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El dolor duele, no obstante sonreímos


8 marzo 2010
Sección: Divorcio

UNA ESTRELLA EN EL JARDÍN

Por Sunsi Estil-les Farré

Arvo Net

Con permiso de Mari Trini, por interpretar la letra de su antológica canción de un modo personal. Y con permiso también de nuestros adolescentes, que en su mayoría no conocen a Mari Trini ni saben de estrellas “jardineras” empeñadas en descolgarse sin previo aviso.

Llegó sin permiso la estrella de antaño, la que antes era sólo luz.

Cayó de repente desde el azul del mundo y el corazón se me encogió.

Y ABRIMOS EL BOTIQUÍN…

¿La recuerdan?. Puede parecer una frivolidad, pero este texto me ayuda a preguntarme el porqué del dolor.

¿Por qué a mí se me ha caído una estrella en el jardín?

Más adelante nos daremos cuenta de que la pregunta más acertada es para qué. En ambos casos no resulta sencillo; es intentar obtener una explicación racionalista del misterio. Porque el hombre, en su sufrimiento, es un misterio intangible. (Salvifici doloris. Juan Pablo II). No obstante, ante el misterio el ser humano siempre reclama una respuesta. Para acceder a ella debemos subir un escalón, o dos, o tres, y acercarnos a la dimensión trascendente del hombre.

Una respuesta… ¿La hay?. Y observamos que la historia se repite, desde que el hombre es hombre. El zarpazo del sufrimiento no pide permiso… cae de repente; se planta en nuestras vidas y la primera reacción no suele ser positiva. A menudo comienza y se instaura con dificultad.- explica Juan Pablo II en su carta apostólica Salvifici doloris- El punto mismo de partida es ya diverso; diversa es la disposición que el hombre lleva en su sufrimiento. Se puede, sin embargo, decir que casi siempre cada uno entra en el sufrimiento con una protesta típicamente humana y con la pregunta del «por qué».

Tiene que haber una solución -lo primero que emerge es nuestro “yo” racional-. Y abrimos apresuradamente el botiquín. Encontramos remedios para todo: para el dolor de cabeza; para la acidez de estómago; para la presión alta y la presión baja; para poder dormir y poder despertarnos; para subir el ánimo y para calmarlo… ¿Dónde está el fármaco que anula el sufrimiento? Por mucho que revolvamos no lo encontramos; no existe. Ni siquiera un anestésico que lo amortigüe. Y nos rebelamos.

“YA QUE ESTÁS AQUÍ … TÓMATE ALGO”

¿Por qué así te has descolgado de tu otro tiempo aquí en mi jardín?

Un muchacho con una enfermedad degenerativa realizó unas declaraciones aparentemente desconcertantes en una publicación de ámbito local. ¿Pueden ser la respuesta? Creo que sí. Él describe su encuentro con el dolor con una metáfora acertadísima: “Es como si te llegara un invitado de honor sin haberlo invitado. No sabes si decirle: `¡Qué alegría! o `No hay comida para ti’. Entonces le dije: `no contaba contigo; pero ya que estás aquí, tómate algo’ ”.

Ante el sufrimiento caben dos posturas: o le damos la espalda o lo miramos a los ojos, nos armamos de valor y le preguntamos ¿por qué así te has descolgado?… Y responde … a su manera. Si lo agarramos fuerte, si lo abrazamos, nos da la oportunidad de ir arrancando las capas superficiales de nuestra vida, de pararnos a observar las luces y las sombras de nuestra existencia. Si nos atrevemos a abrirle la puerta, descubrimos que nuestro invitado no viene de vacío. Nos arranca del aburguesamiento y la indiferencia, nos regala más capacidad para amar, para comprender el sufrimiento ajeno. Nos obsequia con una visión más generosa del mundo y quien lo habita; nos indica dónde hay necesidad, dónde hacemos falta.

LLUVIA DE ESTRELLAS

Ahora ya sé dónde te escondes tú. Ahora ya sé en dónde habitas tú.

No ha sido fácil. El dolor, la enfermedad, la contradicción siguen plantados en la puerta esperando nuestra hospitalidad. Y hemos sido -¡por fin!- hospitalarios. Hemos sacado algunas viandas de la despensa y se ha sentado en la mesa. “De dónde vienes?… ¿Para qué?”. La pregunta del millón. Nuestro invitado nos ha explicado que el sufrimiento son las grietas del alma; grietas que escuecen, pero permiten la entrada del Amor. Sin grietas no puede filtrarse; resbala y cae en el vacío.

¿El amor? ¿Qué tiene que ver con el dolor? Hacemos un esfuerzo y vamos apartando esa neblina que nos ha enturbiado la memoria y caemos en la cuenta de que una vez, hace dos mil años, Alguien sufrió por nosotros hasta morir en la Cruz. Le movió el motivo más hermoso: el Amor.

Nuestro invitado es como ese bisturí de platino que hiere para que entendamos el Amor en todas sus dimensiones. “Asómate a la ventana… No esperabas la estrella y la has agarrado. Ahí tienes tu lluvia de estrellas”. Somos niños-grandes desde que lo hemos agasajado. Y lloramos -el dolor duele-. No obstante sonreímos. Y sí. Tiene sentido. Pero ha hecho falta un diálogo íntimo –largo y tendido- con el personaje que al principio nos pareció el ser más inoportuno del planeta. Ha hecho falta… para saber que hace falta trasladar al presente, sentir, notar el peso de esa cruz –la de Cristo-, que se esconde en los más diversos acontecimientos de la vida cotidiana.

El hombre no descubre este sentido a nivel humano, sino a nivel del sufrimiento de Cristo. Pero al mismo tiempo, de este nivel de Cristo, aquel sentido salvífico del sufrimiento desciende al nivel humano y se hace, en cierto modo, su respuesta personal. Entonces el hombre encuentra en su sufrimiento la paz interior e incluso la alegría espiritual. (Salvifici doloris)

¿Masoquismo? ¡No!. Víctor Frankl, un psiquiatra judío, aseguraba que valía la pena “atreverse a sufrir (…) puesto que el sufrimiento aceptado con sentido positivo nos lleva más allá de nosotros mismos, haciéndonos más aptos para vivir valores humanos.”

POLVO DE ESTRELLA

No da para más; viene entre algodones. Las palabras de Benedicto XVI son un acicate para tomarnos en serio este asunto: Cuando uno sabe que el camino del amor -ese éxodo, ese salir de sí mismo- es el verdadero camino de la humanización del ser humano, entonces comprende que el sufrimiento es un proceso de maduración.

Toca obligatoriamente abordar el tema de las urnas y los algodones, el microcosmos donde habitan nuestros adolescentes. Los padres que descubren el binomio inseparable del amor y el dolor están preocupados. El entorno ha fabricado unas rutas donde se han borrado los senderos con pendiente y los arbustos con espinas. Este modo de vida que impide que nuestros hijos maduren se resume con una expresión: “Sin esfuerzo, muchísimo mejor”.

Si me lo permiten, acudo a una vivencia. Las personas implicadas aún recuerdan los frutos de aquella situación.

El Tsunami acaparaba todos los medios de información. Minuto a minuto se palpaba la inequívoca certeza de estar pegado por la ley de la gravedad al mundo en el que habían quedado aprisionados los que agonizaban en las costas del sudeste asiático. Sin casa, sin alimentos, sin agua potable. Después de tantos muertos, acechaba la enfermedad que abonaban los cadáveres sin una sepultura digna. Y por la mañana uno no podía poner el pie en el suelo como si el mundo siguiera girando armónicamente. Era la punzante realidad de saber que compartíamos la misma redondez de todos aquellos que el mar había engullido.

En los rostros de los no tan niños se adivinaba el desconcierto. Había que explicar que esas terribles imágenes no anunciaban un video-juego de los catalogados como violentos. La realidad, de nuevo, había superado la ficción.

En casa de mis amigos se suele ver el Informe Semanal del primer canal de televisión. Reproduzco la escena:

-Apaga, por favor- sugiere Alberto, oprimiendo los párpados para no ver, para no llorar por lo que ve.

-No, hijo. Abre los ojos.

Maribel -una madre coherente, muy ducha en “lluvias de estrellas”- sigue el relato: “Abrir los ojos. Lo necesitan. A los que no se pueden desplazar al lugar de la tragedia porque son menores, a los que no pueden prestar sus conocimientos porque aún no los han adquirido… precisamente a ellos les conviene abrir los ojos.

-Hijo, abre los ojos de una vez. Esto que ves no es un dolor inventado. Grábalo a fuego en la memoria y acuérdate:

1. Cuando un cambio de planes te parece una catástrofe.

2. Cuando un error de los adultos lo elevas a la categoría de injusticia.

3. Cuando conviertes en un drama terminar una tarea porque estás cansado.

4. Cuando te cuesta esperar a la cena y crees que eso es pasar hambre.

5.Cuando pataleas para conseguir ¡ya! lo que te apetece. Y si no lo consigues te sientes “frustrado”.

Abre los ojos y aprende:

1. Que la soledad no son los momentos en los que tú crees estar solo, sino cuando dejas solo con tu indiferencia al que tienes a tu lado.

2. Que la miseria no es el capricho que no te han dado, sino las consecuencias de lo que dejas de hacer para que en el futuro a nadie le falte lo necesario.

3.Que la enfermedad no es una gripe o un dolor de garganta, sino la antesala de las enfermedades y las muertes que se podrán evitar si tú estudia s a fondo para saber cómo combatirlas.”

CAPACIDAD DE AMAR

La recristianización de la sociedad y el compromiso por la paz, como insiste el Santo Padre, reclaman hoy que los hombres y mujeres de mañana sean hombres y mujeres con capacidad de abrazar el dolor; con valentía para alojar a ese invitado inesperado; con docilidad para no zurcir las grietas imprescindibles para que penetre el Amor verdadero, el que traspasa las fronteras de la muerte.

Y a nosotros, los padres, nos exige que acompañemos a nuestros hijos en esta carrera de obstáculos, sin adelantarnos para retirar los escollos antes de que intenten superarlos. Basta con correr a su lado, ayudarles a levantarse cuando caigan, aplicar mercromina en aquel rasguño y soplarles al oído, siempre que sea preciso: «¡Abre los ojos!».

Y abrir el Evangelio; leerlo en familia. Nos lo recomendaba Benedicto XVI en Valencia. Allí el Maestro nos recuerda: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Pero también nos dice: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y vuestras almas hallarán descanso…

Termino con un párrafo de la carta Salvificis doloris, la mejor síntesis. Cualquier añadido lo estropearía: Este es el sentido del sufrimiento, verdaderamente sobrenatural y a la vez humano. Es sobrenatural porque se arraiga en el misterio divino de la redención del mundo, y es también profundamente humano porque en él el hombre se encuentra a sí mismo, su propia humanidad, su propia dignidad y su propia misión.

Comentarios
No hay comentarios en “El dolor duele, no obstante sonreímos”
  1. Isela Chaires Dijo:

    Gracias por toda esta informacion que me lleno mi alma y mi espiritu de amor

  2. Isela Chaires Dijo:

    Gracias por toda esta informacion que me lleno mi alma y mi espiritu de amor

  3. Isela Chaires Dijo:

    Gracias por toda esta informacion que me lleno mi alma y mi espiritu de amor

  4. paz Dijo:

    Muy bonito, pero es tan difícil, a veces. Hay momentos en los que uno quiere rendirse y no se siente capaz de invitar a este amigo inesperado.

  5. paz Dijo:

    Muy bonito, pero es tan difícil, a veces. Hay momentos en los que uno quiere rendirse y no se siente capaz de invitar a este amigo inesperado.

  6. paz Dijo:

    Muy bonito, pero es tan difícil, a veces. Hay momentos en los que uno quiere rendirse y no se siente capaz de invitar a este amigo inesperado.

  7. Rosa Mardú Palacio Dijo:

    Gracias a Dios que con su Hijo nos enseñó que es posible sobrevivir al dolor,cuando en nuestro corazón vive el Amor a El.

  8. Rosa Mardú Palacio Dijo:

    Gracias a Dios que con su Hijo nos enseñó que es posible sobrevivir al dolor,cuando en nuestro corazón vive el Amor a El.

  9. Rosa Mardú Palacio Dijo:

    Gracias a Dios que con su Hijo nos enseñó que es posible sobrevivir al dolor,cuando en nuestro corazón vive el Amor a El.

  10. Gloria Manrique Dijo:

    a veces nuetra condición humana se resiste a aceptar el dolor, solo a la luz de Dios tiene sentido verdadero.

  11. Gloria Manrique Dijo:

    a veces nuetra condición humana se resiste a aceptar el dolor, solo a la luz de Dios tiene sentido verdadero.

  12. Gloria Manrique Dijo:

    a veces nuetra condición humana se resiste a aceptar el dolor, solo a la luz de Dios tiene sentido verdadero.




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