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LLORA POR MI

ArturoBrizio Carter
5 julio 2010
Sección: Nosotros

Siempre que se habla de un torneo donde esté involucrada la albiceleste o algún club originario de Argentina, tiene que ponerse su nombre en la lista de favoritos, dada su competitividad, espíritu guerrero y esa raza que los hace reaccionar incluso en las situaciones más adversas.

Desde el momento en que se conoció el formato de los grupos, quedó de manifiesto que en caso de que México avanzara, podría toparse con el durísimo cuadro pampero y en la medida de lo posible, buscar evitarlo.

Pero la historia de la eliminación azteca empezó a escribirse desde el primer partido cuando se topó con el adversario más débil desde que, en el Mundial de México 70, rivalizó con El Salvador.

A “toro pasado”, se concluye que Sudáfrica fue un equipo de malo para abajo y pese a vencer a Francia, no se logró evadir, luego de no saber ganarle a Uruguay, la cita con los pupilos de Diego Armando Maradona.

Lo que sucedió en octavos de final es por todos conocido y México cayó fruto de sus propios yerros y de una inmisericorde validación por la tripleta italiana del primer gol platense.

De esa manera, se dieron cita en el hermoso estadio de Ciudad del Cabo dos de los mejores cuadros del evento: Alemania y Argentina de donde se presumía, saldría un serio candidato al título de esta edición del Mundial.

Se dice por ahí que la grandeza de un equipo se muestra cuando se ve abajo en el marcador y la capacidad de reacción del cuadro albiceleste fue nula luego del primer tanto anotado por Thomas Mueller, quedando en claro que la etiqueta de estratega, le quedó muy grande al famosísimo “Pelusa”.

El trámite del encuentro pasó del dominio teutón a un verdadero paseo, donde los aguerridos e inefectivos defensores argentinos correteaban sin ton ni son a un rival que lo superaba en velocidad física y mental.

El marcador tomó tintes de goleada y hasta mi comadre Angelita Merkel festejaba con alborozo el bien hacer de sus muchachos que, ordenados y disciplinados, continuaban dándole una sopa de su propio chocolate a los inventores del “Tango”.

Alemania es una bien aceitada maquinaria de destrucción que golea sin piedad a sus rivales. Nada más en tres de sus encuentros ha metido cuatro tantos, en una época en que el gol suele ser un invitado ausente.

Los “pibes” se van frustrados de un Mundial donde llegaron con la etiqueta de favoritos y la única pregunta era: ¿Es realmente el Diego un director técnico? La respuesta la dieron los jugadores germanos.

El fenómeno Lionel Messi regaló pinceladas que lo avalaron como el mejor jugador del planeta pero careció, en un cuadro lleno de solistas, del acompañamiento y cobijo de sus compañeros del Barcelona y de esa manera, tendrá que esperar cuatro años para mostrarse en todo su esplendor.

Se fueron los “chés” y dijera el ardido: “Llora por mí, Argentina”.

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