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II Domingo de Adviento, Ciclo B


1 diciembre 2013
Sección: Adviento, Ciclo B, Evangelio

Marcos 1, 1-8

Autor: Pablo Cardona

«Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: “Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino”. Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.”» Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: -“Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo». (Mc 1, 1-8)

1. Jesús, en este segundo domingo de Adviento aparece la figura de Juan el Bautista, el último profeta, cuya misión era prepararte el camino.

Yo me estoy preparando también para tu nacimiento, por eso me interesa conocer qué debo hacer para disponerme mejor a tu venida.

“Haced penitencia porque está al llegar el Reino de los Cielos.”

Está claro, Jesús, que tengo que pedir perdón.

Habitualmente ya lo hago, pero sólo de cosas gordas.

Ayúdame a detectar pequeños detalles en los que te he fallado: faltas de generosidad, de mal genio, de comodidad, etc.

Quiero además ofrecerte algún pequeño sacrificio como penitencia: algún detalle de sobriedad, de servicio a los demás, de puntualidad, de orden…

Esta pequeña mortificación me ayudará a preparar mejor la Navidad.

“Haced, pues, frutos dignos de penitencia, y no os justifiquéis. Todo árbol que no dé buen fruto será cortado.”

Señor, tu nacimiento es una llamada a la santidad: he de dar fruto.

No valen las justificaciones, no es suficiente la apariencia ni la palabrería: he de ser santo de verdad.

“Y no hay santidad sin renuncia y sin combate espiritual. El progreso espiritual implica la ascesis y la mortificación que conducen gradualmente a vivir en la paz y el gozo de las bienaventuranzas” -C. I. C. 2015

2. “El espíritu de penitencia está principalmente en aprovechar esas abundantes pequeñeces acciones, renuncias, sacrificios, servicios. . .- que encontramos cada día en el camino, convirtiéndolas en actos de amor, de contrición, en mortificaciones, y formar así un ramillete al final del día: un hermoso ramo, que ofrecemos a Dios” Forja. -408

Jesús, me pides santidad en mi vida ordinaria, en mi vida corriente.

Esto parece imposible.

Pero no me parece tan imposible cuando me doy cuenta de lo que se trata: aprovechar esas abundantes pequeñeces, convirtiéndolas en actos de amor de con tricción, de penitencia.

Jesús, cuántas veces en vez de protestar por algo, te lo puedo ofrecer; cuántas veces puedo adelantarme antes de que me pidan un favor y hacer ese pequeño servicio por amor a Ti; cuántas veces puedo dejar el mejor sitio, la mejor fruta, el programa que a mí me interesa, para que otro esté más a gusto y más contento.

Sé por experiencia que el que está más a gusto y más contento soy yo, cuando me comporto así.

Jesús, que al final de cada día, al hacer un rato de examen de conciencia para ver cómo me he comportado, pueda ofrecerte un ramillete de pequeños vencimientos por amor a Ti. Y si también me doy cuenta de que te he fallado en algo, te pido perdón y ayuda para no volver a hacerlo.

Y me propongo volver a empezar al día siguiente.

De esta manera, mi vida se irá llenando de frutos buenos y conseguiré la meta final: la santidad.

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