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El corazón humano de María


6 mayo 2008
Sección: La Santísima Virgen

María no solamente ha sido el más grande ejemplo de Fe, sino el modelo más perfecto del amor humano.

San Lucas hace dos referencias al corazón de la Santísima Virgen que llaman poderosamente la atención. La primera nos describe a los pastores quienes, convocados por un ángel del Señor encontraron a la Sagrada Familia. "…reconocieron las cosas que les habían sido anunciadas sobre este niño. Y todo los que lo oyeron se maravillaron de cuanto los pastores les habían dicho. María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón." (Lc 2, 19) En el mismo capítulo dos del evangelista, tras el episodio del niño perdido y hayado en el Templo, encontramos una segunda y muy similar referencia: "…Y su madre guardaba estas cosas en su corazón." (Lc 2, 51)

La madre del salvador guardaba estas cosas en su corazón. A la luz del Evangelio, valdría la pena preguntarnos si esas cosas de Dios que aprendemos en la Sagrada Escritura, en algún retiro espiritual o en la Eucaristía misma las estamos guardando en nuestro corazón. Pero además la dulcísima Madre de Cristo no solo las guardaba, sino que además las ponderaba. ¿Solo María era capaz, en su pureza y plenitud de Gracia ponderar y guardar las cosas de Dios en Su corazón?

Pensemos que la Virgen no solamente ha sido el más grande ejemplo de Fe al decir al Angel Gabriel "Hágase en mí según tu palabra", sino que la vemos como un modelo de amor humano. No es difícil imaginar a la Virgen Santa con el niño Dios en los brazos derramando amor y ternura, entregando su corazón plenamente a esa frágil criatura que es Dios mismo hecho hombre. Esa Madre amorosa que abrazaba al pequeño Niño es la misma que acogió en su regazo el cuerpo inerte del crucificado. El mismo corazón que se llenaba de gozo y pronunciaba "Mi alma glorifica al Señor…" es el que con el cuerpo exánime de Jesús en los brazos parecía escuchar "¿A dónde se fue tu Amado, oh la más hermosa de las mujeres? ¿A dónde se marchó el que tú quieres, y le buscaremos contigo?" (Cant V, 17) Ese corazón entregado enteramente a Dios, aún antes de la anunciación, es el mismo que gime y solloza al pie de la cruz. Ese mismo corazón en el que se guardaban las maravillas que ocurrían en torno al salvador es el que se remueve con fuerza de terremoto ante el sacrificio del Rey de Reyes. Y era un corazón humano el que daba tanto amor y sentía el más profundo de los dolores. Y ese corazón, el de María, era humano. Como el tuyo o como el mío.

Santa María no tuvo más corazón ni más vida que la de Jesús. Una vida y un corazón humanos pero de Jesús. ¿Podemos, acaso, tu y yo amar y entregarnos de igual manera? El corazón humano de María pudo hacerlo. Tú y yo tenemos su propio corazón como un escalón a la Puerta Santa que es Jesús. Con el ejemplo de la Santa Madre de Dios, no solo sabemos que podemos amar a Cristo, debemos amarle así porque la tenemos a Ella misma como intercesora.

Corazón generoso y tierno corazón como por naturaleza es el de toda mujer que es madre, el de María nos inspira profundamente. Y podríamos admirar a la Virgen por amar al Niño Dios, de igual manera que admiramos a cualquier madre que sostiene a su pequeño en los brazos. Pero el corazón de María ya era de Dios aún antes de la Anunciación. Había decidido reservar su corazón a Dios sin necesitar algún prodigio. En la Anunciación se consuma la previa entrega que ya se había realizado. ¿Cómo nos extraña entonces que haya podido pronunciar esas palabras que la han subido a la cúspide de la Fe "Hágase en mí según tu palabra"? Pensándolo con mayor hondura el corazón de María, sí es corazón humano, no solo era capaz de eso, sino de mucho más.

El corazón amoroso y entregado es, en su generosidad, un corazón fiel: Un corazón humano al pie de la cruz. Si con facilidad podíamos imaginar la ternura de la escena en el pesebre, con gran dificultad podemos apenas hacer un esbozo en la imaginación de la Santísima Virgen recibiendo de José de Arimatea el cuerpo ensangrentado de su hijo. ¿Cómo imaginar el dolor de una Madre que limpia, con mano trémula, la sangre de su hijo? Remueve en lo más profundo aún a nuestro propio y durísimo corazón el pensar en la mirada de María ante el rostro desfigurado y atrozmente golpeado de Jesucristo. Y su corazón dolido estaba ahí, fiel, al pie de la cruz. ¿Dónde está nuestra corazón? ¿Al pie de la cruz como el de la Santísima Virgen o escondido y alejado como el de los discípulos que abandonaron al Señor?

El corazón de María nos muestra todas las encontradas emociones que un corazón es capaz de sentir. Es el corazón de la Virgen uno tan grande y tan generoso, que es además nuestro propio refugio. Su corazón es, además de ejemplo y con dignidad sobresaliente para ser admirado, el consuelo para la aflicción. ¿Cuánto no comprenderás nuestros humanos dolores ella que enfrentó el dolor más profundo que se pueda experimentar?

Pero el corazón humano de nuestra Madre en Cristo no solo es un ejemplo de ternura amorosa o de abyecto dolor. María en su corazón es la Madre del buen consejo, y quien mejor nos puede enseñar a vivir el amor al prójimo. Poderoso corazón el de María, que puede convertir nuestro egoísmo y amor propio en caridad y amor a Dios. El corazón entregado de María debería enseñarlos a pedirle confiados a Dios: "Padre, mi corazón puede poco ¡Haz que te ame mas!"

Es a la Madre de Dios a quien hemos de acudir para pedirle que nos enseñe a amar más, a entregar más, a ser más justos, a rogarle que con su corazón dulcísimo nos proteja, nos enseñe, nos guíe.

El corazón humano de María. Humano. Como el tuyo y como el mío.

Comentarios
10 Comentarios en “El corazón humano de María”
  1. angeles Dijo:

    me ha gustado

  2. Gerardo Dijo:

    Que misterio tan profundo son el amor y el corazon de Maria cuantas cosas encerradas dentro de el.Todos los textos son muy buenos,pero este tiene un sabor especial,es para leerlo detenidamente y reflexionar,para sacar el maximo de provecho de este hermoso mensaje,un saludo cordial.

  3. Gladys Dijo:

    En los actos de misericordia y caridad y ternura todos los hijos de Dios tenemos los rasgos de nuestra Madre Santisima, podriamos vivir en el cielo si nos entregaramos realmente a Dios como lo hizo ella, pero como creaturas acosadas por el mal caemos constantemente en el pecado y no dejamos que la luz de Cristo brille en nosotros. Gracias Madre, Aqui estamos, Guianos!

  4. Ramon Dijo:

    Excelente.
    Has profundizado de una manera extraordinaria.
    Espero que muchos saquen provecho a este extraodinario articulo.
    Solo se puede modificar el detalle siguiente:

    “Es a la Madre de Dios a quien hemos de acudir para PEDIRLE que nos enseñe amar”
    Pienso que es mejor decir:
    “Es a Dios a quien hemos de acudir para agradecer el gesto de regalarnos a María como Madre nuestra y, que Ella interceda por nosotros ante el Padre, para que nos enseñe a amar de corazon; como Ella siempre lo ha hecho”

  5. norma Dijo:

    Gracias por tan hermosa reflexión, creo que es lo que me estaba faltando para finalizar las palabras de un retiro mariano. Alabado sea Jesucristo.
    Dios te bendiga

  6. nery marquez Dijo:

    Admiro a María por el sí,sin saber a que decía si,si podía con lo que le venía,sin envargo ,
    su Fe en Dios ,la hizo única merecedora ,de ser la madre del Hijo de Dios,que con su corazón humano ,es la digna mediadora,para pedirle que tengamos un corazón lleno de amor por su Hijo Jesús,que rebose de amor por Él.

  7. lUZ ESTELA Dijo:

    Ho madre María quien podria tener ese gran corazon como el tuyo. no te apartesdemi mamita maría cada dia, cada instante necesito de tu fortaleza para guardar en mi pequeño corazon lo que me pasa con la hija de mi corazon.

  8. Pablo Canada Dijo:

    Me ha gustado mucho. Quiero decirles que con estas publicaciones podremos crecer como cristiano y aumentar la fe cada día mas en nuestra Iglesia y en especial a la madre de Dios. Gracias.

  9. Adria{an Dijo:

    Me parece que si de amor se trata el ejemplo es Jesús sobre todas las cosas. Es más, la biblia claramente nos dice que la esencia de Dios es Amor. Otra cosa, desde la muerte y resurección de Jesús, podemos interceder a Dios por quienes nos rodean y por nosotros, siempre haciendo caso a lo que dice la palabra de Dios: El único camino al Padre es a través del Hijo. El padre es Dios, el hijo Jesús. No confundamos y busquemos otro intermediario más que Jesús para llegar a Dios. No llega a Dios a través de María ni de ningún santo, sino solamente a través de Jesús. De esta manera hacemos verdadera y eficaz a la palabra del Señor.

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