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Viernes. 1º Semana de Cuaresma


9 marzo 2014
Sección: Ciclo B, Evangelio, La Cuaresma

Mateo 5, 20-26

Autor: Pablo Cardona

«Os digo, pues, que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: Todo el que se llene de ira contra su hermano será reo de juicio; y el que llame a su hermano «raca» será reo ante el Sanedrín; el que le llame «renegado», será reo del fuego del infierno. Por tanto, si al llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el alta, ve primero a reconciliarte con tu hermano y vuelve después para presentar tu ofrenda. Pon te de acuerdo cuanto antes con tu adversario mientras vas de camino con él; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al alguacil y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que restituyas la ultima moneda.» (Mateo 5, 20-26)

1º. Jesús, has venido a la tierra para redimirme del pecado, abrirme las puertas del cielo y darme ejemplo de vida.

Has venido a «subir el nivel», a poner un objetivo más alto: «si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.»

Antes de que vinieras, el objetivo era: no matarás.

Pero ahora que soy hijo de Dios, ahora que tengo tu gracia a través de los sacramentos, el objetivo debe ser parecerme lo máximo a Ti, vivir el mandamiento nuevo: «que os améis unos a otros como yo os he amado» (Juan 13,34).

«Por tanto, si al llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, ve primero a reconciliarte con tu hermano.»

¿Cómo voy a pretender agradarte con ofrendas materiales si no intento primero amar a los que están a mi lado?

Mientras tenga vida, estoy de camino: de camino para llegar al Reino de los Cielos.

El demonio mi adversario intenta tentarme aprovechándose de mi soberbia, de mi sensualidad, de mi comodidad.

«Ponte de acuerdo cuanto antes con tu adversario mientras vas de camino con él»

Jesús, quiero mantener este «acuerdo» con mi adversario: no dialogar nunca con él, no dialogar con la tentación.

«Siempre está ojo avizor contra nosotros el enemigo antiguo; no nos durmamos. Sugiere halagos, pone celadas, introduce malos pensamientos y, para llevamos a dolorosa rutina, pone delante lucros y amenaza con prejuicios. Todos y cada uno son probados, cada cual a su modo» (San Agustín).

 

2º. «No dialogues con la tentación. Déjame que te lo repita: ten la valentía de huir; y la reciedumbre de no manosear tu debilidad, pensando hasta dónde podrías llegar. ¡Corta, sin concesiones!» (Surco.-137).

Jesús, a veces no tengo la fortaleza de rechazar rápidamente las tentaciones, que empiezan con pequeñas insinuaciones y luego ya no hay quien las pare.

Lo que empezó siendo un pequeño roce, puede acabar en odio y en pelea;

lo que empezó siendo una imagen incontrolada, puede acabar en un pecado contra la pureza;

lo que empezó siendo un respiro después de comer, puede acabar en una tarde perdida delante de la televisión.

Ayúdame a cortar, a reaccionar rápidamente ante esas voces que llaman a la vida fácil y superficial pero que no llenan.

«No sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al alguacil y te metan en la cárcel»

Jesús, Tú vas a ser mi Juez.

Quiero presentarme a Ti con una vida llena de frutos, de frutos de santidad. No quiero llegar a Ti entregado por el demonio: vacío, incapaz de amar y, por tanto, incapaz de recibir el Premio eterno.

Tú has venido para que pueda merecer el Cielo; para que pueda vivir en la tierra una vida de entrega, de amor; de justicia, de alegría, de servicio.

Pero me pides santidad de verdad: «si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.»

Para ayudarme a vivir siempre en gracia, o para recuperarla si la pierdo, me has ganado -con tu muerte en la cruz- los sacramentos.

Que no los desaproveche, que realmente sean el gran apoyo de mi vida interior.

Que sean ellos -especialmente, la Comunión y la Confesión- mis acompañantes en este camino que es mi vida en la tierra.

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