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Digno de castigo

Tomás de Kempis
9 julio 2008
Sección: Imitación de Cristo

El Alma:

1. Señor, no soy digno de tu consolación ni de ninguna visita espiritual; y por eso justamente lo haces conmigo cuando me dejas pobre y desconsolado. Porque aunque yo pudiese derramar un mar de lágrimas, aún no merecería tu consuelo. Por eso yo soy digno de ser afligido y castigado; porque te ofendí gravemente y muchas veces, y pequé mucho, y de muchas maneras. Así que, bien mirado, no soy digno de la menor consolación. Mas Tú, Dios clemente y misericordioso, que no quieres que tus obras perezcan, para manifestar las riquezas de tu bondad en los vasos de tu misericordia aun sobre todo merecimiento, tienes por bien de consolar a tu siervo de un modo sobrenatural. Porque tus consolaciones no son ilusorias como las humanas.

2. ¿Qué he hecho, Señor, para que Tú me dieses ninguna consolación celestial? Yo no me acuerdo haber hecho ningún bien; sino que he sido siempre inclinado a vicios, y muy perezoso para enmendarme. Esto es verdad, y no puedo negarlo. Si dijese otra cosa, Tú estarías contra mí, y no habría quien me defendiese. ¿Qué he merecido por mis pecados, sino el infierno y el fuego eterno? Conozco en verdad que soy digno de todo escarnio y menosprecio; ni merezco ser contado entre tus devotos. Y aunque me incomode este lenguaje, no dejaré de acusar mis pecados contra mí, y en favor de la verdad, para que más fácilmente merezca alcanzar tu misericordia.

3. ¿Qué diré yo pecador, y lleno de toda confusión? No tengo boca para hablar sino sola esta palabra: Pequé, Señor, pequé; ten misericordia de mí; perdóname. Déjame un poco para que llore mi dolor, antes que vaya a la tierra tenebrosa y cubierta de obscuridad de muerte. ¿Qué es lo que principalmente exiges del culpable y miserable pecador, sino que se convierta y se humille por sus pecados? De la verdadera contrición y humildad de corazón nace la esperanza de ser perdonado, se reconcilia la conciencia turbada, reparase la gracia perdida, se defiende el hombre de la ira venidera, y se juntan en santa paz Dios y el alma contrita.

4. Señor, el humilde arrepentimiento de los pecados es para Ti sacrificio muy acepto, que huele más suavemente en tu presencia, que el incienso. Este es también el ungüento agradable que Tú quisiste que se derramase sobre tus sagrados pies; porque nunca desechaste el corazón contrito y humillado. Allí está el lugar del refugio para el que huye del enemigo; allí se enmienda y limpia lo que en otro lugar se erró y se manchó.

Comentarios
5 Comentarios en “Digno de castigo”
  1. francisco S. M. Dijo:

    Me da gusto poder tener la bendiciön de recibir pequeñas luces de entendimiento por que buena falta que nos hacen y poder sobretodo reflexinarlas. Gracias por que éste servicio pueda llegar tan lejos como el inernet q aunq no tenga uno mucho tiempo pueda dar una hojeada "provechosa" en verdad a nuestra vida…

  2. francisco S. M. Dijo:

    Me da gusto poder tener la bendiciön de recibir pequeñas luces de entendimiento por que buena falta que nos hacen y poder sobretodo reflexinarlas. Gracias por que éste servicio pueda llegar tan lejos como el inernet q aunq no tenga uno mucho tiempo pueda dar una hojeada "provechosa" en verdad a nuestra vida…

  3. francisco S. M. Dijo:

    Me da gusto poder tener la bendiciön de recibir pequeñas luces de entendimiento por que buena falta que nos hacen y poder sobretodo reflexinarlas. Gracias por que éste servicio pueda llegar tan lejos como el inernet q aunq no tenga uno mucho tiempo pueda dar una hojeada "provechosa" en verdad a nuestra vida…

  4. Gladys Dijo:

    Es muy probechosa la ayuda que he recibo al intentar prepararme para una buena reconciliacion.Gracias a Dios y a ustedes.

  5. Luis Armando Dijo:

    Señor, Tú que dijiste que veniste a salvar a los pecadores, compadécete de mí y sálvame; sé que yo no soy digno de que vengas a mi casa pero una palabra tuya bastará para salvar mi alma… Te lo ruego, dila…
    Fortaléceme en mis debilidades para enfrentarlas y contrarrestarlas; dame fuerza de voluntad para sacudirlas y evitarlas; soy débil y vuelvo a recaer olvidándome de tus propósitos, más tengo mucha fe en que si Tú estás conmigo, nada ni nadie podrá separarnos, pue un corazón contrito y humillado Tú no lo desprecias… Amén.




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