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Entendiendo la Eucaristía


23 julio 2008
Sección: Eucaristía

Jesucristo está ahora glorioso en el Cielo y en el Sagrario, donde adoramos al Señor, le damos gracias, y pedimos su ayuda.

¿Qué es la Eucaristía?

 

Nos lo dijo muy claro en aquel discurso de Cafarnaum, donde prometió dejarnos su cuerpo como alimento:

 

“Si alguno come este pan vivirá eternamente; y el Pan que yo le daré es mi Carne para la vida del mundo” (Juan 6,51)

 

“Quien come mi Carne y bebe mi Sangre permanece en mí y yo en él” (Juan 6,56)

 

En el Cenáculo, aquel memorable Jueves Santo, instituye este maravilloso misterio de quedarse hecho pan; “Tomo pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: “Tomad y Comed esto es mi Cuerpo…”y tomando el cáliz: “Bebed todos de él pues esta es mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada por todos para la remisión de los pecados” (Mateo, 26, 26-28)

 

Lo creemos porque el mismo Jesús lo dejó claro. Así lo dice un antiguo escritor cristiano, San Cirilo de Jerusalén: “Puesto que el mismo Cristo anunció y dijo del pan: esto es mi Cuerpo, ¿Quién se atreve a dudar?”. Y así lo han creído todos los fieles desde la época apostólica hasta nuestros días, como bien lo recoge el reciente Catecismo de la Iglesia Católica en el número 1374: “Jesucristo está verdadera, real y substancialmente con su Cuerpo, con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad”

 

Alguien podría decir: nada veo en la Eucaristía, ni nada siento. Y, le podríamos responder: cuando el cielo está nublado, no veo el sol, ¿señal de que no existe? O, no siento que la tierra está girando, ¿señal de que está parada?

 

Pensemos cómo la gran mayoría de las cosas que sabemos es porque aceptamos lo que nos dicen nuestros maestros y nuestros padres: ¿quién ha visto un átomo, la fuerza gravitacional, Neptuno y Plutón?… ¿Quién ha sacado los cálculos de la casa donde vive? ¡Le hemos creído al señor que la hizo!, ¿Quién analiza los alimentos que tomamos? ¡Le hemos creído a la cocinera que los hizo con higiene! Le creemos a tantos humanos, y ¿vamos a dudar de las palabras de Jesús, que nos mostró con su vida, su palabra y sus milagros que es el verdadero Dios? ¿Se habrán equivocado millones de católicos durante 2000 años, muchos de ellos, santos y sabios?

 

La Eucaristía es un misterio de Amor que sólo parece imposible a aquel que no cree que Jesucristo es Dios, Creador y Señor omnipotente del universo.

 

1. LOS MODOS DE LA EUCARISTÍA

 

(Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1356-1401)

 

Ø Como un Sacrificio porque hace presente el sacrificio de la Cruz, porque es su memorial y nos aplica su fruto. Es cuando le llamamos Santa Misa.

 

Ø Como Banquete sagrado de la Comunión en el Cuerpo del Señor.

 

Ø Como Presencia Eucarística de Cristo que se queda en el Sagrario, para permanecer a nuestro lado, para sostenernos, para guiarnos.

 

2. POR QUÉ PARTICIPAR EN LA SANTA MISA

 

Los hijos tenemos las mismas relaciones con Dios, nuestro Padre, como con nuestros padres de sangre:

 

Ø La primera es la relación del respeto con Amor. En el caso de nuestro Padre Dios, como además es nuestro creador es también de adoración.

Ø La segunda es de agradecimiento por todo lo que nos conceden y nos dan de una manera generosa y desinteresada.

Ø La tercera es la de pedirles perdón, cuando les hemos ofendido en algo.

Ø La cuarta es la de pedir, esta es la que hacemos con mayor frecuencia.

 

Pensemos por un momento la grandeza de Dios: observemos el cielo lleno de estrellas, y sintamos su grandeza infinita, al saber que somos una infinita parte del universo. ¿Qué tan perfecto será nuestro Padre Dios que pudo hacer todo esto con un orden maravilloso? Por otro lado sintamos nuestra pequeñez: somos uno entre 6 mil millones de personas, y si faltáramos, no pasaría gran cosa sobre la Tierra.

 

¿Cómo poder llegar hasta las alturas de mi Padre, para adorarlo, darle gracias, pedirle perdón o pedirle por tantas necesidades que tengo?

 

Acostumbramos usar el correo o el email cuando queremos mandar mensajes, ya sea de un país a otro, de una ciudad a otra. Esas escritos suelen llevar detalles de cariño, noticias, peticiones, encargos, etc. No basta escribirla para que llegue a su destino, si la carta se queda en un cajón o no pongo el “send” a un mensaje electrónico. ¡Ahí se queda sin que nadie la lea!.

 

Pues bien, el correo de ida y vuelta con nuestro Padre Dios, es la Santa Misa.

 

Cuando Jesucristo muere el viernes Santo, muere por todos los hombres de todos los tiempos. Va a ofrecer esa Pasión y esa muerte que le dimos los hombres, por nosotros.

 

Así podríamos decirle a nuestro Padre: Señor no valgo nada, yo quién soy para que me escuches y me concedas lo que te pido; pero mira, por los méritos de tu Hijo muerto en la Cruz, escúchanos.

 

Y para que esto no lo vivamos a distancia de miles de años, Jesús da a la Iglesia el poder de borrar 2000 años de historia, y de volver a hacer presente su sacrifico del Calvario, y así estar presentes en ese sacrificio, participando de sus frutos, principalmente del Espíritu Santo que brota de la Cruz, que nos hace hijos de Dios, y nos ayuda a comportarnos como tales.

 

Ahora, ¿Qué tiene que ver esto con el correo? Pues bien, nosotros que queremos adorar a Nuestro Padre, darle gracias, pedirle perdón y clamar por nuestras necesidades, sólo tenemos un camino: unirnos al único sacrificio, unirnos a Cristo en la Cruz, y no asistir a la Santa Misa, al menos los domingos, es como dejar la carta en el cajón, quedando estancadas con cosas que queríamos mandarle a Dios, y nos quedaríamos sin gozar de los muchos beneficios, que a través de la Santa Misa, nos hace partícipes nuestro Padre, rico en misericordia. Pues la Santa Misa es ese correo de ida y vuelta; a través de ella nos llegan todas las gracias.

 

¿Qué es la Santa Misa? Un diluvio de gracias que parte de la Cruz; un Gólgota siempre presente; es Cristo que se sacrifica incesantemente en medio de nosotros.

 

Pensando en la necesidad de tener como alimento la Palabra de Dios, y para que sus hijos se fortalezcan en el espíritu por medio de estas enseñanzas, la Iglesia ha establecido un ciclo de lecturas que dura tres años, en los cuales se lee casi la totalidad de la Biblia.

 

3. ¿QUÉ CONTIENE LA HOSTIA SANTA?

 

En la Hostia Santa está todo Jesús

 

Tratemos de darnos cuenta de la extensión de esta verdad. Que esté todo Jesús, no sólo quiere decir que esté como Dios y como Hombre; significa también, que allí se encierra toda su vida mortal y gloriosa; quiere decir, que allí está, no solamente el Ser de Jesús sino también su actividad. En la Hostia Santa está Jesús, como Hostia, como víctima, como inmolado.

 

Es verdad que Jesús en la Eucaristía está Glorioso e Impasible, pero también es cierto, que el estado eucarístico es un estado victimal, que en la Hostia se encuentra Cristo como una víctima sacrificada por nosotros. Precisamente por eso llamamos a este Sacramento Hostia, que quiere decir, víctima. Si se me permite la comparación, la Eucaristía es como una concha divina que encierra una perla de precio inestimable y esa perla es el sacrificio de Cristo. Ahí está viviente su dolor, ahí está viviente su sacrificio. Y por eso, cuando instituyó este sacramento adorable, clausuró aquella ceremonia, la más grande que han contemplado los siglos con estas palabras impregnadas con la tristeza de la despedida: “Hagan esto en memoria mía”, como si quisiera decir: siempre que te acerques a la santa mesa, siempre que celebres estos misterios, alma querida, acuérdate de cuánto he sufrido por tu amor, de cuánto te he amado y… ¡ámame tú también!

 

Gracias a la hostia santa, el recuerdo de Cristo, vive después de veinte siglos en los corazones humanos; a pesar de su inconstancia y de su volubilidad. Y no digo que se le ama como hace veinte siglos, porque cada día se le ama más a medida que más se conoce y comprende su Eucaristía adorada.

 

Los hombres, por grandes beneficios que hayan hecho a la humanidad, acaban por ser olvidados y su memoria apenas sobrevive en las páginas insensibles de la historia. Jesucristo es el único hombre que, muerto hace veinte siglos, se le ama todavía y se le ama cada día mejor; porque donde quiera que hay un altar, una mesa eucarística, una Hostia expuesta, ahí se recuerda su amor y los hombres le rinden en homenaje espontáneo su corazón.

 

4. ¿QUÉ ME DA JESÚS CUANDO LO RECIBO?

 

La Eucaristía es un don total, en el cual Jesús no solamente nos da sus dones, es decir, el aumento de la gracia santificante que todos los sacramentos producen, sino que es el “autor mismo de la gracia”; y no solamente nos da su Cuerpo sino también su Alma; no solamente nos da su Humanidad Sacratísima, sino también su Divinidad; y con ella la persona del Verbo Divino, y con el Verbo vienen a nosotros el Padre y el Espíritu Santo, puesto que las Tres Personas están inseparablemente unidas, como Dios, Trino y Uno. Esta es la sustancia del cielo, que quiere decir, que cuando comulgamos, todo el cielo viene a habitar en nuestra alma; de manera que después de la comunión, ni Dios tiene más que darnos, ni nosotros, por ambiciosos que seamos tenemos más que pedirle.

 

La Eucaristía es un don total, en donde Jesús, se nos da en la totalidad de su Ser sino en la sustancia de sus misterios y en el mérito de sus virtudes; la Eucaristía es Jesús niño, con todos sus encantos; es Jesús adolescente, con todos sus atractivos… es el Jesús de las bienaventuranzas, es el Jesús que con un gesto de su mano encadena los vientos, apacigua las olas y calma las tempestades, tempestades de Genesaret como las del corazón…

 

Es el Jesús que consuela a los afligidos, como a la viuda de Naim, que le dice ¡“no llores más”!; es el Jesús que cura a los enfermos, porque de Él sale una virtud que sana lo mismo a los cuerpos que a las almas; es el Jesús que resucita a los muertos y devuelve la vida –la natural y la sobrenatural–, “porque es la Resurrección y la Vida”; es el Jesús que agoniza en Getsemaní por el temor, la tristeza y el hastío, para poder comprender todos nuestros temores, y todas nuestras tristezas, y el “inexorable hastío de la vida”; es el Jesús maniatado, abofeteado, escupido, flagelado, coronado de espinas; es el Jesús que muere en el calvario abandonado de los hombres y por su mismo Padre Celestial.

 

La Eucaristía es un don total, porque nos da a Jesús en el mérito de todas sus virtudes y como el ejemplar modelo de todas ellas.

 

En la Eucaristía se nos da a Jesús “humilde y dulce de corazón” el Jesús “paciente y de mucha misericordia”, el Jesús que pasaba las noches en oración y ahora vive intercediendo siempre por nosotros, el Jesús cuyo corazón es “todo un incendio de amor”, el Jesús víctima, siempre inmolado por nuestros pecados, el Jesús que es nuestra recompensa excesivamente grande.

 

5. LOS FRUTOS DE LA COMUNIÓN

(Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1391- 1401)

 

• La Comunión acrecienta nuestra unión con Cristo.

Después de que comulgamos, “ya no soy yo quien vive en mi”, la comunión es la que justifica la audaz afirmación de San Pablo: “para mí vivir, es ser Cristo”, pero ¿para qué recurrir a los discípulos si tenemos la voz autorizada del Maestro? “Así como yo vivo por el Padre, el que me come, vivirá por Mí”

 

• Lo que significa y lo que produce el alimento material en nuestros cuerpos, es lo mismo que realiza de manera admirable la Comunión en nuestra vida espiritual. ¿Qué podríamos hacer si no comiéramos? ¿Nos moriríamos?

 

• La comunión nos separa del pecado y borra los pecados veniales (para borrar los mortales tenemos que acudir a la confesión), y nos preserva de futuros pecados mortales.

 

• La Comunión refuerza la unidad de la Iglesia y entraña un compromiso a favor de los pobres y necesitados.

Nos vienen bien unas palabras del Papa, dirigidas a los organizadores del Congreso Eucarístico Internacional, que se celebraba en Lourdes en 1981, con ocasión del Congreso Centenario:

 

“Conviene no descuidar ningún aspecto de esta participación de la Eucaristía. Ésta comporta ante todo la acción de gracias y de adoración que deberán tener un puesto privilegiado en el Congreso, en las celebraciones de la Misa, en las procesiones, en las horas de recogimiento ante el Santísimo Sacramento. Incluye la conversión que la prepara y acompaña, en la línea de las primeras palabras del Evangelio y del mensaje confiado a Bernardette Soubirous. Pide un compromiso resuelto de vivir el amor recibido de Dios en las relaciones efectivas de justicia, de paz, de misericordia, compartiendo los diferentes aspectos del pan cotidiano con todos nuestros hermanos. Así debe presentarse la Eucaristía, en su dimensión vertical y horizontal. Así prepara la renovación de las personas y, poco a poco, la renovación del mundo”

 

6. JESÚS SE HA PUESTO EN NUESTRAS MANOS

 

La Eucaristía es un don que exige responsabilidad. Dios se ha quedado indefenso, confiando en nuestra respuesta de amor. ¿Cómo lo has tratado hasta ahora? Muchas veces lo dejamos solo en nuestros templos, no acudimos a su invitación a participar en la Santa Misa, y lo que es peor, ¿cuantos lo reciben en pecado grave?

 

La Pontificia Comisión para los Congresos Eucarísticos Internacionales ha preparado un texto base para los Congresos Eucarísticos que se llevarán a cabo en todo el mundo. Ahí nos dice en el número 15 lo siguiente:

 

“Frente al Pan de la vida partido, “por nosotros”, no podemos más que decir, con fe humilde: “Oh, Señor, no soy digno de participar en tu mesa, pero di tan sólo una palabra y seré salvado”. No hemos de olvidar que la noche del gran Sacramento es también la noche de la traición culpable del Judas.

 

“Desgraciadamente, es posible recibir indignamente el cuerpo y la Sangre del Señor: acoger a Cristo exige dejar que Él viva en nosotros, que hable y obre a través de nuestra voz y de nuestras manos, que continúe su misión oblativa en nuestra vida gastada “por los demás”, sin excluir a ninguno. “Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa; pues quien come y bebe sin discernir, el cuerpo, come y bebe su propio castigo” (1 Cor 11,28-29). Por eso el que ha faltado gravemente contra uno de los mandamientos de Dios, antes de acercarse a recibir la Comunión Eucarística debe purificarse del pecado por medio del sacramento de la Penitencia.

 

De hecho, por una parte, la Eucaristía es fuente de reconciliación y compromete a los creyentes a ser promotores eficaces del perdón. Por otra parte, para que cada uno pueda acercarse dignamente a recibir el Cuerpo de Cristo, es necesario que se reconcilie no sólo con Dios, sino también con los hermanos y la comunidad. Es el significado –en el rito romano–, de la señal de la paz, intercambiada antes de la comunión que une a todos en un solo cuerpo, animado por los frutos del Espíritu: “amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí” (Gal 5,22).”

 

Para recibir en verdad el Pan entregado “por vosotros y por todos”, debemos reconocer a Jesús en los hermanos más pobres, en los pequeños en los despreciados. La Eucaristía exige una respuesta de vida renovada, abierta al amor sincero. San Juan Crisóstomo nos recuerda: “Has gustado la Sangre del Señor y no reconoces a tu hermano. Deshonras esta mesa, no juzgando digno de compartir tu alimento al que ha sido juzgado digno de participar en esta mesa. Dios te ha liberado de todos los pecados y te ha invitado a ella. Y tú, aún así no te has hecho más misericordioso.”

 

(Ver Catecismo de la Iglesia Católica nn. 1384 y 1385).

 

7. LA COMUNIÓN DIGNA

 

Nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica:

 

“Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar”

 

El Señor nos dirige una invitación urgente a recibirle en el sacramento de la Eucaristía: “En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros” ( Jn. 6,53)

 

“Para responder esta invitación, debemos prepararnos para este momento tan grande y santo. San Pablo exhorta a un examen de conciencia: “Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma entonces del pan y beba del cáliz. Pues quien come y bebe sin discurrir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo” (1 Cor 11, 27-29). Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar”

(Catecismo de la Iglesia Católica n.1384 – 1385)

 

No podrá comulgar quien:

 

• Falta a Misa los Domingos o Fiestas de Guardar (Catecismo de la Iglesia Católica 1389, 2042; 2180 a 2183 y Código de Derecho Canónico 1247) por descuido, indiferencia o apatía

 

• Quién está divorciado y vuelto a casar (Catecismo de la Iglesia Católica 1665)

 

• Quien no se confiesa y comulga al menos una vez al año (Catecismo de la Iglesia Católica 2042)

 

• Quien ve pornografía o asiste a espectáculos inmorales.

 

• Quien se emborracha.

 

(Hemos puesto aquí sólo algunos. Si tienes dudas acude a un confesor)

 

El Ayuno Eucarístico

 

“ Para prepararse convenientemente a recibir este sacramento, los fieles deben observar el ayuno prescrito por la Iglesia (Catecismo de la Iglesia Católica 1387)

 

“ Quienes vayan a recibir la Santísima Eucaristía, han de abstenerse de tomar cualquier alimento y bebida al menos desde una hora antes de la Sagrada Comunión, a excepción sólo de agua y de las medicinas “ (Código de Derecho Canónico 919) No obliga a los enfermos o personas de edad avanzada (idem)

 

8. LA PRESENCIA DE JESÚS EN EL SAGRARIO

 

Jesús ha cumplido su promesa: “No los dejaré huérfanos… Estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.”

 

Nos dejo su Sacrificio de la Cruz, a través de la Santa Misa; dejó ese alimento, que es su Cuerpo, el cual nos hace fuertes para poder hacer el bien, siendo así hijos del Padre Eterno porque hacemos sus obras. Y se queda en el Sagrario, para estar disponible.

 

¿Qué hace Jesús en el silencio de Sagrario?

 

Adora a su Divino Padre, intercede por nosotros y suple con su Amor, el desamor de los hombres y mujeres, que preferimos nuestro camino, nuestros gustos que llenarnos de sabiduría, de amor y de felicidad que sólo Dios puede dar. Sólo Dios es capaz de llenar las aspiraciones del corazón humano.

 

En el silencio de la Eucaristía, Jesús ama a los hombres; los ama con un amor que es compasión para todas nuestras penas, misericordia para todos nuestros pecados, ternura para todas nuestras pobres manifestaciones de amor.

 

A imitación suya, cuando estamos frente al Sagrario, unámonos a sus adoraciones para adorar “en espíritu y en verdad” al divino Padre y busquemos aquí el consuelo de nuestras penas, el perdón de nuestras culpas y esa ternura del corazón de Cristo, que saciará la sed infinita de amor que atormenta al pobre corazón humano…

 

Que importante es para la vida de una persona, que desea encontrarse con Cristo vivo y seguirle, los momentos de oración, de dialogo ante el Sagrario. Ese es uno de los secretos de Juan Pablo II, los momentos junto al Sagrario a lo largo de su jornada. Durante sus viajes pasa horas enteras, de noche o por la madrugada, junto al Sagrario.

 

La oración silenciosa en el sagrario prolongará en el corazón y en la vida del cristiano, la oración suscitada en la Misa: interceder por el mundo, meditar el misterio de Cristo, la acción de gracias por los dones de Dios…

 

“!Oh insensatos del mundo!, dice San Agustín, desdichados, ¿a dónde van a parar para satisfacer su corazón? Vengan a Jesús, que Él sólo puede darles el contento que buscan. Alma mía no seas tú tan insensata; busca sólo a Dios, busca el bien en el que están todos los bienes, como dice el mismo santo; y si quieres hallarle presto, aquí le tienes cerca de ti: dile lo que deseas, pues está en el Sagrario para oírte y consolarte” (San Alfonso Ma. De Ligorio)

 

“Pasan muchos cristianos grandes fatigas y se exponen a innumerables peligros por visitar los lugares de la Tierra Santa en que nuestro amabilísimo Salvador nació, padeció y murió. No necesitamos nosotros emprender tan largo viaje, ni exponernos a tales riesgos, cerca tenemos al mismo Señor que habita en la Iglesia a pocos pasos de nuestras casas. Y si los peregrinos se tienen por venturosos, como dice San Paulino, si logran traer de aquellos lugares un poco de polvo del pesebre o del sepulcro del Señor, ¡Con qué fervor deberíamos ir nosotros a visitarle en el Santísimo Sacramento, donde está el mismo Jesús en persona! Sin ser necesario para hallarle pasar tantos trabajos ni peligros” (San Alfonso Ma. De Ligorio)

 

Clínica del alma

 

Médico: Jesucristo (Hijo de Dios)

Experiencia: Infalible y Eterna

Residencia y Oficinas: En todas partes, especialmente en la Eucaristía

Su poder: Ilimitado

Su especialidad: lo Imposible

Su instrumento: El poder

Enfermedades para sanar: Todas

Precio del tratamiento: Fe

Garantía: Absoluta

Horas de Consulta: 24 hrs.

 

El encuentro con Cristo vivo en la Eucaristía

 

Ya nos hemos asomado a este gran misterio: Jesús subió al cielo, a la derecha del Padre, pero quiso quedarse cerca de nosotros. Como es Dios y todo lo puede, no sólo nos dejo un recuerdo o una pintura, se quedó Él mismo.

 

Encontrémonos con Cristo vivo en la Eucaristía, ven y lo verás.

 

Como ama con todo su corazón, lleno de vida divina, da sin pedirte nada a cambio, nada: sólo quiere hacerte feliz, darle sentido a tu vida, al dolor, a la muerte.

 

Te hace fuerte para que recorras el camino que nos manda, ¡que es el mejor!. Peor son las esclavitudes del pecado de la soberbia, del egoísmo, del alcohol, de la pornografía, de la persona débil que no puede proponerse nada o no le sale nada… Ser esclavos de la opinión que tengan sobre nosotros…

 

Encontrémonos con Cristo vivo en la Eucaristía, ven y lo verás.

 

Te van a pedir, por tu bien, que dejes aquello que te daña, y adquieras esos valores tan propios de los hijos de Dios, y que es lo que nos hace felices en la tierra y es el camino para la vida eterna.

 

Encontrémonos con Cristo vivo en la Eucaristía, ven y lo verás.

 

Cuando te acerques, habla con Él, ábrele tu corazón, ten confidencias; te entiende, te escucha, te dará paz y pondrá en tu cabeza algo que pueda ser la solución a lo que le planteas. No basta rezar, repetir oraciones, ve a buscarle y platica con el mejor amigo que hayas podido soñar; medita sus enseñanzas, reflexiona sobre tu vida.

 

Encontrémonos con Cristo vivo en la Eucaristía, ven y lo verás.

 

 

1. Cristo, alimento

 

 “Las palabras de Jesús: ‘Tomad y comed’ corresponden a la aspiración del corazón humano, necesitado de satisfacer la multitud de formas de hambre que marcan la peregrinación terrena: hambre de alimento de bienes esenciales para vivir, hambre de justicia y de libertad, hambre de amor y de esperanza. En el pan y el vino Dios da al hombre no sólo el alimento que lo nutre, sino también el sacramento que lo renueva, para que nunca le falte este apoyo del cuerpo y el espíritu. La oración que dirigimos al Padre celestial: ‘Danos hoy nuestro Pan de cada día’, de hecho, encuentra respuesta completa en la Palabra Divina y en la Eucaristía. También a nosotros hoy como a la gente que pedía a Jesús: “Señor, danos siempre de este pan, y Él responde: “Yo soy el pan de vida, el que venga a mí no tendrá hambre y el que crea en mí no tendrá sed”“(Juan 6, 34-35).

 

Alimentarse de Cristo en el santo altar es reconocer que “su Carne inmolada por nosotros es alimento que nos fortalece”, experimentando la verdad de su promesa: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso” (Mateo, 11,28). La fuerza del pan y del vino consagrado invita, por lo tanto, a volver con perseverancia a comer y beber en el convite eucarístico, para recuperar la energía de progresar en el camino hacia la comunión definitiva con Dios.

 

La fe alimentada por el “pan de vida” y por el “cáliz de la salvación” no se cansa de repetir que Jesús es la verdadera respuesta que pone fin a nuestra búsqueda, es el sentido de la vida y de su futuro: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo le resucitaré el último día. El que come este pan vivirá para siempre”(Juan, 6, 54-58). Sobre todo, en los momentos en los cuales el sufrimiento exige una respuesta de amor, debemos fijarnos que, las palabras de Cristo: “Tomad y Comed”, se dirigen propiamente a él. El Pan Eucarístico es la fuerza de los débiles, el apoyo de los enfermos, el bálsamo que sana las heridas, el viático del que deja este mundo. Es el vigor de los fieles que trabajan, en ambientes y circunstancias en las cuales es la única posibilidad de proclamación del Evangelio dando testimonio de Jesucristo, “Camino, Verdad y Vida”(Jn 14,6). “Comer el pan de vida” tiene como fin hacer visible aquello por lo cual verdaderamente vale la pena vivir”.

 

2. El Domingo, día del Señor

 

El Domingo, un día de crecimiento humano y espiritual

 

El Papa Juan Pablo II, escribió la carta apostólica “Dies Domini” (El día del Señor), donde nos explica la importancia que tiene el Domingo para la vida de las personas, las ideas centrales de este documento son:

 

El fin de semana es un tiempo de reposo, pero nos pide que no confundamos el Domingo, que debe ser una “verdadera santificación del día del Señor”, con el mero descanso o diversión.

 

Ante la diversidad de situaciones socioeconómicas y culturales, «parece más necesario que nunca, recuperar las motivaciones doctrinales profundas, que son la base del precepto eclesial, para que todos los fieles vean muy claro el valor irrenunciable del domingo en la vida cristiana» (n. 6).

 

«Este es un día que constituye el centro mismo de la vida cristiana. Si desde el principio de mi pontificado no me he cansado de repetir: "¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!", en esta misma línea quisiera hoy invitar a todos con fuerza a descubrir de nuevo el domingo: ¡No tengáis miedo de dar vuestro tiempo a Cristo!” ». (n. 7).

 

Cuenta el Papa el relato del Génesis, donde se dice que Dios descansó el séptimo día.

 

El capítulo III -Dies Ecclesiae, el día de la Iglesia- se dedica a la celebración eucarística, centro del domingo. «Entre las numerosas actividades que desarrolla una parroquia, ninguna es tan vital o formativa para la comunidad como la celebración dominical del día del Señor y de su Eucaristía». (n. 35).

 

«No se ha de olvidar, por lo demás, que la proclamación litúrgica de la Palabra de Dios, sobre todo en el contexto de la asamblea eucarística, no es tanto un momento de meditación y de catequesis, sino que es el diálogo de Dios con su pueblo, en el cual son proclamadas las maravillas de la salvación y propuestas siempre de nuevo las exigencias de la alianza. El Pueblo de Dios, por su parte, se siente llamado a responder a este diálogo de amor con la acción de gracias y la alabanza, pero verificando al mismo tiempo su fidelidad en el esfuerzo de una continua "conversión"». (n. 41).

 

El aspecto comunitario «se manifiesta especialmente en el carácter de banquete pascual propio de la Eucaristía. (…) Por eso la Iglesia recomienda a los fieles comulgar cuando participan en la Eucaristía, con la condición de que estén en las debidas disposiciones y, si fueran conscientes de pecados graves, que hayan recibido el perdón de Dios mediante el Sacramento de la reconciliación, según el espíritu de lo que San Pablo recordaba a la comunidad de Corinto. (…) Es importante, además, que se tenga conciencia clara de la íntima vinculación entre la comunión con Cristo y la comunión con los hermanos. La asamblea eucarística dominical es un acontecimiento de fraternidad» (n. 44).

 

3. El precepto dominical

 

«Hoy, como en los tiempos heroicos del principio, en tantas regiones del mundo se presentan situaciones difíciles para muchos que desean vivir con coherencia la propia fe. El ambiente, es a veces declaradamente hostil y, otras veces – y más a menudo -, indiferente y reacio al mensaje evangélico. El creyente, si no quiere verse avasallado por este ambiente, ha de poder contar con el apoyo de la comunidad cristiana. Por eso es necesario que se convenza de la importancia decisiva que, para su vida de fe, tiene reunirse el domingo con los otros hermanos para celebrar la Pascua del Señor con el sacramento de la Nueva Alianza». (n. 48).

 

«Los Pastores tienen el correspondiente deber de ofrecer a todos la posibilidad efectiva de cumplir el precepto». (n. 49). De ahí, explica el Papa, que la Iglesia facilite la participación en la Misa dominical desde el sábado por la tarde.

 

El capítulo IV, llamado “el día del hombre”, subraya que el domingo es el día de alegría, descanso y solidaridad:

 

«Además, dado que el descanso mismo, para que no sea algo vacío o motivo de aburrimiento, debe comportar enriquecimiento espiritual, mayor libertad, posibilidad de contemplación y de comunión fraterna, los fieles han de elegir, entre los medios de la cultura y las diversiones que la sociedad ofrece, los que estén más de acuerdo con una vida conforme a los preceptos del Evangelio». (n. 68).

 

«El domingo debe ofrecer también a los fieles la ocasión de dedicarse a las actividades de misericordia, de caridad y de apostolado». (n. 69). «De hecho, desde los tiempos apostólicos, la reunión dominical fue para los cristianos un momento para compartir fraternalmente con los más pobres» (n. 70). El cristiano ha de reconocer «que no se puede ser feliz "solo"», y buscar «a las personas que necesitan su solidaridad». (n. 72).

 

Un último capítulo, donde el Papa habla del domingo como el día de los días: ese domingo brota de la Resurrección y atraviesa el tiempo como una flecha que penetra los siglos, orientándolos hacia la segunda venida de Cristo.

 

El documento concluye con una exhortación a vivir en plenitud el domingo: «Considerando globalmente sus significados y sus implicaciones, es como una síntesis de la vida cristiana y una condición para vivirla bien. Se comprende, pues, por qué la observancia del día del Señor signifique tanto para la Iglesia y sea una verdadera y precisa obligación dentro de la disciplina eclesial. Sin embargo, esta observancia, antes que un precepto, debe sentirse como una exigencia inscrita profundamente en la existencia cristiana». (n. 81).

 

4. El Sagrario

 

Jesús te espera hace 2000 años en la Eucaristía.

 

Un autor de nuestros tiempos nos ayuda con este razonamiento:

 

“Si para liberarte, hubieran encarcelado a un íntimo amigo tuyo, ¿no procurarías ir a visitarle, a charlar un rato con él, a llevarle obsequios, calor de amistad, consuelo?…

 

Y, ¿si esa charla con el encarcelado fuese para salvarte a ti de un mal y procurarte un bien…, lo abandonarías? Y si ¿en vez de un amigo, se tratase de tu mismo padre o de tu hermano?” ¡Entonces!

(Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, Surco n.685)

 

Jesús se “ha metido en esa cárcel de amor”, para estar disponible y poder estar accesible para cuando lo necesitáramos: ve a charlar con Él, tú saldrás ganando: Cuánto ha hecho Jesús por ti, por nosotros, ¡ya no puede hacer más!, nos invita pero respeta nuestra libertad.

 

¡Si fuéramos más consientes los cristianos, de la presencia de Cristo vivo en la Eucaristía, las iglesias estarían llenas todos los días a todas horas! El mundo estaría lleno de amor, habría paz y justicia!

 

¿No está el mundo tan revuelto porque nos hemos alejado de la persona que lo puede arreglar?

 

Encontrémonos con Cristo vivo en la Eucaristía, ven y lo verás

 

V. COSTUMBRES EUCARÍSTICAS

 

 A lo largo de estos 2000 años, han ido surgiendo algunas costumbres Eucarísticas, para honrar a nuestro Salvador, a Jesús que se quiso quedar cerca de nosotros, y… amor con amor se paga. La historia es la siguiente…

 

1. LA HISTORIA DEL CULTO A LA EUCARISTÍA

 

De este culto, tal como se desarrolló en otros países, con una amplitud cada vez más grande, no encontramos ninguna traza antes de los primeros años del siglo XII, pero si un fundamento de fe tan antiguo como la Iglesia Cristiana. La permanencia de la realidad del Cuerpo y de la Sangre del Señor en el misterio de la cena, ninguna comunidad eclesiástica antes del siglo XVI interpretó las palabras de Jesús: “tomen y coman, esto es mi cuerpo” y “tomen y beban, esto es mi sangre” como limitando esta presencia al acto en el cual son consumidos el pan y el vino. Lo que aparece en la Edad Media y no se manifestó en Oriente es un conjunto de prácticas, de nuevas prácticas, arraigadas en esta antigua creencia.

 

EL SAGRARIO

 

La Santa Reserva, era guardada en un anexo del santuario llamándola con diferentes nombres (sagrario, etc.), generalmente se guardaba bajo la responsabilidad de los diáconos y permanecía fuera de la vista de los fieles. La iglesia, que no fue al principio mas que un local donde se reunían para la liturgia, se volvió también una casa de oración cuando los cristianos venían a otras horas del día para orar y hablar con Dios. Cuando los monjes penetraban, en el oratorio de su comunidad a orar, no había sagrario hacia dónde dirigirse, hacia donde mirar, sólo veían hacia el altar, la mesa del sacrificio que, para ellos, representaba simbólicamente la presencia del Señor.

 

EL CULTO EUCARÍSTICO EN OCCIDENTE

 

Estas expresiones son significativas; la oración es dirigida a Cristo, mientras que, en la celebración de la misa, al menos en su parte central y esencial es hacia el Padre al que se dirigen las alabanzas y las súplicas, por la mediación del Hijo. Al lado de este gran movimiento del al Padre por el Hijo, la espiritualidad evangélica había hecho nacer en el corazón de los cristianos un deseo de dialogar con el Señor Jesús, una búsqueda de intimidad más profunda con Él, una búsqueda de la humanidad del Salvador en su proximidad con nosotros.

 

LA RESERVA EUCARÍSTICA

 

Surgió un nuevo interés por guardar la Reserva Eucarística, la gente ya no se conformaba con guardarla en la sacristía, en una caja en la cual se reservaba para los enfermos; o de una misa a otra. En ciertos lugares, y a partir del siglo IX, se prefirió depositarla sobre el altar, lo que entonces hizo que la gente se preocupara más por la presentación de este cofre y se inspiraron entonces, en otras piezas del mobiliario litúrgico más antiguas, como por ejemplo, los “tours” o torres en las cuales, en el antiguo rito galo, se llevaban las Hostias al principio de la liturgia eucarística. Estos dispositivos tenían la ventaja de que poseían una cerradura, lo que evitaba que hubiera profanaciones.

(Cfr. L’ Èglise en Priere, Tomo II pp 262- 284, por R. Cabié)

 

2. LAS FORMAS DE DEVOCIÓN EUCARÍSTICA

 

En palabras del Papa Juan Pablo II: “La adoración a Cristo en este sacramento de amor debe encontrar expresión en diversas formas de devoción eucarística: plegarias personales ante el Santísimo, horas de adoración, exposiciones breves, prolongadas, anuales (las cuarenta horas), bendiciones eucarísticas, procesiones eucarísticas, Congresos eucarísticos (…) La animación y robustecimiento del culto eucarístico son una prueba de esa auténtica renovación que el Concilio se ha propuesto y de la que es punto central (…). Jesús nos espera en este Sacramento de Amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las graves faltas y delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración.” (Carta Dominicae Cenae, sobre el misterio y el culto de la Eucaristía, 24-III-1980, n.3).

 

3. LA EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

 

El deseo de ver la Hostia, dio lugar, en la Edad Media, a la elevación después de la consagración del pan y del vino, este uso se desarrolló como lo hemos notado en la iglesia de Contrarreforma. Es de esta costumbre que habla primero el ritual del Papa Paulo VI: el Santísimo Sacramento retirado del sagrario, es presentado a los fieles en el copón o cáliz, donde se conserva habitualmente de tal forma que el pan consagrado pueda ser visto.

 

No se debe celebrar el Santo Sacrificio en la misma nave o parte de la iglesia mientras dura la exposición. En estos momentos esta en su forma solemne. Se comienza con los Santos Misterios, donde es consagrado el pan que se propone a la adoración el cual, está situado en el copón o la custodia después de la comunión. Dura tanto tiempo como hay fieles que vengan a recogerse en la Iglesia y comprende oraciones, cantos, lecturas y tiempos de silencio prolongados. Se concluye con la bendición dada con el Santísimo Sacramento, siempre precedida de un himno o un canto apropiado y de una oración, después de esto el pan consagrado se regresa al Sagrario. Se llama la hora Santa, y suele ser los jueves, día que se dedica a la Eucaristía.

 

Existen fórmulas más breves, lo importante es que eso dé lugar a un momento de oración, no es permitido sacar la eucaristía únicamente para dar la bendición.

 

4. LAS PROCESIONES EUCARÍSTICAS

 

Ya en la Edad Media, las procesiones eran muy populares: se llevaban en ellas reliquias de santos, en una procesión se trasladan para solemnizar su fiesta, así como imágenes de la cruz o de otros símbolos religiosos. Todo eso se hacía con solemnidad, se llamaba a los fieles para acompañar al cortejo, y los que no podían ir eran llamados por medio de una campanita para así recogerse al paso del cortejo que iba hasta la iglesia o a la casa de un enfermo. Por otra parte, el jueves santo, se acostumbraba dar cierta importancia al rito en el que se llevaba a la Eucaristía, desde el altar al lugar donde se conservaba para su adoración y comunión del día siguiente. Al final del siglo XI, este acto litúrgico tenía ya connotaciones festivas.

 

Se pueden ver en las primeras procesiones del Santísimo Sacramento, modelos de un lazo orgánico que se subraya entre la misa que se viene de ofrecer y la comunión que justifica la existencia.

 

La institución de la fiesta del Corpus Christi va a dar lugar a una manifestación de carácter nuevo.

 

El Papa Urbano V instituye esta solemnidad en toda la iglesia. Esta innovación se extiende bastante rápido en las ciudades primero, en los pueblos y en el campo después. Quizá es en esta ocasión, que se empezaron a utilizar relicarios para transportar y distribuir a los fieles las Santas Especies. El éxito de estas procesiones llegó a extender esto a otras circunstancias en ciertas regiones de Alemania, y, es a partir del siglo XIV, una manera de solemnizar las grandes fiestas del año. Según el nuevo ritual, se presenta una ocasión especial para el pueblo cristiano de, a través de las calles de las ciudades y de los pueblos, dar un testimonio público de fe y de piedad referente a la Eucaristía. Por otra parte “es importante que la procesión con el Santísimo Sacramento se haga después de la misa donde se consagra el pan que se llevará en la procesión” o por lo menos “después de una adoración pública y prolongada que siga a continuación de la misa”. Es también aconsejable, como para toda procesión que ésta se dirija de un lugar a otro y es únicamente en circunstancias particulares que se regresa a la iglesia de donde se parte. El rito se concluye con una bendición con la Eucaristía.

 

5. LOS CONGRESOS EUCARÍSTICOS

 

“El congreso es por tanto un acto de fe en la soberanía del amor de Cristo que se irradia de la presencia eucarística; es un ratificar el culto eucarístico en toda su plenitud y complementariedad. Sabemos que el sacrificio de la misa tiene el primer lugar en la liturgia, lo afirman todos los documentos del magisterio, hasta los mas recientes. Pero del mismo modo queremos recordar a todos nuestros hermanos e hijos que, ante ciertas nuevas improvisadas cuestiones teóricas y prácticas, todas las formas del culto eucarístico mantienen inalterada su validez, su insustituible función, su valor pedagógico y formativo, escuela de fe, de oración y de santidad…, reavivando el culto a la presencia real de Cristo, puedan reavivar la generosidad, el esfuerzo, el heroísmo de descubrir a Cristo en el rostro y en el sufrimiento de los pobres, de los necesitados, de los inmigrados, de los enfermos, de los moribundos, y servirle con amor en ellos, sostenidos por la fuerza que sólo da el hábito prolongado de familiaridad y de oración con Él”. (Pablo VI).

 

En efecto, todos los CONGRESOS EUCARÍSTICOS INTERNACIONALES realizados después del Concilio Vaticano II (Bombay, Melbourne, Filadelfia, Lourdes, Nairobi y Seúl) han sido una ocasión muy significativa, para renovar y reforzar, a través de encuentros de oración y estudio, de colaboraciones y acciones comunes, de testimonio de vida cristiana, ese espíritu de búsqueda de la unidad perfecta en el único cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Lo mismo que los comienzos, también hoy los Papas ven en los Congresos Eucarísticos acontecimientos eclesiales que deberían interesar a todos, y comprometer a todos aquellos quienes forman parte del pueblo de Dios: “individuos, Iglesias locales, Iglesia universal y esto lo mas ampliamente posible” (S 12), “son una ocasión providencial para hacer crecer el sentido de la Eucaristía entre los sacerdotes, los religiosos y los fieles, mas allá del círculo restringido de los que podrán participar en el lugar o mediante la radio y la televisión. Es decir, se trata de hacer comprender mejor el lugar central de la Eucaristía en la Iglesia”.

 

6. ACOMPAÑAR A JESÚS EN EL SAGRARIO

 

En algunas épocas se hacían turnos entre distintas personas o familias, para que, mientras la iglesia permaneciera abierta, siempre estuviera Jesús acompañado. Funcionando lo que se llamó la Vela perpetua. Hoy, en cada parroquia puede una persona coordinar, para que cada día del mes, se establezcan los turnos por familias, para que estén 30 minutos o una hora al mes. Y así tener nuestro Encuentro con Cristo Vivo.

 

También podrías entrar en el Templo cuando pases cerca: estas unos segundos, quizá hacer una Comunión espiritual: “yo quisiera Señor recibirte con aquella pureza, humildad y devoción, con que te recibió tu Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos”

 

Se cuenta un episodio que conmovió al beato Josemaría Escrivá cuando era Rector del Patronato de Santa Isabel, de Madrid, por los años 30. Cada mañana, oía un ruido metálico junto a la puerta de la iglesia: era un vendedor de leche, que no dejaba pasar ningún día sin saludar al Señor –quizá un poco rudamente- para decirle: “Jesús, aquí está Juan el lechero”. Al relatar esta anécdota, el Beato Josemaría comentaba: “¡Bonita manera de hacer oración! ¡Preciosa manera de hacer oración! Me quedé todo el día repitiéndolo como jaculatoria: Señor, aquí está este desgraciado, que no te sabe amar como Juan el lechero.”

 

7. EL JUBILEO DE LAS 40 HORAS

 

Por parroquia una vez al año, se deja expuesto el Santísimo por 40 horas, en las cuales se le acompaña como se describió en la exposición con el Santísimo. Se hacen turnos para que durante el año, siempre haya una parroquia con dicho Jubileo.

 

8. LA ADORACIÓN NOCTURNA

 

Es una institución, formada principalmente por varones, en donde pasan una noche al mes, por turnos de 1 hora acompañando a Jesús expuesto sobre el altar. Fue fundada, en México el 28 de enero e inaugurada el 4 de febrero de 1900, como Cofradía. Se encuentra en el Templo de san Felipe de Jesús en la Ciudad de México. Ahora está cumpliendo su primer centenario.

 

Esa noche se adora a Jesús en el Sacramento de la Eucaristía, y se ofrecen las incomodidades que representa estar ahí, para pedir por todos los hombres, por los pecados nacionales y por los de todo el mundo; se pide por los pecadores y por los propios pecados.

 

9. FOMENTAR LA COMUNIÓN DIGNA Y FRECUENTE

 

“La Iglesia obliga a todos los fieles a participar los Domingos y días de fiesta de la divina Liturgia, y a recibir al menos una vez al año la Eucaristía, si es posible en tiempo pascual, preparados por el Sacramento de la Reconciliación. Pero la Iglesia recomienda a los fieles a recibir la santa Eucaristía los Domingos y los días de fiesta, o con más frecuencia aún, incluso todos los días” (Catecismo de la Iglesia Católica, n.1389)

 

10. URBANIDAD EN LA PIEDAD

 

Si Dios está en nuestros Templos, debemos ser coherentes.

 

Nuestra existencia, cuanto somos y poseemos, todo lo recibimos de Dios: Él nos ha creado, y nos cuida constantemente con su providencia. Por eso, si procuramos con nuestros semejantes ser delicados y actuar con corrección, ¡cuánto más ante Dios!

 

Sabemos que Dios es nuestro único Señor, ante quien nos unen lazos y obligaciones que debemos conocer y vivir. La virtud moral de la religión nos dispone a rendir a Dios ese culto que le debemos como supremo principio de todas las cosas. Y dada la naturaleza del hombre, que se compone de cuerpo y alma, la expresión de nuestro amor a Dios tiene que ser interior y exterior.

 

Lo importante es la actitud interior y cuándo falta, el Señor nos lo recuerda como lo hizo en el Evangelio: Este pueblo me honra con los labios pero su corazón está lejos de mí. (Mt 15, 7-8). Los actos internos del alma se dan de modo excelente cuando tratamos al Señor en la Eucaristía mostrándole reverencia, dándole gracias, presentándole nuestras necesidades o pidiéndole perdón; cuando queremos lo que Dios quiere y cumplimos los mandamientos; cuando hacemos actos de fe, esperanza y caridad.

 

Nuestra relación personal con Dios tiene también manifestaciones externas de adoración, no sólo privadas sino prevalentemente públicas y sensibles. Recuerda la alabanza de Jesús a aquella mujer que le demostró exteriormente su amor: (…) se acercó a él una mujer que llevaba un frasco de alabastro lleno de un perfume de gran valor y lo derramó sobre su cabeza (…). Al ver esto los discípulos se disgustaron y dijeron: ¿A qué viene tanto despilfarro?… Pero Jesús, conociéndolo, les dijo: ¿Por qué molestáis a esa mujer? Ha hecho una buena obra conmigo (Mt 26, 6-10). Además los hombres necesitamos que hasta lo más grande y noble nos entre por los sentidos.

 

Vamos a detenernos ahora en alguna de estas manifestaciones externas de nuestro amor a Dios, de nuestra urbanidad en la piedad, en los Templos.

 

A partir del edicto de Constantino (año 313), que concedía la libertad a la Iglesia, los fieles pusieron lo mejor de su ingenio y de su hacienda para construir templos (iglesias, santuarios, oratorios, capillas o ermitas) en los que la liturgia pudiera desarrollarse con el máximo decoro. Estos templos son el lugar principal para los actos de culto y para la oración personal, y debemos frecuentarlos, demostrando veneración y respeto.

 

¿Recuerdas ese pasaje del Evangelio que nos presenta a Jesucristo indignado con los vendedores que profanaban la casa de su Padre? (Cfr Mt 21, 12-13). En este pasaje, Jesús nos enseña que debemos respetar el templo, ya que allí están nuestros más grandes amores: Dios, Jesucristo realmente presente en el Sagrario, la imagen de Santa María y de los Santos, y nuestros amigos los Ángeles.

 

He aquí algunas manifestaciones de respeto en el templo:

 

• Al entrar, despacio y guardando silencio, hacemos la señal de la Cruz sin precipitación.

 

• Cuando está reservada la Eucaristía en el Sagrario hay siempre una lamparilla encendida: es la señal de que Jesucristo está realmente presente. Al descubrir, por la lamparilla, el lugar más importante del templo – el Sagrario -, hacemos frente a él una genuflexión con dignidad y bien hecha, doblando sin prisas la rodilla derecha hasta el suelo, como prueba de respeto y adoración. Podemos aprovechar ese momento para hacer internamente un acto de fe y de amor: te adoro con devoción, Dios escondido, te amo, Jesús…

 

• Al pasar por delante del Altar, de un crucifijo o de una imagen de la Virgen se hace una reverente inclinación de cabeza para mostrar nuestro respeto y veneración.

 

• Es bueno, que en alguna ocasión durante el día, entremos a saludar brevemente al Señor en el Sagrario de nuestra parroquia. Podemos rezar la estación al Santísimo, hacer una comunión espiritual o una simple genuflexión.

 

• Guardar especialmente el silencio, no correr por su interior, cuidar las posturas (sin poner los pies en los reclinatorios, sin cruzar las piernas, mirando hacia delante, etc.), y cuidar nuestra presencia exterior vistiendo bien: no entrar vestidos de deporte, con pantalón corto, y las mujeres procurar vestir con decoro.

 

11. CUIDADO DE LA LITURGIA

 

Al campo de la Liturgia pertenecen todas las manifestaciones externas del culto que la Iglesia Católica tributa a Dios. Nosotros debemos venerarla y respetarla viviéndola fielmente.

 

La presencia real de Jesucristo en el Altar y en el Sagrario, es el motivo principal por el que, se cuida tanto todo lo que tiene relación con Él: el templo, los ornamento, libros y vasos sagrados, lienzos, retablo…, estos han de ser siempre de buena calidad.

 

De igual forma que las personas que se quieren se regalan lo mejor, a Dios que se le ama aún más procuremos darle –dentro de nuestras posibilidades- lo mejor que tenemos. Los cristianos desde hace siglos han dado claro ejemplo de esto, dejándonos estupendas catedrales, ricos ornamentos, artístico vasos sagrados…, todo por amor a Dios… El canto sagrado es también otra manifestación de devoción.

 

12. PARTICIPACIÓN ACTIVA EN LA SANTA MISA

 

El Sacrificio de la Santa Misa es la cima de la vida litúrgica y sacramental de la Iglesia. En ella asistimos al mismo Sacrificio de la Cruz, centro y fuente de gracia, de valor infinito.

 

Sabiendo que participar en la Santa Misa es lo más grande que podemos hacer en la tierra, debemos prepararnos muy bien, asistir con piadosa atención y agradecer al Señor esa muestra de amor hacia nosotros. Por eso, ante este Santo Sacrificio hemos de esforzarnos para:

 

- Llegar puntuales, qué mejor unos minutos antes de la hora ya que es un detalle de delicadeza para con Dios el no llegar al templo cuando el sacerdote ha comenzado la Misa.

 

- Escuchar con atención las lecturas y la homilía.

 

- Estar recogidos y atentos, evitando hablar con el acompañante o mirar hacia atrás, etc.; aunque la celebración se alargue un poco, hay que esforzarse por vivirla bien. Y pensar que la participación en la Misa es más importante que otras actividades a las que dedicamos mucho tiempo. Participar en la Misa, con la disposición espiritual de identificarnos con los sentimientos e intenciones del Señor. Comulgar bien; rezar en voz alta, cantar con el resto de los fieles, etc.

 

- Adoptar una actitud interior y exterior adecuada en cada momento, para esto debemos conocer muy bien el sentido de las distintas partes de la misa; las contestaciones (son más fáciles si se utilizan las hojitas dominicales o un devocionario) y sobre todo hay cuidar nuestras posturas.

 

 – En el cuadro siguiente se indican las partes de la Misa y las posturas que debemos adoptar en cada una de ellas:

 

PARTES DE LA MISA

 

Ritos iniciales: Comprenden desde que el sacerdote se dirige al altar, hasta la oración colecta.

 

Primera Parte:

Liturgia de la Palabra

 

1. Lecturas de la Sagrada Escritura

2. Salmo Responsorial, se reza o canta entre lectura y lectura.

3. Lectura del Evangelio.

4. Homilía5. Profesión de fe o Credo

6. Oración de los fieles

 

 

Segunda Parte:

Liturgia Eucarística: es la parte principal de la Misa.

 

1. Preparación de los dones, el sacerdote ofrece a Dios el pan y el vino; nosotros podemos ofrecer nuestras cosas interiormente. (Enviar la carta)

2. Lavatorio de las manos, significando la pureza con que debe celebrar la Misa.

3. Prefacio, canto de alabanza y acción de gracias.

4. Plegaria Eucarística, cuyo centro es la Consagración en la que Jesucristo se hace realmente presente sobre el altar, renovando el sacrificio de su Pasión y Muerte.

5. Rito de la Comunión, rezo del Padrenuestro y otras oraciones; Comunión.

 

 Rito de conclusión: con el saludo y bendición final se acaba la Misa. Si se ha comulgado conviene detenerse unos minutos para dar gracias al Señor.

 

V. EL ENCUENTRO CON CRISTO VIVO EN EL PRÓJIMO

 

En cada persona que está a nuestro lado, está el otro rostro de Dios, y sobretodo en los necesitados

 

Así como Cristo pasó por la tierra haciendo el bien, dando gran amor a los enfermos, los niños, los leprosos, endemoniados… Así, si nos dejamos transformar por ese trato con Jesús en la Eucaristía, nosotros también podemos pasar por la tierra haciendo el bien, siendo Cristo que pasa entre las personas que nos rodean.

 

Tenemos que cuidar dos extremos: uno que podríamos llamar pietismo, “beatos(as)”, que parece que rezan van a la iglesia, etc., pero son personas despreocupadas por las necesidades de los demás, incluso sus parientes, que critican y discriminan a ciertas personas, etc., que no cumplen bien con sus obligaciones en el trabajo, en la casa,…

 

Otro extremo es la llamada filantropía, personas que ayudan por misericordia o compasión, pero sin ver a Cristo en ese prójimo necesitado. Una persona que trata verdaderamente a Jesús, hace el bien, fruto de esa vida de Cristo en su alma.

 

Cuando seamos almas de Eucaristía, podremos darnos a los demás, como lo hiciera la tan querida y admirada, Madre Teresa de Calcuta… o esas madres de familia que son fieles, que sirven día tras día, con una sonrisa sin esperar nada a cambio o como la de aquella señora que le comentaba a su director espiritual: mi marido hace 10 años que no me habla, ni buenos días, ni nada. Ella le servía las comidas, atendía a toda la familia… Y ¡lo hacía por amor a Dios y por amor a sus hijos! Lo llevaba bastante bien, sin victimismos, porque iba todos los días a comulgar. Muchos podrían calificarla de tonta y dejada… Otros de mujer que sabe superar las dificultades por amor, que se esfuerza por cumplir aquella promesa hecha frente al altar, de ser fiel en lo próspero y en lo adverso… a esto, se le llama santidad. Y se puede lograr si tenemos como apoyo la Eucaristía.

 

1. MODOS DE AMAR AL PRÓJIMO

 

a) A los de mi familia

 

Prójimo, quiere decir próximo. Y los más próximos son los que forman nuestra familia: no podemos ser farol de la calle y oscuridad de nuestra casa. Aquí empieza la caridad y el amor al prójimo: darme a mis seres queridos, darles de mi tiempo, darles la vida –cuantos niños no vienen por comodidad de los padres, otros quizá no vengan por verdadera necesidad -, acercarlos a Dios, etc. Transcribimos la oración de un niño de nuestros tiempos:

 

“Señor transfórmame en un televisor, para que mis padres me cuiden como cuidan al televisor. Para que mamá me mire con el mismo interés con el que mira la novela, y papá se interese por mí como por el partido de fútbol. Señor, déjame ser televisor aunque sea por un día”

 

Otra manera de amar a los de mi familia, es la de exigirles. Pero no para que cumplan mis caprichos, sino para prepararlos hacia un mejor futuro, empezando por los padres, con pequeños detalles de orden, de espíritu de servicio, y sin que predomine la ley del gusto o del capricho.

 

Pensar también en las personas mayores, o los que están solos o enfermos: ir, no tanto a cumplir, sino llevar compañía, cariño, interés.

 

b) A los demás

 

Compartir de lo mucho o de lo poco que Dios nos ha dado.

 

Salvar vidas, orientando a personas que pretendan asesinar a los hijos concebidos no nacidos.; o adoptando espiritualmente a un niño con la siguiente oración:

 

“Jesús, María y José, yo los amo mucho. Les ruego que salven la vida de un niño por nacer que he adoptado espiritualmente y que se encuentra en peligro de morir por el aborto”

 

 Revisar el sueldo y el trato que dispensamos a los que trabajan con nosotros. ¿No podrá ser más generoso?, aunque yo me privara de algo, quizá no muy necesario. El Papa nos anima en el documento “La Iglesia en América” que nos vino a entregar en su reciente visita a México, a conocer la Doctrina Social de la Iglesia

 

Otra manera de ayudar a los demás, y muy propia de un congreso Eucarístico es fomentar las vocaciones sacerdotales entre los de la familia. Rezar y hacer rezar para que haya muchas vocaciones. Y para que haya padres generosos, que no sólo se opongan, sino que fomenten estas vocaciones.

 

2. OBRAS DE MISERICORDIA

 

Finalmente podríamos decir que bastará vivir con generosidad las obras de misericordia espirituales y materiales:

 

Espirituales:

 

1. Enseñar al que no sabe.

2. Dar buen consejo al que lo necesita.

3. Corregir al que se equivoca.

4. Perdonar las injurias.

5. Consolar al triste.

6. Sufrir con paciencia los defectos de nuestros prójimos.

7. Rogar a Dios por los vivos y por los difuntos.

 

Corporales:

 

1. Visitar a los enfermos.

2. Dar de comer al hambriento.

3. Dar de beber al sediento.

4. Dar posada al peregrino.

5. Vestir al desnudo.

6. Socorrer a presos.

7. Enterrar a los muertos.

 

 

 
Comentarios
7 Comentarios en “Entendiendo la Eucaristía”
  1. Paola Dijo:

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  2. julieta lizzette Dijo:

    èste tema es de una pàgina muy hermosa, es encuentra.com

  3. YOLA Dijo:

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  6. sol hernandez Dijo:

    me sorprende que tanta educacion academica y falta de conocimiento biblico. wow!!! Lee la Biblia

  7. patricia llerena Dijo:

    buen articulo me servira de seguro pido de favor escriban acerca de como enseñar a los niños la señal de la cruz empece como maestra de catequesis me ayudarian grandemente bendiciones a rodos




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