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La Vigilia de Navidad


16 julio 2008
Sección: El Calendario litúrgico

Conoce este aspecto litúrgico que ha sido de gran importancia para toda la Iglesia Católica desde el Siglo VI

El tiempo de preparación a la festividad de Navidad llega a su punto culminante en la Vigilia, existente por lo menos desde el siglo VI. Todos los textos del Oficio Divino y de la Misa de ese día están centrados en el anuncio de la inminente venida del Señor, deseada cada vez más ardientemente durante el Adviento: «Hoy sabréis que vendrá el Señor y nos salvará; y mañana veréis su gloria» (invitatorio y antífona de entrada en la Misa; la misma idea aparece expresada de modo diverso en otros textos litúrgicos). Desde la Edad Media, el anuncio de la llegada del Señor tomó un relieve especial en el acto de cantar solemnemente, como apéndice del Oficio Divino, un texto insertado en el martirologio, muy expresivo: después de recordar las fechas que se creían eran las de la creación del mundo y de los grandes acontecimientos de la historia de salvación y de la historia del Imperio romano, termina el texto: «Estando todo el orbe en paz, en la sexta edad del mundo, Jesucristo, eterno Dios e Hijo del eterno Padre, queriendo consagrar el mundo con su venida, llena de misericordia, concebido del Espíritu Santo, nueve meses después de su concepción nace en Belén de Judá, de María Virgen, como hombre». Al mencionar los principales datos cronológicos de la historia humana, se quiere subrayar que Jesucristo vino al mundo en la plenitud de los tiempos.

Esta idea queda completada y muy bien reflejada en las lecturas de la Misa de la vigilia de Navidad en el Misal Romano, de S. Pío V: la epístola y el evangelio se refieren a la genealogía humana del Salvador. San Pablo habla del cumplimiento de las profecías del A. T. en la encarnación del Hijo de Dios, nacido del linaje de David según la carne (Rom 1,1-6); San Mateo explica que José, hijo de David, recibe el anuncio del ángel de que María concebirá un hijo por, obra del Espíritu Santo, según las predicciones de los profetas, al que deberá imponerle el nombre de jesús, de Dios entre nosotros (Mt 1,18-21). En el nuevo orden de lecturas del leccionario publicado a raíz del Misal de 1970, la idea en la vigilia de Navidad no se ha perdido; aparece tanto en el texto de Isaías (Is 62,1-5), como el de los Hechos de los Apóstoles (Act 13,16-17.22-25) y en el del Evangelio de San Mateo (Mt 1,18-25) que comienza con la genealogía humana de Jesús y con cluye con el anuncio del ángel a S. José.

Las otras liturgias occidentales proponen para la vigilia de Navidad una gran variedad de lecturas. Cabe destacar las que selecciona al Misal de Bobbio (manuscrito del siglo VII que representa tradiciones litúrgicas galicano-irlandesas); lo mismo la epístola que el evangelio ponen de relieve el sentido escatológico de Navidad: Alegraos porque el Señor está próximo (Philp 4,4-9); sed como siervos que esperan a su amo que regrese de las bodas (Lc. 12, 35-37).

La fiesta de Navidad. Primitivamente en la fiesta de Navidad existía una sola celebración eucarística. Es la que corresponde a la tercera Misa actual de Navidad, a la llamada «del día». Ésta tenía lugar en la basílica de San Pedro, después del Oficio nocturno y de Laudes, a la hora de tercia. Durante el pontificado de Sixto III (a. 432-440) se introdujo la costumbre de celebrar otra Misa a «media noche» en la basílica de Santa María la Mayor. El aludido Papa había construido en este templo una capilla en honor del nacimiento de Jesucristo; era como una réplica de la gruta de Belén (de aquí uno de los nombres que se dieron a la basílica: Sta. María del pesebre). La Misa de «medianoche», presidida por el Sumo Pontífice, iba acompañada de un Oficio nocturno, distinto del que se cantaba en la basílica de S. Pedro. Quizá esta costumbre de reunirse a medianoche se inspiró en la que existía entre los cristianos de Jerusalén: éstos acudían a la basílica de Belén y pasaban la noche en plegaria junto a la gruta donde se veneraba la memoria del. nacimiento de Jesucristo.

Después de la celebración de los oficios en Sta. María la Mayor, el Papa y su séquito, tras un breve reposo, se dirigían de nuevo a la iglesia de S. Pedro. En el camino de regreso hacían una breve pausa en el palacio imperial del Palatino, en el templo edificado dentro de su re cinto llamado «título de Anastasia». Sea el que fuere el origen de este nombre, sabemos que durante el siglo v se conmemoraba en el mencionado «título» el día natalis de Sta. Anastasia, el 25 diciembre. Aunque la fiesta de la Santa coincidía con la de Navidad, la curia bizantina de la corte celebraba independientemente la «memoria» de la patrona de su iglesia en la misma fecha. Por lo menos desde el s. VI esta «memoria» era presidida por el Papa, el cual celebraba otra Misa. Pronto se añadió la conmemoración de Navidad, y al cesar el influjo bizantino, la «memoria» de la Sta. fue reducida a una simple alusión, mientras que los formularios de la Misa tomaban un carácter netamente navideño. De esta manera se instituyó la Misa de la «aurora»: la segunda Misa actual de Navidad (en el Misal publicado en 1970 la conmemoración de Santa Anas tasia fue suprimida). La tradición romana de celebrar tres Misas por Navidad no pasó definitivamente a las otras comunidades de Occidente hasta el s. XVI.

Como se ha indicado, existían dos oficios nocturnos de Navidad: el primero, y más solemne, se cantaba en la basílica de San Pedro y el segundo en la de Santa María la Mayor. Por un sentido práctico durante el siglo XII la liturgia de la basílica de San Pedro se trasladó a Santa María la Mayor. Después de un cierto período de coexistencia de los dos oficios, el que se tenía en San Pedro se impuso como el único; el de Santa María la Mayor se reservó para el día octavo de Navidad; es un Oficio marcadamente mariano.

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