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Resurgimiento del papado


27 junio 2008
Sección: La historia de los Papas

Cuatro papas alemanes se encargaron de devolver el prestigio al papado, mientras tanto, la invasión de los normandos se convertiría en verdadera amenaza.

San León IX

 

¡Ninguna historia más rica en contrastes como la del papado! Se le ve al borde del abismo conducido por personas indignas, y desde una visión puramente humana se podría pensar que hundido irremisiblemente, y sin embargo -cumpliéndose una y otra vez la promesa divina- resurge siempre con prestigio y vigor renovados.

 

¡Qué lejos quedaban ya las peleas a muerte por alcanzar la tiara! Los romanos le aceptaron y aclamaron sinceramente y León fue entronizado el 12 de febrero del 1049. Aquellos romanos, cuyo corazón había sabido ganarse, apenas le vieron durante los cinco años de su pontificado. Nada más elegido como hiciera antes en Toul- tomó su bordón de peregrino, y se echó a los caminos para recorrer Europa. Quería estar en todas partes, asistir a todos los sínodos, inspeccionar todas las Iglesias, animar a todos los abades reformadores, extirpar la simonía de los obispos, impedir que los sacerdotes se casaran y, sobre todo, predicar a las gentes que, así, tuvieron ocasión de calibrar un buen papa.

 

Ningún pontífice había viajado tanto como él. Y sería preciso esperar nueve siglos para que otro papa, Juan Pablo II, superara su récord.

 

Ahora bien, tan prolongadas ausencias exigían la existencia de una sólida organización al frente de la Iglesia. Y fue León IX quien inició las necesarias innovaciones creando el colegio de cardenales tal como, a grandes rasgos, ha llegado hasta hoy.

 

Al mismo tiempo, internacionalizó esta especie de senado de la Iglesia nombrando a varios extranjeros de gran valía, en particular a los benedictinos Humberto de Moyenmoutier, Federico de Lotaringia, el toscano Hildebrando -que fue verdaderamente el primer secretario de Estado y un ministro de finanzas idóneo y concienzudo-, y, por fin, a Pedro Damián, de Rávena. Jamás había habido a la cabeza de la Iglesia semejante equipo de reformadores.

 

No obstante, no le faltaron problemas y pruebas al papa León. En el sur de la península, los normandos acentuaban su presión: Benevento pidió ayuda. El papa obtuvo del emperador la promesa de un ejército, pero el consejero Gebardo von Eichstaedt, futuro Víctor II, se opuso. El 18 de junio del 1053 los normandos derrotaron a las débiles tropas del papa y apresaron a éste llevándoselo en cautividad. León permaneció encarcelado en Benevento todo el invierno, ganándose, por la dignidad de su comportamiento, el respeto de sus vencedores. Cuando fue liberado y pudo regresar a Roma, el 12 de marzo del 1054, los normandos habían fundado un nuevo reino que León IX no tardaría en reconocer como soberano. Aquel hecho se revelaría muy importante para los siglos venideros.

 

El papa no viviría más de un mes después de su liberación. El 19 de abril se le extinguió la vida en Roma, donde pronto fue aclamado como santo.

 

Otro gran problema de su pontificado tendría un penoso desenlace algunas semanas después de su muerte. Desde hacía mucho tiempo la Iglesia de Oriente se iba alejando progresivamente de Roma. El 16 de julio del 1054 la ruptura se haría oficial y definitiva.

 

Es doloroso constatar que la tensión entre Roma y Bizancio, fraguada a lo largo de siglos por tantas incomprensiones mutuas, y precipitada en los últimos tiempos por la decadencia de los pontífices romanos, alcanzó precisamente su punto crítico en el momento en que la silla de Pedro estaba por fin ocupada por una personalidad que encarnaba, en su forma más pura, la santidad y la grandeza del papado.

El breve pontificado de León IX es uno de los ejemplos más brillantes. Desde hacía un siglo, a partir de Otón el Grande, era el emperador de Alemania quien se obstinaba, en solitario, en salvar a la Iglesia. Del mismo modo que quien se está ahogando mantiene a duras penas la cabeza fuera del agua.

 

Victor II

 

Roma se quedó sin papa cerca de un año. En noviembre, los romanos enviaron una embajada al emperador, encabezada por el cardenal Hildebrando, para urgirle a que propusiera su candidato. Enrique III designó entonces a uno de sus más próximos consejeros, aquel obispo de Eichstaedt, Gebardo, que se había opuesto a la política de León IX con relación a los normandos. Pero Gebardo tardó cinco meses en dar su conformidad. Por fin fue consagrado el 16 de abril del 1055 y tomó el nombre de Víctor II.

 

Para Pentecostés convocó el papa un sínodo en Florencia. El emperador quiso estar presente. Víctor II dio a conocer allí su intención de proseguir las reformas de su predecesor y de combatir con idéntico rigor la simonía, el matrimonio de los sacerdotes y la apropiación de los bienes de la Iglesia por parte de los laicos. Para el logro de tales objetivos encontró en el cardenal Hildebrando el colaborador ideal.

 

Víctor II se preocupaba también muy especialmente de los intereses del emperador en Italia, quizá forzado a ello porque Enrique le había nombrado conde de Espoleto y le había confiado que administrara la marca de Fermo. En septiembre del 1056 se volvió a entrevistar con el emperador en Goslar. Y el 5 de octubre moría Enrique III en Bodfeld, recomendándole al pontífice que velara por el Imperio y por de su hijo, Enrique IV, que contaba entonces cinco años de edad. Quince días después celebró el papa en Spira los funerales por el emperador, y en noviembre coronó a Enrique IV en Aix-la-Chapelle.

 

De regreso a Italia, en febrero de 1057, Víctor II presidiría todavía un sínodo en Letrán el 18 de abril, y otro en Arezzo el 23 de julio – Murió cinco días después y fue enterrado en Rávena.

Se clausuraba así la serie de aquellos cuatro papas alemanes que tan eficazmente contribuyeron a la rehabilitación y al resurgimiento del papado.

 

Esteban IX

 

Federico, hijo del duque de Lotaringia (o de Lorena), era monje benedictino y canónigo de la catedral de San Lamberto en Lieja cuando fue llamado a Roma por León IX en octubre del año 1050. Fue sucesivamente diácono, bibliotecario y canciller de la Iglesia, y en 1054 formó parte de la embajada que fue a Constantinopia para depositar sobre el altar de Santa Sofía la bula de excomunión contra Miguel Cerulario, con lo que se consumó el cisma de Oriente.

 

Elegido papa a fines de julio de 1057, fue entronizado el 3 de agosto y tomó el nombre de Esteban IX. No se pudo esperar a que llegara la conformidad previa de la corte alemana, que, por otra parte, comprendió las razones para tanta urgencia y no se molestó por ello. El tiempo, en efecto, apremiaba: se trataba de adelantarse a la nobleza romana, que se aprestaba a imponer un papa opuesto a las reformas, lo que hubiera significado volver a caer en los mismos errores de los que a duras penas se estaba saliendo. Por demás, elegir a Federico de Lotaringia suponía asegurarse el apoyo de Godofredo, su hermano, que -tras la muerte de Enrique III- se había convertido en el personaje más poderoso de Italia.

 

Tan pronto como fue consagrado, Esteban llamó a su lado a Pedro Damián, al que nombró cardenal y encargó muy especialmente de que prosiguiera la reforma emprendida. Y Pedro comenzó a apoyarse en los patarinos, «pordioseros» como les llamaban ciertos nobles con desprecio. La Pataria era un movimiento popular que acababa de nacer en la región de Milán. El pueblo se había movilizado contra el clero simoníaco. Pedro Damián no podía sino aplaudir aquel entusiasmo de las gentes sencillas por las reformas queridas por el papa. Pero aquellos valientes bien intencionados se excedieron en su cometido llegando a la violencia y terminando por precipitarse en la heterodoxia. Esteban IX, que al principio acogió a los patarinos con simpatía, acabó por enfrentarse a ellos.

 

Esteban confió a su hermano Godofredo la administración de la marca de Ancona y del ducado de Espoleto. Y proyectaba incluso marchar con él contra los normandos del sur cuando falleció el 29 de marzo del 1058, en Florencia.

Comentarios
No hay comentarios en “Resurgimiento del papado”
  1. vanesa Dijo:

    hola estuve investigando la vida de los pontifices pomanos y no encuntro informacion sobre los siguientes papas: SergioII,Juan X,Leon IV,Bonifacio VII Clemente II entre otros de los cuales no hay registro por favor si tienen alguna infoemacion ruego me la faciliten.Gracias




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