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Martes. Tercera semana de Adviento


8 diciembre 2013
Sección: Adviento, Ciclo B, Evangelio

Mateo 1, 1-17

Autor: Pablo Cardona

«Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán. Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engendró a Farés y a Zara de Tamar, Farés engendró a Esrón, Esrón engendró a Aram, Aram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró a Booz de Rahab, Booz engendró a Obed de Rut, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David. David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías, Salomón engendró a Roboán (…) Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos cuando la deportación a Babilonia. Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel (…) Matán engendró a Jacob, Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús llamado Cristo. Por tanto son catorce todas las generaciones desde Abrahán hasta David, y catorce generaciones desde David hasta la deportación a Babilonia, y también catorce las generaciones desde la deportación a Babilonia hasta Cristo». (Mateo 1,1-17)

1º. Jesús, empieza la última semana antes de la Navidad.

La Trinidad entera está en vilo.

«La venida del Hijo de Dios a la tierra es un acontecimiento tan inmenso que Dios quiso prepararlo durante siglos» (C. I. C.-522).

Yo también me he ido preparando, haciendo mis minutos de oración, sacando algún propósito, concretando alguna mortificación y recibiendo los sacramentos: confesión y comunión.

Hoy aparece en el Evangelio toda la genealogía tuya desde Abrahán.

Catorce generaciones de Abrahán a David, catorce más hasta la deportación a Babilonia y otras catorce hasta Ti.

¡Cuánta gente ha pasado!

¿Qué queda de ellos?

La vida es corta y después de mí vendrá otra generación, y después otra.

Jesús, ayúdame a aprovechar bien el tiempo que me das.

María, sabes que Jesús está a punto de nacer.

¿Cómo lo prepararías todo?

En Nazaret estaba tu familia y tus conocidos.

Muchos te hablarían de la niña o del niño que iba a nacer, deseándote todo tipo de cosas buenas y felicitando a José por la criatura de la joven familia.

Pero una vez a solas con José, hablaríais del Niño, de Jesús, del Mesías esperado durante siglos para salvar a Israel. Para salvar a la humanidad.

 

2º. «Maria Santísima, Madre de Dios, pasa inadvertida, como una más entre las mujeres de su pueblo.

Aprende de Ella a vivir con «naturalidad» (Camino.-499).

Madre, nadie se entera de que eres la Elegida; nadie sabe los favores especiales que has recibido de Dios.

No vas con la cara alta, mostrando lo que sólo pertenece a Dios y a quien Él se lo quiera revelar.

Ni siquiera a José le dijiste nada hasta que Dios no le hizo partícipe de la misión que te había encomendado.

Sin embargo, se nota que eres especial.

Porque eres dócil, humilde.

Porque eres atenta y servicial.

Porque siempre sonríes y tienes una palabra de ánimo.

Porque haces las cosas bien.

Esa es tu «naturalidad».

Una vida sin espectáculo pero llena de contenido.

Una vida que tiene un fundamento: Jesús, a quien llevas en tu vientre y que está a punto de nacer.

¿Qué cosas le dirías cuando estuvieras a solas?

Seguro que le ofrecerías las molestias de estos días, mientras intentabas poner siempre buena cara.

Madre, esa es la «naturalidad» que te pido para mí.

No se trata de que vaya pregonando mi vocación personal de cristiano donde no haga falta; pero sí debe notarse en mi modo de comportarme.

Porque yo también tengo a Jesús dentro de mí, en mi alma en gracia.

Por ello tengo la posibilidad de quedarme a solas con él y ofrecerle silenciosamente mi trabajo, las alegrías y las dificultades del día; y decirle que quiero hacerlo todo por Él y para Él.

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