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Combatir la pasividad


25 julio 2016
Sección: Hijos y educación

combatirinter0La adolescencia ha sido siempre la etapa de los grandes ideales. Los tres mosqueteros, Romeo y Julieta, Juana de arco… No tenían más de 15 años y lucharon por románticos sueños. Hoy eso ha cambiado y muchos quinceañeros se lo pasan con cara de aburrimiento, sin que nada los conmueva…

En Chile un nuevo lenguaje juvenil ha surgido a partir de la indiferencia y el pasivismo: “igual”, “no pesco” , “no estoy ni ahí”… Son frases que van acompañadas de una postura indiferente, que plantea dejar pasar lo malo en vez de enfrentarlo con intentos de cambio. Explicar esta actitud no es tan difícil: los valores que imperan en la sociedad logran echar por tierra cualquier noble aspiración.

Si un joven ve a su alrededor que todos persiguen ganar más plata y tener éxito, la tendencia natural es a frustrarse y cortar conexión con el mundo adulto. Muy pocos se alzan en rebeldía positiva. Otros, además, se dejan llevar con mucha comodidad por esta conducta de moda, que impone sus modos de vestir, hablar y moverse, y que genera con increíble rapidez representantes en el cine y la música.

Es urgente, entonces, que la familia presente otros modelos de vida más esperanzadores y constructivos.

Radiografía del pasivo:

– Pasivo es el que decide no preocuparse por ningún problema y vivir al margen de lo que ocurre. No se anota ni se compromete con nadie. Asume una postura deliberada y permanente de automarginación.

– En el pasivo se observa falta de análisis y mucha flojera mental. Toda su filosofía mental se resume en un par de frases: “igual, no pesco”.

– No protesta ni se enoja. Simplemente procura no verse afectado por nada. Quiere vivir cómodamente, sin problemas, en su mundo.

– Está disconforme con la sociedad en que vive, lo mismo que el rebelde. Pero éste último no se conforma, mientras que el pasivo sólo exterioriza su desagrado a través de un aspecto físico descuidado y una forma irónica de hablar.

Existen dos tipos de pasivos:

 

– El por desengaño, que decide cortar con el mundo exterior, debido a alguna experiencia desagradable. Por ejemplo, fracaso en los estudios, desilusión en sus relaciones de amistad… La falta de madurez para afrontar esas situaciones le lleva a evadirse de la realidad.

– El pasivo de moda que, de entrada, adopta esa postura simplemente porque es un modo fácil de vivir o porque sus amigos se mueven y comportan igual.

El camino hacia la pasividad

 

Cuando los adolescentes encuentran un clima desfavorable para desarrollar su personalidad pueden optar por rumbos equivocados. No faltará en el colegio o entre sus amigos quien le deje fascinado con la “pseudofilosofía” del pasivismo: “Esto no se puede cambiar; es mejor pasar de todo, lo importante es no tener problemas”.

La difusión de la pasividad como forma de vida se debe fundamentalmente, a dos razones:

Primero, al cambio de ambiente social desfavorable. Muchos adolescentes observan que los valores preferidos por los adultos son el éxito, el rendimiento, el poder del dinero o el bienestar. Los nuevos “ideales” de la gente mayor se reducen, en muchos casos, a intereses individualistas, lo que no estimula a los jóvenes a participar activamente en la sociedad.

Ante ello, los adolescentes pueden llegar a preferir que les dejen vivir “su vida”. No se trata sólo de una actitud de protesta, es la expresión de un problema interior: miedo a no llegar jamás a rendir tanto como el mundo adulto exige, desconfianza a la competencia de los otros seres humanos, escepticismo ante las promesas de una felicidad pasajera y trivial, soledad en medio de las tanto materialismo o desengaño de los ideales de la gente grande.

En segundo lugar, la pasividad surge también cuando el joven se va acostumbrando a una vida sin esfuerzo y muy permisiva. Si ha encontrado siempre todo hecho y ha vivido cómodamente, sin problemas, sin tomar decisiones, responsabilidades, ni aportar personalmente a su familia ni al colegio, preferirá seguir actuando así.

La nueva proliferación de pasivos, en este sentido, está muy relacionada con los hábitos adquiridos desde la infancia o en la sociedad del bienestar. Viene de esos niños que han tenido todos sus deseos satisfechos, que han conseguido o todo sin esfuerzo. No están preparados para asumir ningún tipo de contrariedad ni renunciar a ningún capricho. No son capaces de resolver los problemas más corrientes de la vida y se conforman con lo instantáneo y con lo “suficiente” para pasar el rato.

Las causas de la pasividad

 

En opinión de los propios adolescentes, las causas del pasivismo se resumen en las siguientes, frases, según una encuesta publicada en un periódico europeo:

– Cobardía: en lugar de solucionar los problemas se opta por evadirse de ellos.

– Insatisfacción personal: es tener muchos problemas y huir de ellos.

– Falsa libertad: despreocuparse de todos los problemas que se puedan tener y hacer lo que uno tenga ganas.

– Flojera: hay personas inactivas que prefieren una vida fácil.

– Problemas reales. entre la gente joven hay muchos hartos de vivir, que no saben qué hacer…

¿Cómo pueden combatir ese pasivismo los padres?

 

Papel de los padres

– Considere qué modelos de conducta se exaltan en el hogar. Por ejemplo, analice qué actitudes toman ustedes los adultos ante una noticia importante. Su hijo se fija mucho en esto para formarse ideas sobre la vida.

– Tenga en cuenta que ¡os medios de comunicación, especialmente la televisión, son los principales difusores de modelos de vida. Hay que evitar hijos adictos a la TV conversar con ellos sobre lo que ven y apagar el televisor si es preciso.

– Ayude a su hijo a descubrir valores verdaderos e ideales nobles. Los descubren mediante el ejemplo y la ayuda a los más necesitados. También a través de un buen libro: todos los que contienen testimonios vivos le influyen extraordinariamente.

– Tenga presente ir orientándolo profesionalmente ya desde la adolescencia, en una actividad relacionada con sus mejores capacidades o inclinaciones.

– Fomente su sentido crítico ante las actuaciones e ideas de los demás y las que impone la sociedad. Ayúdele a desarrollar su propia personalidad y sus propias opiniones.

– Apele a su esfuerzo personal para conseguir lo que quiere. No le resuelva siempre sus problemas.

– El adolescente debería participar activamente en la vida de la familia, sabiendo ser generoso, molestarse de vez en cuando por los demás, encargarse de alguna cosa.

– Mueva a su hijo a usar el tiempo libre con inteligencia y responsabilidad, para que no caiga en la trampa del “no hacer nada”, Ayúdelo a ordenar su día, dejando tiempo para el estudio. para leer, para los amigos…

 

Familia, escuela de ideales

 

Los padres deben estar al tanto de la “pseudofilosofia del pasivo” para hacerle ver a su hijo o hija que ese modo de vida no conduce a ningún lado. También han de llevar a descubrir a sus hijos valores verdaderos e ideales que dan sentido a la vida. Por ejemplo, el amor noble, generoso y comprometido, o la amistad desinteresada.

La juventud contiene una enorme riqueza interior y los padres juegan un importantísimo papel a la hora de sacarla fuera en sus hijos. Han de orientarles para que entiendan que ser auténticamente joven consiste, entre otras cosas, en ser rebeldes, tener esperanza, hacer proyectos y correr riesgos por concretar ideales, seguir aprendiendo, dar más de sí, ser generosos, comprometerse con lo que vale la pena…

Además, los padres tendrán que insistir en que su hijo se esfuerce por conseguir aquello que quiere. No hay que allanarle totalmente el camino. Es bueno que afronte por sí mismo los problemas propios de su edad.

En la casa podemos darle oportunidades para que tome decisiones por sí mismo, exigiéndole que se haga responsable por las consecuencias. Habrá que hacerle ver que tiene unos deberes, además de unos derechos. En este sentido, es muy importante encargarle algún aspecto de la vida familiar.

Por último, una manera eficaz de prevenir actitudes indiferentes es enseñar a los adolescentes a usar el tiempo libre en forma inteligente y responsable. Cuando el ocio se convierte en no hacer nada, la voluntad y la creatividad se debilitan. Por el contarlo, los instantes enriquecedores para su personalidad motivan nuevos ideales.

Comentarios
1 comentario en “Combatir la pasividad”
  1. Felipe Hernandez Dijo:

    Que tratamiento se puede seguir, para un servidor soy un Alcoholico Anonimo, que tengo 21 años si beber ni drogarme, estoy seco hasta los tuetanos y gracias a Dios no he recaido. Tengo un Problema que no he podido resolver, es la pasividad. Reciban un cordial abrazo.




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