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La Iglesia anglo-sajona


27 junio 2008
Sección: La historia de los Papas

Un paso más en la unificación de la Iglesia: Inglaterra abandona los ritos particulares para adoptar la liturgia romana.

San Eugenio I

 

El 17 de junio del 654 fue deportado Martín a Constantinopla. El emperador exigió la elección de un nuevo papa. El clero cedió a las presiones imperiales y, el 10 de agosto del 654, escogió a un romano, Eugenio l. Martín se resignó y reconoció la legitimidad de su sucesor para evitar la crisis que, sin duda, se habría desencadenado si se hubiera considerado antipapa al recién designado.

 

Eugenio era de un temple distinto al de su predecesor e hizo todo lo posible por apaciguar a Constante II. Se hizo representar en la corte por un legado en el que confiaba para ganarse el favor imperial. Pero Pedro, el nuevo patriarca de Constantinopla, profesaba opiniones más que ambiguas, peligrosas en cuestiones de doctrina. El clero y el pueblo romanos presionaron al papa para que lo condenara con firmeza, asumiendo los riesgos que esa acción pudiera ocasionar.

 

Efectivamente, el emperador se disponía a descargar sobre Eugenio la misma severidad que antes empleara contra Martín cuando una nueva amenaza árabe le obligó a aplazar tales medidas de represalia. Cuando quiso después pasar a los hechos y apresar al papa llegó demasiado tarde. Este había fallecido el 2 de junio del año 657.

 

San Vitaliano

 

La tensión entre Roma y Bizancio había alcanzado su punto álgido. Así lo entendió Vitaliano, que, al ser elegido el 30 de julio del 657, se apresuró a enviar una embajada a Constante II para informarle de su elección y con la misión de intentar una normalización de las relaciones.

 

Vitaliano, que era realista, fingió relativizar las divergencias doctrinales y, en el año 663, recibió al emperador en Roma con una pompa extraordinaria. Constante II, sin embargo, fue tan poco sensible a aquel gesto que, al marcharse, saqueó descaradamente el tesoro de la Urbe y separó a la Iglesia de Rávena de la jurisdicción del papa. Rávena se convertía así en una Iglesia autocéfala.

 

La amargura de Vitaliano se vio aliviada por una buena noticia llegada de Gran Bretaña: la Iglesia en Inglaterra abandonaba los ritos irlandeses y escoceses para adoptar la liturgia romana. El papa designó al monje Teodoro arzobispo de Canterbury y le encargó reorganizar la Iglesia anglo-sajona.

 

Vitaliano no estaba hecho de la misma pasta que el emperador; y bien lo demostró con ocasión del asesinato del monarca. En lugar de aprovecharse para llevar a cabo cualquier venganza, apoyó oficialmente a su hijo Constantino IV frente a las pretensiones usurpadoras de su adversario. Y fue recompensado por ello. El nuevo emperador, alarmado por la amenaza árabe, practicó desde entonces con Roma una política de apaciguamiento.

 

Murió el papa Vitaliano el 27 de enero del 672. Se le honra como santo y se celebra su fiesta en el día del aniversario de su fallecimiento.

 

Adeodato II

 

A pesar del acercamiento esbozado por Vitaliano, seguían en pie las diferencias entre Roma y Bizancio. Adeodato II, un monje romano del convento de San Erasmo, elegido el 11 de abril del año 672, mantendría la oposición romana al monotelismo bizantino, aunque dedicó toda su atención a impulsar el monacato occidental.
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