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¡¡¡Dejad que triunfe el amor!!!


29 septiembre 2015
Sección: Matrimonio, Matrimonio católico

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El amor conyugal agoniza, el mundo no lo deja respirar, no lo deja crecer, ha tomado posesión de la expresión más sublime de afirmación del otro en cuanto otro. Pero el grito ahogado del cónyuge que quiere ser feliz, en y para el otro, para sus hijos, para Dios, alimenta una esperanza, de que sí se puede, siempre se está a tiempo, hoy es un buen día para aprender a amar.

“Esposo mío, dejemos que triunfe el amor, vamos a liberar nuestras ataduras, nuestros apegos, nuestro yo, esa falsa libertad que daña nuestro proyecto en común, el proyecto fijado por el Amor para cada uno de nosotros. Pienso en aquello que podemos llegar a ser, juntos y me lleno de ilusiones, de alegría aunque tengamos que empezar cada día ¿sabes? Me acuerdo del compromiso que te hice aquel día, el día de nuestra boda. Sí, el mayor acto de libertad que hemos hecho en nuestra vida, en cinco minutos comprimimos todo nuestro futuro, todo nuestro ser en cuanto varón y mujer y nos lo entregamos el uno al otro . ¿Qué hemos hecho de aquella donación?, todavía podemos hacer mucho. Déjame que me entregue a ti con todo mi ser como mujer, y haz tú lo mismo conmigo de tal forma que seamos una sola carne, un solo cuerpo, una vida juntos, en la que vivamos en ese Reino interior que se nos da, y que tenemos dentro de sí, en la verdadera libertad interior. Un Reino ilimitado donde se rompen todas nuestras cadenas, nuestros miedos, donde alimentamos nuestro amor y que nos sana; una gasolina que nunca se acaba; todo en medio de este mundo, enemigo de nuestra relación y de todo el amor que salga de nuestra unión, pero sé que en este mar revuelto y oscuro , si permanecemos juntos ,venceremos.

Exígeme, a partir de ahora, que asuma tus debilidades e imperfecciones. Las hice mías aquel día, en la boda, pero me ha costado mucho aceptarlo. Si nos diéramos cuenta que en esas debilidades, en esos problemas, hemos encontrado el pasaporte a la felicidad, no me he vuelto loca, en nuestro compromiso, además de las alegrías y placeres, nos cedimos el sufrimiento, nos entregamos la cruz y en la lucha nos hemos hecho fuertes, como rocas. También me gustaría que tu asumas las mías, mis defectos, te animo a que, en tu libertad, elijas. No así puedo hacer míos tus errores porque somos personas distintas, pero sí puedo perdonarlos y te pido que así tú lo hagas, aunque sean a diario. Y así, sanados por nuestro perdón, que surge desde el fondo de nuestros corazones, y con nuestra entrega, vamos construyendo nuestro proyecto, nuestra historia de amor única e irrepetible y con un valor incalculable ante los ojos del Amor. Entonces, ¿a que esperamos?

Una sola carne, tu cuerpo es mío y el mío tuyo. Hombre y mujer y por tanto complementarios, hechos y pensados para vivir en relación pues somos semejanza del Amor. Hemos sido bendecidos con los hijos, cedidos por Dios para su educación. Enseñémosles a ser verdaderamente libres, libertad en el amor, en la escuela de la familia, en el único sitio donde se ama incondicionalmente a la persona desnuda. Sí, desnuda de bienes, de apegos, de todo lo que el “mundo” valora. Hagamos un “sitio” donde en el fondo de nuestro ser sabemos que somos queridos, amados, valorados, por lo que somos, y por tanto donde se respeta esa capacidad de llegar a ser…..a ¿ser qué? Esposo mío, no dejemos que nos confundan, a ser reflejo del Amor, a ser transmisores Suyos, a ser santos, a ser felices….

Somos un matrimonio, que ha formado una familia, cuyo núcleo es todo ese trasvase de amor entre nosotros y nuestros hijos. Si somos imagen y semejanza de Dios, no podemos guardarnos todo para nosotros, no vivimos aislados, e innatamente deseamos que los otros vivan ese amor y desarrollen también ese potencial de “llegar a ser…”. Formamos parte de una sociedad. Por último te pido que ese “alimento” que hemos recibido y aumentado lo demos a los demás, cada uno según su capacidad, en su entorno. Mostremos al mundo ese amor. Vamos a testimoniarlo, sin miedos, ni vergüenzas. Seamos testigos de Cristo.

Concepción Martínez 

Comentarios
2 Comentarios en “¡¡¡Dejad que triunfe el amor!!!”
  1. Ricardo Artigas Rojo Dijo:

    HERMOSAS PALABRAS DE UN MATRIMONIO QUE ASEME SU RESPONSABILIDAD DE CORREGIR EL RUMBO APLAUDO FUERTEMENTE ESTE ESCRITO Y LO TOMO COMO PROPIO A PESAR DE NO SERLO DIOS BENDIGA A MUJERES CON ESTE IDEAL

  2. Ventura de Jesús Rodríguez Dijo:

    Veo y deduzco que el corazón de Concepción Martínez fue formado en un hogar vivamente católico, en el que su fundamento es el AMOR a Dios; en el que se tiene claramente el MODELO de LA SAGRADA FAMILIA. Este es el tipo de hogares que hacen falta en nuestros días. Formando corazones como el que describe Concepción, se recristianiza la sociedad, se hace presente el amor de Dios en la vida ordinaria que, no sólo se predica con la boca, sino que se da testimonio con la vida misma.
    Formando a la mujer con principios sólidos cristianos, se hace una auténtica revolución del amor desde donde se nace en el amor, para amar y darse a los demás. Las crisis actuales que estamos sufriendo en todo el mundo, es porque hay crisis de santos , nos recuerda San Josemaría Escrivá.
    Si los padres nos preocupamos y ocupamos en formar a nuestros hijos con los preceptos que nos indica nuestro Creador, que perfectamente nos conoce, y con las normas del Magisterio de la Santa Madre Iglesia, seguro que tendremos auténticas familias, como Dios las fundó.
    Como la familia es la célula de la sociedad, en muy poco tiempo, renovaremos todos juntos el mundo. La paz y la justicia social resurgirán, el respeto a la vida y al prójimo, serán nuevamente los fundamentos de la convivencia humana; los gobernantes, que procederán de familias católicas, sabrán desempeñar sus puestos de gobierno, sirviendo auténticamente al pueblo y no más para servirse de él; un nuevo sol resplandecerá. Trataremos a los demás, como queremos nostros ser tratados.
    Una familia en la que se busca, se encuentra, se trata y se ama a Dios, permanece iluminada por su gracia y, como consecuencia, de ahí surgirán hombres y mujeres que se esforzarán por vivir heroicamente las virtudes cristianas y humanas. Hombres y mujeres que surjan de estas familias son las que tanta falta hacen a nuestra sociedad.
    Dios bendiga a los matrimonios existentes y a los que están por contraer su compromiso para que juntos hagamos la NUEVA REVOLUCIÓN DEL AMOR, QUE DIOS ESPERA EN NUESTRO MUNDO.
    Atte. Ventura de Jesús.




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