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Miércoles. 4 Semana de Cuaresma


24 marzo 2014
Sección: Ciclo B, Evangelio, La Cuaresma

Juan 5, 17-30

Autor: Pablo Cardona

«En verdad, en verdad os digo que el que oye mi palabra y cree en el que me envió tiene vida eterna, y no viene a juicio sino que pasa de la muerte a la vida. En verdad, en verdad os digo que llega la hora, y es ésta, en la que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán, pues como el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado al Hijo tener vida en sí mismo. Y le dio poder de juzgar; ya que es el Hijo del Hombre. No os maravilléis de esto porque viene la hora en la que todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron el bien saldrán para la resurrección de la vida; y los que practicaron el mal, para la resurrección del juicio. Yo no puedo hacer nada por mí mismo: según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo porque no busco mi voluntad sino la voluntad del que me envió.» (Juan 5, 17-30)

1º. Jesús, no puedes ser más claro sobre el destino del hombre una vez acabado su paso por la tierra: «los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de la vida; los que hayan hecho el mal a una resurrección de juicio.»

No hay un destino común, una amnistía general decretada por la misericordia infinita de Dios.

«Cada hombre, después de morir; recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular que refiere su vida a Cristo, bien a través de una purificación, bien para entrar inmediatamente en la bienaventuranza del cielo, bien para condenarse inmediatamente para siempre». (C. I. C.- 1022).

No hay amnistía, no porque te falte misericordia, Jesús, sino porque mi destino es una consecuencia necesaria de mi libertad, de mis actos libres, que habrán aprovechado más o menos las gracias que me has ido enviando.

Por eso dices: «Yo no puedo hacer nada por mí mismo: según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo porque no busco mi voluntad sino la voluntad del que me envió.»

Jesús, cuando me juzgues, lo que harás es ver cómo he cumplido la voluntad de Dios.

Ya no es tiempo de dar más gracias, ni de perdonar.

Una vez muerto, ya no puedes hacer nada más que juzgar.

Y tu juicio, a la vez que misericordioso, será justo: «mí juicio es justo».

Jesús, que me dé cuenta de lo que me estoy jugando en esta tierra.

Que sea consciente de que el cielo y el infierno no son cuentos para asustar a los niños.

Que sienta la responsabilidad de salvar a otras almas: a todas las almas.

Pero, primero, la mía; si no, tampoco podré ayudar a los demás.

 

2º. «Doctor en Derecho y en Filosofía, preparaba una oposición a cátedra, en la Universidad de Madrid. Dos carreras brillantes, realizadas con brillantez.

Recibí un aviso suyo: estaba enfermo, y deseaba que fuera a verle. Llegué a la pensión donde se hospedaba. -«Padre, me muero», fue su saludo. Le animé, con cariño. Quiso hacer confesión general. Aquella noche falleció.

Un arquitecto y un médico me ayudaron a amortajarle. -Y a la vista de aquel cuerpo joven, que rápidamente comenzó a descomponerse…, coincidimos los tres en que las dos carreras universitarias no valían nada, comparadas con la carrera definitiva que, buen cristiano, acababa de combar». (Surco.-877).

Jesús, este tiempo de Cuaresma es un buen momento para considerar cómo estoy preparando esta carrera definitiva, que es la realmente importante.

Hoy me avisas de que va a haber examen, juicio, y que va a haber aprobados y suspensos.

Un primer propósito es intentar estar siempre en condiciones de pasar el examen, es decir, estar en gracia.

Pero, además, quiero aprovechar cada momento para prepararme mejor: ofreciendo el trabajo, aprovechando el tiempo, buscando hacer en todo tu voluntad.

Jesús, que no me engañe.

Esta vida es de paso, y pasa rápido.

Que la aproveche bien.

Que mi primer objetivo sea cumplir tu voluntad; y que, con mi ejemplo y mi palabra, ayude a muchos otros a hacer el bien, pues sólo «los que hicieron el bien saldrán para lo resurrección de la vida.»

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