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El Cine: Dos muchachos pereseguidos por la policía

Gabriel Marañon Baigorrí
25 agosto 2008
Sección: Hijos y educación

Hace unos años Inglaterra y otras naciones presenciaron una oleada de delincuencia juvenil. Bandas de muchachos atacaban a los peatones, hiriéndoles y robándoles; o asaltaban fábricas y talleres. Generalmente no eran muchachos necesitados económicamente. Herían y robaban para realizar una aventura y sentir una emoción, tal como habían visto en las películas o habían leído en las novelas.

Dos muchachos, uno de ellos de dieciséis años y otro de diecinueve años, burlando la vigilancia del guarda, y amparados por las sombras de la noche, se metieron en un gran almacén de una fábrica en Croydon, con ánimo de robar y sentir la emoción de lo prohibido.

Procurando no hacer ruido, caminaron silenciosos por las naves del almacén, buscando algo de valor. Uno de los guardas les vio y les echó el alto, pero los dos muchachos corrieron a ocultarse detrás de unas cajas. El guarda, temiendo estuvieran armados, llamó por teléfono a la Policía. Vino un coche patrulla.

Con precauciones, la policía comenzó a acorralar a los dos delincuentes. Pero cuando uno de los policías se acercó a detenerlos el muchacho de más edad, el que tenía diecinueve años, gritó a su compañero: "¡Dale por el pelo!" Es decir, mátalo. El muchacho, seguro de la protección de sus dieciséis años, metió la mano en el bolsillo, sacó una pistola y disparó contra el policía que se acercaba confiado a detenerlos. Cayó al suelo herido gravemente. Fue llevado al hospital y a las pocas horas de ingresar falleció.

El Tribunal condenó al joven de diecinueve años a la horca, a pesar de no haber disparado. La sentencia se ejecutó en la cárcel de Wansword. Allí quedó colgado de la horca el muchacho que incitó a su compañero a matar al policía. Y el otro muchacho de dieciséis años quedó bajo la acción de la justicia.

Un comentarista indicaba que el joven ahorcado era el prototipo de una delincuencia alimentada por las malas películas y novelas.

Un Tribunal de Menores indicaba que de 369 casos de delincuentes menores 230 lo eran por la influencia malsana del cine. De 16,819 muchachos que comparecieron ante 32 tribunales de menores se comprobó en 5,443 una influencia perniciosa del cine.

Explicación Doctrinal:

El cine no es sólo un elemento de diversión, donde en él lo pasamos agradablemente. El cine es además un elemento para bien o para mal del hombre, pero, sobre todo, para los niños y jóvenes. Puede ser un instrumento de bien, cuando la película que se ve tiene imágenes, ideas y argumento digno, noble y elevado. Porque lo que el niño y el joven ven de bueno en el cine influye poderosamente en su inteligencia y en sus sentimientos, formando una conciencia y una personalidad recta, justa, que le inclina al bien y a la justicia. Pero si la película que está viendo es mala, perniciosa, es decir que alaba el pecado y elogia el vicio, dejan en el espíritu una huella de mal e inclinación al pecado y al vicio.

Por eso es un deber tuyo que presencias películas en el cine y en la televisión que sean buenas, dignas, que no te inciten al mal, sino al bien y a la rectitud.

Norma de Conducta:

Veré películas que me inciten siempre al bien.

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