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Tu Voluntad firme y constante: Cuando Marconi hacía experimentos

Gabriel Marañon Baigorrí
26 agosto 2008
Sección: Hijos y educación

El 10 de abril de 1912 el famoso trasatlántico "Titanic" zarpó por primera vez del puerto de Southamton rumbo a Nueva York. Era el más grande de los trasatlánticos que surcaban los mares. Cuando sólo faltaban dos días para llegar a Nueva York el telegrafista recogió un mensaje del buque "Baltic" advirtiendo al "Titanic" que tuviera cuidado, pues había hielos por aquellos mares. El capitán del buque no se sintió alarmado.

El "Titanic" avanzaba a gran velocidad y a las once y media de la noche el primer oficial, que estaba de guardia sobre el puente, vio de repente un gigantesco témpano de hielo que avanzaba hacia el buque. El oficial, con todas sus fuerzas, gritó, dando una orden a la sala de máquinas: "¡Todo a estribor!" La orden llegó demasiado tarde. El "Titanic" rozó con su casco el témpano de hielo y esta rozadura abrió al buque una abertura de cien metros de larga. Los pasajeros que estaban en los salones del buque apenas notaron la ligera sacudida del buque; pero el agua entraba en grandes cantidades en la sala de máquinas. El telegrafista envió por radio varios mensajes, pidiendo auxilio, que fueron recogidos por varios buques, los cuales se dirigieron rápidamente al lugar del accidente. El capitán ordenó a todos los pasajeros subir a cubierta provistos de los salvavidas. La angustia del capitán era enorme, porque sabia que no había suficientes botes salvavidas para las dos mil y pico personas que se encontraban a bordo. Los botes salvavidas se llenaron de gente y eran lanzados al agua y procuraban alejarse del buque lo antes posible. El buque empezó a inclinarse sumergiendo la proa y quedando casi en posición vertical. A los pocos momentos el barco se hundía en las heladas aguas para siempre, llevando consigo a 1,517 personas.

A las cuatro de la mañana llegó cerca del lugar del siniestro el buque "Carpathia" que recogió a la gente que iba en los botes salvavidas. Estaban helados y silenciosos. Entonces la radiotelegrafía salvó a 706 personas. Por aquel entonces acababa de inventar la radio Guillermo Marconi, que tanto bien iba a hacer a la humanidad. Ya desde niño, a Guillermo Marconi le atraía con verdadera pasión los experimentos físicos. Empezó a estudiar a fondo la física, pero lo que más le impresionó fue la lectura de una revista técnica en que hablaba de las ondas hertzianas. Aquellas ondas le habían revelado que él podía descubrir algo. Entonces se le metió en la cabeza la idea de transmitir palabras de un lugar a otro, pero sin alambres. Y desde entonces empezó a estudiar con una perseverancia y tenacidad asombrosa. Pero cuando llegó a la plena realización del invento de la radio tuvo que realizar innumerables experimentos que a veces eran un fracaso. Construyó dos aparatos con el fin de que se pusieran en comunicación. Eran el conmutador y el cohesor. Trataba de transmitir una chispa eléctrica de un aparato al otro, pero los aparatos no funcionaban. Con mucha paciencia buscó el error. Por fin, volvió a pulsar el conmutador y la chispa saltó al cohesor; éste tenía una campana que al contacto de la chispa sonó. Estaba descubierta la radio. Como un loco se fue a la habitación de su madre, que dormía apaciblemente, y la despertó, invitándola a que subiera al desván. Al cabo de un rato madre e hijo presenciaban el salto de la chispa al cohesor y oyeron sonar la campana. La madre, admirada, dijo a su hijo: "¡Es maravilloso!"

Explicación Doctrinal:

Así fueron todos los grandes hombres de ciencia; poseyeron una férrea voluntad tenaz y constante en sus trabajos y estudios. Algunos de ellos eran de inteligencia mediana, pero el secreto de su éxitos residía en su voluntad y constancia, machacando siempre sobre un mismo trabajo o tema. Tuvieron sus errores, desalientos y fracasos, pero al fin triunfaron con su perseverancia firme. Gracias a estos hombres tenemos tantas cosas buenas.

¡Cuántos jóvenes teniendo cualidades para llegar a ser extraordinarios en la ciencia, en la cultura, en los negocios, se adormecen en su indolencia y hoy están vegetando como unos parásitos. No seas tú uno de ellos. Sé un Pasteur, un Pizarro, un Ignacio de Loyola, un Cajal, un Carnegie, etc. Haz algo grande en la vida para bien de todos.

Norma de Conducta:

Seré firme y constante en mis trabajos y estudios. Y así triunfaré.

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