con todas mis fuerzas, que no me abandone y me acompane en lo que me resta por vivir y que proteja siempre a mi familia, regalo que El me confirio.




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