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La Iglesia recupera su estabilidad


26 junio 2008
Sección: La historia de los Papas

La Iglesia encuentra un descanso a las persecuciones por la promulgación del Edicto de tolerancia, que incluso, les otorgaba lugares para el culto.

San Sixto II

 

El patriarca de Alejandría podría recuperar la tranquilidad: el 31 de agosto del 257, Roma había elegido a un griego como papa. Sixto Il sabría reducir la tensión, suavizar las posiciones. La reanudación de las persecuciones fue un factor a su favor, porque los problemas de disciplina pasaron a un segundo plano. Se había salvado la unidad.

 

El emperador Valeriano endureció sus exigencias: obligó a los cristianos a que participaran en el culto nacional y prohibió las reuniones en los cementerios, es decir, en las catacumbas. No obstante, Sixto II pudo gobernar la Iglesia casi un año entero sin ser molestado. Pero a principios de agosto del año 258 se dictaron contra el clero un conjunto de medidas más radicales y tajantes. El papa se refugió con cuatro diáconos en la catacumba de Pretextato, en la vía Apia. Allí le encontraron el día 6 de agosto un grupo de soldados. Le arrastraron ante el tribunal y, condenado, le llevaron luego al mismo lugar de su captura, donde le cortaron la cabeza.

 

San Dionisio

 

Durante dos años larguísimos, los perseguidos permanecieron ocultos en sus escondrijos. Roma no fue una excepción. Pero en el 260 fue ejecutado Valeriano. Y el nuevo emperador, Galieno, devolvió el sosiego a los cristianos con su Edicto de tolerancia, proporcionándoles, incluso, lugares para el culto. Y a partir del 22 de julio, tuvo Roma un nuevo obispo: Dionisio, un sacerdote que hasta entonces se había distinguido por su celo.

 

Lo más apremiante era reorganizar la Iglesia local: Dionisio fortaleció la estructura presbiterial, acentuando el papel de los presbíteros sobre el de los diáconos. Y también era urgente reanudar los contactos con las demás Iglesias de África y de Asia. El obispo de Roma escribió a todos una carta volviendo a concretar y definir la posición romana acerca de la validez del bautismo de los herejes y sobre la doctrina de la Santísima Trinidad.

 

Precisamente, en relación con esta cuestión, un sacerdote de Alejandría acababa de denunciar a su obispo, el patriarca -también llamado Dionisio- que había interpuesto sus buenos oficios en el conflicto entre Esteban y Cipriano. Un sínodo reunido en Roma encontró culpable al patriarca; el papa le dirigió una carta llena de comprensión y delicadeza comunicándole la decisión, y el patriarca de Alejandría le contestó disculpándose y quedó libre de toda sospecha de herejía.

 

Los bárbaros, en sus incursiones por tierras del Imperio, habían devastado Cesarea. El Santo Padre escribió a la comunidad cristiana así probada expresándole sus sentimientos de compasión y enviándole una importante suma de dinero.

 

Dionisio murió el 26 de diciembre del 268. Pasaría a la Historia como el más notable de los obispos de Roma del siglo III.

 

San Félix I

 

Conforme avanzaba el siglo III se hacía más evidente que la autoridad de Roma sobre las otras Iglesias de la cristiandad era aceptada como algo natural. Los obispos, por supuesto, manifestaban una notable independencia, como pudo verse en el caso de Cipriano, pero también era indudable que, desde aquellos años, la vinculación con Roma constituía la señal por excelencia de pertenecer a la gran familia cristiana. Un curioso episodio, en tiempos de Félix, viene a corroborar esta impresión.

 

Consagrado obispo de Roma el 5 de enero del 269, Félix tomó pronto posiciones contra Pablo de Samosata, patriarca de Antioquía, convicto de herejía en dos ocasiones por un sínodo de su propia Iglesia. El obispo de Roma reconoció como nuevo patriarca de Antioquía al obispo Domno, pero Pablo de Samosata se negó a dejar su dignidad y se hizo fuerte en sus aposentos. Fue necesaria una orden del emperador Aureliano para obligarle a abandonarlos. Y este emperador pagano justificó su apoyo a Domno por el hecho de ser éste el «reconocido por los obispos de Italia y por el de Roma en particular».

 

Es normal que con un emperador tan sensato no pudiera Félix alcanzar el martirio. Falleció el 30 de diciembre del 274.

Comentarios
No hay comentarios en “La Iglesia recupera su estabilidad”
  1. nelson Dijo:

    muy buena la historia quiero si es posible me envien una bibligrafia completa de todos los papas de todos los tiempós..muchas gracias..les felicito por la pagina

  2. Jesus Enrique Tzuc Padilla Dijo:

    muy bueno los documetales de los papas me gustaria que me envien una biografia de todos los papas y sus logros en l a iglesia para conocer mas… gracias +}




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