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Lunes Santo


8 abril 2014
Sección: Ciclo B, Evangelio, Semana Santa

Juan 12, 1-8

Autor: Pablo Cardona

«Jesús, seis días antes de la Pascua, fue a Betania donde vivía Lázaro, al que Jesús resucitó de entre los muertos. Allí le prepararon una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con él. María, tomando una libra de perfume muy caro, de nardo puro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se llenó de la fragancia del perfume. Dijo entonces Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que iba a entregarle: ¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres? Pero esto lo dijo no porque él se preocupara de los pobres, sino porque era ladrón, y, como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella. Entonces dijo Jesús: Dejadle que lo emplee para el día de mi sepultura; pues a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis.» (Juan 12, 1-8)

 

1º. María necesita demostrar de manera extraordinaria el amor que te tiene y te limpia los pies con un perfume muy caro.

No te importa tanto, Jesús, la calidad del perfume como la calidad del amor que María te tiene.

Está mostrándote que vales más para ella que todo lo que cuesta aquel perfume tan caro y todo lo que ha sacrificado al gastar su dinero para comprarlo.

Porque el amor se demuestra en el sacrificio.

Jesús, sabes que te quedan pocos días de vida.

Vas a darlo todo por salvarnos.

También Tú te podías haber quedado y realizar más milagros en favor de los pobres.

En lugar de eso, como el frasco de perfume que María derrama sobre tus pies, te entregas a los judíos para derramar tu sangre: «sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados» (Rito de la Consagración).

Jesús, dejas a María dedicar dinero a tu persona habiendo muchos pobres, y dejas a muchos enfermos en la tierra cuando te entregas a la muerte para salvarnos del pecado.

¿No será que la pobreza y la enfermedad no son un mal tan grave como el pecado?

¿No será que Tú mereces, también en lo humano, un trato de Rey?

 

2º. «Aquella mujer que en casa de Simón el leproso, en Betania, unge con rico perfume la cabeza del Maestro, nos recuerda el deber de ser espléndidos en el culto de Dios.

-Todo el lujo, la majestad y la belleza me parecen poco.

-Y contra los que atacan la riqueza de vasos sagrados, ornamentos y retablos, se oye la alabanza de Jesús: “una buena obra ha hecho conmigo“» (Camino.-527).

Jesús, algunos no entienden que la Iglesia intente mostrarte su amor y veneración a través de lugares y medios lo más espléndidos posible, dentro de un orden.

Sin embargo, esos mismos, a sus seres queridos no les regalan una madera o una piedra, sino un anillo de oro o unos pendientes de calidad.

Tampoco los que se quejan utilizarían una bicicleta para llevar al Rey de su país o al Presidente.

En cambio para llevar la Eucaristía, que es llevarte a Ti, Jesús, Rey de reyes, les parece mucho utilizar algún material noble.

Eso no es amor a los pobres, como no lo era el de Judas.

Eso es, simplemente, falta de Fe, visión humana, que tampoco permite luego tener verdadero amor por los pobres.

La pobreza de espíritu no está necesariamente ligada al dinero que se tiene, sino a su uso.

«Por eso, muchos ricos poseen este espíritu, pues ponen la abundancia al servicio no de su prestigio sino de las obras de beneficencia. Para ellos, la mayor ganancia está en lo que emplean para aliviar la miseria y los trabajos del prójimo» (San León Magno).

Jesús, que sea generoso contigo, con tu culto.

No sólo en dinero, sino también en tiempo.

En la medida que sepa ser generoso contigo, que eres mi Dios y mi Rey, también lo sabré ser con los demás, especialmente con los que más lo necesitan, porque Tú mismo has dicho: «Y el Rey en respuesta les dirá: En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mateo 25,40).

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