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HUÉRFANOS

ArturoBrizio Carter
3 julio 2010
Sección: Nosotros

“Suerte te de Dios que el saber poco importa”, reza un viejo refrán que en términos futboleros y mundialistas se aplica al pelo al equipo de Uruguay que cosechó un manojo de tréboles de cuatro hojas en su portería.

El partido de cuartos de final jugado en el “Soccer City” de Johannesburgo resultó sumamente emocionante y desde el principio se vió que no sería fácil para ninguno de los contendientes llevarse la victoria.

El cuadro ghanés, favorito sentimental del pueblo sudafricano, recibió en todo momento el apoyo de una multitud que los había adoptado, sin embargo, un maduro equipo celeste se fue posicionando en la cancha, al grado de ir de a poco mandando en las acciones.

Incluso el azar, que luego le voltearía la espalda, permitió que la oncena africana se fuera con ventaja al descanso reglamentario, fruto de un disparo lejano que se “comió” el meta charrúa.

De la misma manera Uruguay logró el empate fruto de un error de cálculo del portero de Ghana quién ya le podrá contar a sus nietos como se movía el ingrato “Jabulani”, pelota de playa habilitada por Adidas como balón oficial.

Pero el drama todavía no empezaba y como preludio, viviríamos unos tiempos extra que resultaron emocionantes al extremo, al grado que algunos lo consideran el mejor partido en lo que va del Mundial.

Hay en algún momento de la vida lo que podríamos llamar una cita con el destino y eso le pasó al jugador ghanés Asamoah Gyan quién, luego de un penal marcado por el árbitro en el tiempo de compensación ¡del segundo tiempo extra!

El charrúa Luís Suárez se jugó el todo por el todo impidiendo mediante mano intencionada el gol que los dejaría tendidos en el terreno de juego; su expulsión parecía poco castigo por alargar la agonía del cuadro celeste y vaya que en esta ocasión, bien valió la pena perderse el próximo encuentro en la fase de semifinales.

Como en el guión de algún filme de suspenso el número (3) africano, que ya había cobrado con maestría un par de penales en el torneo, se perfiló frente al arquero Fernando Muslera. Vino el silbatazo y cuando todo el continente negro se tomaba de las manos para festejar, ¡pum!, el tiro al palo y la puerta abierta a los tiros desde el manchón penal.

Nada más que la moral de los morenazos estaba por los suelos y de esa manera, la balanza se fue del lado sudamericano para llevarlos, sin escalas , hasta el séptimo partido.

El gran público ha quedado huérfano ya que no tiene un equipo que lo cobije. Por ello se veían rostros desencajados y lágrimas en los ojos de aquellos que, con un dejo de incredulidad, veían desmoronarse las ilusiones de ver a un equipo africano en las instancias finales.

Ni hablar, Asamoah Gyan tendrá pesadillas el resto de su vida.

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