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Viernes. 4 Semana de Cuaresma


24 marzo 2014
Sección: Ciclo B, Evangelio, La Cuaresma

Juan 7, 1-2 10. 25-30

Autor: Pablo Cardona

«Entonces, algunos de Jerusalén decían: ¿No es éste el que buscan para matarle? Pues mirad cómo habla con toda libertad y nada le dicen. ¿Acaso habrán reconocido las autoridades que éste es el Cristo? Sin embargo sabemos de dónde es éste, mientras que cuando venga el Cristo nadie conocerá de dónde es. Jesús enseñando en el Templo clamó: Me conocéis y sabéis de dónde soy; en cambio, yo no he venido de mí mismo, pero el que me ha enviado, a quien vosotros no conocéis, es veraz. Yo le conozco, porque de Él vengo y Él mismo me ha enviado. Buscaban cómo detenerle, pero nadie le puso las manos encima porque aún no había llegado su hora.» (Juan 7, 1-2 10. 25-30)

 

1º. Jesús, los jefes judíos te están buscando para matarte.

Es ya algo conocido en Jerusalén, hasta el punto de que hay quienes se extrañan al verte predicar con toda libertad.

Tu vida corre peligro pero no te escondes, sino que continúas con tu misión de enseñar el Evangelio a todas las gentes.

En cambio yo, Jesús, cuánta cobardía tengo a veces.

Veo que debería decirle algo a este amigo, o cortar una conversación impura, o defender a la Iglesia ante esa crítica satírica.

Pero me quedo allí arrinconado, escondido en mi silencio, y pierdo una oportunidad inmensa de dar buena doctrina.

Juan Pablo 1, en su primer mensaje como Papa, urgía a los cristianos a cambiar de actitud: «Queremos recordar a toda la Iglesia que la evangelización sigue siendo su principal deber… Animada por la fe, alimentada por la caridad y sostenida por el alimento celestial de la Eucaristía, la Iglesia debe estudiar todos los caminos, procurarse todos los medios, oportuna e inoportunamente (2 Timoteo 4, 2), para sembrar la palabra, proclamar el mensaje, anunciar la salvación que infunde en el alma la inquietud de la búsqueda de la verdad y la sostiene con la ayuda de lo alto en esta búsqueda. Si todos los hijos de la Iglesia fueran misioneros incansables del Evangelio brotaría una nueva floración de santidad y de renovación en este mundo sediento de amor y de verdad»

«Sabemos de dónde es éste».

Jesús, cuántos creen conocerte pero, en el fondo, no te conocen.

Dicen que te siguen, pero no siguen a tu Iglesia; dicen que te entienden, pero no entienden tu Cruz; dicen que te aman, pero no aman la Eucaristía.

Yo, a veces, también te sigo poco, te entiendo poco, te amo poco.

Ayúdame a seguirte más de cerca, a entenderte mejor, a amarte de verdad.

2º. «Urge difundir la luz de la doctrina de Cristo.

Atesora formación, llénate de claridad de ideas, de plenitud del mensaje cristiano, para poder después transmitirlo a los demás.

-No esperes unas iluminaciones de Dios, que no tiene por qué darte, cuando dispones de medios humanos concretos: el estudio, el trabajo» (Forja.- 841).

Jesús, ante la situación de confusión actual, donde hay quien se cree con el derecho de interpretar tu doctrina a su antojo, urge difundir la luz de la doctrina de Cristo, tener las ideas claras:

-entender por qué la señal del cristiano es la Cruz;

-por qué la Eucaristía es el sacramento de nuestra fe;

-por qué el mandamiento nuevo sigue siendo tan nuevo;

-qué es pecado y por qué;

-cuáles son los mandamientos de la Iglesia,

-y qué dice el Magisterio sobre los temas de actualidad.

Jesús, quiero enterarme bien: primero por mí, para tener esa plenitud del mensaje cristiano; y luego, para poder transmitirlo a los demás.

Y cuando no entienda algo, que no me quede con la duda: que lo pregunte en la dirección espiritual o que pregunte una referencia o un libro donde se explique.

Porque Tú necesitas apóstoles con claridad de ideas, que sepan explicar de modo actual las ideas de siempre.

Jesús, que te conozca de verdad; que ponga los medios humanos concretos que necesite:

-el estudio de tu doctrina;

-la asistencia a cursos de formación espiritual;

-la lectura de libros sobre temas morales, doctrinales o espirituales.

Así podré ser, entre los que me rodean, un mensajero del Evangelio.

Y podré decir de Ti lo que Tú dijiste de tu Padre: «Yo le conozco, porque de Él vengo y Él mismo me ha enviado».

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