Leyendas negras de ayer, hoy y mañana

La Iglesia Católica siempre ha sufrido ataques de difamación y es importante conocer la historia de estos ataques.

La Iglesia, ante la difamación histórica

 

Cuando se aborda la historia de la Iglesia católica, tarde o temprano nos encontraremos con el fenómeno historiográfico que se ha dado en llamar leyenda negra. Ésta consiste en una labor de propaganda, de desinformación, que, a través de la presentación tendenciosa de los hechos históricos, bajo la apariencia de objetividad y de rigor histórico o científico, procura crear una opinión pública, bien anticlerical, bien anticatólica. Por eso se aparta de lo que podría aceptarse como una simple crítica, una denuncia honesta y rigurosa de los errores cometidos por los miembros de la Iglesia, dando en cambio una imagen voluntariamente distorsionada del pasado de la Iglesia, para convertirla en una descalificación global de una misión milenaria, tanto antes como, sobre todo, en la actualidad.

 

La leyenda negra de la Iglesia no es un asunto baladí que deba ser objeto de preocupación sólo para los historiadores. Lo cierto es que todos los católicos nos jugamos mucho en la lucha contra sus manipulaciones. Y es que la descalificación global de esta institución religiosa a largo de toda su historia compromete seriamente ante la opinión pública su legitimidad social y moral de cara al futuro. Un fenómeno reciente como la polvareda social levantada por la novela El Código Da Vinci resulta ser un magnífico ejemplo del peligro que la manipulación de la historia de la Iglesia entraña para su acción pastoral actual.

 

Los ataques, desde antiguo

 

En realidad, los ataques demagógicos y panfletarios contra el pasado y el presente de la Iglesia datan de muy antiguo. En efecto, podemos encontrar diatribas furibundas contra el cristianismo católico por parte de autores paganos grecorromanos (Celso, Zósimo, Juliano el Apóstata…), de los diferentes heresiarcas medievales y de los polemistas judíos y musulmanes. Pero la polémica anticatólica se acentuó y cobró una especial virulencia en la segunda mitad del siglo XVI, cuando las discusiones entre católicos y protestantes invadieron también el campo historiográfico y literario, surgiendo entonces todo un modelo de difamación sistemática de la Iglesia.

 

Más en concreto, encontramos el origen del discurso anticatólico actual en la llamada leyenda negra, un conjunto de acusaciones contra la Iglesia y la monarquía hispánica que se generó y se desarrolló en Inglaterra y Holanda, en el curso de la lucha entre Felipe II y los protestantes.

 

El anticatolicismo llegó a ser, con el tiempo, parte integral de la cultura inglesa, holandesa o escandinava. Escritores y libelistas se esforzaron por inventar mil ejemplos de la vileza y perfidia papista, y difundieron por Europa la idea de que la Iglesia católica era la sede del Anticristo, de la ignorancia y del fanatismo. Tal idea se generalizó en el siglo XVIII, a lo largo y ancho de la Europa iluminista y petulante de la Ilustración, señalando a la Iglesia como causa principal de la degradación cultural de los países que habían permanecido católicos.

 

En los prejuicios difundidos sobre la historia de la Iglesia se observan dos elementos básicos y, en no pocas ocasiones, íntimamente entremezclados: la visión de la Iglesia medieval y moderna como una institución oscurantista, reaccionaria y enemiga de todo progreso intelectual o social; y su caricaturización como una fuerza represiva e intolerante, enemiga de los derechos humanos y promotora de las Cruzadas y la Inquisición.

 

Se suele afirmar, por ejemplo, que las Cruzadas fueron guerras de agresión provocadas contra un mundo musulmán pacífico. Esta afirmación es completamente errónea.

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6 comentarios

  1. Hay que recordar que cada religión tiene su propia leyenda negra, pero es nuestra responsabilidad como fieles, el indagar, el llegar a la verdad y emitir un juicio de valor bien argumentado, que nuestras elecciones respecto a nuestra fe, sean por verdades y no por mentiras disfrazadas de verdad.

    Informarnos adecuadamente para defender nuestra creencia, no solo con nuestro ejemplo de lo que es un creyente, sino con datos que nos respalden como parte de la institución de la que formamos parte gracias a nuestra fe y devoción.

    No se puede ser perfecto, pero tampoco todo es negro.

  2. Sabemos que siempre existiera el bien y el mal, y en dicho tema no es la excepción. Las rivalidades entre personas, grupos o piases existieran siempre y eso hace que lleve a las personas a tomar malas decisiones que pueden llegar a se perjudicante para otros. La consecuencia de difundir este pensamiento anticatólico fue muy grande para la iglesia, ya que si afecto el como las personas la veían, su influencia y poder. Sin embargo, la iglesia no se ha quedado atrás, y seguirá luchando por su único propósito el de salvar a la humanidad, mientras Dios este de por medio las cosas siempre funcionaran. Esto es un hecho que atestigua el poder del hombre en la tierra, sin embargo, también se ve la gran mano de Dios que es el rey del mundo y su poder va mas allá de ese mundo.

  3. EL CIELO Y LA TIERRA PASAARAN PERO MIS PALABRAS NO PASARAN.DIJO EL SEÑOR JESUCRISTO…LA PALABRA DE DIOS VIVE PARA SIEMPRE. LA PALABRA DE DIOS ES ESPIRITUUUUUUUU….. JESUCRISTO ESTA VIVOOOOOOOOOO.. EL ES TODOPODEROSSO…………………EL ES EL MISMO AYER HOY Y POR LOS SIGLOS EL NO HA CAMBIADO DICE SU PALABRA… DIOS LES BENDIGA

  4. Alf que buen y aclarante comentario, de reflexión.
    Solo una observación, como católicos puedo estar de acuerdo contigo en el «papel perfeccionador del pensamiento cristiano» como, sin embargo habría que manejarlo de una manera menos petulante como algunos protestantes o agnósticos dirían.

  5. Otra cosa que se aprovecha es un aspecto de la historia que no se suele hacer entender «el hombre es hijo de su tiempo». Aunque es una frase que debe contextualizarse, la mentalidad del ser humano de determinada época influye mucho sobre sus reacciones. El pensamiento cristiano ha cumplido un papel perfeccionador del pensamiento y lo seguirá cumpliendo, pero cada época con sus matices y la evolución positiva del conocimiento va muy de la mano con los principios cristianos. Sin esta orientación permanente, la imperfección humana puede hacer que un desarrollo irracional atente contra el mismo hombre

  6. todas estas cosas suceden porque el enémigo a quien Dios reprenda usa estos medios para tratar de destruir a nuestra Iglesia. Nuestro señor Jesucristo nos enseñó a perdonar a los que nos ofenden y que pidieramos por ellos. Que Dios los bendiga.

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